08/09/2020

La mente superior, sede de la intuición.

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El polo opuesto de la ilusión es la intuición. La intuición es el reconocimiento de la realidad, que se hace posible cuando desaparecen el espejismo y la ilusión. Cuando un ser humano ha conseguido tranquilizar la tendencia de su mente a construir formas-pensamiento, surge la verdad… La luz puede derramarse entonces libremente y sin desviación desde los mundos espirituales superiores sobre la persona y la humanidad.

La intuición es también una forma funcionar de la mente. Cuando se utiliza correctamente, permite al ser humano captar la realidad con claridad y verla despojada de los espejismos y las ilusiones del mundo. Cuando la intuición funciona en el ser humano, es capaz de obrar directa y correctamente, pues se encuentra en contacto con los hechos en estado puro y sin mezcla, y con las ideas libres de deformación. Hechos e ideas liberados de todo espejismo e ilusión, que vienen directamente de la Mente Universal… Entonces se ve la vida y todas las formas en su perspectiva más superior y real; entonces se manifiesta un justo sentido del valor –en el que se valoran adecuadamente las circunstancias y hechos.

La persona que vive espiritualmente aprende finalmente a sustituir el trabajo lento y laborioso de la mente, con sus caminos tortuosos, con sus ilusiones, sus errores, su dogmatismo y su pensamiento separativo por la intuición, con su rapidez e infalibilidad.

La palabra “intuición” se presta a confusión, así que vamos a intentar aclarar su sentido, pues a menudo se confunde la intuición verdadera con las reacciones automáticas inconscientes. Muchas personas buenas, creyendo que se dejan guiar por su intuición, están siguiendo de hecho una reactivación emocional inconsciente.

Numerosos adeptos de las filosofías de la Nueva Era, donde cada uno intenta lo mejor que puede salirse de los caminos trillados de la consciencia ordinaria y “seguir su intuición”, caen en esa trampa por falta de conocimiento de su dinámica interior. La confusión proviene del hecho de que las dos experiencias tienen exteriormente puntos comunes. Sin embargo, llevan a resultados muy diferentes porque tienen distinto origen. Vamos a examinar las similitudes que dan lugar a la confusión, y señalaremos al mismo tiempo las diferencias fundamentales.

La intuición es una percepción directa (y exacta) de las cosas que no necesita ser justificada mediante una explicación racional. Proviene del conocimiento exacto que posee el alma. La experimentamos como una idea, como una sensación; es como “sentir el significado” de las cosas, podríamos incluso decir que es una “certeza” que nos viene de manera espontánea, sin emoción, a menudo de forma inesperada. Es como una evidencia que no tiene explicación. Tenemos la impresión de que “sabemos” algo, sin poder justificar racionalmente ese saber. Puede corresponder tanto a situaciones de la vida cotidiana como a circunstancias especiales en las que interviene de forma más directa el intelecto. Por ejemplo, con mucha frecuencia, los grandes sabios intuyen primero la solución del problema sobre el que están trabajando, y sólo después encuentran una demostración lógica; casi todos los grandes descubrimientos se han hecho así. El talento de los grandes artistas está ligado a la inspiración, que es una de las formas de la intuición, y tampoco puede justificarse racionalmente.

La confusión aparece sobre todo en la vida cotidiana, que es donde la voluntad del Ser y la del ego están mezcladas casi siempre. En efecto, una reactivación procedente del “ordenador” y programación de la mente inferior puede presentar algunas similitudes con la verdadera intuición. En la vida cotidiana, cuando alguna circunstancia reactiva alguna de nuestras memorias, en general inconscientemente, tenemos la sensación directa de las cosas, una sensación “espontánea” y no racional, a menudo “inesperada”. El parecido termina ahí pero es suficiente para confundirlo con la verdadera intuición. En el caso de una reactivación de las memorias, la percepción es espontánea, sí, pero lo es en sentido automático; la reactivación no proviene entonces del justo sentido de las cosas captado por la sabiduría del alma, sino de los automatismos del ordenador mental que proyecta sobre la realidad su propia percepción deformada. Es “inesperada” porque no conocemos nuestro mecanismo, y nos salta a la cara en el momento en que menos lo esperamos. La “sentimos” porque procede del cuerpo emocional. Efectivamente, no es racional. Pero eso no significa que sea una intuición. ¡Ojalá fuera racional! Si entrara en juego una inteligencia racional cuando se reactivan antiguas memorias, al menos aportaría un poco de objetividad a la situación y limitaría los daños.

Esa confusión hace que las personas polarizadas mentalmente desconfíen de la intuición, porque a menudo se la ha considerado como algo vago y arbitrario, algo con lo que no se puede contar realmente, atributo propio de personas más bien emocionales. Sin embargo, la verdadera intuición es lo que en realidad ilumina a los grandes sabios, a los grandes artistas, a los grandes maestros espirituales, a todos los seres que han hecho avanzar a la humanidad, desde sus comienzos, en los diversos campos del conocimiento. Ya es hora de que pongamos a la verdadera intuición en su lugar. Hemos de procurar desarrollarla, sobre todo en los niños —los creadores del mañana— a través de un sistema educativo más rico y más abierto, favoreciendo especialmente el desarrollo del hemisferio cerebral derecho, sede de la intuición.

Para que se establezca el contacto entre el alma y la mente superior, la mente inferior no debe interceptar la vocecita de la intuición. Porque la intuición es una “vocecita”. No se impone. Y ésa es precisamente una de las señales que permite distinguir una percepción intuitiva exacta de las cosas de una reactivación de las memorias.

FUENTE: La Pagina de la Vida. http://www.proyectopv.org/2-verdad/comovivirperceprealid.htm