El miedo cambia de bando en Podemos

Iglesias y Errejón en una imagen de archivo.

Se ha abierto una grieta. Quienes hasta hace poco temían ser laminados si existía una sombra de duda sobre la fidelidad al líder, con la jugada de Íñigo Errejón han comprobado que hay vida fuera de Podemos. El miedo ha comenzado a cambiar de bando. Consumado el desafío a la férrea autoridad, marca de la casa, y animados por las alcaldesas Manuela Carmena y Ada Colau—son un referente al haber parado los pies a Pablo Iglesias— todo se mueve. “Cuando tienes poder institucional, no dejas que llegue otro y te diga lo que tienes que hacer”, aducen en el círculo de una de ellas. Pero en este contexto, Errejón se la juega. Quedar el cuarto en Madrid no le vale.

“Podemos puede acabar por debajo de Más Madrid en la comunidad y eso es muy duro. Cómo no van a tener miedo. Ni tan siquiera Ramón Espinar, que un día soñó con ser candidato, se atreve ahora a serlo. Tampoco han querido Rafa Mayoral ni Gloria Elizo”, comentan en el grupo parlamentario. “A ver quién se come ahora esa patata caliente”, dice un diputado de la formación morada, que como otros compañeros observa la tensión y el nerviosismo que llevan al equipo de Pablo Iglesias a realizar estos días declaraciones agresivas y extrañas puestas en escena.

Para poder ganar hay que ser educado, correcto, no insultar a nadie y dejar de meterse con los demás. Produce vergüenza las cosas que están diciendo de Carmena y de Íñigo, y están dejando claro que van a hacer campaña en contra

“Para poder ganar hay que ser educado, correcto, no insultar a nadie y dejar de meterse con los demás. Produce vergüenza las cosas que están diciendo de Carmena y de Íñigo, y están dejando claro que van a hacer campaña en contra. La alcaldesa jamás va a entrar a ese juego porque no lo ha hecho nunca, ni tan siquiera con Esperanza Aguirre“, apunta una fuente próxima al ayuntamiento, que considera que esa actitud se puede volver en contra de los de Iglesias e Irene Montero.

¿Cuál de los reyes quedará desnudo?

Sin embargo, detrás de las palabras duras se oculta el temor a que el experimento que van a suponer las elecciones madrileñas deje a uno de los dos reyes desnudo. “Se verá qué funciona mejor: si las tesis de Íñigo y su vocación transversal, o las de Pablo. Por eso a Íñigo no le conviene reproducir las alianzas de Podemos, pues necesita demostrar que su proyecto tiene futuro por sí solo. La realidad es que no lo tiene tan fácil. No le vale con quedar el cuarto, sería un fracaso. Pero hay que reconocer que Podemos lleva cayendo demasiado tiempo y alguien tenía que tratar de poner freno”, apunta un diputado territorial.

Esa pérdida de confianza que algunas encuestas sitúan en un 12% de intención de voto, ha hecho mella internamente, haciendo crecer el descontento con el rumbo del partido, demasiado escorado hacia una izquierda antigua. El voto en contra esta misma semana del decreto ley de los alquileres no se ha entendido entre muchos diputados. “Se han tenido en cuenta los dogmas de la PAH —de la que provienen Irene Montero y Rafa Mayoral— en lugar de los intereses de los votantes a los que representamos”, explica airada una señoría, que comprende la fuga de votos.

Más allá del ombligo

Entre reproches de los antiguos ‘amiguetes’ que no entienden lo de la profesionalidad, hay quienes levantan la mirada de su ombligo y reflexionan sobre lo que queda en la izquierda, frente a una derecha organizada en tres ofertas: neoliberal (Ciudadanos), conservadora (Partido Popular) y neofascista (Vox). “El espacio progresista está desmotivado y la fragmentación no necesariamente resta”, aducen algunos miembros del partido que tienen claro que era “obligatorio intentar hacer algo, pero hemos vuelto a aquello de PSOE e IU”. Incluso Errejón esperó demasiado.

El espacio progresista está desmotivado y la fragmentación no necesariamente resta

En sus inicios, Podemos tuvo capacidad para aglutinar a gente que se considera centrista, “pero al presentarse como el revulsivo de Vox, se coloca en el otro extremo, critican algunos diputados que ya no temen que se les marque con una cruz si se les ve departiendo con periodistas”.

En estos días, se han intensificado las ganas de hablar de quienes se sentían amordazados. Ese miedo a ser señalados como traidores comenzó a perderse tras las precipitadas primarias que Iglesias organizó en diciembre (y que llevó a la cena de empanadillas y tobillo roto de Carmena y Errejón) antes de coger la baja paternal. Más de la mitad de los diputados saben que no repetirán, lo mismo que sucede en los territorios, donde el proceso de situar a los fieles ha provocado numerosos conflictos. Algunos, como Cantabria y La Rioja, están en los tribunales. Y Carolina Bescansa acaba de pedir a la dirección del partido que audite las primarias en Galicia, en las que perdió por 300 votos, ante las dudas en la limpieza del proceso que ha sembrado la Comisión de Garantías en esta comunidad.

A esto se suma la ilusión que ha generado lo que podría ser el germen de algo nuevo, entre una parte de los votantes perdidos. En las encuestas que los medios han lanzado a sus lectores a raíz de la salida de Errejón, se mostraba esa preferencia por el candidato de Más Madrid a la comunidad. “Hasta en medios diarios digitales más cercanos a Pablo e Irene, el 60% de los lectores consideraban que Íñigo tenía razón frente al 27% a Iglesias. Debe ser un mazazo ver eso”, explica un analista, que apoyó a Iglesias en Vistalegre, lo que luego no ha impedido que fuera víctima del sector oficialista.

Pablistas y Errejonistas caducos

Hay voces en el partido que insisten en que la dicotomía pablistas-errejonistas, pasó a mejor vida. “Esa identificación en términos ideológicos no existe. Ahora está el Podemos del poder y el del contrapoder. Estás con el oficialismo o no. Y ahora, el oficialismo no está en condiciones de garantizar que se gane mucho siendo obediente. Si no estabas con el poder se te apartaba”, explica un dirigente territorial. Reconocen que la perversión ha sido convertir las diferencias en luchas entre pablistas y errejonistas, cuando no lo eran en muchos casos.

La razón es que después de Vistalegre se desarticuló el errejonismo y muchos dirigentes autonómicos tuvieron que adaptarse a la nueva situación, girando al pablismo por necesidad de concordar con el poder central. “Ahora están desconcertados, esperando los próximos acontecimientos”, reconocen dos de ellos. Y uno sentencia que “no es fácil moverse, porque si hay el germen de algo, está por construir”.

Por eso, a Errejón no le vale quedar el cuarto por Madrid. Y ya veremos el tercero. La apuesta por Más Madrid es ese germen que puede brotar con fuerza o quedarse congelado en una helada de mayo. Ya se sabe, al tiempo no hay quien lo entienda.

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