De Baba Yagá a la Cailleach

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Baba Yagá, la bruja de los cuentos del folklore ruso, es mucho más que un personaje tenebroso, en realidad tiene un profundo significado para todos aquellos arqueólogos de la psique. Si bien, se puede encontrar mucha información que la describe, ésta es una pequeña descripción sacada de un cuento:

Baba Yagá es una criatura espantosa. Viaja en una caldera en forma de almirez que vuela sola y ella impulsa la caldera con un remo en forma de mano y barre las huellas que deja a su paso con una escoba hecha con el cabello de un muerto. Baba Yagá tiene largo cabello grasiento y enredado, con una nariz curvada hacia abajo que se junta con su larga barbilla juntada hacia arriba. Su piel está cubierta de verrugas y sus dedos tienen unas largas y negras uñas que son muy gruesas. Ella vive en una casa, que está sobre unas patas de gallina enormes, de color amarillo y muy escamosas, que gira y da vueltas, bailando alocadamente. Los goznes de las puertas y las ventanas están hechos con dedos de manos y pies humanos y la cerradura de la puerta de entrada es el hocico de un animal lleno de afilados dientes. (descripción en el cuento: Vasilissa, en el libro «Mujeres que corren con lobos» de Clarissa Pinkola-Estés) Baba Yagá se alimenta de carne humana, a veces de niños. Tiene sirvientes invisibles y controla a tres jinetes: uno que viste de blanco y cabalga sobre un corcel blanco; el segundo es rojo y tiene un caballo rojo y el tercero es negro y cabalga sobre un caballo negro y representan el Día, el sol Naciente y la Noche respectivamente.

Por otro lado, muy lejos geográficamente de Baba Yagá vive la Cailleach o Hechicera Azul, conocida en el folklore irlandés y escocés. Es conocida en gaélico como Cailleach Bheur. Cailleach significa «velada» y bheur significa «azul», hoy en día son términos utilizados para designar una bruja o hechicera de piel azul. Existen otras cailleachs en Escocia e Irlanda y algunas variedades de brujas azules en Inglaterra y Gales. Existen múltiples narraciones que se refieren a ancianas feas y ajadas, a veces hechiceras, otras duendes, que traen la enfermedad, el invierno o la muerte. La Cailleach Bheur mora en los Montes de Ben Nevis, piedras caidas de sus cestos formaron las islas Hébridas (aunque tengo una narración que describe como su deseo por Daghda, el padre del pueblo de los tuatha de-danaan, en una orgiástica y gozosa masturbación dio lugar a piedras y peñascos, además de montañas, mesetas, islas y más).

Se considera que su cara es azul a causa del frío y sus cabellos blancos como la nieve y la escarcha. Tiene una vara de acebo que está coronada por una calavera de cuervo y que al tocar a alguien con este palo, morirá. Sus poderes crecen desde el primero de noviembre y decrecen hasta el primero de mayo, es decir, cuando los días son más cortos, hasta el equinoccio de primavera y un poco más. En la celebración de Beltane (celta) renuncia a la lucha y tira su vara bajo un árbol, por lo que se dice que bajo ese árbol no crece hierba. Ella entonces se contrae hasta tomar la forma de una piedra gris esperando el retorno de Samhain, hoy en día Halloween.

Entonces, ¿qué tienen este par de brujas en común? Al parecer ambas son muy buenos ejemplos de la degradación de la diosa invernal o el rostro de la diosa como anciana, en la creencia antigua de la Diosa como la triple-diosa: virgen, madre y anciana. Los antiguos celtas creían que en la oscuridad es donde surge la nueva vida, así como la semilla en el vientre de la tierra, antes de estallar hacia el sol. Igualmente Baba Yagá es esa oscura y «malvada» bruja, antropófaga, que aparentemente ayuda a quien le sirve bien (como en el cuento de Vasilissa, la hermosa), es decir, de lo oscuro surge la luz del entendimiento.

Ambas brujas representan la fuerza salvaje femenina y por supuesto, la muerte, pero no como un lugar de no-retorno, sino como un lugar de aprendizaje. Lo que nos enseñan estas brujas y el encuentro con ellas en lo profundo de un bosque de tierra tenebrosa o yerma es la salvaje fuerza gozosa y vital de la psique, donde del orgasmo surgen las montañas y la vida baila, con la forma de una casa sobre unas locas patas de gallina, es decir, sobre algo anodino e instintivo. El matiz peyorativo de la palabra «bruja», especialmente el que surge después de la Edad Media, sirve para alejar a las personas del conocimiento que trae la naturaleza profunda y salvaje, del profundo inconsciente, con elementos positivos y necesarios, que hoy en día han sido enterrados, por el temor que surge del poder femenino. Entrar al servicio de lo irracional, de lo desconocido, con los ritmos naturales (frente al ritmo frenético que nos impone la sociedad hoy), es el camino hacia la renovación interna, que se puede aprehender en los cuentos, los mitos y por supuesto, en los sueños. (Para un análisis más profundo de Babá Yagá ver el libro de Pinkola-Estés).

FUENTE: http://diosasyhadas.blogspot.com/2007/07/de-baba-yag-la-cailleach.html

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