La costumbre de comer lácteos en Shavuot


6/6/2019  |  por Rav Itzjak Scher

La costumbre de comer lácteos en Shavuot

Una visión profunda y filosófica sobre la costumbre de comer lácteos en Shavuot.


Gracias a la popular y bien fundada costumbre de comer alimentos lácteos en Shavuot, la tarta de queso se ha establecido junto a los hamantashen (oznei hamán), los latkes, los kneidalaj y el guefilte fish como una comida judía festiva tradicional.

Hay muchas razones para esta costumbre. Me gustaría presentar acá una razón muy importante, pero menos conocida.

La prohibición de cocinar y comer juntos leche y carne aparece tres veces en la Torá. Debemos remarcar que dos de esas tres veces el versículo se repite: “Los primeros frutos de tu tierra deberás llevarlos a la casa de Hashem tu Dios; no cocinarás al cabrito en la leche de su madre (1). Dos veces la Torá yuxtapone la mitzvá de Bikurim (los primeros frutos) con la prohibición de mezclar carne y leche. ¿Cuál es la conexión entre estos dos mandamientos aparentemente no relacionados?

Dado que Shavuot también es llamado Iom HaBikurim, el día de los primeros frutos, no podemos evitar sentir que la costumbre de comer lácteos en este día surge de este versículo. Esta costumbre puede no ser sólo comer alimentos lácteos, sino demostrar activamente nuestra adherencia a separar los alimentos de carne de los lácteos. Este punto queda resaltado si tenemos en cuenta la practica sugerida por el Ramó en el Shulján Aruj, quien dice que en Shavuot hay que comer leche y carne en la misma comida, obviamente teniendo suma cautela y tomando todas las precauciones halájicas para mantenerlos separados.

Pareciera que todo el mérito de los judíos para recibir la Torá depende de su adherencia a separar la carne de la leche. ¿Por qué?

Otra impresionante fuente para la conexión entre Shavuot y la prohibición de mezclar carne y leche se encuentra en un Midrash (2):

Cuando Moshé bajó [del Monte Sinaí] y los judíos pecaron [con el Becerro de Oro]… los ángeles se alegraron y dijeron: “ahora la Torá volverá a nosotros” … Los ángeles le dijeron a Hashem: “Creador del universo, ¿acaso los judíos no transgredieron la Torá? Tú escribiste en ella: ´no tendrán otros dioses´. Hashem les dijo. “¡Ustedes siempre instigan problemas entre Mí y el pueblo judío! ¿Acaso ustedes no comieron carne y leche cuando fueron a visitar a Abraham? Como está escrito: ‘Y él tomó mantequilla, leche y un ternero [y les dio de comer a los ángeles]’. Sin embargo, incluso un niño judío cuando regresa de la escuela [sabe que debe separar carne y leche]”. [Los ángeles] no tuvieron respuesta…”

Esta historia pareciera adjudicar todo el mérito de los judíos para recibir la Torá al hecho de separar carne y leche. Los ángeles que descuidaron este concepto no son dignos de recibir la Torá. Sin embargo, los judíos, quienes son cuidadosos de separar carne y leche al grado que incluso los niños pequeños son conscientes de esa mitzvá, son dignos de recibir la Torá. Este Midrash es bastante sorprendente. Sin importar cuán censurable sea para un judío observante la idea de una hamburguesa con queso, por lo general no consideramos que esta sea la base de toda la Torá. Además, los ángeles no están obligados a observar los mandamientos de la Torá. ¿Por qué Dios los acusa de haber transgredido?

Al adquirir un entendimiento más profundo de la razón por la que no mezclamos carne y leche podemos llegar a comprender el mensaje de la costumbre aparentemente inocente de comer en Shavuot alimentos lácteos.

Podemos clasificar a los seres vivos en tres categorías: vegetales, animales y humanos.

En un sentido general, podemos clasificar a los seres vivos en tres categorías: vegetales, animales y humanos. Cada una de estas categorías funciona en el mundo de forma diferente. Los vegetales, en general, cumplen dos tareas principales: absorben nutrición (supervivencia) y se reproducen. Incluso las frutas que producen usualmente son sólo un medio para nutrir a sus semillas, que estén protegidas y se dispersen, lo que posibilita su reproducción.

La vida animal es más sofisticada y compleja. Los animales se mueven, tienen interacciones sociales, construyen nidos, cazan e incluso pueden reclamar su territorio. Muchos tienen habilidades refinadas, ambiciones y métodos extremadamente efectivos para obtener comida y protegerse a sí mismos y a sus crías. Sin embargo, por más sofisticados que sean, sus acciones también parecer girar en torno a los mismos “objetivos vitales”” de la vida vegetal: supervivencia y reproducción. El león conquistará territorio con fuerza, cautela y habilidad, pero sólo con la intención de adquirir la fuente de agua que está en el medio y las leonas con las cuales se apareará. Lo mismo ocurre con otros animales, cada uno a su manera mantiene el foco siempre en estas metas. Los animales utilizan habilidades refinadas y sabiduría, pero sólo para las metas simples de la vida vegetal.

El ser humano es completamente diferente. Fuimos creados a la imagen de Dios (3), con un alma divina en nuestro interior (4). Somos en parte físicos y en parte espirituales y elevados. Fuimos creados para vivir dentro del mundo físico, pero nos esforzamos por conectarnos con un Propósito más elevado. Este es exactamente el desafío del ser humano. Los humanos deben usar su sabiduría avanzada para escoger una vida elevada, energizada por nuestros elementos más supremos y no vivir una vida física motivada por el cuerpo material creado del “polvo de la tierra”. Uno puede escoger ser Divino o seguir los pasos de los animales y las plantas.

La habilidad de tomar esta decisión se encuentra en el intelecto humano. A diferencia del animal, el ser humano puede lograr que su intelecto domine a sus instintos animales, sus deseos o sus impulsos. Sin embargo, si la mente humana no se involucra o no tiene claro su propósito, inevitablemente el lado animal prevalecerá y en consecuencia el ser humano vivirá simplemente como una “planta” altamente sofisticada, compleja y ambiciosa. Tal como el león que reclama su territorio, el ser humano exitoso usará sus talentos y su riqueza para adquirir su propia “leona y su fuente de agua”.

Volver a introducir la carne en la leche expresa simbólicamente la antítesis de lo que significa ser humano.

Rav Shimshon Rafael Hirsch (5) describe de forma muy bella que este es precisamente el simbolismo de la prohibición de mezclar carne con leche. Él explica que el material que caracteriza al “lado vegetativo” de la vida animal es la leche. La leche es el primer y más básico alimento que consume un mamífero y sale de la madre como resultado de la reproducción. Por lo tanto, la leche es la sustancia que simboliza los impulsos de nutrición y reproducción en un animal. En contraste, la carne del animal representa su lado “animal”. Los músculos, poder, movimiento y proeza del animal son evidentes dentro de la carne. Volver a introducir la carne dentro de la leche expresa simbólicamente la antítesis de lo que significa ser humano.

Permitir que la carne (es decir el lado animal que contiene habilidad, poder y ambición), sea utilizada para alcanzar metas “vegetales”, es exactamente lo opuesto de aquello para lo cual fue creado el hombre. Los animales permiten que su poder y talentos únicos los ayuden para alcanzar sus objetivos “vegetales”. Nosotros, como humanos, debemos asegurarnos de utilizar nuestro intelecto para moderar y guiar nuestras actividades para que sean canalizadas hacia nuestro objetivo más elevado, no hacia nuestros deseos básicos. Debemos nutrirnos y reproducirnos, pero para alcanzar metas más elevadas no podemos sucumbir a nuestros instintos. Usamos nuestra parte animal y vegetal para permitirnos vivir vidas nobles, pero no para que cada uno sirva al otro. Debemos asegurarnos de mantener separada nuestra “leche” y nuestra “carne”. Mezclarlos sería una réplica simbólica de un ser humano que desciende a un comportamiento animal. (“Eres lo que comes”).

La Torá habla del lado espiritual del ser humano. Es un sistema de pensamiento y acción para elevar a la persona más allá de las limitaciones de este mundo y lanzarla a un estilo de vida más elevado. La Torá nos enseña cómo vivir dentro del mundo físico, pero no dejarnos subyugar por los deseos físicos. Las mitzvot y el estudio de la Torá entrenan al cuerpo y a la mente para no ceder ante sus elementos animales o vegetales, sino a subordinar estos elementos y canalizar el ser completo para traer santidad al mundo.

Cuando la Torá fue entregada en el Monte Sinaí, se creó un puente entre el cielo y la tierra: el cielo y la tierra se tocaron (6). Ahora, con nuestros pies firmemente plantados en el suelo, tenemos una forma para que nuestra mente, cuerpo y esencia lleguen a los reinos más elevados.

Sólo los humanos fueron creados como un híbrido del alma Divina y el polvo de la tierra, y por lo tanto deben esforzarse para asegurar que su lado espiritual no se vea superado por sus instintos animales.

Los ángeles no tienen una lucha interior. El ser humano fue creado como un híbrido del alma Divina y polvo de la tierra, y por lo tanto debe esforzarse para asegurar que su lado espiritual gane y no se vea superado por los impulsos terrenales, animalísticos. Los ángeles son seres totalmente espirituales y no corren el riesgo de convertirse en animales. Ellos no tienen deseos o instintos terrenales y por eso pueden “mezclar carne con leche” sin que eso tenga ningún impacto en su esencia. Por eso pudieron comer (7) carne y leche en la casa de Abraham sin tener que arrepentirse. A pesar de eso, Dios les dijo que por esa razón ellos no son dignos de recibir la Torá. La Torá fue diseñada para un ser que tiene libre albedrío y que debe luchar con una parte material. Los ángeles no necesitan la Torá porque ellos no tienen esta lucha.

El Midrash señala que incluso un niño judío tiene consciencia de este tema. La descripción del niño judío que regresa a casa de la escuela y separa carne y leche, resalta el hecho de que este concepto es una parte esencial e intrínseca de cada judío. Constantemente enfrentamos el conflicto entre nuestra alma y nuestro cuerpo, sin embargo estamos equipados con las herramientas para triunfar. De forma innata, sabemos usar nuestro intelecto y mantener nuestra “carne” separada de nuestra “leche”.

Shavuot, el día que recibimos la Torá, es el momento para recordar lo que significa ser un ser humano. ¿Somos sólo vegetales y animales sofisticados o tenemos una naturaleza y una misión singular? La Torá nos enseña cómo ir más allá de nuestros elementos vegetales y animales, cómo actuar puramente como humanos y por lo tanto cómo conectarnos con lo Divino. Que este Shavuot, al disfrutar de nuestra tarta de queso (teniendo cuidado de mantenerla alejada de nuestro bistec), podamos esforzarnos para que la palabra de Dios nos eleve al exaltado nivel que un ser humano está destinado a lograr.


Notas:

(1) Shemot 23:19 y 34:26

(2) Midrash Shojar Tov, capitulo 8

(3) Bereshit 1:27

(4) Bereshit 2:7

(5) En su comentario sobre la Torá, Shemot 23:19

(6) Shemot 19:20 y comentario de Rashi

(7) El hecho de que un ser totalmente espiritual pueda “comer” es un tema que debe ser analizado pero está más allá del alcance de este artículo.

FUENTE: Aishlatino. https://www.aishlatino.com/h/sh/a/La-costumbre-de-comer-lacteos-en-Shavuot.html?s=mm

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