Por qué pensar en la muerte puede ser positivo

Anuncios

Hace unas semanas escribí en mi Twitter: «no me gusta Halloween», y no es sólo porque sea una fiesta importada que tiene poco que ver con nuestro carácter Mediterráneo. Tampoco tengo nada en contra de disfrazarse y salir de fiesta (acciones ambas que yo he hecho varias veces).

El motivo por el que no me gusta que esta festividad en torno a los difuntos se haya transformado en este Halloween chabacano es porque… nos quita el único momento del año en que habíamos decidido colectivamente pensar en la muerte.

Cuando uno se acuerda de los familiares que no están no tiene más remedio que pensar en la muerte.

Cuando uno pasea por un cementerio y ve que hay enterradas personas de 80 años y también tristemente personas de ocho, no tiene más remedio que pensar en la muerte.

Cuando uno compra ramos de flores en honor de los que ya no están, o reza en las iglesias, o limpia lápidas o lleva a cabo cualquier otro culto en recuerdo de los que ya no viven, no hay más remedio que pensar en la muerte.

Opino que pensamos poco, poquísimo, en la muerte. Eso es lo que me vino a la cabeza el día uno de noviembre de este año, no sé cómo me di cuenta de que llevaba semanas sin pensar en la muerte y de pronto me dije: «Vaya, ¡si se me ha olvidado que voy a morir!»

Sí, me voy a morir. Resulta extraño escribirlo mientras estoy viva, pero así es. Voy a morir, ojalá sea dentro de muchos años, pero nada impide que sea dentro de una hora. Como dice esta frase impactante de Francesco Petrarca «Nadie es tan joven que no pueda morir hoy«. Crudo… pero así es. Algún día me voy a morir. Y a ti, aunque te pese escucharlo, te va a pasar lo mismo.

Si de forma natural pensamos muy poco en la muerte, cambiar el único día del año en que no queda más remedio que hacerlo por vestirnos de vampiro o diablesa sexy me parece una temeridad. Suprimir de nuestras vidas el culto a los muertos, o el culto a la muerte en general, es cerrar los ojos a la única realidad incuestionable que existe en este mundo.

Nadie sabe muy bien qué es el bien y qué es el mal, si hay un destino escrito o todo es fruto del azar, si estamos solos en el universo o hay millones de otras formas de vida. Ahora, que vamos a morir y no podemos evitarlo, eso lo sabemos todos. Por eso me hago la siguiente pregunta:

¿Qué clase de sociedad evita mirar, hablar y reflexionar sobre el tema más importante de la vida de sus miembros?

A mí me gusta pensar en la muerte, compartir mis inquietudes, mis preguntas, hablar de la fugacidad de la vida. Es más, lo necesito. Porque tener presente de vez en cuando que voy a morir, que esto se acaba (y ¡no sé cuándo!) no sólo no me viene mal, sino que me produce una tremenda pasión por la vida. Me revitaliza, me enamora de mi existencia, me impulsa a conseguir lo que deseo a pesar de los miedos.

Tal y como expresó Wayne Dyer en «Tus zonas erróneas»:

Siendo la muerte una propuesta tan eterna y la vida, tan increíblemente breve, pregúntate: ¿Debo evitar hacer realmente las cosas que debo hacer?

En este artículo quiero compartir contigo mis reflexiones personales acerca de la muerte.

En primer lugar, porque el debate es necesario y hay poquísimos artículos que se sumerjan en este tema (o por lo menos yo no los he encontrado, en ese caso te agradeceré mucho que compartas en el apartado de comentarios otros artículos interesantes).

Y en segundo lugar, te hablo de la muerte porque quiero contagiarte esa oleada de pasión que a mí me envuelve cuando pienso que mi tiempo es limitado.

Cuando comprendemos profundamente que TODO se va a acabar, se disuelven parcialmente nuestras excusas y nuestros miedos, y con ello dejamos espacio para que el deseo o la vocación emerjan del subconsciente y se manifiesten.

Así pues, coge tu taza de café y vamos junt@s a pensar sobre el fascinante tema de la muerte…

¡Pinéalo!

La muerte para obtener perspectiva

Pensar, saber, entender y repetirnos que un día se acabará todo nos hace adquirir perspectiva. Los problemas ya no son tan graves e importantes, algún día dejaremos de existir y con ello esos desvelos que hoy nos hacen trabajar sin descanso o nos quitan el sueño se habrán esfumado.

Por otro lado, al pensar en la muerte cada momento se vuelve irrepetible. Porque cada momento ES irrepetible. No tendrás otra mañana como esta, ni otra vez esta edad, ni de nuevo estas circunstancias, con sus alegrías y sinsabores.

Por todo ello, cuando sabemos y pensamos activamente que vamos a morirpodemos encontrar el impulso necesario para hacer ese cambio que nos da tanto miedo pero que nos arrepentiremos de no haber hecho pasados unos años.

Si la vida es limitada, si su final nos puede pillar de improviso, no tiene mucho sentido postergar indefinidamente las cosas. Y todo eso a lo que damos tantísima importancia (el fracaso, encajar en la sociedad, lo que opinen los demás, defraudar a tal o cual persona) se vuelve insignificante frente a la contundencia del silencio eterno.

Si sabemos que un día se acabará todo y… no sabemos cuándo será ese día, la única cosa importante desde que nos levantamos por la mañana es hacer que cada día cuente de veras.

También conviene recordar que la muerte se va a llevar a nuestros seres queridos. Cuando pensamos activamente en esto, un montón de tonterías y malos entendidos dejan de tener importancia. Si cada día, antes de ir a dormir, nos detuviéramos unos segundos en la idea de que no sabemos cuánto tiempo vamos a estar cerca de esa persona a la que amamos, ta vez nuestra relación sería muy diferente.

Es muy loco que alguien tenga que morir para darnos cuenta de todo lo que no hicimos por esa persona, todo lo que no dijimos, o todo lo que hicimos erróneamente. Duele mucho querer solucionar algo y no poder, porque ya es imposible. Si sabemos que el final de nuestros seres queridos y el nuestro van a llegar más pronto que tarde… ¿por qué no arreglar lo que sea preciso AHORA o en caso contrario, cerrar ese asunto para siempre?

En resumen, no hay nada que nos despierte más, que nos ponga más las pilas, que nos haga estar más atentos a lo que hacemos con nuestra vida que pensar que ésta se va a acabar.

Pensar en la muerte puede suponer ese empujón o esa bofetada de realidad que necesitamos.

Por qué «Entre fantasmas» es la serie más inspiradora que he visto

Hace unos años yo era una fiel seguidora de «Entre fantasmas«, serie que se retransmitía diariamente a eso de las 4 de la tarde.

Entre fantasmas narraba las vivencias de una mujer joven, Melissa Gordon, que desde niña tenía el don de ver y comunicarse con los espíritus de los fallecidos. Éstos quedaban atrapados en la tierra después de morir porque habían dejando algún asunto pendiente y requerían la ayuda de Melissa para solucionarlo.

Todos los capítulos terminaban con una conversación muy emocionante entre esos fantasmas y sus seres queridos, mediada por Melissa, en la que se aclaraban todos los asuntos inconclusos. Tras esta conversación, los espíritus por fin encontraban la paz y abandonaban la tierra en dirección «a la luz».

Me gustaba mucho ver esta serie porque era un recordatorio diario de lo importante que es decir y hacer las cosas a tiempo. Veía a esos espíritus, perdidos en nuestro mundo, que se arrepentían todo el rato de sus malas acciones, de no haber cuidado de sus familias, de haber sido cobardes, de no haber seguido sus sueños, de haber desperdiciado el tiempo en tonterías y me decía:

Madre mía… ellos ya están muertos y no pueden hacer nada pero… YO SÍ. Yo estoy viva. Yo sí puedo cambiar y no dejar asuntos pendientes

Supongo que en el momento de morir lo que más debe doler es no haber amado lo suficiente, no haber seguido nuestros sueños descabellados, haber otorgado tantísima importancia a la opinión de personas que, en realidad, no nos caen ni bien. Supongo que lo que nos arrebata la paz después de fallecidos es haber perdido la oportunidad de pedir perdón y hacer saber a ciertas personas lo importantes que son para nosotros.

Por encima de todo, creo que lo que debe doler después de morir es haber pasado la vida en rencillas, miedos, lamentos, quejas, parálisis, frialdad, actos mediocres o sin sentido, en vez de amando, compartiendo nuestros dones y derrochando nuestra alegría.

La serie «Entre fantasmas» me permitía cada tarde ponerme en la piel de esos espíritus arrepentidos y decidir que yo quería hacerlo diferente.

No quería dejar asuntos inconclusos o vivir a medio gas. Por eso creo que no exagero si la denomino mi terapia. Lejos de sentirme triste con la perspectiva de la muerte, me emocionaba con cada capítulo y experimentaba un subidón de energía, producto de pensar en la innegable verdad de que:

Mientras estemos vivos, nunca es tarde para rectificar, decir «te quiero» o atrevernos a hacer eso que queremos.

Y además, mientras estemos vivos, podemos disfrutar de las cosas bonitas que, en medio de los disgustos y los problemas, también nos trae cada día.

Imagino que nunca se disfrutará más una puesta de sol, o una taza de té, unas cañas con amigos o la lectura de un buen libro como cuando pensamos activamente que algún día vamos a morir y quizás podría ser mañana mismo.

Cuando recordamos, asiduamente (como me pasaba a mí con esta serie) que nuestros días están contados… no nos queda más remedio que vivir paladeando y disfrutando el presente.

Estoy pensando que tengo que buscarme otro recordatorio diario de la fugacidad de la existencia y la importancia de no dejar asuntos pendientes. Ahora mismo no se me ocurre ninguno… pero se aceptan sugerencias

«El club de la lucha» y los sueños olvidados

Una escena que me parece que representa de forma BRUTAL los cambios que pueden sucederle a una persona al enfrentarse a su propia muerte es esta del «Club de la lucha»

En dicha escena el protagonista (Tyler) pone una pistola en la cabeza del empleado de una estación de servicio y le dice que va a matarlo, pero antes le pregunta por su gran sueño. Éste le contesta que era ser veterinario, aunque dejó los estudios porque era muy difícil. En ese momento Tyler le dice: ¿prefieres eso o morir detrás de esta gasolinera?

El joven naturalmente dice que no quiere morir. Cuando cree que va a ser disparado, Tyler baja la pistola y de forma agresiva amenaza le dice a este joven que o deja su trabajo, se pone a estudiar y persigue su sueño o en caso contrario lo matará. Esas son las dos opciones. La frase mítica de la película es, después de que Tyler roba la cartera del joven, la siguiente: «Te controlaré, ahora sé dónde vives. Si en seis semanas no estás estudiando para ser veterinario… morirás«.

(Os recomiendo ver la escena siguiendo el enlace que he puesto arriba, no tiene desperdicio)

Está claro que esta es una forma poco ortodoxa de ayudar a una persona, pero no se puede negar que consigue su cometido.

Trasladándolo a nuestra vida real… si ahora mismo nos dieran sólo dos opciones: la de morir de inmediato por un disparo o la de ponernos a trabajar DE VERDAD en buscar solución a nuestros problemas, aunque fuera díficil, largo y duro ¿qué elegiríamos?

Obviamente, todos preferiríamos el camino 1: luchar por vivir, a pesar de los miedos, el qué dirán, las dificultades o los dolores que están por venir, porque la alternativa de la muerte es mucho más desalentadora.

La cuestión es… ¿Necesitamos un Tyler que nos obligue a ello? ¿Necesitamos que nos apunten con una pistola para despertar y darnos cuenta de que hoy estamos aquí pero mañana NO SABEMOS?

¿Necesitamos una amenaza de muerte para elegir llevar un camino auténtico, aunque sea difícil? ¿Necesitamos que una persona cercana muera para darnos cuenta de que la hemos tratado mal, o no hemos hecho por ella lo suficiente? ¿Necesitamos llegar a los 90 años para descubrir que eso que nos preocupa tanto en realidad es una idiotez y que más nos valdría habernos centrado en las cosas importantes?

La verdad, espero que no.

Podemos empezar a apreciar nuestra vida y tomarnos en serio nuestro destino de una forma mucho menos dolorosa. Y esto se consigue precisamente: pensando en la muerte. De forma activa, habitual, inspiradora. No sé si todos los días es demasiado pero por lo menos todas las semanas, o todos los meses.

Algunas preguntas para la reflexión

Pensar que vamos a morir nos da perspectiva acerca de las cosas. Y por paradójico que parezca, nos invita a saborear y agradecer las cosas buenas que tenemos, a ser atrevidos, a actuar con mayor generosidad, a estar más despiertos y vivos.Pensar en la muerte puede ser el acto más positivo que hagamos cada día. – ¡Twitea esto! 

Puedes ayudarte de películas y series de televisión, como hice yo.

Puedes pasear por el cementerio de vez en cuando.

Puedes rememorar a tus seres queridos, y aprender de sus aciertos y sus errores.

Puedes reflexionar a tu manera dando un paseo o escribiendo en una libreta.

Y si decides que esta reflexión no puede esperar ni un minuto más (ojalá este sea tu pensamiento) te invito a pensar en la muerte ahora mismo a través de estas sencillas preguntas:

  • Si supiera que dentro de seis meses voy a morir ¿qué haría diferente HOY?
  • Si la persona que duerme a mi lado por las noches tuviera sus días contados ¿qué le diría, qué haría por ella?
  • Cuando cumpla 90 años, si es que llego (porque no está garantizada la vejez) ¿qué me gustaría estar haciendo ahora?
  • Si me dijeran que me quedan cinco años de vida ¿cómo los planificaría?
  • Si fuera el último día que veo a XXX o estoy con XXX ¿cómo me comportaría?
  • Si este viaje/visita/momento fuese el último o de los últimos de mi vida… ¿cómo me gustaría disfrutarlo?

Y la pregunta más poderosa y reveladora de todas:

  • Cuando me encuentre en ese momento en que exhalo mi último aliento, justo antes de morir, en el que se supone que toda la vida va a pasar por delante de mis ojos… En ese preciso instante ¿qué quiero pensar que ha sido mi vida? ¿Qué recuerdos quiero llevarme? ¿De qué me voy a arrepentir y por ello tengo que ponerle remedio lo antes posible?

Entiendo que a algunas personas se les ponga el vello de punta al imaginarse en el último segundo de sus vidas, pero nos guste o no, es algo que va a llegar y a lo que nos tenemos que ir acostumbrando…

De todas formas, lo bueno de hacer esta reflexión ahora mismo es que sólo es hipotética, no estamos en ese momento del fin. Y por ello, hoy que estamos viv@s y con más o menos salud podemos comenzar a trabajar para que ese momento a las puertas de la muerte sea lo más satisfactorio posible y en paz.

FUENTE: https://www.puedoayudarte.es/por-que-pensar-en-la-muerte-es-positivo/

Anuncios

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.