SOCIEDAD

el rescate de Porfirio Díaz por un hermano masón

Dos versiones, un objetivo: El salvamento de Porfirio Díaz por un hermano masón

En 1876 Porfirio Díaz se encontraba huyendo del gobierno de Sebastián Lerdo de Tejada (1872-1876), ya que éste no estaba muy contento por las rebeliones encabezadas por el héroe de Tuxtepec contra la reelección del presidente Lerdo. De hecho, el gobierno había ofreció una recompensa de cincuenta mil dólares a aquél que entregara la cabeza de Díaz, vivo o muerto. Por ello, como mencioné anteriormente, Díaz decidió marcharse a los Estados Unidos fijando su residencia temporal en Nueva Orleans, cuidad de grandes vínculos masónicos con México. Durante su periodo en el exilio, Díaz buscó la manera de volver a su país sin ser descubierto para unirse a sus aliados, los revolucionarios de Tuxtepec y continuar la lucha contra la no-reelección11. Para esto, el futuro dictador acudió a otros exiliados políticos, al igual que a sus hermanos masones en busca de ayuda. La respuesta fue favorable para Díaz ya que lo hizo acreedor del apoyo de sus hermanos masones, lo cual le permite volver a México a continuar la lucha. De acuerdo al documento de la Gran Logia de California, un hermano masón (cuyo nombre no se menciona) puso a Díaz en contacto con Alexander K. Coney, miembro de la Logia la Parfaite UnionNo. 1712 de San Francisco y contador del barco de vapor “City of Havana” que partiría de Nueva Orleans a varios puertos de México, entre ellos Tampico, Tuxpan con destino final en el puerto de Veracruz. Sobre esto, el documento “A Master Mason Word of Honor” señala:

[Díaz] couldn’t endure the isolation of being fugitive in disguise, and being a Freemason, it was a natural for him to seek the Fraternities’ aid, as a duck would take the water- So he asked, he received – He sought, he found – He knocked, and the honor of Freemasonry opened onto him. Placing his trust in God and in a good brother from New Orleans, who would give him any assistance needed, when requested. He had not long to wait, for his trusted Brother knew what to do. He was well acquainted with Alexander K. Coney a Brother mason – a purser on the steamship “City of Havana” plying between New York, New Orleans, Havana and Mexican ports; and also knowing the steamer soon arrive in his city, he made the necessary arrangements with Díaz, to meet him at the ship’s landing and when it arrived and when it arrived “they met agreeable to appointment” [énfasis en el original]. Díaz was introduced to Brother Coney – The signal Flag of Distress was raised, which none but the purser could understand, and grant and then too under the most trying and peculiar circumstances. It also might involve himself in great danger personally, and almost in a certainty cost the Brother in need, and assistance his life. When these two brethren met, it seemed as though they verily stood on the Five points of Fellowship – They consulted, agreed, and both pledged to each other their sacred word of honor “- A Master Mason’s Word-” in safety or distress13.

En esta versión de la historia es evidente el interés por enfatizar la conexión masónica entre los protagonistas. Coney prometió ayudarlo dándole “su palabra sagrada de honor”, la de un maestro masón, por ello, no lo iba a defraudar e iba hacer hasta lo imposible por salvarlo. Por consiguiente, para evitar que Díaz fuese descubierto, Coney lo registró con un nombre ficticio, Dr. Rodríguez de la Boza y lo escondió en un salón secreto del barco de vapor. El documento de la Gran Logia de California, no da detalles específicos sobre lugares, personas, situaciones secundarias, sólo se dedica a enfatizar los elementos claves que muestran el cumplimiento de la palabra de honor y algunos detalles como ya he mencionado anteriormente. En contraste, Gutiérrez Zamora si presenta muchos detalles, como es el caso del nombre falso que recibió Díaz, su acompañante, el momento en que lo salvan, entre muchas otras cosas. Al respecto apunta en su crónica: “En la noche antes de nuestra salida se presentaron dos individuos a bordo con boletos de pasaje hasta el puerto de Túxpam. El uno joven, de espejuelos, se llamaba Dr. Jonnes; y el otro, Dr. cubano homeópata Rodríguez de la Boza, según dicho del Dr. Jonnes, pues debo manifestar que Rodríguez de la Boza nunca se presentó en la cámara a la hora de las comidas y fuera de ella tampoco noté su presencia”14. Gutiérrez Zamora sospecha mucho de dichos pasajeros, del supuesto doctor cubano porque nunca se le ve en público y del Dr. Jonnes porque, “[n]o sé qué motivo tendrá este hombre de decir que no ha vivido nunca en la República Mexicana, pues habla español bastante bien, y aunque muy cortado tiene modismos especiales de México”15.

Gracias a la narración de Gutiérrez Zamora se obtienen detalles importantes como los nombres de los personajes y los hechos claves, como el suceso en Tampico. Al tercer día llegaron a Tampico, el City of Havana ancló a un lado del vapor de guerra mexicano, “Independencia” y el bergantín goleta nacional, “Constante”, perteneciente al capitán Ramírez. Una vez en Tampico, Gutiérrez Zamora narra la que quizás fue la principal razón que llevó a Porfirio Díaz a querer escapar inmediatamente del barco:

Poco más tarde se atracaron al vapor americano los demás chalanes. Subió a bordo un teniente coronel Arroyo, bajo de cuerpo, fornido y picado de viruelas, un señor mayor Ruiz, de figura simpática, delgado, trigueño y de mirada inteligente y algunos otros oficiales subalternos…pero entre ellos figuraba un capitán, alto, calvo y de figura muy inteligente, modales muy decentes y hablaba con mucha finura y como hombre de muy buena sociedad…había subido casi toda la oficialidad y algunas o todas las mujeres de los soldados y gran número de éstos… Pasó la hora del lunch y tuve el gusto de hacer conocimiento con el coronel Arroyo…comenzamos hablando sobre la política del país y sobre las posibilidades del triunfo del Plan de Tuxtepec reformado en Palo Blanco. Como el jefe de esas fuerzas debía ser gobernista, no expresé libremente mis opiniones, ni tampoco di color gobernista, sino empecé por hablar muy bien de la organización del ejército debida al C. general Ignacio Mejía, y me dejé llevar por su opinión, para no chicar en política desde el primer momento con el jefe de la fuerza federal a bordo del vapor City of Havana16.

En ese momento Gutiérrez Zamora no sabía de la presencia de Díaz en el barco, Alexander Coney y el Dr. Jones eran los únicos que lo sabían. Fue hasta después de la sobremesa y socializar con los del barco que Gutiérrez Zamora relata detalladamente el intento de Díaz de abandonar el barco, para evitar ser descubierto y porque estaban cerca de la barra de Tampico:

Yo me dirigía a mi camarote que estaba a babor…cuando escuché algo que caía, todo el mundo corría a curiosear a popa…A la curiosidad corrí también, y cuál sería mi sorpresa cuando vi nadando en pleno Golfo de México a un hombre que, en obsequio de la verdad, lo hacía muy bien. Me acerco al capitán Philips, que todavía estaba en el lugar primitivo, y le digo: -¿Qué es eso capitán? -No sé, creo que es el loco del doctor que se está bañando; salió de su camarote, bajó la escalera que conduce al W.C., y corriendo desnudo, se subió al empañetado de popa y se lanzó al agua de cabeza. -Pues es preciso sacarlo, porque un tiburón se lo puede comerlos tiburones… …en ese momento supremos, cuando arriábamos el bote, el Dr. Jonnes con fuerza nerviosa me detiene el brazo y me dice en inglés: -Por Dios, Zamora, no boten el bote al agua, porque el hombre que va nadando es el general Díaz. Un cubo de agua fría no me hubiera hecho en aquel momento la impresión que me hicieron las cortas pero rápidas palabras de Jonnes. Con el cabo entre las manos me acerco a Phillips y le digo: -Capitán, ese hombre que está en el agua es el general Díaz; es preciso salvarle Con flema muy inglesa me contesta: -Es la única manera, pues si se tarda cinco minutos más los tiburones darán cuenta de él. Fue una verdadera ansiedad el tiempo que tardó el bote en llegar junto al nadador, pues desde el momento en que vio venir la embarcación más se esforzaba por adelantar: su intención era, y eso se veía palpablemente, coger la popa del bergantín Constante y resguardarse en él, o, resguardado por este buque, coger la costa escondido de las miradas de los del vapor17.

De acuerdo a Gutiérrez Zamora el propósito de Díaz era huir del barco para no ser descubierto, sin embargo, como lo expresa en su manuscrito, había sido muy peligroso nadar hasta la costa, casi tres millas, debido a la furia del mar en esos momentos y a la marea. Además, parecía que Díaz había estado enfermo que lo había llevado a delirar. Una vez que el pequeño barco se acercó a Díaz, quien intentaba que no lo sacaran del mar, ya que pensaba que al sacarlo lo entregarían a las autoridades, lograron meterlo al bote y se aseguraron que no quisiera tirarse al mar nuevamente. Gutiérrez Zamora menciona que al acercarse al barco él lo quería tapar con una “levita azul que tenía puesta y se la arrojé al bote para cubrirlo con ella”, pero la levita cayó al agua. Desesperado el testigo ocular que cuenta esta historia comenta que, “[s]in pedir permiso, ni usar alguna frase cortés, me apoderé de una sábana y un cubre cama que tomé al acaso y volviendo a la amura del buque le dije a Bováis [el 2º. oficial que sacó a Díaz del agua]: -Cúbrelo bien, hasta la cabeza”18. Bováis siguió las instrucciones y al llegar al barco Díaz “pronunciaba palabras incoherentes que por estar cubierto por la colcha, no se entendía bien. Las primeras palabras que le dije al subir a bordo fueron: -Cállese Ud., que no lo han conocido…Como es natural todo el mundo quería curiosear…les dije: –Señores, aquí pasan solamente los facultativos, y los que no lo son, suplico que se retiren, pues ese hombre está bastante enfermo”19. En estos momentos, Gutiérrez Zamora se une al grupo de los masones que ayudan a Porfirio Díaz y hace todo lo posible para que nadie lo reconozca y junto con Alexander Coney comienzan a idear planes para sacar a Díaz del barco en alguna de las próximas paradas. Inmediatamente después de haberlo rescatado, el Dr. Jonnes le dice a Gutiérrez Zamora que Díaz quiere hablar con él, sobre esto el narrador de la historia apunta:

Cuando entré al camarote…estaba acostado en su litera, muy pálido, y todavía temblaba. Confieso que por mi parte tenía yo gran temor, no por mi persona. ¿Qué me hubiera hecho el gobierno del Sr. Lerdo si me prueban que estaba mezclado en este negocio? Despojarme de un destino o empleado enteramente subalterno que tenía de agente de correos, como sucedió después que me lo quitaron por telégrafo, dándoselo a un Sr. Jurado…muy amigo del Gral, Marcos Carrillo, comandante militar de la plaza de Veracruz…Si temía yo en esos momentos era por la personalidad del caudillo de la revolución, que si lo hubieran apresado, y tal vez fusilado, el Plan de Tuxtepec hubiera fracasado de seguro…mi madre, mi hermano Ignacio y toda la familia comprometida en la revolución…en fin tanto trabajo se perdería con la muerte del general Díaz, y ése era mi gran temor: el hacer el gran fiasco en momentos solemnes”20.

La pluma de Gutiérrez Zamora muestra su respeto y simpatía por Díaz, así como su afán por ayudarlo. No hay lugar a duda que el narrador de la historia quiere que Díaz continúe con su lucha por el pueblo mexicano, inclusive, menciona en su historia que él lo habría ayudado a escaparse personalmente de haberle revelado su identidad o haberlo planeado de otra manera como él le había propuesto antes a través del coronel Torres. Como alternativa, le prometió a Díaz, “que le iba a hablar al contador Coney, que era muy amigo mío, como un hermano [masón] y que éste le serviría”21. Aquí hay una posible discrepancia, ya que de acuerdo a Gutiérrez Zamora, Coney no sabe que Díaz está en el barco, pero en el documento de San Francisco, se dice lo contrario, de hecho se detalla cómo se conocieron. Mi hipótesis es que Coney, al haberlo dado su palabra de honor a Porfirio Díaz de mantener el secreto, no lo iba develar hasta que éste estuviera a salvo. Independientemente de si mi hipótesis es acertada o no, para fines de este trabajo, lo que quiero enfatizar es la manera en que se usó la fraternidad masónica y cómo ésta es un elemento clave en esta historia que salvó a Díaz de las fuerzas lerdistas y de otros enemigos. Cabe mencionar que Gutiérrez Zamora le da gran crédito a Coney, “[d]esde ese momento, el doctor don Alejandro K. Coney tomó la responsabilidad y trabajó mucho, muchísimo, para poder salvar al general don Porfirio Díaz.”22 Relata Gutíerrez Zamora que hubo una ocasión en la que Coney le dijo a Díaz que podrían trasladarlo a un buque de guerra estadounidense que pasaba cerca de ellos y que él ya había hecho gestiones para ayudarlo, pero Díaz se negó contundentemente diciendo: “No quiero deber a los Estados Unidos nada absolutamente, a particulares amigos, ya sean de esa nación o de otra, ésa es otra cosa diferente”23.

Al zarpar el “City of Havana” de Veracruz hizo una parada por la noche para descargar. Coney y Gutiérrez Zamora decidieron que esa era la ocasión indicada para que Díaz abandonara el barco, especialmente porque ya se corría el rumor y se pensaba que ya sabían que Díaz estaba en el barco. Varias personas se unen a la empresa para salvar a Díaz, entre ellos: el general Juan de la L. Enríquez, Joaquín Alpuchem Manuel Caldelas, Abraham Aguirre, Joaquín Cruz entre otros. Vistieron a Díaz con la ropa que usan comúnmente lancheros del puerto de Veracruz y los llevaron a la lancha de Alpuche. Gutiérrez Zamora apuntala:

Después de cargada la lancha se desatracó del vapor e hizo rumbo al muelle de Veracruz…Don Juan Enríquez desde la casa de don Manuel Levi, que estaba frente del muelle, observaba con unos gemelos los movimientos de todos; parecía un general que teme perder una batalla… Cuando estaban a cierta distancia del fuerte, el pequeño bote de la lancha les sirvió para poner en tierra firme al Sr. General Díaz, que este, viéndose en tierra firme, exclamó con gusto estirando los brazos y las piernas: “Gracias a Dios que puedo estar derecho”. Caminó en conversación con el señor Marañón algunos pasos hasta donde estaba el guía con los caballos, Marañon le entregó algún dinero, pistola, parque, y se despidió. El general Díaz montó a caballo y tomó el camino de Boca del Río. Un correo que se le mandó después “Sta. María” lo alcanzó en “La Matosa” lugar donde los defensores del plan de Tuxtepec se encontraban24.

De esta manera, la huida de Porfirio Díaz fue exitosa. Meses después Díaz se convirtió en Presidente de México y paga los favores a todos aquellos que lo ayudaron en esta empresa25.

La recompensa fraternal

Al subir Díaz al poder hizo una invitación a su hermano masón Alexander Coney al Palacio Nacional. Este último aceptó complacido, viajó a la ciudad de México y fue escoltado hasta el Palacio Nacional para reunirse con Díaz. El documento de San Francisco es el único que narra esta visita. Al momento de la llegada Coney “was unshered through the lines of the officers with drawn swords at “present swords” [énfasis en el original]and then for the first time met(after what previously had transpired) Díaz as President of Mexico and Alexander K. Coney Purser on the “City of Havana” [énfasis en el original]26. Después de los saludos correspondientes Díaz anuncia: “he aquí el hombre que me salvó la vida haciendo posible que me convirtiera en presidente de nuestro adorado país”27.

Como agradecimiento Díaz le dio un cheque A Coney de 50 mil dólares, ya que esa cantidad se había puesto como recompensa por su cabeza. Ante tal gesto, Coney se muestra agradecido y devolviéndole muy respetuosamente el cheque le respondió que él le había jurado ayudarlo bajo “la palabra de honor de un hermano maestro masón” por ello no podía aceptar el dinero. El Presidente Díaz comprendió que, en este caso, el ofrecimiento de dinero no era pertinente, por lo que le propuso ser Cónsul General de México en París, Francia. Tal gesto de gratitud por parte de Díaz agradó a Coney y aceptó. Posteriormente, Coney se naturalizó mexicano y fue Cónsul de México en París y, posteriormente, Cónsul de México en San Francisco28. Se debe notar que también Coney se vio beneficiado por la hermandad masónica, lo cual es un elemento muy importante de co-fraternidad que se da en las filas de la masonería y de lo que hablo en Herencias secretas en la sección: La masonería como escuela de gobierno29.

La historia anterior en sus dos presentaciones, muestra que la filiación masónica ayudó a Porfirio Díaz a entrar a México, sin que sus enemigos lo pudieran atrapar. Por lo que se describe en los documentos, no fue una empresa fácil pero se logró el objetivo principal y nadie de los involucrados tuvo consecuencias negativas, particularmente gracias a que Díaz logró llegar al poder. De la misma manera, se corrobora, que los principios de hermandad masónica (a pesar de lo ocurrido por rivalidades políticas) pueden llegar a ejercer influencia en los individuos que en algunas ocasiones se extienden al ámbito político. Tal vez este acontecimiento contribuyó en que Díaz apoyara a la masonería y que, a pesar de sus intereses personales, no la alienara, ni le destruyera. Por otro lado, se puede apreciar que a pesar de que ambas versiones se presentan con registros, estilos y lenguas diferentes. Hay un común denominador: la hermandad masónica. De hecho, el documento de San Francisco tiene como objetivo claro y un tanto hiperbólico mostrar que los valores masónicos le dieron fuerza y entereza a Porfirio Díaz para lograr escapar y llegar a ser presidente de México: [Díaz]was not yet where he could call his life his own but Masonry had taught him that ‘Time, Patience, and Perseverance would accomplish all things’30. Además en ese mismo manuscrito se expone a Porfirio Díaz como un ilustre masón. El público que recibe ese mensaje fueron los miembros de la Logia La Parfaite Union y tal vez otras logias y Grandes Logias que hayan recibido tal correspondencia, pero no era para un público en general. El manuscrito de Manuel Gutiérrez Zamora tiene como objetivo ser una crónica que va a dejar por escrito para la posteridad una de las hazañas claves en la vida de Porfirio Díaz, porque de no haberlo ayudado a escapar, tal vez otra sería su suerte. Gutiérrez Zamora quiere omitir nada y sólo quiere decir la verdad de lo que sucedió. A pesar de ello, no deja fuera el aspecto masónico, ya que identifica a Díaz, a Coney, al capitán del barco, Phillips y a el mismo como hermanos masones: “Me preguntó si Coney era masón, le contesté que sí, que hacía pocos meses había yo asistido a su logia, cuando le habían dado el 3er grado”31. En otro momento, cuando está discutiendo con el capitán Phillips sobre Porfirio Díaz: “-Tal vez le hablen a V. sobre este asunto; V. es mi amigo y conoce mis opiniones; además V. sabe que un hermano está en peligro. Muy serio y secamente me contestó Phillips: -Mis deberes como hermano yo los sé, y dispénseme le diga que no quiero que nadie me los enseñe”32. Claramente hay un grupo de personas claves que pertenecen a la masonería. Sin lugar a duda y por la manera en que está presentadas las historias, fue gracias a las sociabilidades masónicas y ha esta redes fraternales de apoyo que se logró salvar al que ese mismo año, 1876, se convertiría en presidente de México, ejerciendo el poder por más de treinta años.

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