¿Cuál es el punto de vista bíblico? ¿Deben los cristianos practicar el exorcismo?


ANNELIESE MICHEL solo tenía veintitrés años de edad. Era una maestra estudiantil en Klingenberg-del-Mena, Alemania Occidental. Cuando la joven murió de hambre el 1 de julio de 1976, solo pesaba 32 kilos. Y esa muerte promovió una controversia.

Anneliese Michel había muerto después que dos sacerdotes católicos romanos habían tratado de exorcizar a cinco diablos del cuerpo de la joven. A causa de esto hubo mucha crítica, pues muchos alemanes creen que el exorcismo es un rito asociado con los tiempos medievales y no les parece que se debe practicar hoy día.

Puede que la mención del exorcismo haga surgir preguntas en la mente del lector. Por ejemplo, tal vez desee saber precisamente qué es y si realmente surte efecto. Pero probablemente una pregunta más importante sea ésta: ¿Deben los cristianos practicar el exorcismo?

¿Qué es el exorcismo?

An Encyclopædia of Occultism declara: “Exorcizar, según las definiciones aceptas, dice Smedley, es obligar bajo juramento, encargar bajo juramento, y así, por el uso de ciertas palabras, y la ejecución de ciertas ceremonias, sujetar al Diablo y otros espíritus malignos al mando y exigir su obediencia.”

En su definición de “exorcismo,” la New Catholic Encyclopedia declara: “El acto de expulsar o desviar a demonios o espíritus malignos de personas, lugares, o cosas que están, o se cree que están, poseídas o infestadas por ellos o es posible que lleguen a ser víctimas o instrumentos de su malicia.”

El Código del Derecho Canónico de la Iglesia Católica Romana permite que los ministros autorizados ejecuten exorcismo. La New Catholic Encyclopedia explica: “Anteriormente el libro que se usaba en esta ceremonia era el libro de exorcismos; hoy día puede ser el Pontifical, el Misal, o el Ritual. La entrega del libro al candidato es la acción necesaria, y las palabras del prelado ordenador, según se indica en el Pontifical, la fórmula necesaria.”

Pero, ¿es bíblico?

En las Escrituras se nos dice: “Pero, al anochecer, la gente le trajo [a Jesucristo] muchos endemoniados; y él expulsó a los espíritus con una palabra, y curó a todos los que se sentían mal.” (Mat. 8:16) De modo que Jesús sí expulsó a demonios, y cuando esto acontecía la persona volvía a un estado de mente normal. Incidentalmente, hay una diferencia entre la posesión demoníaca y la enfermedad común, porque Cristo sanó ambas clases de desórdenes.—Mar. 1:32-34.

¿Con qué autoridad poder expulsó Jesús a los demonios? Su autoridad provino de Jehová Dios, y por medio de expulsar demonios de personas poseídas, Jesús probó que él era el Ungido de Dios, el Mesías. Los demonios se vieron obligados a reconocer la autoridad de Jesús, aunque no lo hicieron de buena gana. (Mat. 8:28-34) Y realmente, ¿cómo pudieran haberle resistido? En circunstancias diferentes, la noche que fue traicionado, Jesús dijo: “¿O crees que no puedo apelar a mi Padre para que me suministre en este momento más de doce legiones de ángeles?” (Mat. 26:53) ¿Qué éxito pudiera tener un demonio solo, varios de ellos, o hasta una legión de demonios al hacerle frente a la posibilidad de una ventaja tan amplia?—Luc. 8:26-30.

Jesús no dejó duda alguna en cuanto al poder por el cual expulsaba demonios. En su Evangelio el escritor Lucas nos dice que Jesús expulsó los demonios por el “dedo de Dios.” Pero ¿qué significado simbólico tiene esto? El Evangelio de Mateo aclara esto al indicar que Jesús expulsó demonios por ‘el espíritu santo de Dios,’ o la fuerza activa de Jehová. (Luc. 11:20; Mat. 12:28) Jesús mismo confesó que fue por medio del poder de Dios que él pudo expulsar demonios.—Mar. 5:18-20.

Jesucristo dio a sus doce apóstoles autoridad sobre los demonios, y más tarde se lo dio a los setenta hombres que él envió. Por consiguiente, en el nombre de Jesús pudieron curar a personas poseídas de demonios. (Luc. 9:1; 10:1, 17) Hasta un hombre que no acompañaba personalmente a Jesús, pero sí creía en él, pudo expulsar demonios por el uso del nombre de Jesús. (Mar. 9:38-40) Después de la muerte de Cristo los apóstoles siguieron teniendo este poder. Por ejemplo, el apóstol Pablo expulsó un “demonio de adivinación” de una joven esclava.—Hech. 16:16-18.

Algo cuya ausencia es conspicua

¿Ejecutó Jesús algún rito especial a fin de expulsar a los demonios? ¿Empleó una sesión espiritista o alguna forma de magia Cristo, o lo hicieron sus apóstoles u otros discípulos cuando les traían alivio a las personas poseídas de demonios?

No. Ni Jesús ni sus seguidores del primer siglo poseían ni usaban ningún ritual o “libro de exorcismo.” Además, en ninguna parte de las Sagradas Escrituras puede uno hallar palabras, frases o fórmulas que supuestamente sean especialmente eficaces para expulsar a los espíritus inicuos.

En cuanto a eso, el uso de forma alguna de magia no está en armonía con el cristianismo verdadero. Jehová Dios instruyó a su pueblo en siglos pasados: “No debería hallarse en ti . . . practicante de magia.” (Deu. 18:10) La acción de aquellos que llegaron a ser cristianos en la antigua Éfeso es significativa. Se nos dice: “Buen número de los que habían practicado artes mágicas juntaron sus libros y los quemaron delante de todos.” (Hech. 19:18, 19) Aquella ciudad tenía fama debido a las “letras efesias,” de las cuales se decía: “Parece que consistían en ciertas combinaciones de letras o palabras, las cuales, al ser pronunciadas con ciertas entonaciones de la voz, supuestamente eran eficaces en expulsar enfermedades, o espíritus malignos.” Pero los que llegaron a ser cristianos en la antigua Éfeso evitaron el tener que ver con estas “letras efesias” de fama mundial.

Entonces, ¿por qué parece surtir efecto?

El hecho de que Jesucristo y sus discípulos pudieron expulsar demonios está incluido en el registro bíblico. Sin embargo, cuando ciertos impostores, los siete hijos del sacerdote Esceva, trataron de hacer esto en el nombre de “Jesús a quien Pablo predica,” ¿qué sucedió? Bueno, el hombre poseído de demonios se apoderó de ellos y los maltrató severamente, y además despojó a los siete de su ropa, dejándolos desnudos. (Hech. 19:13-16) Se ve pues que no todos los supuestos exorcistas tienen buen éxito, aunque usen el nombre de Jesús.

Jesucristo mismo dijo: “Muchos me dirán en aquel día: ‘Señor, Señor, ¿no . . . expulsamos demonios . . . en tu nombre . . . ?’ Y sin embargo, entonces les confesaré: ¡Nunca los conocí!” (Mat. 7:22, 23) El caso es que a veces se informa que los mediums espiritistas han expulsado demonios. Pero seguramente, ni ellos ni su exorcismo tienen aprobación divina, porque Jehová Dios declaró: “No se vuelvan a los mediums espiritistas.”—Lev. 19:31.

Los fariseos hicieron la acusación falsa de que Jesucristo expulsaba demonios por medio de Beelzebub, Satanás el Diablo. Pero decían que el espíritu santo, o fuerza activa de Dios, era responsable cuando sus “hijos” o discípulos expulsaban demonios. Así los fariseos pecaron contra el espíritu santo al negar la operación manifiesta de ese espíritu cuando Jesús expulsaba demonios. (Mat. 12:22-32) En realidad, los “hijos” de los fariseos y otros que no eran discípulos de Jesús eran hijos del Diablo. (Juan 8:44; 1 Juan 3:10) Por eso, todo exorcismo que ellos afirmaran efectuar realmente lo habrían realizado como agentes de Satanás. Pero al usarlos el Diablo no estaría dividido contra sí mismo.—2 Cor. 11:14.

De esta manera el Diablo estaría adelantando o aumentando su poder e influencia sobre personas engañadas. Por ejemplo, si un practicante de la religión falsa exorcizara a un demonio, ¿no es probable que la persona librada de su obsesión se sentiría agradecida? Y ¿no es razonable que ella, su familia y sus amistades, consideraran al exorcista como una persona de verdadera fe en Dios? ¿No se sentirían inclinados a investigar la religión de éste, y tal vez hacerse miembros de esa organización? Si eso sucediera, Satanás hubiera logrado una victoria. Hubiese alejado o desviado a los engañados de la religión verdadera, la adoración de Jehová Dios “con espíritu y con verdad.”—Juan 4:23, 24.

Es cierto que durante la infancia de la congregación cristiana, Jehová Dios a menudo hizo posible que los discípulos de Jesús ejecutaran milagros bajo el poder de Su espíritu santo. Pero una vez que se hubiese probado que la “mano de Jehová” estaba con los seguidores de Jesucristo, ya no se necesitaban esos dones milagrosos del espíritu. (Hech. 11:21) Por consiguiente, los dones milagrosos del espíritu y las demostraciones extraordinarias de su poder cesaron.—1 Cor. 13:8-13.

¿No hay ninguna ayuda?

Aunque no hay autoridad bíblica para el rito del exorcismo hoy día y los cristianos verdaderos no lo practican, eso no quiere decir que las personas piadosas no tienen protección de las fuerzas de espíritus inicuos. Verdaderamente tienen toda la ayuda que se necesita.

Cualquier individuo que cree que lo están atacando las fuerzas de espíritus inicuos debe evitar el espiritismo, adivinación y prácticas relacionadas. (Deu. 18:10-12) Si lo están vejando “voces” de la región de los espíritus, no debe hacer caso de lo que digan, sin importar quiénes afirmen ser. Más bien, es vital reconocer que los demonios son la fuente y rechazar lo que se diga.—2 Tes. 2:9.

Obviamente, si una persona quiere resistir las fuerzas de espíritus inicuos, debe tener cuidado de no asociarse con los que se meten aunque sea superficialmente en la magia, la hechicería y cosas parecidas. En lugar de eso, debe tratar de asociarse con los que son verdaderos cristianos. (1 Cor. 15:33) Debe eliminar de su persona y de su hogar todo objeto que tenga relación alguna con la religión demoníaca. También es esencial que se ponga la ‘completa armadura espiritual que proviene de Dios.’ Esta incluye tales ‘piezas de armadura’ como el ceñidor de la verdad y “la coraza de la justicia.”—Efe. 6:11-18;2 Ped. 3:11.

La fe en Jehová y la sincera oración a él son de importancia vital. Si alguien está bajo el asalto de los demonios, es esencial que ore a Jehová por medio de Jesucristo, usando el Nombre Divino. “El nombre de Jehová es una torre fuerte. A ella corre el justo y se le da protección.” (Pro. 18:10; Fili. 4:6, 7) Los superintendentes nombrados de la congregación cristiana han ayudado gustosamente a los que han deseado servir a Dios pero que estaban teniendo un problema con los demonios. Sin embargo, la actitud mental del individuo mismo es importante. Es vital que resista las fuerzas de espíritus inicuos, y esto surte efecto. “Opónganse al Diablo,” escribió el discípulo Santiago, “y él huirá de ustedes.”—Sant. 4:7.

El exorcismo del día moderno con su ritual no es la solución para los poseídos de demonios. Más bien, Jehová Dios amorosamente ha provisto protección de las fuerzas de espíritus inicuos, y las personas prudentes se valdrán de ella. No, los cristianos no deben practicar los ritos del exorcismo. Antes bien, deben mantener su mente y corazón fijos en la adoración y servicio de su Padre celestial.

https://wol.jw.org/es/wol/d/r4/lp-s/101977370

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