¿Pudo haber un rey mago blanco y otro negro si vinieron de Oriente? La lógica genética detrás del mito

¿Pudo haber un rey mago blanco y otro negro si vinieron de Oriente? La lógica genética detrás del mito

MARCOS MERINO@mmerino

Si hemos de hacer caso al Evangelio de Mateo, la única fuente bíblica que hace referencia a los Magos de Oriente, podemos afirmar que no eran reyes (ni, técnicamente, magos… los especialistas en historia bíblica los consideran “magi“, esto es, sacerdotes mazdeístas) y que en ningún sitio se dice que fueran tres (la cifra se deduce del mero hecho de que llevasen tres regalos).

Fue durante la Edad Media cuando la tradición puso nombre a los tres personajes que hoy conocemos como Reyes Magos y que son los responsables de traer los regalos a los niños en nuestro país: Melchor, Gaspar y Baltasar.

Esa misma tradición también asignó a cada uno de ellos un origen distinto: Melchor, el europeo; Gaspar, el asiático (de Oriente Medio); y Baltasar, el africano. La simbología que se buscaba con ello era clara: recalcar la catolicidad (universalidad) de la fe cristiana, y la condición de Jesús como Rey de Reyes (“Y póstrense ante él todos los reyes de la tierra; Sírvanle todas las naciones”, Salmos 72:10-11).

Pero, claro, ese simbolismo parece ser incompatible con una de las pocas afirmaciones claras que la Biblia realiza sobre ellos: que provienen “de Oriente” (es decir, de tierras al este de la actual Palestina). Obviamente, este dato sólo sería compatible con el personaje de Gaspar (y podríamos pensar que ni aún así, dado que acostumbramos a representarlo como pelirrojo o castaño).

¿O quizá todo esto no es tan obvio, y sólo nos lo parece porque partimos de unos presupuestos erróneos (pero muy extendidos) sobre la historia de las “razas” humanas, y de un cierto desconocimiento sobre la diversidad étnica del continente asiático? Tranquilos, no vamos a tratar de demostrar la historicidad de los Reyes Magos, pero sí los usaremos como excusa para una pequeña clase de historia y geografía humana.

Aclarando conceptos

Para saber si la existencia de un posible Melchor o Gaspar fue históricamente factible, toca dar un repaso a la historia de las poblaciones humanas, de sus diferenciaciones (como producto del aislamiento) y de sus posteriores migraciones y mestizajes.

Partamos de la base de que siempre habrá polémica cuando se trate de categorizar étnicamente a los humanos. En unos casos será por razones sociopolíticas diversas, en otros por disputas entre científicos… dar con una “clasificación” ajena a la polémica será siempre complicado. Eso por no mencionar a la gente que, sencillamente afirma que ninguna categoría tiene sentido porque sólo existe la especie humana.

Bien: es cierto que, normalmente, los términos raciales (como “raza blanca” o “raza negra”) que usamos en nuestro día a día carecen de sentido, bien por agrupar grupos humanos excesivamente diversos, bien por establecer separaciones artificiales en base a criterios extragenéticos (lingüísticos, culturales o religiosos). Pero, por lo general, las poblaciones humanas con un fenotipo (aspecto físico, que no meramente exterior) similar tienden a mostrar una mayor cercanía genética.

Aclarado esto, pasemos a hablar de Elizabeth Taylor.

¿Qué hace un europeo como tú en un Oriente como éste?

Cuando se anunció que el actor Jake Gyllenhaal interpretaría al protagonista en El príncipe de Persia, hubo cierta polémica al respecto: había quien pensaba que quizá un actor blanco de apellido sueco no era la mejor opción para encarnar a un persa. Varias décadas antes, la designación de Elizabeth Taylor para hacer de Cleopatra en el film homónimo no despertó ninguna polémica en su momento, pero hoy en día mucha gente considera que la piel clara y los ojazos azules de la actriz no parecen cuadrar de todo con el personaje.

Y sin embargo, quizá esa gente tenga que repensar qué significa ser “blanco” y qué relación tiene ese fenotipo con Oriente Medio.

Prince Of Persia

Factible.

Es habitual (lo habremos oído cientos de veces en películas estadounidenses) hablar de “caucásicos” como forma de referirse a lo que en nuestro día a día llamamos, sencillamente, “blancos”. Ciertamente, todos los “blancos” son caucásicos (o “caucasoides“, como prefieren decir algunos científicos para evitar la confusión con los actuales habitantes del Cáucaso), pero no a todos los caucásicos les atribuimos esa etiqueta.

Lo cierto es que desde el norte de Noruega a Pakistán y desde las Canarias hasta Rusia, las poblaciones humanas que consideramos “originarias” de toda esa extensa área son caucásicos: eslavos, europeos mediterráneos, árabes, judíos, persas, etc. Y, en la mayor parte de esas zonas, las migraciones y mezclas se llevan dando desde hace milenios.

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