Los fundadores de The Sustainable Group, Jonathan Haran y Victor Haym Hajaj, con paneles solares. Foto: cortesía


SEMANA revela los detalles del cerco de amenazas y presiones sobre los militares que están denunciando los falsos positivos y actos de corrupción en el Ejército. ¿Por qué los quieren callar y qué información tienen?

Operación silencio: amenazas y presiones sobre los militares que hablan de falsos positivos en la JEP

 Durante los últimos meses el comandante del Ejército, general Nicacio Martínez, ha enfrentado fuertes cuestionamientos dentro y fuera del país. El más reciente por la expedición de formatos ordenando a sus hombres duplicar todos los resultados, incluidas las bajas. Debido al escándalo que esto produjo esas directrices tuvieron que ser retiradas.

“Esto es por orden del comandante del Ejército, mi general (Nicacio) Martínez, por todo lo que ha pasado en estos días  y para saber quiénes están detrás de todo esto”. Con esta frase, un sargento comenzó a explicarle al oficial que tenía al frente las razones por las cuales le iban a realizar una entrevista previa a una prueba de polígrafo.

El oficial que iban a interrogar fue citado de urgencia junto con otros 14 militares –que se encontraban en distintos lugares del país– a la sede de la segunda División de Bucaramanga. Las razones que les dieron para citarlos el pasado 22 de mayo fueron distintas, pero la realidad era una sola: saber quiénes contaron a algunos medios, en particular a The New York Times, sobre unas polémicas directrices que exigían doblar los resultados en el Ejército y que podrían ser la semilla para volver a las épocas de los falsos positivos.

“Cuando llegamos nos dimos cuenta que era para algo raro. Ahí fue que nos dijeron que nos iban a hacer unas entrevistas y después polígrafos a todos. No entendíamos qué era lo que estaba pasando o qué teníamos que ver con ese tema”, explicó uno de ellos a SEMANA. “En el lugar había un componente grande de oficiales y suboficiales de contrainteligencia quienes realizaron algunas entrevistas a los que estaban. Todo eso había sido coordinado el día anterior por mi general Quirós que fue el que los llevó”, contó el uniformado, que no quiso revelar su nombre por motivos de seguridad como la mayoría de los entrevistados en este informe debido a las amenazas y a las posibles represalias.

Estos son varios de los sufragios que llegaron a algunos uniformados y sus familias como parte de una campaña de intimidación. También a periodistas de SEMANA.

Mientras el grupo de militares esperaban a ser interrogados, uno de los sargentos encargados de las entrevistas le dijo al oficial sentado frente a él:“Tenemos instrucciones claras de mi general Quirós de agotar todos los recursos para dar con los responsables”. Se refería a las órdenes del general Eduardo Quirós, comandante del Comando de Apoyo de Contrainteligencia.

Cuatro días antes, el 18 de mayo, el diario estadounidense The New York Times, había publicado en su primera página de la edición dominical, un reportaje en el cual denunció la existencia de formatos y órdenes que habrían sido emitidas por el actual comandante del Ejército, general Nicacio Martínez, en los cuales exigía a sus hombres duplicar todos los resultados. No se trataba de un asunto menor pues dentro de esas variables, que incluían capturas y desmovilizaciones, se pedía duplicar el número de bajas. Para muchos esas directrices podrían revivir la macabra práctica que terminó con el asesinato de más de 2.500 jóvenes inocentes que hace una década fueron presentados como guerrilleros muertos en combate.

“Mientras yo estaba en una operación, me dejaron anónimos y sufragios en la puerta de mi casa en los que decían que iban a matar a toda mi familia si hablaba”.

Aunque inicialmente el Ministerio de Defensa y el Gobierno nacional trataron de defender el tema, ante el escándalo internacional que se desató, el Ejército retiró esas directivas dos días después de la publicación del diario estadounidense.

Aunque hacia afuera la tormenta por el escándalo amainaba, dentro de las filas había rayos y centellas. “Se desató una cacería impresionante. Nos preguntaban quiénes de nosotros eran los que habían hablado con los periodistas y como parte de toda esa cacería nos hicieron esas entrevistas”, contó uno de los uniformados que estuvo esa mañana en la unidad militar de Bucaramanga.

El director de Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, ha realizado graves cuestionamientos contra el comandante del Ejército y otros generales.

Sin embargo, lo que estaba ocurriendo dentro de esa instalación castrense se filtró. El director de Human Rights WatchJosé Miguel Vivanco, la Procuraduría, varios medios de comunicación y periodistas comenzaron a preguntar por redes sociales por qué los tenían reunidos en esa sede y las razones por las cuales ocurría esa “cacería” para intentar dar con las fuentes de la información.

Para tratar de lidiar con lo que se estaba convirtiendo en un nuevo escándalo, los citados a los interrogatorios recibieron la orden de dispersarse para que no los vieran en la guarnición militar. Simultáneamente el comandante de la Segunda División del Ejército, general Mauricio Moreno, emitió un comunicado en el que afirmó que “las versiones publicadas en diferentes medios y redes sociales, sobre supuestas indagaciones para ‘identificar fuentes’ relacionadas con una publicación o sobre supuestos usos de polígrafos, no son ciertas y tampoco tienen fundamento de ninguna especie”. Sin embargo SEMANA tiene en su poder testimonios, audios y fotografías que demuestran que sí los congregaron y varios fueron interrogados.

Por medio de este comunicado la Segunda División del Ejército negó que el pasado 22 de mayo en la sede de esa unidad militar en Bucaramanga se hubiera convocado a un grupo de uniformados para realizarles pruebas de polígrafo como parte de una “cacería” y anexaron estas fotos de una reunión para temas de medioambiente como prueba. Sin embargo, SEMANA tuvo acceso a testimonios, fotos y videos que demuestran que sí reunieron a militares para interrogarlos con el fin de establecer quiénes fueron las fuentes de los periodistas.

Este episodio es solo la punta del iceberg de una estrategia de silenciamiento y persecución a muchos militares que buscan denunciar varios hechos graves que vienen ocurriendo y que van desde las denuncias de ejecuciones extrajudiciales hasta actos de corrupción, pasando por las confesiones que están haciendo varios militares ante la Justicia Especial para la Paz (JEP) por lo que sucedió en la época de los falsos positivos hace más de una década.

Temporada de cacería

SEMANA habló con más de 20 militares que han recibido todo tipo de amenazas, ellos y sus familias, por tratar de contar la verdad. Unos lo hicieron porque no están dispuestos a jugarse su reputación o su futuro participando en dinámicas que los pueden llevar a violar los derechos humanos. Y otros porque tienen información o han denunciado actos de corrupción de altos oficiales en el Ejército. En el proceso de investigación SEMANA logró recoger testimonios, audios, videos, fotos y documentos que corroboran las denuncias.

“Tengo compañeros, amigos, que perdieron la libertad, sus familias y todo su patrimonio pagando abogados por culpa de haber cumplido esas órdenes en el pasado (falsos positivos). Yo no estoy dispuesto a tener ese destino y prefiero pedir el retiro a cumplir lo que nos están pidiendo, afirmó un militar, con más de 20 años de carrera.

“Se desató una cacería impresionante, en el lugar (la sede de la II división) había un componente grande de oficiales y suboficiales de contrainteligencia quienes alcanzaron a realizar algunas entrevistas”.

Otro uniformado, con múltiples condecoraciones y herido en combate, quien no estaba de acuerdo con las directrices y quiso denunciar contó que “a mí me hicieron llegar a mi celular fotos de los seguimientos a mis hijos menores de edad en el colegio.También de mis padres, que ya son personas mayores”, afirmó mientras enseñaba las fotos de esos seguimientos.

Un tercer uniformado, que hace parte de una Fuerza de Tarea y está en una de las zonas más convulsionadas del país afirmó: “Mientras yo estaba en operaciones, me dejaron anónimos y sufragios en la puerta de mi casa en los que decían que por sapo me iban a matar a mí y a toda mi familia”, contó mientras enseñaba los intimidadores mensajes. Otro más, desplegado en el sur del país y al mando de más 4.000 hombres, dijo: “Los teléfonos son intervenidos incluso pagando a gente de las salas de interceptación de la propia Fiscalía para chuzar ilegalmente las comunicaciones para saber qué hablamos y con quién”.

FUENTE: Semana. https://www.semana.com/nacion/articulo/operacion-silencio-amenazas-y-presiones-sobre-los-militares-que-hablan-de-falsos-positivos-en-la-jep/620661?utm_campaign=icommarketing%20-%20newsletter%20diario%20-%20newsletter%20junio%2025%20de%202019&utm_content=newsletter%20junio%2025%20de%202019&utm_medium=email&utm_source=icommarketing

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