¿Qué está pasando en el campamento de migrantes en Tijuana, México?

La cena. Arroz con pollo.

Por Ken Alexander*

HAVANA TIMES – Son las siete de la mañana y el campamento de migrantes de Tijuana, México, de alrededor de unas dos mil personas, apenas está despertando.

No hay comida esta mañana. Se mantiene un flujo constante de migrantes que caminan de regreso al campamento con café. Le pregunto a un hondureño si cenó anoche, y me responde: “No hubo comida ayer. Tampoco hay nada esta mañana.

Aunque algunos inmigrantes llegaron un poco antes, el grueso de los hondureños arribó hace apenas cinco días. El campamento se encuentra en Zona Norte, en el extremo norte de Tijuana, en una instalación deportiva. Los primeros en llegar tuvieron la suerte de conseguir un espacio de piso dentro del gimnasio, donde está seco, tranquilo y seguro.

Los últimos en llegar están acampados en el campo de fútbol, debajo de las gradas del estadio y con carpas improvisadas de mantas enlazadas con la malla a lo largo de las cercas. Algunas familias tienen tiendas de campaña de alta tecnología, mientras otras solo tienen cartón y colchas que han sido donadas. Cada pulgada cuadrada de espacio a lo largo del muro y de la cerca se encuentra ocupada.

Esperando comer.

En la noche la temperatura baja a los 10 grados centígrados. Durante el día se mantienen cómodo alrededor de 23. Se ubican duchas abiertas a lo largo de todo el perímetro exterior del campo de fútbol, al lado de las letrinas. El agua potable está disponible cerca del gimnasio. Se puede decir que el campamento está funcionando.

A pesar de la miseria, existe un sentido inusual de propósito y esperanza; un pensamiento de que esto es solo parte del viaje y no el punto final. La rutina diaria de la vida continúa a medida que se lava la ropa, se organiza la ropa de cama, se cargan los teléfonos, se cuida a los bebés y los niños juegan. Esta ha sido su vida durante muchas semanas y hay un extraño sentido de normalidad que es sorprendente.

Existe seguridad en el campamento. Todos los caminos que conducen al campo de fútbol han sido bloqueados. Las madres y sus hijos dentro de las barricadas se encuentran a salvo. La policía está en todas partes. Los forasteros no se les permite entrar dentro de la cerca, excepto en los horarios designados.

Una pareja de jóvenes hondureños.

Escucho las historias que cuentan los hondureños, acerca de cómo asesinaron a sus familias, o cómo dispararon a sus esposos frente a ellos o cómo eran amenazados de manera diaria. Aquí en Tijuana pasan frío y hambre, pero se sienten seguros. No saben cuál será su futuro, pero hoy saben que dentro de este campamento sus vidas no están siendo amenazadas.

A las nueve de la mañana se permite la entrada de los medios de comunicación durante una hora. Se instalan los equipos de grabaciones dentro del campamento, y el personal de las noticias se prepara para sus transmisiones en vivo con los migrantes como fondo. Hombres y mujeres bien vestidos con micrófonos en mano ofrecen sus profundas declaraciones sobra la situación, mientras repiten los rumores sin fundamento de que se encuentran cientos de delincuentes en estos campos. Ellos empacan y se marchan mientras otros periodistas independientes se quedan para buscar la historia verdadera de la tragedia y la esperanza.

Atención médica de doctores mexicanos.

Para las once de la mañana los equipos médicos han establecido largas mesas con grupos de médicos del Gobierno que suministran medicamentos. Mientras camino por el campamento se escucha el sonido generalizado de la tos. Los trabajadores humanitarios llevan máscaras. Es mi tercer día, y mi propia tos está empezando a desarrollarse.

Luego, cuando cae la oscuridad y empiezo a salir del campamento, llega un camión con comida. En la parte trasera del camión hay grandes ollas de pollo, arroz y pilas de tortillas. Cientos de personas hambrientas corren hacia el camión. Espero una escena de caos completo.

Sin embargo, para mi sorpresa, todos se alinean muy ordenadamente. Las mujeres están en una cola, los hombres en otra. Cuando una persona crea un problema, el grupo se autocontrola. Este es un conjunto de personas que viajan como una unidad y existen reglas. Estoy impresionado.

Dentro de una gran carpa.

Los platos son servidos y pasan por encima de la cerca, alternando entre líneas, pero las mujeres a menudo obtienen más para poder alimentar a sus hijos. Eso significa que doscientas personas no se irán a dormir con hambre. Pero este campamento tiene dos mil emigrantes y miles más están en Mexicali, a solo tres horas de distancia, tratando de llegar a Tijuana.

En los próximos días, el orden y la calma relativa que observé en este día serán sumamente tensos. Las confrontaciones de alguna parte de los locales continuarán y los recursos se agotarán más allá de la capacidad. Se informa que hay ocho mil solicitantes de asilo en ruta a lo largo de México, la mayoría de los cuales intentan llegar a Tijuana, la ciudad fronteriza más grande del mundo.

Sé que las cosas cambiarán dramáticamente en los próximos días y, evidentemente, no para mejor.
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*Ken Alexander es un fotógrafo y periodista independiente de Woods Hole, Massachusetts, EE.UU. Puede ser contactado en: ken@mediaoutreach.org.

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https://havanatimes.org/sp/?p=141080

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