EDUCACION E HISTORIA

LIDERAZGO POLÍTICO

La concepción del liderazgo y su definición ha evolucionado históricamente. Lo mismo pasa para el caso del liderazgo político. En el ámbito de la Ciencia Política, se entiende por liderazgo político al proceso mediante el cual un individuo ejerce más influencia (poder) que otro u otros en el desarrollo de las funciones grupales. El liderazgo contiene la dirección, jefatura o conducción de un partido político, de un grupo social o de una colectividad. El líder detenta una mayor capacidad y habilidad social que sus representados.

El liderazgo no sólo está determinado por el conjunto de características personales del líder, sino también se encuentra relacionado con las exigencias específicas que se manifiestan en la sociedad, e inclusive también por las características y nivel de integración del grupo representado (Zamorano, 2008: 36-38).

En su trabajo, Delgado (2004) analiza cómo ha ido evolucionando el liderazgo político en sus distintas tipologías y funciones. Señala que aunque no es un fenómeno nuevo, ni en su existencia ni en su estudio, su análisis ha cobrado fuerza a partir de la irrupción de la sociedad de masas, la aparición y desarrollo de los partidos políticos y la lucha por el poder, por lo que es difícil someterlo a un único esquema de análisis académico-científico.

No sin razón, establece que hasta hoy la Ciencia Política ha prestado más atención a las funciones desempeñadas por los actores colectivos del sistema político como partidos, sindicatos, grupos de presión, movimientos sociales, etcétera, que a las que cumplen los líderes políticos considerados en forma individual. De ahí la importancia de analizar el liderazgo político en casos y circunstancias específicas, como la que se trata en este espacio.

El liderazgo político se desarrolla en un contexto determinado, en el que influyen las instituciones políticas existentes, las normas de su funcionamiento, su funcionamiento real, así como las circunstancias históricas. Todo ello significa estructuras de oportunidad para el líder. De igual manera, son determinantes los límites, amenazas y restricciones a que se enfrenta el líder.

La visión política es la clave del verdadero liderazgo. Con ella, el líder ofrece a los ciudadanos un objetivo común con el que pueden identificarse sin reservas. Esa visión política es el resultado de la combinación de la ideología política, de la biografía personal y del contexto histórico en el que el líder político desarrolla su carrera.

El liderazgo político se caracteriza porque quien lo ejerce puede disponer de recursos para dirigir grupos sociales, contando con la capacidad de influir en ellos, convencerlos y persuadirlos, lo cual es una manifestación típica de poder.

Implica motivar y comunicar adecuadamente, además de contar con los elementos suficientes para aglutinar en su entorno a un número importante de seguidores que le brindan su confianza y con quien comulgan políticamente, por lo que se sienten representados en el líder, por su personalidad y su carisma (Paredes, 2016).

El carisma de un líder político se muestra en que sus promesas de campaña son atractivas para sus seguidores, y con su discurso logra comunicar sus ideas, transmitir sus objetivos y justificar sus decisiones. Se manifiesta también porque construye un estilo propio que le imprime a sus acciones; es auténtico y tiene referentes políticos e históricos.

En el liderazgo político carismático destaca la visión que el líder tiene sobre ciertas ideas políticas presentes en la mente y las emociones de sus seguidores. En la relación carismática destaca la confianza que los seguidores tienen en el líder, pues toman como verdad sus palabras, confían en sus actitudes y se entregan a él sin objeciones (Deusdad, 2003: 17-18).4

Las capacidades de un líder y las condiciones históricas en las cuales actúa son determinantes.5 De la habilidad que posea el líder para orientar sus condiciones naturales y capacidades aprendidas al servicio de los fines de la sociedad de que se trate, dependerá que ese liderazgo sea legítimo y eficaz (Núñez, 2016).

El liderazgo político permite a un individuo (el líder) movilizar y manipular a los miembros de una organización, comunidad o sociedad específica, de manera voluntaria y consciente, para el logro de ciertos objetivos. Operativamente, el liderazgo político es la capacidad para influir sobre los representados con base en el mandato determinado precisamente por esos representados (Zamorano, 2008: 39-40).

El líder político actúa, junto con otros agentes del sistema como los partidos, los grupos de presión o los movimientos sociales, articulando, agregando y transmitiendo las demandas al poder constituido. Esto hace que el líder formule políticas concretas en respuesta a las demandas detectadas.

La personalidad del líder político influye en el tipo de relaciones que mantiene con los miembros de su ámbito de dominio. También influye el tipo de comportamiento político que adopta, su disposición a buscar el poder para lograr propósitos o beneficios colectivos, así como su propia ambición personal en el sentido de obtener beneficios particulares. Frente a las competencias y ambición del líder, también se encuentra su credibilidad y popularidad.

La fuerza y promoción del líder político depende del número e importancia de sus seguidores. La existencia de una red de apoyo le resulta ser un elemento imprescindible para la existencia de ese liderazgo. Quienes componen esa red, le sirven para conseguir sus propósitos, obtener recursos para el ejercicio de su liderazgo e inclusive para mantener un sistema de comunicación fluido con su entorno inmediato (Delgado, 2004: 18-22).

Liderazgo al interior de un partido político

Toda organización, y más las de carácter político, como los partidos, implica especialización, capacidad, madurez y responsabilidad por parte del líder, el cual se convierte en un experto en la conducción de las masas.

Por ello, el liderazgo es uno de los elementos más relevantes en el momento de la conformación de un partido político. Esto se debe a que en la fase de su construcción, el líder desempeña un papel importante, pues es quien elabora las metas ideológicas y el programa, diseña la organización, construye una identidad colectiva y selecciona su base social, que será la futura militancia. De ahí el peso significativo del líder fundador en el partido, pues es quien modela su fisonomía organizativa (Panebianco, 2009: 116).

El papel del líder es fundamental para coordinar, definir y aglutinar a los distintos grupos que lo apoyan en la creación del mismo. Desempeña un papel crucial en la fase de integración (Corona, 2014: 389). Puede suceder que durante algún tiempo indefinido, el partido mantenga un carácter de instrumento para el logro de los fines del líder.

Para reforzar su liderazgo desde las primeras fases de organización del partido, el líder procura distribuir incentivos selectivos a sus miembros más destacados, como la sensibilidad de acceder a ciertos cargos, o emprender una carrera política, pues de esta forma impulsa un procedimiento de selección y reclutamiento de cuadros partidistas afines a la identidad colectiva de la ideología del líder (Panebianco, 2009: 134-137).

El liderazgo político al interior de un partido puede afectar su institucionalización. Sin embargo, es imposible que en los partidos de nueva creación no existan fuertes liderazgos personalizados, y más si se trata de su líder fundador. En sus primeros años de vida, es posible que un partido nuevo sobreviva ante la ausencia de su fundador, por ser quien construyó el modelo de partido y negoció su integración. Un liderazgo fuerte al interior de un partido en sus inicios, conserva la organización y garantiza su sobrevivencia.

Ese liderazgo es funcional si cuenta con el suficiente control para asegurar la disciplina interna entre los integrantes de un partido con estas características, y si además es capaz de incorporar en sus filas a personajes externos cercanos a la dirigencia partidista.

Esto es importante, ya que de acuerdo con Panebianco (2009: 90), aunque parezca que un solo líder puede disponer de un poder casi absoluto al interior de un partido político, la realidad es que a menudo se presenta una conformación más compleja en su estructura de poder.

El líder lo es porque controla las zonas esenciales de incertidumbre dentro de la organización, pero generalmente debe negociar con otros actores políticos internos. El líder es en realidad el centro de una organización de fuerzas internas del partido, con las cuales pacta y establece acuerdos.

Hay partidos que en su modelo originario hacen evidente que su fundación se debe a la acción de un único líder y que, por lo tanto, se configura como su propio instrumento de expresión política. A este tipo de organización es a la que se le denomina partido carismático.6 En ellos se presenta un gran ascendiente personal de un líder de éxito ante sus seguidores, con vínculos personales y lazos de lealtad que los unen.

En este tipo de partidos, el líder realiza todas las acciones importantes para su fundación, como es la elaboración de sus fines ideológicos y la selección de su base social, entre otras. Debido a las peculiaridades del nacimiento del partido, el líder se convierte tanto para los militantes como para los partidarios de esa fuerza política, en el único (o más importante) intérprete de la doctrina, su símbolo viviente y único artífice posible de su realización en el futuro, con lo cual se presenta una total identificación entre el líder y la institución organizativa del partido. Como consecuencia, el líder fundador monopoliza el control sobre las zonas de incertidumbre del partido y la distribución de incentivos.

Cuando un carisma personal es el factor constitutivo para el nacimiento de un partido, se presenta una coalición dominante cohesionada que se mantiene unida por la lealtad al líder, ya que como los miembros del partido sólo reconocen la autoridad de éste, el grupo dirigente que gira en torno a él no tiene la posibilidad de organizarse en facciones de importancia. Tampoco los demás miembros del partido la tienen. Las divisiones que pudieran surgir, se manifiestan sólo en el nivel de los sublíderes. La pugna entre éstos generalmente se origina para buscar una mayor cercanía con el líder. En los partidos carismáticos, la oposición abierta al líder significa el final de la carrera política del oponente. Estas circunstancias explican el alto nivel de dependencia de las bases hacia su líder carismático al interior del partido y el por qué la única forma de hacer carrera en este tipo de partidos es adecuándose a la voluntad del líder.

Asimismo, un partido carismático no presenta rasgos burocráticos, pues generalmente en todo impera la voluntad del líder, pues no se aplican procedimientos previamente establecidos, aceptados y compartidos, porque su nivel de institucionalización es bajo. También es una organización altamente centralizada, pues la toma de decisiones clave recae en el líder. El partido carismático se presenta siempre como la negación de los partidos existentes y a los que se contrapone. Hay también una identidad organizativa del partido con el destino político personal del líder.

FUENTE: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0185161617300276

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