La espiritualidad de la Masonería

«Aquel hecho psicológico que posee la mayor fuerza en un ser humano, obra como ‘ Dios’ el lugar de la divinidad parece estar ocupado por la totalidad del hombre». C.G.Jung

La Masonería supone, a mi juicio, una actitud «religiosa» ante la vida y ante el Universo; desde luego, así es en sus ritos tradicionales, pero incluso admitiendo al masón que se defina a sí mismo como estrictamente ateo, incluso en su rito moderno aunque en éste pierda parte de su carga espiritual; si bien la Masonería no es, desde luego, una religión, por cuanto no se presenta como un camino de salvación, sino como un método de crecimiento personal y de aumento de la consciencia. En ese sentido puede compararse con el yoga o la meditación trascendental. Salvo en el rito francés moderno, sólo practicado mayoritariamente por el Grande Oriente de Francia y el Grande Oriente de Bélgica, en todos los demás ritos masculinos o mixtos, los trabajos de la Logia se abren a la Gloria del Gran Arquitecto del Universo, al símbolo espiritual por antonomasia de la Masonería, el Triángulo con el ojo en su interior, el símbolo de la consciencia del Universo, que cada masón puede completar o identificar con su propia confesión o con ninguna. Libre de cualquier interpretación confesional, es más no es esencial, aunque sí posible, su identificación con un principio existente (6): sería el «Dios perspectiva» de Ortega; el punto de fuga que da fondo al cuadro de la Logia, no es casualidad que esté representado por un ojo o por una G («GNOSIS»)(7); es el Dios desconocido de los atenienses, o el Dios de Jacob, y de Israel; es el Dios estético, es el Dios de las Iglesias o el Dios de «la Umma», es el «Logos» de Plotino, el «Gran Programador del Universo», «el Gran Relojero» que dijo Voltaire, o el «Artifex» de Zenón, el «Deus sive Natura» de Spinoza (8). Es un Dios sobre el que no se hace teología en Logia, porque la Masonería no se propone a sí misma como una «Orto-doxia», sino como una «Orto-praxis». Esa ortopraxis llevará implícita una o varias teorías u opiniones (doxa), pero su bondad se verá en sus frutos y no en el equilibrio conceptual de unos u otros dogmas. Tan es así que, como hemos dicho, en el seno de la Masonería liberal existe una importante tradición ritual que desde 1.877 ha venido trabajando en un rito puramente humanístico en el que se ha suprimido la referencia al Gran Arquitecto del Universo, para mantener el sentido simbólico puramente constructivo del ritual masónico. Esa supresión no es una supresión dispositiva, sino meramente metodológica, prueba de ello que fue propuesta en su día por el Pastor Desnos. Precisamente esa supresión pretendía hacer desaparecer cualquier equívoco que permitiera ver a la Masonería como una Religión en competencia con otras Religiones positivas y por otro lado, ampliar el «ecumenismo» filosófico y espiritual de las Logias mediante la práctica de un humanismo ético abierto a todos. Esta extensión tenía como contrapartida la pérdida de la intensidad espiritual que mantenía la invocación al Gran Arquitecto del Universo.

En todo caso, la pluralidad de ritos no tiene porqué verse como una pluralidad antagónica, sino que puede integrarse en una visión complementaria, que de hecho se gestiona mediante la existencia de los Colegios de Rito y a través las diferentes Obediencias. El momento de la unidad se reserva para los Organismos Interobedenciales y para el derecho de visita que, con unas u otras condiciones, se pueden reconocer las diferentes Logias.

La raíz del árbol de la Masonería está en la concepción constructiva del hombre, en la metáfora vital del cantero con sus herramientas simbólicas, la escuadra, el compás, el mazo, la piedra trabajada constantemente, la disciplina operativa del Taller, la relación de fraternidad y solidaridad, la consciencia planetaria que nos sugiere la decoración de la Logia, como un microcosmos, el culto a la palabra y la administración del silencio en la práctica del rito. Sobre todo esto se añade en la tradición mayoritaria la invocación del Gran Arquitecto del Universo como el «OM» yóguico, como la perspectiva absoluta. Esa actitud de respeto a la «perspectiva», la orientación no dogmática del método masónico, la esencial vinculación de la Masonería como los valores de libertad de conciencia y su llamada a la fraternidad más allá de las diferencias de religión ha hecho que la Masonería haya colisionado con diferentes integrismos religiosos, fundamentalmente el católico-romano, y el islámico. Esto ha producido además una consecuencia muy significativa: la Masonería ha desarrollado actitudes públicas muy diferenciadas en los países de cultura religiosa protestante respecto de aquellos otros de cultura católico-romana. En aquellos, la importancia de la religiosidad privada, el principio del libre examen, y la relativización de las estructuras eclesiásticas hacía más fácil la relación mutua entre el cristianismo y el humanismo masónico. No hay nada, por sí, en el método masónico que sea incompatible con el Evangelio, sino que puede perfectamente integrarse la fe cristiana con el método masónico. No hay, sin embargo, tampoco nada que obligue a ello y que puedan integrarse en la Logia hermanos de diferentes religiones. El escritor Rudyar Kipling tiene un hermoso poema dedicado a su Logia madre en el que hace referencia a la fe diferente de distintos hermano (9).

Siendo esto así, es cierto que en los países latinos en los que se ha producido históricamente la tensión clericalismo-anticlericalismo las diferentes obediencias masónicas se han visto enfrentadas a la jerarquía católico-romana. Han influido en ello factores históricos como la lucha por la unificación italiana y la posición política e incluso militar del Papado a favor de la defensa de los Estados Vaticanos, durante el siglo XIX, factores ideológicos como el debate sobre la separación de la Iglesia y el Estado o la Enseñanza Pública, en la que relevantes masones en ejercicio de responsabilidades políticas y de su propia ideología política han identificado ésta con un valor masónico, lo cual es desde luego una verdad a medias. Por otro lado, la Iglesia católico-romana con la que se ha enfrentado la Masonería, en el pasado, se parece más a lo que representa en la actualidad el cisma del Obispo Lefèvre que a cualquier otra cosa. Hay que tener en cuenta que para estos católicos, tipo Lefèvre, incluso la famosa reunión en Asís convocada por el Papa Wojtila, que no es precisamente un librepensador, fue un acto inspirado por la Masonería.

El único «reproche «desde este punto de vista que cabe hacerle a la Masonería es que considera al catolicismo-romano como una religión más, lo que algunos considerarán inevitablemente ofensivo, pero no mantiene como institución , en su conjunto, una actitud de hostilidad frente a ella especialmente desde el Concilio Vaticano II, aunque cada masón puede pensar de la Iglesia Católica lo que considere oportuno y conozco en esto opiniones para todos los gustos. Hay muchos católicos que participan en la vida de las Logias (10), como hay muchos católicos que siguen su propia conciencia respecto a cuestiones en las que el Vaticano ha planteado alguna interdicción. En el seno de una sociedad abierta las relaciones entre la Masonería Institución y la Jerarquía católica pueden y deben ser respetuosas y deportivas -«fair play»-. Hay muchos puntos en común, respecto de los cuales puede incluso haber colaboración, y respecto a aquellos que no lo hay tampoco son de tal naturaleza que no permitan una coexistencia discrepante pero leal, como la que se da entre otras instituciones e instancias colectivas. Esto tampoco es óbice para que tanto católicos como masones ejerzan con libertad y a título personal la crítica y la libertad de expresión que deseen ejercer, y es de esperar que esta cuestión no de lugar a un aburrido debate como el que su día se produjo entre cristianos y marxistas sobre sus respectivas compatibilidades, debate que a mi juicio no tiene sentido desde el momento en que la masonería no se define a sí misma como un «ismo» sino como un método, no como un sistema de creencias sino como un metasistema.

Hay que destacar, por ejemplo, en relación con el tema de las tensiones masónicas, Iglesia Católica en España y en Francia la importante labor de investigación histórica realizada por autores y profesores que reúnen en sí además de condiciones de investigadores e historiadores la de sacerdotes católicos y en alguno de ellos, la condición de miembros de la Compañía de Jesús, lo que no deja de desconcertar a algunos masones e irritar a ciertos fundamentalistas católicos. Así, el profesor Ferrer Benimelli, de la Cátedra de Historia Contemporánea de la Universidad de Zaragoza y el profesor Pedro Alvarez Lázaro de la Universidad de Comillas en Madrid, o el historiador Rodríguez de Coro de la Fundación Sancho El Sabio de Vitoria. Esta abierta actitud de investigación y esclarecimiento histórico ha sido vista con recelo y malevolencia por algunos representantes de actitudes tradicionales del catolicismo v.g.: Ricardo de la Cierva (11), José Antonio Vaca de Osma , pero sin embargo ha ayudado enormemente a una desmitificación y a una consideración objetiva del tema y, en definitiva, a una valoración más razonable y ajustada de la importancia cuantitativa e incluso cualitativa de la Masonería. Esa lúcida investigación histórica ha desmontado las especulaciones fantasiosas tanto de los apologetas como de los adversarios de la Institución que han sido proclives, por diferentes razones, a querer ver la mano de la Masonería en todos los acontecimientos. Unos por un deseo de agrandar la importancia de la Institución con la que identifican sus valores e ideales. Otros, por afán de exagerar la peligrosidad de su adversario y de galvanizar fuerzas en contra. La verdad de los hechos es más modesta y la importancia pública de la Masonería como tal es mucho más reducida de lo que pretenden unos y otros y no puede ser de otro modo por cuanto que la Masonería no tiene una estructura ordenada a la acción, es demasiado plural y amorfa como actuar coordinadamente en función de un objetivo público, además de que su finalidad nunca puede ser esa, a pesar de que en determinados países (Francia, España, Portugal) haya podido actuar como un catalizador de opinión, pero siempre en medio de una sociedad abierta y en interrelación con otros grupos formadores de opinión. (Partidos, intelectuales, Iglesias, prensa, …). Lo que sí puede constatarse es la frecuencia con que individuos, que en un momento o en otro de su vida han sido iniciados en Masonería, aparecen como protagonistas de importantes acontecimientos o de obras artísticas o científicas. Incluso personas con acreditada animadversión a al Masonería tienen que reconocer este dato. Evidentemente, son muchas más las que llegan a cierta excelencia profesional o personal sin siquiera haber oído de la Masonería. La Orden de los canteros libres no se propone como un «único camino» ni siquiera como el «mejor camino» o el «camino exclusivo», no compite tampoco con las religiones, ni ofrece salvación de ninguna clase. Es por lo tanto absurdo siquiera plantear la afiliación como una cuestión de «doble pertenencia» respecto a las religiones positivas ; es como si se planteara la misma cuestión respecto al «Yoga», o la meditación trascendental, o las artes marciales, o el «Tai chi»… Todos estos «caminos» de autosuperación surgen de una experiencia humana de carácter práctico (la cantería, la lucha, la meditación, …) en los que el hombre ha descubierto una posibilidad y un método de «transformación» personal. Es más, la mayoría de las actividades humanas hechas con una determinada actitud afectan al individuo que las realiza, de modo que la acción que éste lleva a cabo frente al mundo exterior, vuelve como un «boomerang» y actúa también sobre el autor, haciendo verdad el principio masónico: «Lo que tú haces, te hace».

Javier Otaola Bajeneta

Gran Maestro de la Gran Logia Simbólica Española

Autor del libro: «La Masonería Hoy, Razón y Sentido». Editorial Haranburu.1996 San Sebastián.

Citas:
(1)- Cit. por Nancy Friday en My Mother, My Self. Glasgow. 1982 (6ª). pag 363. En el mismo sentido el trabajo de Margaret Hennig y Anne Jardim The Manegerial Woman. New York. 1977
(2)- Patrocinio Ríos Sánchez.- El Reformador Unamuno y los protestantes españoles. CLIE. Barcelona, 1993
(3)- Edgard Morin. Colloque 1986.«Raison,Rationalisme,Rationalité».Grand Orient de France.Paris.1986.
(4)-Schevaller de Lubitz. Esoterismo y simbolismo.La inteligencia del corazón.-Barcelona,1992.
(5)- Jean Pierre Bayard.- La Spiritualité de la franc- maçonnerie. de l´Ordre initiatique traditionnel aux Obediences. 1.982. Ed. Dangles
(6)- Giuliano di Bernardo. Filosofía de la Masonería. Barcelona. 1991. Pags 235,236: » …no es esencial ( aunque sea posible para cada masón en particular) que el Gran Arquitecto del Universo sea concebido como un principio realmente existente. En efecto, si lo trascendente tiene la función exclusiva de garantizar la objetividad de los valores intencionales del hombre en sus opciones éticas, no es necesario que el G.A.D.U. se entienda como una realidad ontológicamente dada, sino que es suficiente que se entienda como principio regulador de orden ético, expresión del anhelo de trascendencia que radica en el hombre, en su tensión moral. Esto no excluye por otra parte que el masón individualmente pueda identificar el G.A.D.U. con el Dios de su fe religiosa, dotado de una imprescindible realidad ontológica, origen y fin de toda la realidad ( y no sólo garante de la dimensión ética del hombre).»
(7)- Aunque esto nada tiene que ver con la «tesis» de autores como Ricardo de la Cierva que suponen el secreto de una fe gnostica auspiciada por la Masonería. La polisemia del simbolismo masónico puede interpretarse en clave gnóstica como puede interpretarse en clave cristiana, o incluso agnostica o como pura psicogogía ( Espinar Lafuente)
(8)- Tristan Muret. » Une origine stoïcienne du Grand Architecte de L´Univers». Le Maillon. nº 38 Mai. 1992.
(9)- Rudyar Kippling: «La logia madre».
(10)- Entre otros tengo que mencionar al querido hermano Antonio Blanco Ruiz que me ha permitido leer el borrador de lo que será su libro Católico Masón ( 8.4.94) en el que relata y explica su propia experiencia intelectual y espiritual como católico y como masón , experiencia que en su caso conjuga , a mi juicio, lo mejor de cada una de esas dos tradiciones.
(11)- Ricardo de la Cierva.- El triple secreto de la masonería. Orígenes, Constituciones y rituales masónicos vigentes nunca publicados en España.- Toledo, 1994 Que viene precedido, casi como un grito de guerra, por una cita de León XIII «Quede bien claro que lo primero que debéis procurar es arrancar a los masones su máscara para que sea conocido de todos su verdadero rostro». En este libro deja en el aire el autor, además de su manifiesta inquina a la masonería , de la cual es muy dueño, porque la simpatía y la antipatía son libres, las consabidas y maliciosas sospechas de complots, y contubernios masónicos sin los cuales ciertos integrismos no pueden entender el declive de sus propias posiciones., respecto de estas imputaciones sí cabe a mi juicio hacerle reproche por cuanto que como intelectual esta obligado al deber moral de decir verdad, toda la verdad…no solo medias verdades, y a ser responsable de sus juicios.

. FUENTE: La «espiritualidad» masónica , entre la Razón y la Tradición http://www.vrijmetselaarsgilde.eu/Maconnieke%20Encyclopedie/EMAP~1/Espagne/GLSEspagne/Otaola1.HTM

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