La vida de Jesús el Cristo

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Dicen los griegos que existen tres modos para ser inmortal, a saber: o bien ser dios, o bien a través de la memoria o bien por la simiente. Solamente nos abocaremos a reflexionar sobre la inmortalidad de la vida de Jesús, el cristo en la memoria del mismo, privilegiando su carácter humano.

Muy poco interesan el dogma y la doxis cuando se intenta reconstruir la vida memorable de un hombre virtuoso, porque lo digno de recuerdo es la virtud –de vir- en todos sus aspectos, como en Sócrates, en Alejandro Magno, e incluso en Juana de Arco, &c. Pero en este especial caso, tratándose de la vida de Jesús, el Cristo como Dios encarnado, habría que proceder con mucho cuidado.

El niño Jesús
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La virtud en un hombre, a decir de Aristóteles, es algo que implica tiempo y experiencia, por eso los jóvenes no se pueden sumergir en su estudio (esto es –i.e.:– en el estudio de la ética). Los temas de la virtud versan sobre el bien y sobre el malsiendo la virtud la elección y ejercicio del primero. Pero para llegar a la recta elección deben haberse dado malas elecciones, es decir, viciosas, y esto se da sobre todo en la niñez.

Ahora bien, la vida de Jesús de niño, en los evangelios apócrifos, como en el evangelio árabe o el armenio, se muestra como un pequeñuelo travieso y narcisista –en consonancia con la teoría psicosexual de Freud-, que por su parte humana –perfectible- era todo lo de esperarse de un niño: abusivo, egoísta, problemático, en un proceso de aprendizaje constante.

Siguiendo lo anterior, podríamos pensar: ¿cómo y qué tanto tuvo que meditar y corregir el que dio la vida por nosotros, para darla? Es decir, Jesús-Cristo con su tarea, en tanto hombre, en su infinita bondad y perdón, tuvo que tener un sostén empírico para llegar a las conclusiones universales a las que llegó. Ejemplo de esto son los apóstoles, que antes de la muerte del maestro eran como estólidos, y luego de su resurrección, en la meditación de sus errores como discípulos y frente a la tarea que tenían; encarnaron cierta sabiduría divina.

Por otro lado, las travesuras de la vida de Jesús siendo niño, consistían en cambiar de forma, escondérsele a María e incluso propiciar accidentes mortales, como la caída de otro niño desde lo alto. Como si la potencia divina, en la precoz humanidad de un niño, fuese instrumento de sus ocurrencias infantiles. En los relatos cánones, se muestra un ejemplo de lo impositivo de Jesús como niño, que en vista de los evangelios árabe y armenio, todo en contexto concuerda: discutiendo con los sabios como sabio, y la respuesta dada a una perturbada María.

La vida de Jesús: adulto
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Como hombre, la vida de Jesús antes de sus treinta y tres (33) años, fue impecable. Imaginémonos a Jesús autoconcibiéndose el Cristo salvador; meditando la historia de los judíos en sus peripecias y cuitas (que es la historia de su pueblo elegido). Imaginémonos la extensión de sus mecanismos intelectuales y morales como para ser tentado tres veces –prueba de por sí dificilísima– en pleno desierto –extenuando su yo corporal y psíquico– y salir hermosamente airoso.

Y todavía más, seguramente su vida infantil sirvió de instrucción para reconocer la afinidad y correspondencia que hay entre lo demoniaco y lo emotivo, al tener un control sobre lo emotivo, fue evidenciando demonios propios. Al aparecérsele el demonio de demonios (dia-bollein: dispersión), supo contrarrestarlo nombrando al Padre, núcleo infinito de la bondad y del orden.

Ulterioridad cristiana
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La vida de Jesús, en sentido dogmático no se discute, sin embargo tampoco se pueden tener conclusiones taxativas (posiciones, sive prejuicios) de lo que en suma signifique Jesucristo como hombre y Dios encarnado. Dios trino siempre es personal, yuxtapuesto al horizonte interpretativo del individuo, como traducido a su esquema cognitivo. Por ende es menester una ulterioridad cristiana, que no se centre en lo que Dios sea, sino en lo que puede llegar a ser –ulterior: más allá-. Si bien Jesucristo fue el único cristiano, al compartir humanidad, podemos reflejarnos en su psique (iguales a imagen y semejanza: es decir, iguales en alma), y transformarnos en carácter y costumbre en correspondencia con el contenido del reflector.

Autor: Kevin Samir Parra Rueda, redactor en la gran familia de Hermandadblanca.org

Más información en: 

  • El evangelio Armenio de la infancia de Jesús
  • Evangelio árabe de la infancia de Jesús.

FUENTE: Gran Hermandad Blancahttps://hermandadblanca.org/la-vida-de-jesus-el-cristo/

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