Los cinco ritos tibetanos de la eterna juventud

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El ser humano, como se explica en el punto “qué es el hombre”, está formado por diferentes cuerpos. Por encima de nuestro cuerpo físico, material, de carne, hay una energía vital que los hindúes llaman prana. Este prana circula por todo el cuerpo a través de unos canales, que en la India se llaman nadis, y por supuesto es normal pensar que nuestro cuerpo físico estará mejor o peor en función de la energía que por el mismo circule. Los chakras son los centros energéticos en donde se concentra esta energía. Es evidente entonces, siguiendo el razonamiento, que nuestro cuerpo para que esté saludable y de aspecto juvenil precise que los chakras estén equilibrados y que la energía que a través de ellos circule sea la correcta. En resumen mejorar nuestra energía nos permite que nuestro cuerpo esté mejor.


Los monjes tibetanos, que de esto del prana y de la energía saben un rato, tienen un sistema propio para equilibrar los chakras de modo que podamos conservar la salud. En occidente estos ritos se conocen con el nombre de “los cinco ritos tibetanos de la eterna juventud” El titulo puede parecer demasiado rimbombante pero lo cierto es que los monjes tibetanos no suelen parecer viejos a pesar de las durísimas condiciones de vida que hay por allá (vivir a 4500 m de altura no debe ser fácil)


No se trata de posturas raras, nada de eso. De hecho son tan simples que parece imposible pensar que pueden tener efecto en nuestro organismo, pero es así según los siglos que se llevan practicando. Por otra parte su simplicidad nos permite a todos realizarlos. Repito que no se trata de posturas de yoga de esas de ponerse la pierna por detrás de la cabeza ni cosas así, son ejercicios al alcance de todos


Pero antes de explicar cada ejercicio hay que resaltar un tema importante, nos referimos al número de veces que hay que hacerlos. No se trata de empezar por un número elevado, no, se trata de llevar una progresión constante. El primer día se repite el ejercicio tres veces, eso es tan poco que hasta desalienta. Al día siguiente haremos el mismo número de veces cada rito y así durante la primera semana. Luego a la semana siguiente aumentaremos en dos el número de repeticiones, es decir que lo repetimos 5 veces, y nos quedaremos en este número hasta la semana siguiente. Será entonces cuando añadiremos dos repeticiones más y así cada semana hasta que alcancemos la cifra de hacer cada rito 21 veces, cosa que sucede pasadas 10 semanas. El secreto está en la constancia. No sirve de nada un día al principio que toca hacer solo 3, hacer 20 repeticiones y nada al día siguiente. Si no hay constancia la magia del rito se pierde.


Pero bueno, vayamos ya a los ejercicios.


El 1º consiste en simplemente girar en sentido de las agujas del reloj en una posición como se ve en la foto, es decir con los brazos extendidos. Tres repeticiones al principio y basta, así uno no se marea. Los niños cuando juegan acostumbran a dar vueltas y los derviches sufíes llegan a un estado de trance a base de bailar dando vueltas.

uno


Cuando acabe párese y respire profundamente un par de veces


El 2º rito es tan simple como el primero pero se realiza desde el suelo. Se tumba totalmente así:

dos


Con las palmas hacia abajo y los brazos al lado del cuerpo


Luego primero sube la cabeza y posteriormente las dos piernas, todo lo rectas que pueda, hasta ponerse en la posición que se muestra en la foto siguiente:

dos-b


Tiene su importancia el subir primero la cabeza para proteger las lumbares


Ahora el ritmo de la respiración es: inspirar al subir las piernas, espirar al descenderlas


De nuevo deténgase para respirar profundamente una vez acabada la serie.


El tercer ejercicio consta de nuevo de dos partes. Póngase primero de rodillas, con los brazos pegados al cuerpo y deje caer la cabeza, mire como en la foto de la izquierda. Luego lleve su mano a las lumbares y arquee el cuerpo hacia atrás. Así tres veces el primer día.

tres-a
tres-b


En este ejercicio se inspira al tirar la cabeza hacia atrás y se expira al llevarlo hacia delante.


No se olvide de la pausa para respirar, no hay prisa, nunca debe haberlo para algo importante y su cuerpo lo es.


Entramos ya en el cuarto rito. Para ello siéntese en el suelo con las piernas estiras hacia delante y un poco separadas y las manos sobre el suelo al lado de los glúteos, apoyando la barbilla contra el pecho, concretamente así:

cuatro-A


Luego se echa la cabeza hacia atrás y se doblan las rodillas hacia adelante como si quisiéramos formar una mesa con nuestro cuerpo, así:

cuatro-b


Cuando se está arriba se tensan los músculos intentando subir lo máximo. Luego se vuelve uno a sentar como en la imagen de arriba y se repite el ejercicio.


Se respira al levantar el cuerpo y se espira al volvernos a sentar


Es normal no hacerlo tan bien como el modelo, pero … ¡es que él lleva 8 años haciéndolo!


Tras respirar profundamente dos veces vamos a por el último ejercicio.


Ahora nos colocamos boca abajo sosteniendo el cuerpo con las palmas de nuestras manos. El resto del cuerpo se estira. Los pies y brazos están un poco separados con brazos y piernas rectas. Los dedos de los pies están flexionados, arqueamos la columna y nos quedamos así, arqueados y con la cabeza hacia arriba:

cinco


En esta postura es cuando se inspira.


Luego se eleva la pelvis y se procura que el tronco y los brazos queden alineados y nuestra cabeza pase entre nuestros brazos. De nuevo una imagen vale más que mil palabras:

cinco-b


Ahora en esta postura se espira.


Y ya está hecha la serie entera.


Como ve no hay problema, ni es algo imposible, ni siquiera difícil, ni es un ejercicio excesivamente agotador. Todos lo podemos hacer, sólo requiere algo que de nuevo todos tenemos y pocos cumplimos; constancia en el rito. Pruébelo, está avalado por siglos de práctica tibetana.


Que la Fuerza le acompañe,


Juan Pedro


P.D. Fotos gentileza de Alex Costa (Taller de ioga Premia de Mar )

http://www.espiritualidadpractica.org/cinco-ritos.html

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