Gregorio de Nisa

Gregorio de Nisa nació hacia el año 335 en Cesarea, Capadocia, y murió hacia el 394.

Vida.
Era el hermano menor de Basilio el Grande y su primera educación la recibió en escuelas paganas. Durante un tiempo en su juventud ofició como lector, siendo bautizado a temprana edad, aunque no se desprende de ello que estuviera destinado a la carrera eclesiástica.

Más tarde, tal vez entre 360 y 365, se dedicó a negocios seculares hasta el punto de escandalizar a algunos.

Se casó con Teosebia, pues a su muerte Gregorio de Nacianzo le da el pésame por ella, aunque vivió en continencia una vez que fue nombrado obispo.

La afirmación de que dejó su llamamiento como retórico para retirarse a una vida contemplativa es posible, pero no demostrable; tampoco se conocen las circunstancias por las que llegó a ser obispo de la pequeña localidad de Nisa en Capadocia, en el río Halys, en el camino de Cesarea a Ancira.

Tuvo que ocurrir antes de que Gregorio de Nacianzo fuera obispo de Sasima y por lo tanto antes de la Pascua de 372, diciéndose que aceptó el cargo episcopal bajo presión.

Como obispo fue uno de los homoousianos que asumió desagradables tareas en tiempos difíciles, probablemente porque su ortodoxia dio ocasión a la facción de la corte a maquinar contra él, a fin de que la sede fuera a parar a alguien de su línea. Cuando Demóstenes, el vicario imperial de la provincia del Ponto, llegó a Capadocia en el invierno de 375, alguien se presentó con acusaciones contra Gregorio por malversación de las propiedades eclesiásticas, añadidas a la duda sobre la validez de su designación.

Gregorio fue detenido para ser llevado ante Demóstenes, pero sus sufrimientos en el camino fueron tan grandes que resolvió escapar. Fue condenado en ausencia por un sínodo de obispos del Ponto y Galacia en la primavera siguiente, no pudiendo regresar a Nisa hasta la muerte de Valente el 9 de agosto de 378.

En el otoño de 379 estuvo presente en el sínodo de Antioquía y en 381 en el concilio de Constantinopla, donde predicó con motivo del ascenso de Gregorio de Nacianzo a la sede episcopal y también en el funeral de Melecio de Antioquía.

Su prominencia entre los miembros del concilio se desprende del hecho de que el edicto imperial del 30 de julio de 381 le nombra entre los obispos con los que los otros deben estar en comunión, si desean permanecer sin perturbación en la administración de sus iglesias.

Esta posición de importancia entrañaba dificultades y batallas, ocasionando probablemente el viaje a Arabia con el fin de poner orden en las condiciones eclesiásticas en esa región.

Muy probablemente estuvo presente en las conferencias de 383 en Constantinoplapredicando en el otoño de 385 o 386 en el funeral de la princesa Pulqueria y poco después en el de la emperatriz Flacila. Estuvo presente una vez más en la discusión sinodal de un asunto de Arabia en Constantinopla en 394, pero a partir de ahí nada más se sabe de su vida.

Obras.
Las referencias a la historia personal del autor demuestran la autenticidad de un considerable número de las obras que le son atribuidas, incluyendo varias cartas, el Hexameron, la Creación del hombre, la Vida de MoisésContra los usurerosContra EunomioSobre el alma y la resurrecciónEulogía de BasilioCarta a Pedro y Vida de Santa Macrina. Antiguos testimonios externos apoyan la evidencia interna en el caso de otras, como Sobre el Cantar de los cantaresSobre la oración (cinco homilías, la última una cuidadosa exposición del Padre nuestro), 

Sobre las bienaventuranzas, la Oratio catechetica magnaContra Apolinar y el Antirrhetico contra Apolinaristas. Por otro lado, las obras omitidas o marcadas como dudosas por Migne, que han pasado bajo el nombre de Gregorio, no son todas espurias. Entre sus obras dogmáticas merece especial atención el Gran catecismo, un tratado apologético-dogmático sobre la Trinidad y la encarnación, con instrucciones sobre el bautismo y la Cena; el Alma y la resurrección; el tratado contra Eunomio, su obra más extensa; y el Antirrético, el más importante de los tratados existentes anti-apolinaristas.

De los escritos exegéticos el Hexameron y la Creación del hombre son los más sobrios y valiosos; entre los sermones, los de la vida de Basilio y Macrina están entre los más interesantes.

Personalidad y enseñanza.
Es difícil definir la personalidad de Gregorio; sus obras son demasiado retóricas y poco personales como para proporcionar una clara imagen de él. Con todo, parece que tuvo un carácter más armonioso, calmado y auto-controlado que el de su hermano o el de Gregorio de Nacianzo, aunque también menos fuerte que el de ellos, si bien también más amigable.

Su posición teológica se aprecia más claramente que su carácter, aunque le falta distinción. Tuvo pocos pensamientos nuevos y la expresión que da a los antiguos indica pocas huellas de genio. No obstante fue un consumado teólogo, que logró reconciliar, hasta cierto punto, las tradiciones origenistas con las demandas de una teología que era más realista.

Tuvo suficiente ingenio para trabajar entre sus fórmulas con corrección técnica, a la vez que satisfaciendo la tendencia de una naturaleza mística, evitando la definición precisa en el momento apropiado y elevándose por encima de la terminología en la que las controversias dogmáticas de su tiempo se expresaban.

Su enseñanza sobre la Trinidad es tan similar a la de Basilio y Gregorio de Nacianzo que en el caso de tres obras es seguro afirmar la autoría de uno de los tres, pero imposible determinar de cuál de ellos.

Su cristología es la que sustancialmente sostuvo Gregorio de Nacianzo en su etapa final. Una investigación más completa de su cristología en conjunto necesitaría profundizar en la conexión de su pensamiento con el de Orígenes y Atanasio.

Hay que mencionar que retuvo la doctrina origenista de la restauración de todas las cosas, por lo que el patriarca Germán de Constantinopla, en el siglo VIII, imaginó que su Sobre el alma y la resurrección había sido interpolada por herejes, en lugar de contener, como tiene, origenismo puro, debiendo buscarse el fundamento de su doctrina, al igual que con Orígenes, no en la concepción ‘genérica’ de la humanidad de Cristo, sino en su idea de Dios.

El siguiente pasaje es revelador del pensamiento de Gregorio sobre las propiedades particulares de Padre, Hijo y Espíritu Santo:’Se sigue de aquí que las características de la persona del Padre no se pueden transferir al Hijo ni al Espíritu: por otra parte, tampoco las del Hijo se pueden acomodar a ninguno de los otros, así como tampoco se puede atribuir al Padre o al Hijo la propiedad del Espíritu.

La distinción incomunicable de las propiedades se considera en la naturaleza común. La característica del Padre es existir sin causa. Esto no se aplica ni al Hijo ni al Espíritu; porque el Hijo «salió del Padre» (Juan 16:28), como dice la Escritura, y «el Espíritu procede» de Dios y «del Padre» (Juan 5:26).

Pero así como el ser sin causa, que pertenece exclusivamente al Padre, no se puede adaptar ni al Hijo ni al Espíritu, así también el ser causado, que es la propiedad del Hijo y del Espíritu por su misma naturaleza, no la podemos considerar en el Padre. Por otra parte, el no ser ingénitos es común al Hijo y al Espíritu; por eso, para evitar confusiones en este punto, hay que buscar la diferencia pura en las propiedades, de manera que quede a salvo lo que es común y, sin embargo, no se mezcle lo que es propio.

La Escritura le llama Unigénito del Padre, y esta expresión establece para él su propiedad. Pero del Espíritu Santo se dice también que procede del Padre y se afirma, además, que es del Hijo. Pues dice la Escritura: «Si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, ése no es de Cristo» (Romanos 8:9).

Así, pues, el Espíritu que procede de Dios es también Espíritu de Cristo; en cambio, el Hijo, que procede de Dios, ni es ni se dice que procede del Espíritu; y esta secuencia relativa es permanente e incontrovertible.

Por tanto, no se puede cambiar y trastocar la frase en su sentido, de manera que, así como decimos que el Espíritu es de Cristo, digamos también que Cristo es del Espíritu.

Por consiguiente, por una parte, esta propiedad individual distingue con absoluta claridad a uno del otro; por otra parte, la identidad de operación arguye comunidad de naturaleza, quedando de esta manera confirmada en ambos la verdadera doctrina acerca de la Divinidad; es decir, que la Trinidad se cuenta por personas, pero no está dividida en partes de diferente naturaleza.’

(De oratione dominica)

FUENTE: Iglesia Evangelica Pueblo Nuevohttp://www.iglesiapueblonuevo.es/index.php?codigo=bio_gregorion

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