Las singularidades de la masonería sueca

   Primeramente hay que destacar que, frente al carácter universalista y aconfesional de la masonería inglesa, o la naturaleza gnóstica y naturalista de diversas obediencias latinas, la masonería sueca ha destacado por su confesionalidad inequívocamente cristiana. Históricamente, la Gran Logia de Suecia ha rechazado la admisión de personas que no profesaran la religión cristiana, aunque, por respeto a los fines fraternales y tolerantes de la masonería universal, y a fin de no caer en la irregularidad, ha permitido que sus logias fueran frecuentadas por masones regulares de otras religiones, pero solo a título de hermanos visitantes.

    Junto a esta primera y significativa característica, la masonería sueca ha destacado por otras singularidades. Por ejemplo, ha gozado del apoyo de la monarquía, de modo que desde el rey Adolfo Federico hasta Gustavo VI, todos los monarcas suecos han sido maestros masones y además, grandes maestros y/o Altos patronos de la Orden. 

    En tercer lugar, desde 1774 hasta 1997, todos los grandes maestros de la Gran Logia de Suecia han sido monarcas o príncipes de sangre real. He aquí la lista y años de reinado:

   Adolfo Federico (1751-1771), masón y alto protector.

   Gustavo III (1771-1792), masón y alto protector.

   Gustavo IV (1792-1809), gran maestro de la Gran Logia Nacional.

   Carlos XIII (1809-1818), gran maestro de la Gran Logia Nacional.

   Carlos XIV Juan (1818-1844), gran maestro de la Gran Logia Nacional.

   Oscar I (1844-1859), gran maestro de la Gran Logia Nacional.

   Carlos XV (1859-1872), gran maestro de la Gran Logia Nacional.

   Oscar II (1872-1907), gran maestro de la Gran Logia Nacional.

   Gustavo V (1907-1950), gran maestro de la Gran Logia Nacional.

   Gustavo VI (1950-1973), gran maestro de la Gran Logia Nacional.

   El príncipe Bertil de Suecia, gran maestro de la Gran Logia Nacional (1973-1997).

   [Carlos XVI, actual monarca, alto protector de la Orden, no es masón].

    En cuarto lugar, los masones suecos, fieles a las tradiciones originarias de la masonería especulativa fundada en Londres y al carácter conservador derivado de la presencia en las logias de la familia real y de la nobleza titulada, fue y es eminentemente filantrópica y benefactora. Así, ya el 9 de octubre de 1753 logia San Juan Auxiliador puso en marcha la iniciativa de recaudar fondos para un hospital-orfelinato que llevó el nombre de la recién nacida princesa Sofía Albertina que, finalmente, culminó con la inauguración del edifico masónico en 1755 en Estocolmo. Poco después se puso en marcha otro proyecto semejante que también se inauguró en 1778 en Gotemburgo. En 1911 todas las actividades benéficas y asistenciales se centralizaron a través de la Fundación del masón, gestora de diversas instalaciones sanitarias y residenciales. Dicha faceta filantrópica continúa en la actualidad especialmente en el ámbito de la investigación médica con el visible apoyo de la reina.

   Y en quinto lugar, la masonería sueca tuvo, y conserva todavía, un cierto carácter caballeresco, que se vió acentuado por influencia de la aristocrática masonería de la Estricta Observancia templaria. De hecho, la masonería sueca creó a mediados del siglo XVIII un rito propio, llamado rito sueco, que actualmente es practicado mayoritariamente por los masones de Suecia, Noruega, Dinamarca, Finlandia e Islandia. Tal rito es de contenido marcadamente cristiano y caballeresco, y se inspira en las leyendas rosacruz y templaria. Tras los tres grados de aprendiz, compañero y maestro, se añaden los grados de san Andrés, apóstol martirizado por los romanos que, según afirma la tradición, fue enterrado en Escocia. Su impronta caballeresca es visible en los grados 7º (caballero de oriente), 8º (caballero de occidente), o en el 11º (caballero comendador de la cruz roja).  

   Aunque el rito sueco concluye en el grado 12º, de carácter administrativo (grandes maestres nacionales o provinciales), el sistema masónico sueco comprende los 12 grados del rito más una última categoría (no grado) decimotercera: la Orden Civil de Carlos XIII, orden premial estatal que está reservada a los masones del grado 11.

   La Orden Civil de Carlos XIII

      Fuente: Javier Alvarado Planas, Monarcas masones y otros príncipes de la Acacia, editorial Dykinson, Madrid, 2017, volumen I, pp. 441-445.

https://www2.uned.es/dpto-hdi/museovirtualhistoriamasoneria/6historia_%20masoneria_paises/masoneriasueca.htm

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