POR QUÉ NECESITAMOS ENCAJAR Y CÓMO SUPERARLO

Por qué necesitamos encajar y cómo superarlo

Por Maite Gómez

Si hay algo peor que intentar ser otra persona es intentar encajar en algún grupo social, tribu urbana, corriente política, espiritual, cultural, etc.

Yo llevo toda la vida intentando encajar y no he encajado en ningún sitio salvo en mí misma. Y lo detestaba. Hasta que me dí cuenta de que otra vez pensaba y actuaba bajo el influjo de patrones socio-culturales.  Y es que nos obligan a definirnos no por lo que somos sino por a qué grupo pertenecemos.

¿Eres de clase media? ¿media-alta? ¿baja? 

¿Eres creyente? ¿católico? ¿ateo? 

¿Eres pijo? ¿grunge? ¿heavy? ¿punk? ¿new age?

¿Eres de los Rolling o de los Beatles? (Esto siempre me ha fastidiado, por qué no podían gustarme los dos!!??? ¡Había que definirse! Grrrr.)

Y así tratan de irnos encasillando.

Es como si no fuéramos nada si no tenemos un “apellido” (Maite la hippie, Maite la pija, Maite la de Madrid, Maite la abogada o Maite la loca….).

Este sistema es muy cómodo para el sistema. Sí,  lo he escrito así adrede. Y es que esa frase define muy bien la trampa. El sistema quiere que todo se agrupe y se clasifique porque así es más fácil controlarlo todo. Controlarnos a nosotros.

Y bajo el influjo de este hechizo, y como buena libra que soy, yo siempre analizaba muy concienzudamente a qué grupo pertenecía. Dónde tenía que encajar. 

#1 A QUÉ GÉNERO MUSICAL PERTENECES

Si me gustaba la música de Loquillo (Loquillo y los Trogloditas, años 80, para que os situéis) es que era  rockabilly. Pero también me gustaba Depeche Mode, The Cure o Héroes del Silencio, por lo que algunos me llamaban siniestra. Pero ¡ostras! también me flipaban Led Zeppelin, Jimmy Hendrix y  The Doors. Entonces… soy hippie! ¿Una hippie en los 90??

¡Qué descoloque! Nunca logré decantarme totalmente por un estilo musical, con todo lo que ello conllevaba (pose, estética, mentalidad, etc.).

Seguramente alguna vez te ha llegado por facebook el típico test de “qué personaje de ficción/histórico/famoso eres”. Y es que por internet circulan muchos tests de esta clase. Los hay del tipo  “qué género musical eres según tu personalidad” o “a qué grupo social perteneces” o incluso hay uno que se llama “averigua a qué tribu urbana perteneces”, la releche.

(Por cierto, yo soy rock. Ya me quedo más tranquila, uf.)

#2 DE DÓNDE ERES

Lo mismo me pasaba cuando me preguntaban: y tú ¿de donde eres? Y vuelta a empezar con el lío.

Mi respuesta no podía ser un simple: “de Madrid”. No. Porque yo nunca me sentí totalmente madrileña. Siempre añadía: “… pero medio soriana”. Y es que pasaba todos los veranos en el pueblo  de mi madre, en Soria. Y allí era donde me sentía más agusto, más libre, más yo. Así que me sentía en la necesidad moral de aclarar ese punto para que no hubiera malentendidos.

El caso es que cuando estaba en el pueblo, me llamaban la “madrileña”, “la de la capi”, o “la de ciudad”. Y a mí me sentaba como una patada en la barriga. Y cuando estaba en Madrid me llamaban “la soriana”. Eso me gustaba más, pero tampoco me definía del todo. 

# 3 CÓMO TE LLAMAS

Otro tipo de dicotomía a la que me enfrentaba a menudo y me creaba conflicto interno era mi nombre.

Todo el mundo me ha llamado Maite, desde siempre, y así me presento ante el mundo. Pero cuando era más pequeña y me preguntaba mi nombre, por ejemplo, para apuntarme a natación o a clases de guitarra, siempre sentía que tenía que dar el nombre que viene en mi DNI: Maria Teresa.

Y claro, cuando llegaba el primer día de clase y la gente se dirigía a mí llamándome Maria Teresa no me sentía a gusto, me repateaba, esa no era yo.

Puede parecer una tontería, pero cuando no te identificas con tu nombre oficial también se produce un quebrantamiento en tu percepción de tí misma. Seguro que las Maria Teresas, Maria Dolores, Maria Concepción, o Jose Luis, Jose Carlos o Francisco Javieres saben muy bien de lo que hablo.

Hace poco vi una entrevista a una chica que, después de pasar por un proceso de autoconocimiento y descubrirse a sí misma, decidió cambiarse el nombre porque no se sentía a gusto con él ni se sentía identificada y eso le hacía mella a su autoestima.  Decía que ahora se sentía más segura de sí misma porque su nombre ya no le chirriaba ni le creaba malestar.

O sea, que aunque  no lo parezca, el tener un nombre u otro puede afectar incluso a nuestra autoestima.

Y a mí también me afectaba.

Afortunadamente, a medida que he ido creciendo por dentro, ha dejado de afectarme. 

# 4 DE CIENCIAS O DE LETRAS

Ya en el instituto te obligan a elegir: ciencias o letras. Y ahí la verdad lo tuve bastante claro, porque me encantaba Lenguaje, Literatura, Historia, Filosofía, y todo lo que tuviera que ver con las letras y la creatividad. Las matemáticas se me daban fatal y la Física pues…. en fín, digamos que el hemisferio izquierdo de mi cerebro estaba menos desarrollado.

El caso es que si se te daban bien las mates y la física, por ejemplo, y encima te gustaban eras un bicho raro.

Todos hemos visto al típico empollón gafotas del grupo de ciencias discriminado y ridiculizado, sobre todo en las pelis yanquis, donde todo se ve más claro porque son como el país, exageradas.

A mí me gustaba atender en clase y aprovechar las clases al máximo, pero no me sentía una empollona, de hecho no lo era, mis notas eran más bien normalitas. Pero tampoco era de los gamberros. Ni de los guays; ya sabes, esos y esas que en el insti eran los más solicitados, admirados e imitados, no se sabe muy bien por qué.

Y encima por aquélla época andaba ennoviada, y limité todo mi mundo a mi novio, a los amigos de mi novio, a los partidos de baloncesto de los sábados de mi novio, a los gustos musicales de mi novio (que esos sí que acabaron siendo los míos), etc.

Así que me pasaba la vida intentando encajar en el mundo de mi novio. Luego me dejó y me quedé sin mundo ¡ja!

Ahí es donde aprendí a no dejar de lado a mis amigos, mis aficiones y mis valores bajo ningún concepto, y mucho menos por otra persona. Las parejas van y vienen, pero tu gente y tus valores son sagrados y tienes que cuidarlos.

# 5 ESTUDIAS O TRABAJAS

Luego creces y te toca decidir: seguir estudiando o empezar a trabajar.

Y si decides estudiar:  Universidad o FP (Formación Profesional, para los jóvenes de la sala).

En mi caso, como en el de muchos de mi generación, no había opción: había que estudiar una carrera universitaria sí o sí. En aquella época, estaba muy mal visto hacer FP, porque se asociaba a malos estudiantes o gente sin recursos económicos. Valiente gilipollez, con perdón. Hoy en día sobran universitarios y faltan profesionales cualificados.

En fin. El caso es que ya te estaban encasillando otra vez.

Como yo por aquella época estaba más perdida que nada, y aún era incapaz de tomar mis propias decisiones, acabé en Derecho. Por aquello de que tenía muchas “salidas”. ¡Y tantas! Acabé saliendo de España. 

Mis padres, como todos los padres de su generación, estaban orgullosos de tener a sus cuatro hijos en la universidad. Ojo, y yo bien orgullosa y agradecida de que pudieran costearnos los estudios siendo de origen humilde, pero ese es otro tema. Yo aquí estoy hablando de las corrientes sociales y el pensamiento colectivo de la época.

Cuando acabé la carrera y me colegié pasé a ser “Maite, la Abogada”.

-. “Hola soy Maite, y SOY abogada”

También me chirriaba, y me repateaba porque no me identificaba para nada con esa profesión. No tengo nada en contra de los abogados, pero sentía -y ahora he corroborado- que iba en contra totalmente de mis valores y mi esencia.

Así que si encima de dedicarme a algo que no me gustaba, el mero hecho de”ser abogada” me definía como persona, te puedes hacer una idea del desasosiego y la confusión mental con la que conviví durante tanto tiempo.

# 6 METODO ESTIVILL O CARLOS GONZÁLEZ

Y llegas a la maternidad, y tres cuartos de lo mismo. Lo que en este caso se hace más duro por el baile de hormonas que sufrimos las madres recién paridas. Y más aún si eres madre primeriza, como yo. Y todavía más si vives lejos de tu familia, en el extranjero, como yo.

El caso es que llegas a casa con una mini personita arrugada y llorona que depende totalmente de tí y todo son dudas. Nadie te ha preparado para esto. Estás agotada del parto, con las hormonas revolucionadas y muerta de miedo.

Y de repente alguien te pregunta: ¿y tú qué método de crianza vas a seguir?

Y tú te piensas: “ehhh…, pues… ¿método?, ahm…”

Vale, sí. Durante la “dulce espera” (otro día hablaré sobre cuán dulce es, ejem), has leído todo cuanto ha caído en tus manos sobre el embarazo, el parto, la lactancia, la crianza, etc, etc. Hasta pasarte de rosca  y acabar peor que al principio.

Así que cuando te preguntan qué método vas a seguir, te acuerdas de ese libro de Carlos González que te regaló una amiga entusiasmada de la crianza con apego. Y decides que ese es tu método.

Hasta que a los dos meses, con ciática, ojeras y cero tiempo libre te planteas que quizá tú eres más del método conductista. Ya te lo decía tu madre, “no cojas a la nena cada vez que llore que la malacostumbas”.

Pero no soportas oír llorar a tu bebé y no cogerla.

Aunque tampoco quieres que esté todo el día pegada a tí, necesitas tu espacio y tiempo para tí.

Entonces colapsas y piensas:  ¿cuál es el método correcto? ¿soy una mala madre por querer tiempo para mí?

Afortunadamente tienes una pareja comprensiva y paciente, que aplaca tu revolución hormonal, te apoya y pone algo de coherencia en el tema. “Cariño, eres la mejor madre que Lua puede tener. No te preocupes, lo que hagas está bien”.

Y así es.

¿Que qué método sigo? El que construimos Lua y yo cada día.

He llegado a la conclusión de que sólo es cuestión de saber escuchar, irnos conociendo poco a poco la una a la otra y darle lo que necesita para que se sienta querida y protegida. Pero también guardando un tiempo para tí.

Mamá contenta, bebé feliz.

Esta es sólo una pequeña muestra de los muuuchos ámbitos cotidianos en los que, a lo largo de nuestra vida, nos obligan a encasillarnos o posicionarnos. Casi todos hemos pasado por alguna de estas situaciones, puede que por todas, y seguro que por algunas más.

# 7 LA LIBERACION

Y así una y otra vez. Me he pasado media vida intentando encajar. Hasta que, después de un largo y profundo proceso de autoconocimiento, al fin vi la luz.

Hasta que no me liberé de todas esas etiquetas y dejé de buscar encajar en grupos sociales, culturales, profesionales y otro tipo de encasillamientos no  empecé a ser yo.

Maite (“a secas”).

Ya no tenía que definirme con una palabra. Ya no tenía que encasillarme en uno u otro lugar.

Ahora puedo ser madrileña y soriana. De pueblo y de ciudad. Sin una profesión, pero con muchas pasiones. A veces hippie, otras rockera y otras pachanguera. Y como decía Luz Casal “a veces mala, a veces muy mala, y a veces un cielo” ?

No me define lo que hago profesionalmente, ni donde he nacido, ni lo que me gusta, ni cuánto gano. Me define lo que soy. Y sobre todo, me definen mis acciones. 

Descubrir esto fue totalmente liberador.

Y aunque no ha sido fácil llegar a romper esas cadenas, ahora veo que no era tan difícil como parecía. Solo hay que conocerse muy bien, a fondo, llegar a nuestra esencia, comprenderla, aceptarla y quererla.

Yo intenté durante mucho tiempo hacerlo sola, pero no fui capaz. Y solo cuando me decidí a pedir ayuda para superar mis bloqueos pude verlo con claridad.

# 8 POR QUÉ EL COACHING

Por eso ahora no dejo de recomendar a todo el mundo que haga un proceso de coaching. Porque un buen coach, o un curso de auto coaching, te ayuda a ver las cosas desde otra perspectiva, a conocerte mejor, y a sacar tu mejor versión para lograr tus objetivos y alinear tus valores, tu esencia, tu personalidad, con la vida que quieres llevar.

Hace no mucho tiempo yo era de las que decía que eso eran tontunas, cuentos chinos y saca cuartos. Pero hoy no solo estoy super agradecida de haber contado con la ayuda de un coach, sino que, estoy tan convencida de lo que puede cambiar la vida a una persona, que quiero ser uno de ellos.

Quiero ser una transformadora de vidas y ser el cambio que quiero ver en el mundo.

Quiero liberar mentes libres e inquietas que se encuentran sepultadas bajo toneladas de miedos, creencias limitantes y bloqueos.

Afortunadamente, cada vez hay más gente que se dedica a ayudar a los demás a sacar lo mejor de sí mismos, a crecer, a evolucionar, a alcanzar sus sueños. No es complicado, pero sí requiere esfuerzo y compromiso.

Puede que duela, el proceso no es sencillo, pero la recompensa es brutal.

Tampoco es necesario invertir una pasta en un programa de coaching con sesiones individuales presenciales. Gracias a internet puedes hacerlo sin moverte de casa. También están surgiendo cursos muy buenos que te enseñan cómo ser tu propio coach.

# 9 ¿PERO POR QUÉ SENTIMOS LA NECESIDAD DE ENCAJAR?

Cuando nacemos, venimos al mundo puros, inocentes, aunténticos. Aun no tenemos conciencia de nosotros mismos y solo nos movemos por institutos primarios de hambre, sueño, frío, etc.

Sin embargo somos totalmente dependientes de nuestros cuidadores, normalmente nuestros padres. Así que cuando nuestro ego empieza a desarrollarse vamos adquiriendo el rol que nuestro ámbito familiar y social nos impone.

Se nos dice lo que está bien y lo que está mal según el sistema sociocultural y el ámbito familiar en el que hayamos nacido.

O sea, si eres un niño o niña obediente y no “das guerra” serás un niño o una niña buena. Si eres más nervioso o no se te dan bien alguna asignatura eres un niño malo. Tienes que encajar en el sistema, seguir las normas y no salirte de tiesto. De lo contrario serás rechazado socialmente. 

Y claro, a medida que vas creciendo este patrón se repite constantemente. Si eres como la mayoría encajarás en el instituto y nadie te mirará mal, pero si eres diferente o no te amoldas a lo que se considera “normal”, los demás se sentirán incómodos y te rechazarán.

Es así. Lo diferente nos causa rechazo y miedo.

Por otro lado, sentimos la necesidad de clasificar todo y poner etiquetas.

Y normalmente lo que encaja con nuestra visión o creencia es lo “correcto” y lo que se sale de ese enfoque es lo “incorrecto”. Y así, clasificamos a una persona bajo esta simple criterio dualista: como buena o mala, rojo o facha (alucino cómo nos empeñamos en mantener esta dicotomía absurda y desfasada), paleta o moderna, pija o heavy, normal o rara (esta me encanta).

Desde la otra perspectiva percibimos que debemos encajar en alguno de los roles establecidos para que se nos pueda clasificar y meter en uno u otro saco. En definitiva, para sentirnos aceptados. Y si pensamos o nos sentimos de forma diferente nos avergonzamos y lo ocultamos, fingimos ser algo que no somos y ahí es donde empiezan los problemas.

Normalmente, cuánto más mayores nos hacemos vamos sintiendo menos esa presión de encajar, tenemos las cosas más claras y no tenemos miedo ni vergüenza de ser nosotros mismos y mostrarnos como tal en cualquier ámbito o situación.

Normalmente. Pero no siempre es así.

Es tan fuerte la influencia de las creencias que nos inculcan desde pequeños, y tan arcaico nuestro sistema educativo, que en lugar de educarnos nos adoctrinan, y no nos enseñan algo fundamental: a pensar por nosotros mismos.

Nos enseñan a querernos por el resultado, y no por lo que realmente somos, tal y como somos.

Y eso nos genera una continua necesidad de aceptación, de sentirnos queridos, y si no conseguimos serlo nos sentimos culpables por no ser como deberíamos ser. Nos sentimos rechazados y frustrados. Lo que a algunos nos lleva incluso a sentir que no meremos ser queridos.

Pero afortunadamente cada vez somos más los que estamos despertando, y nos estamos dando cuenta que somos perfectamente válidos como personas aunque no encajemos en el rol que nos quieren adjudicar, ni seamos perfectos.

Aunque el “sé tú mismo” de toda la vida parece que ha perdido su significado, tenemos que volver a rescatarlo. Nuestra autenticidad es lo más grande que tenemos.

# 10 CÓMO SUPERAR LA NECESIDAD DE ENCAJAR

Ahora bien. Ser uno mismo no es fácil y requiere una alta dosis de amor propio y autoestima. Otra caballo de batalla de muchos de nosotros. Es importante trabajar la autoestima para poder vivir en coherencia con uno mismo, libre de etiquetas y encasillamientos.

Y aquí viene la gran pregunta:

¿qué va primero: la autoestima o ser uno mismo?

¿Somos nosotros mismos porque tenemos una gran autoestima o tenemos alta la autoestima cuando somos nosotros mismos?

Pues las dos cosas. En mi propio camino de autoconocimiento y crecimiento me he dado cuenta que cuánto más trabajaba en conocerme de verdad y actuar en coherencia conmigo misma más crecía mi autoestima; y al elevar mi autoestima más fuerza tenía para seguir siendo yo misma ante cualquier situación.

Vale. Ya ha aparecido la que, para mí, es la piedra angular del crecimiento personal: el autoconocimiento.

Si ya me conoces sabrás que soy un apasionada total del autoconocimiento, porque creo que es el principio  y base de todo cambio o crecimiento interior. Pero hoy no voy a profundizar más en el tema, lo haré más adelante.

Lo que te quiero decir con todo esto es que si no sabemos quiénes somos y cómo somos, cuáles son nuestros valores fundamentales,  necesidades, sueños y miedos, será muy difícil que en el día a día actuemos de forma coherente con nosotros mismos.

Y entonces sentiremos la necesidad de encajar en un rol o patrón social, al que acudir a la hora de tomar decisiones.

Al no basar esas decisiones en nuestro propio sistema de valores experimentaremos conflictos internos que nos llevarán a un estado de confusión y frustración. ¿Ves a donde quiero llegar?

Por otro lado, si estamos continuamente intentando encajar en uno u otro grupo, buscando que nos quieran, nunca conseguiremos amor real, porque no me querrán a mí, a quien realmente soy, sino a quien pretendo ser. Por eso a la larga muchas parejas no funcionan. Es  muy difícil mantener un disfraz durante mucho tiempo seguido.

Por eso mi recomendación es: conócete, conócete y conócete.

No hay una persona  igual que tú en el mundo entero. Así que, ¿por qué deberías encajar en una sola casilla? ¡Márcalas todas!

Fuente: https://caminoinverso.com/por-que-necesitamos-encajar/

FUENTE: https://www.grandespymes.com.ar/2019/08/14/por-que-necesitamos-encajar-y-como-superarlo/

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