Atrapados y entrampados por el enfoque de género [CRÓNICA]


La tercera titular de Educación interpelada por este Congreso escuchó a legisladores que insistieron en la existencia de una ideología de género como política
Flor Pablo Medina

1 / 1Giovanna Castañeda Palomino

“Para una educación libre de estereotipos y discriminación, necesitamos una educación sexual integral. No hay que tenerle miedo a la palabra”. De esta forma, la ministra de Educación, Flor Pablo, inició ayer su exposición, antes de responder las 29 preguntas del pliego interpelatorio en el Congreso.

Pablo es la tercera titular de Educación de este Gobierno que pasa por un proceso de interpelación. En su discurso resaltó este hecho: señaló que este continuo cambio de ministros ha traído como consecuencia una debilidad en el sector.

Las respuestas que dio a las preguntas de Fuerza Popular –bancada que promovió la interpelación– generaron reacciones enérgicas por el enfoque de género en el currículo nacional y el término “conflicto armado interno” en los textos escolares. Esta interpelación nació al conocerse el uso de una fuente con connotación sexual en un libro, a pesar de que el Minedu inició procesos y denunció penalmente a los responsables de este hecho.

La palabra “género”, específicamente, fue la más rechazada por el fujimorismo y los parlamentarios más conservadores. Hubo también citas bíblicas en la interpelación.

Pablo afirmó que la igualdad de género es una política de Estado desde hace más de 10 años; que el enfoque propone igualdad entre hombres y mujeres, entre niñas y niños. “Pero esa igualdad no va a llegar si no superamos los estereotipos. El enfoque de género plantea el respeto a todas las personas, sin distinción de su orientación sexual”, acotó. Sobre el “conflicto armado interno”, aclaró que no se deja de llamar “terrorismo” a la época sanguinaria que vivió el Perú.

El portavoz fujimorista Carlos Tubino dejó claro que lo que más les preocupa es el término “género” porque, dijo, impulsa la asexualidad. Dio, además, un dato que sacó “desde Alemania”: que se habla de hasta más de 100 géneros; que se habla de estos como si fueran 100 sexos. “No binarios, transgénero, mujeres XY, etc.”, enumeró. “¿Quiere llevar a que la sociedad avance en la implementación de esa corriente?”, cuestionó.

Durante este tipo de sesiones, el interpelado tiene que escuchar el debate –lo que dure– y los argumentos de los oradores –los que sean– sin retirarse de su sitio: tiene que permanecer sin poder participar, sin corregir si es que es necesario hacerlo.

Eso fue lo que pasó Pablo ayer: con rostro y miradas serios escuchó y escuchó. Sin realizar ningún gesto cada vez que un legislador –uno más– decía o deslizaba que, si “la ideología de género” se retiraba, “se solucionaba el problema”, como lo hizo Julio Rosas. Los parlamentarios más críticos insistieron en que el enfoque de género es lo mismo que la “ideología de género”. Una corriente que “destruye a la familia”.

La congresista fujimorista Tamar Arimborgo fue ayer tendencia en las redes sociales. Ella y “Sodoma y Gomorra”. No solo afirmó a gritos que el sexo tiene una función de reproducción y no de placer, sino que también comparó al Minedu con las dos ciudades que, según el Antiguo Testamento, fueron destruidas por la perversión de sus habitantes. “Vade retro, presidente Vizcarra”, concluyó en tono exorcizante.

La jornada de casi once horas concluyó después de las 8 de la noche. A diferencia de los términos “ideología”,“sexo anal” y “hedonista” que afloraron a lo largo del día, la frase “moción de censura” no fue mencionada por ninguna bancada ni durante ni después del debate.

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