Masonería y Positivismo


He observado que nuestros rituales litúrgicos son en esencia redactados con un lenguaje, muy propio del siglo XVIII y XIX, por lo que salta a mi mente una postura positivista propia de la época. Y ¿Cómo puede concordar el pensamiento positivista con la masonería?
Si la masonería basa su estamento en la iniciación, este parece ser un viaje al mundo interior; según el concepto mismo de iniciación, que nos dirige hacia un reinicio, una suerte de reprogramación espiritual y del alma, para emprender un nuevo camino, más consiente ahora que antes.

Es indudable que nuestros rituales están impregnados del positivismo de la época, que enamoro a muchos o a casi todos los hombres de entonces, pues en aquellos días, la ciencia reclamo para si todas las corrientes de pensamiento; el espíritu positivista hacia que todo pensamiento aceptado, debía ser susceptible de comprobación empírica. De esta forma los fenómenos del mundo sobrenatural o metafísico pasan a ser mera superstición o fanatismo, por no ser posible su comprobación científica. Es por causa del positivismo de la época, que hoy se habla de una masonería racionalista, que incluso rechaza las ideas iniciáticas y esotéricas de la tradición, al considerarlas no antiguas sino anticuadas y ajenas a la modernidad.

El positivismo es un sistema filosófico basado en la experiencia y el conocimiento empírico de los fenómenos naturales, en el que la teología y la metafísica se consideran sistemas imperfectos e inadecuados. Kant, Hume inicialmente y Comte un poco más tarde,  son los representantes más altos del positivismo hasta la época. Ya a principios del siglo XX,  aparece un grupo que rechaza la idea de que la experiencia personal es la base del verdadero conocimiento, propone que la comprobación científica es válida para la adquisición del conocimiento; más aún determinan que solo es conocimiento valido aquel que es posible comprobar científicamente. Este grupo es conocido como positivistas lógicos. De ellos nace el Tractatus lógico-philosophicus que rechaza las doctrinas metafísicas por carecer de sentido y aceptan el empirismo como materia de exigencia lógica.

Los positivistas contemporáneos, prefieren denominarse, empiristas lógicos, para disociarse de la importancia que le dieron los primeros positivistas a la comprobación científica. Mantienen que el principio de verificación es inverificable en el campo filosófico, no así en las ciencias empíricas, en las que el método hace que las observaciones de la realidad sean altamente comprobables.
Ya sea el positivismo inicial o el contemporáneo, es innegable que fue un paradigma que provoco una verdadera revolución intelectual y académica. Bajo esta perspectiva se crearon la mayor parte de las ciencias sociales y las ciencias duras confirmaron su método. La epistemología es una construcción positivista y gracias a ella es posible la rigurosidad de los procesos de investigación científica.

Ahora veamos el impacto del positivismo en la masonería, sabiendo que la naturaleza y los objetos de la orden masónica no constituyen elementos del mundo natural. La experiencia masónica no es una experiencia posible de explicar desde la perspectiva del positivismo, ya que no se trata de contrastaciones entre teoría y realidad, entre sujeto y objeto; sino de una vivencia que tiene que ver con la vida interior del hombre. El interés de la filosofía masónica trasciende el mundo sensorial y se ubica en objetos del mundo sobrenatural, mundo en el que habitan conceptos como la idea de Dios, la fe, el espíritu, el alma y su inmortalidad, los fenómenos iniciáticos que tienen que ver con el origen del hombre y el efecto que la ceremonia causa en la psiquis de este, la trascendencia del ser y la muerte, entre otros aspectos.
La ubicación de estas entidades en el mundo sobrenatural, no significa que sean irreales, ficticios o fantásticos, ya que el mundo sobrenatural es tan real que existe, aunque sus residentes no sean asequibles por la comprobación empírica, según los dicterios del positivismo. Así entonces, de forma evidente, hay una contradicción en la masonería especulativa, cuando siendo positivista en su origen y usando un lenguaje positivista en esencia, procura un trabajo en el mundo sobrenatural del hombre ¿Cómo puede ser esto?.
Visto así, la masonería especulativa es un absurdo. Pero es el momento de recordar, que usando la razón no es cómo podemos explicar lo que la masonería hace en el hombre; es necesario ir más allá y comprender que no es el hombre común, el hombre del que aquí se habla. Es un iniciado, el hombre del que estamos hablando; ha habido en él, procesos inefables que lo han despertado y que lo han hecho perceptivo, ante cosas más allá de los fenómenos y la experiencia sensorial. 

Si bien es cierto, que la masonería tiene por objeto el estudio de las cosas del mundo metafísico, ello no significa que la masonería sea una especie de ilusión, ensueño, utopía o entelequia separada del mundo físico y separada de las grandes causas que la sociedad reclama en abono de la justicia y la igualdad; es decir, la orden masónica no se interesa por discusiones bizantinas, inocuas e inicuas, ya que de manera sobrada ha demostrado mediante la conducta de sus miembros que ha sabido actuar en beneficio de los grandes impulsos por la independencia, libertad y otros progreso de los pueblos. Lo anterior, se debe a que usando la razón, el masón se inserta en un mundo preparado para ser observado. El masón no puede vivir la experiencia sobrenatural, pues pertenece al mundo natural y le es imposible acceder al mundo sobrenatural sin la cualificación que le permite pasar el umbral entre ambos mundos. Pero si está despierto y alerta será capaz de ser observador y esa observación será en cualquier caso y con el esfuerzo, una pequeña ventana que dejará ver atisbos de ese mundo que nos es desconocido.
Ahora bien, ¿Cómo es que el masón pasa ese umbral? ¿Cómo es que un hombre del mundo natural, puede recibir herramientas del mundo sobrenatural?. La Respuesta a estas interrogantes, está en dos vías, una primera en la que el masón emula, bajo el imperio de la razón, un esquema simple del mundo sobrenatural. Y la segunda en la que el masón hace un trabajo colectivo, entre masones igualmente cualificados. Ambas cosas tienen por objeto producir una ruptura con el mundo natural y esa ruptura se produce en la logia (recinto donde se practica la masonería) y estando en logia (en la actitud colectiva común a todos cuando hay rigor en el trabajo masónico).
La esquematización racional del universo que se manifiesta en la logia, tiene sentido en el momento en que saca al hombre de la razón científica y lo ubica en la razón lógica; vale decir; en el momento en que el hombre sale de la comprensión académica, de que el mundo gira alrededor del sol y no el sol alrededor del mundo como lo perciben sus sentidos, por lo que es inducido a un ambiente en el que acepta al mundo como centro mismo del universo, pues sensorialmente hablando la logia está dispuesta de forma que el hombre hace sus construcciones racionales basado en lo que perciben sus sentidos de forma inmediata, sin mayores implicaciones. En pocas palabras, el ejercicio de la masonería no es más que un engaño a la razón científica y una confirmación de la razón lógica. Esta simplificación, confirma en el masón, lo que su mente lógicamente entiende de manera natural, que se corresponde con lo que percibe por sus sentidos comúnmente. Se puede decir que la razón del masón, pasa de una razón ubicada en una comprensión del universo y todo lo que en él hay, contada, aprendida de fuentes distintas de la empírica; que corresponde a la razón científica cotidiana, que el masón usa en el mundo profano; a una razón totalmente empírica, pues en el templo el masón vivencia a través de los sentidos una descripción esquemática del universo, por lo que se ubica en el positivismo, siendo la experiencia vivencial la que le aporta el conocimiento, vale decir, el conocimiento es empírico.

Ahora bien, hemos visto como el masón captura su entorno de forma empírica, por tanto su forma de hacerse con el conocimiento es positivista, mas aun empirista lógica, muy en concordancia con lo dicho en las primeras líneas del artículo, basándonos en la percepción que derivamos del lenguaje de los rituales; pero ¿Cómo hace el salto del empirismo positivista y lógico al estudio de fenómenos sobrenaturales? La respuesta a esta interrogante está dada en que, dentro de ese especial racionalismo del masón, él no es solamente un observador del sistema, es más que eso es un participante del sistema mismo, con lo cual pasa a ser un asunto fenomenológico y queda atrás el empirismo lógico o el positivismo del que hablábamos al comienzo, siendo desde esta visión fenomenológica de la cosa, que el masón comienza a entender que siendo participante, para que el sistema actúe necesita, inevitablemente adoptar roles y es donde la masonería abandona la racionalidad, pues los roles a desempeñar, nada tienen que ver con objetos o sujetos reales o racionales. Los roles que adopta el masón, en logia, son roles que tienen que ver con divinidades y personajes míticos, que nada tienen que ver con la razón científica, ni con la razón lógica.

Veamos ahora algo que reviste importancia trascendental en la discusión. Para que funcione la experiencia de la masonería, hay que entender que el trabajo en logia no es individual, necesita del concurso de todos los que están en logia, lo cual implica necesariamente la rigurosidad ritual que saca al hombre de su cotidianidad y lo inserta en el rol que desempeña, pues él está consciente de que no solo interpreta un rol; lo interpreta para que el otro pueda hacer su papel también y así se generan relaciones de dependencia obligadas por el ritual que reclaman la concentración en la acción y que generan un universo vivo a su alrededor, que repite esquemáticamente todas las situaciones del mundo manifestado, con lo cual estamos en lo que la epistemología como ciencia moderna ha dado en presentar como la complejidad, pues pierde valor el objeto o el sujeto como entidades a estudiar y ganan fuerza las relaciones que se presentan en el accionar de la logia.

Como ya ve el lector, hemos pasado de una visión positivista de la masonería, que por demás es exterior, aparente y superficial, a una visión mucho más profunda y compleja que primero, desindividualiza y luego estimula la observación de las relaciones por encima del sujeto o el objeto. Sucediendo todo ello en un universo esquemático y fácil de comprender, pues está basado en razón lógica, razón directa de la sensorialidad, de lo que el hombre captura en su cotidianidad con su percepción, con la lógica mas básica. No olvidemos que las logias se constituyen a través de individuos, cuyo pensamiento es indetenible, estando presente en ellos sus egos, vicios y virtudes. Egos, vicios y virtudes, asi como las miserias, afloran irremediablemente ante los demás y es allí donde el masón, basado en una experiencia vista en otro, es capaz de identificarla dentro de sí, con lo que necesariamente implica un trabajo de mejoramiento interior a través de la aceptación de sí mismo, aceptación que obliga necesariamente la fraternidad y la tolerancia.

Curioso me resulta observar como una masonería especulativa, monta sobre el oficio de la operatividad, toda una compleja estructura que reproduce una conciencia profunda del mundo manifestado, apoyada en la tradición, logrando así un sistema de aprendizaje y enseñanza casi osmótico, pues la masonería se incrusta en sus miembros, aun a pesar de ellos mismos, por la simple observación de sí mismo, apoyado en sus iguales.
Así pues, vemos como lo evidente no es trascendente, pero es necesario para que, a través de la apariencia, se pueda construir el engaño que permite el salto fuera de la razón, que desconecta al masón del mundo profano, asunto este que se refuerza, en la garantía de que estamos a cubierto, cuando estamos en logia y el guarda templo hace el trabajo que le corresponde correctamente. Este aislamiento se completa con las frases iniciales que se escuchan al comenzar las tenidas, todas ellas diseñadas para ir separando la razón académica y cientificista del individuo, de la razón lógica y sensorial basada en la percepción directa del entorno; entorno este, que se diseña para ser simple y esquemático, vale decir simbólico, capaz de convencer al masón de que hay, de hecho, una separación, como en efecto sucede entre el mundo fuera del templo y el mundo dentro del templo.

Una vez sellada la entrada y separado el tiempo y el espacio dentro del templo, se establece en el dialogo ritual un orden que debe ser mantenido a toda costa. Se rompe el silencio y lo primero que se materializa es una vibración, un sonido, producido por un mallete que golpea; pero este aun es tosco, informe, sin orden quizá, solo es un ruido, pero en un primer ordenamiento se convierte el sonido en palabra, que vista en su acepción más simple son ruidos o sonidos colocados en orden para generar un concepto o palabra, que es enviada luego a recorrer todo el espacio en manos de los diáconos que lo trasladan a través de todo el recinto. Una vez hecho esto, las frases surgen  como suma de palabras y se produce la invocación, una llamada de apertura, para luego hacer que la luz inteligente que ha construido las frases coherente de la invocación sea enviada hasta los confines del mundo recorriendo los cuatro puntos cardinales para luego extender el tapiz y  pronuncia un contenido o lectura de un texto sagrado, lo cual convierte, las frases manadas desde el oriente en una emanación desde el centro del universo, no en balde es texto sagrado, manado de la divinidad y es hasta entonces que los trabajos están abiertos, y el espacio contenido en el templo está aislado de la realidad exterior, a partir de allí lo que sucede en logia es realidad para todos los allí reunidos y para nadie más.

Finalmente, llegado el instante el cierre las cosas suceden de manera inversa, se hace un retorno a la razón académica y científica, progresiva de la misma forma en que se abrieron los trabajos, ahora se recoge todo lo que simbólicamente fue manifestado al comienzo y todo vuelve a su estado original, no es sino hasta ese instante, que el guarda templo puede abrir nuevamente la puerta y dejar salir libremente a los masones reunidos en logia, garantizando así que el mundo de la virtualidad ha quedado allí, nada que no está calificado ha entrado en él y nada ha salido de él, que no haya sido dominado y contenido antes.

Esta forma de acción fenoménica virtual, permite que la logia se configure en una ventana hacia lo esotérico, hacia lo interior, que solo se abre a aquellos que están cualificados y solo mientras el trabajo es colectivo. Pero nótese que nos hemos podido acercar a ella desde la razón, ha habido una preparación previa, para que esta pueda ser abierta y nos permita el atisbo hacia ese mundo interior, de igual forma ha sido cerrada, antes de retirar nuestra mirada curiosa de ella. Todo lo anterior es una demostración de que no es tan contradictorio, como supusimos al comienzo que la masonería sea positivista, más aún, necesita serlo, pues es la única manera de disponer la apertura posible de ese vórtice hacia lo interior y volviendo a esa razón positivista, es la única manera de cerrar la venta que ha sido abierta, para que todo quede y permanezca en orden.
El error esta en nosotros mismos, cuando con nuestra mirada ligera, vemos solo lo evidente y trivial que pasa a los ojos profanos sin ir más allá. Muchos masones nos quedamos en la corteza, en la forma del embase y no somos capaces de disfrutar del contenido, admirados por la belleza exterior; cayendo así en la trampa que garantiza que solo disfrutan del contenido los cualificados. Así pues, me atrevo a decir que, la cacareada decadencia de la masonería esta mas, en nuestras mentes y en como comprendemos el trabajo en la orden, que en el accionar de la orden misma. No se entra al templo, por la sola presencia física, se entra al templo cuando estamos en presencia física y actitud adecuada, misma que adicionalmente, debe ser colectiva, vale decir, no se entra solo al templo, se entra en compañía siempre.
No ve el templo todo masón, la mayoría se queda en la fachada y es allí donde aparece la masonería racional de la que hablábamos al principio, que no deja de ser importante, pero que no es más que el accionar de hombres de buena voluntad dispuestos a trabajar por los demás, como mejor saben hacerlo.
De manera pues que; masonería positivista sí, pero en conciencia de que, es solo una forma de acercamiento a la masonería en la complejidad, que esta mas allá, en conciencia de que solo es una herramienta que permite ir a los verdaderos trabajos en la logia. Masonería racional, si pero en conciencia de que es solo la corteza y que es la parte de la masonería que permite al masón ser coherente con su accionar de servicio a los demás, cuando decimos que “todo hombre merece vuestros buenos oficios”.
Nicolás QuilesM:.M:.P:.M:.R:.E:.A:. y A:.H:.H:.R:. a la A:.C:.L:.V:.M:. Res:.Ben:. y Cen:. Log:. Sim:. “Estrella de Occidente” No. 50
Publicado 31st July 2011 por Unknown

FUENTE: http://masoneriaysimbolismo.blogspot.com/2011/07/masoneria-y-positivismo.html

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