Otra Dianelis que se libera en Cuba

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Rosa Martínez

HAVANA TIMES – Hace varios días Irina Echarry, colega y amiga, escribió un post relacionado con la violencia de género, específicamente sobre la denuncia hecha por Dianelis Alfonso-conocida como La Diosa de Cuba-, y la manera en que ese hecho había impactado en la sociedad cubana, que como bien dice Irina, es un país acostumbrado a defender y justificar al maltratador y ofender a la víctima.

Sobre este tema fácilmente podría escribir un libro, pues donde vivo son muchas las mujeres maltratadas por sus esposos, novios o amantes; pero lamentablemente no se limitan a mi barrio marginal y pobre esos ejemplos de violencia hacia las féminas, ojalá quedaran solo en esos entornos; por ejemplo, el caso del que les quiero contar ocurrió entre profesionales.

Pues la joven de la que les quiero comentar es una profesora universitaria, excelente profesional, con dos hijas pequeñas, quien durante muchos años fue víctima del maltrato tanto verbal, como físico y sicológico del padre (ingeniero y con cargo de dirección) de sus dos hijas.

Como soy muy cercana a ella, desde el comienzo de la relación vi venir aquello. No había que ser muy visionario para imaginar cuál sería el desenlace de aquella historia que debía ser de amor.

Más de una vez le dije que aquel hombre le hablaba en un tono desafiante y amenazador que no me gustaba, que él se creía el dueño del mundo, y por supuesto, de ella.

No chica, me decía, si Pedri es un pan. Lo que pasa es él que tiene esa forma que da miedo, pero cuando lo conoces bien te percatas que es una persona muy humilde y buena.

Y la verdad es que Pedro era noble, cariñoso, atento y hasta caballeroso, pero no con ella, sino con el resto del mundo, con las otras personas, sobre todo, con otras mujeres, hasta conmigo era diferente, de manera que, si no hubiera conocido bien sus entrañas, hasta yo me habría creído el cuento de niño bueno.

Pero lo que un inicio fueron palabras duras con tono elevado, se convirtieron poco a poco en frases de constantes críticas, desafiantes, amenazadoras.

Después llegaron los gritos y ofensas; más tarde los golpes, las amenazas de votarla para la calle a ella y a sus hijas, que para entonces ya habían nacido.

Durante todos esos años yo estuve ahí, sufriendo con ella, presenciándolo todo, aconsejándolos a los dos. A ella le pedía que se fuera de ahí, que siempre se puede salir adelante, que era joven y podía recomenzar su vida, pues ella tenía un empleo, y si el salario no le alcanzaba podía inventar algo más como mismo hago yo y como hacen muchísimas mujeres en toda Cuba, ella no sería la primera, tampoco la última.

A él le decía hasta perro muerto, miserable, que mi amiga no se merecía el trato que él le daba, que ella era una muchacha fiel, trabajadora, sacrificada, que por qué era así. Y siempre, una y otra vez ponía aquella cara de perrito desvalido y me decía: ella me transforma, no sé qué hacer, ella saca todo lo malo que hay en mí…

Imagino que muchas personas dirían, pobre Pedro, tener que aguantar a una mujer malvada, contestona, que lo saca de paso, un hombre tan luchador como él, además ella tiene todo lo que necesita y más, él se lo da todo.

Si, porque así piensa todavía mucha gente en Cuba. En pleno siglo XXI muchos creen que el hombre merece respeto y obediencia, y la mujer debe aguantar callada lo que sea, y tratar de agradar siempre al esposo que tanto se sacrifica para darle a la familia lo que necesita.

Por suerte mi amiga ya no piensa así, y no demasiado tarde decidió librarse de sus cadenas…

FUENTE: https://havanatimesenespanol.org/diarios/rosa-martinez/otra-dianelis-que-se-libra-en-cuba/

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