09/23/2020

La celebración de Año Nuevo desde una perspectiva judía

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Cinco hechos poco conocidos sobre el 1 de enero, la celebración del Año Nuevo y su significado para los judíos.


¡Feliz Año Nuevo! ¿O no? Para los judíos, el 1 de enero puede plantear un conflicto. La mayoría vivimos de acuerdo con el calendario secular moderno, en el cual el 1 de enero es el día que comienza el nuevo año. Pero de acuerdo con el calendario hebreo, el año comienza en Rosh HaShaná. Las tensiones judías respecto a celebrar el 1 de enero se remontan a muchas generaciones atrás. Aquí hay cinco hechos poco conocidos sobre la celebración del 1 de enero y su significado para los judíos.

Un invento reciente

Aunque muchos creamos que el 1 de enero siempre fue el comienzo del año, la festividad es relativamente reciente y sufrió muchos cambios a través del tiempo. Durante gran parte de la historia europea, el nuevo año empezaba en marzo, cuando comenzaban a surgir las flores con la primavera.

De acuerdo con el historiador romano Livy, el rey romano Numa Pompilio (715-673 AEC) fue el primero que introdujo un calendario de doce meses en el cual enero era el primer mes. (Enero viene de la palabra Ianuro, en honor al dios romano Iano que tenía dos caras, lo que lo hacía apropiado para el comienzo del nuevo año cuando el mes simbólicamente puede mirar hacia atrás, al pasado, y hacia adelante, al futuro).

El rey romano Numa Pompilio

A pesar de que enero era el primer mes, durante cientos de años el año nuevo romano tenía lugar el 15 de marzo. Esto cambió en el año 153 AEC cuando se lo pasó al 1 de enero. Años más tarde, en el 45 AEC, Julio César adoptó un calendario más abarcador. Su calendario “juliano” mantuvo al 1 de enero como el año nuevo, pero la festividad no duró en muchos de los territorios del imperio romano. Con la caída del imperio romano, las naciones europeas comenzaron a retomar sus antiguos comienzos del año. Algunos celebraban el año nuevo el 25 de marzo y otros grupos celebraban el año nuevo el 25 de diciembre.

En el siglo XVI quedó claro que el calendario juliano tenía muchos defectos: los años bisiestos no estaban bien calculados y como resultado las festividades cristianas cambiaban de día, migrando a lo largo del calendario. En 1582, el Papa Gregorio XIII introdujo un nuevo calendario, el calendario gregoriano que sigue en uso hasta la actualidad. Entre sus innovaciones, restauró el 1 de enero como el día de año nuevo en las tierras cristianas.

No todos los países europeos aceptaron el cambio. Las naciones protestantes y ortodoxas orientales demoraron más en hacer el cambio. En Gran Bretaña y en las colonias americanas, el día del año nuevo continuó siendo el 25 de marzo. Sólo en 1752, cuando un Acta del Parlamento ordenó que el 1 de enero sería el año nuevo, las tierras angloparlantes adoptaron este día como el comienzo del año.

¿Por qué el 1 de enero?

Los romanos tenían un singular sistema numérico para los días del mes. El primer día de cada mes se llamaba “Kalends” (de aquí surge nuestra palabra calendario); el séptimo día de cada mes se llamaba “Nones” y el décimo quinto día del mes era el “Ides”. El resto de los días se contaban en relación con su cercanía a estos tres días significativos.

El Talmud señala que en la Roma antigua los días Kalends se celebraban como festividades de idolatría y advierte a los judíos no hacer negocios con los romanos en esos días para evitar tomar parte en alguna actividad que pueda ser malentendida como idolatría (Mishná, Avodá Zará 1:1-5).

En la antigüedad, el Kalends de enero (el 1 de enero) era algo desenfrenado y abarcaba un período de dos semanas a partir de la festividad romana de Saturnalia, a mediados de diciembre. Este era un período en el que se suspendían las reglas normales de comportamiento: elegían a un esclavo para elevarlo a la posición temporaria de rey y él gobernaba durante un periodo de oscuridad y fiestas salvajes. Decoraban las casas con plantas y luces y les daban regalos a los niños. De acuerdo con algunas narrativas, al finalizar este período festivo asesinaban al esclavo que había sido nombrado maestro de ceremonias. Esta violencia y el período de lapsus moral llevaron a que los judíos evitaran tomar parte en las festividades romanas de mediados de diciembre y del 1 de enero.

¿Celebrar un brit?

Cuando se desarrolló y se difundió el cristianismo, las celebraciones cristianas incluyeron costumbres de las festividades previas. La Biblia cristiana no especifica la fecha del nacimiento de Jesús, y aparentemente, en los primeros años del cristianismo, no se lo celebraba en diciembre como hoy en día. El primer registro del 25 de diciembre como la festividad que conmemora el nacimiento de Jesús data de un calendario romano del año 336 EC. Algunas de las costumbres que rodean a esta festividad parecen haber sido tomadas de las antiguas festividades romanas de Saturnalia Kalends.

Para algunas denominaciones (incluyendo a los luteranos ortodoxos orientales y a las tradiciones anglicanas), el 1 de enero, la antigua festividad romana de Kalends, se asoció con un día festivo llamado el ‘Banquete de la circuncisión’. Si contamos los días, el 1 de enero es el octavo día después del 25 de diciembre, el día en que un bebé judío tendría su brit milá (circuncisión) de acuerdo con la fe judía.

Un día negro en la historia judía

En el primer día de enero hubo una buena dosis de decretos antijudíos. El 1 de enero de 1791, Catalina la Grande estableció la “Zona de Residencia”, un área en la parte occidental de su imperio que se convirtió en el único distrito en el vasto imperio ruso donde se les permitió vivir a los judíos. Los términos de la Zona de Residencia cambiaron a través de los años; sus fronteras fueron reformuladas y se introdujeron leyes que permitían a los judíos excepciones para vivir en otras partes de Rusia. De todos modos la Zona de Residencia afectó a gran parte de los judíos del mundo. En su punto máximo, se estima que un 40% de los judíos del mundo (alrededor de cinco millones de judíos) vivían en la Zona de Residencia. Esta ley duró hasta la Revolución Rusa de 1917, cuando a los judíos rusos finalmente se les permitió vivir fuera de esa zona.

A partir del 1 de enero de 1798, todos los libros en idioma hebreo comenzaron a ser censurados en Rusia. Una década más tarde, el 1 de enero de 1808, el Zar Alejandro I introdujo nuevas leyes regulando lo que los judíos podían o no hacer y cómo debían ser educados y ganarse la vida. Esta nueva ley draconiana restringió la capacidad de los judíos de comprar propiedades y limitó los oficios que podían desarrollar. La ley también prohibió que los niños judíos hablaran en idish en las escuelas. A los judíos no se les permitía tener un puesto público e incluso se les prohibió trabajar como rabinos o líderes comunitarios si sólo hablaban en idish.

En la Alemania nazi, el 1 de enero fue testigo de más medidas agresivas. El 1 de enero de 1939, todos los judíos tuvieron que agregar a sus nombres Sara (las mujeres) e Israel (los hombres). También tuvieron que comenzar a llevar todo el tiempo sus documentos de identidad. (Yo tengo el pasaporte que usó mi bisabuela para salir de la Alemania nazi ese mismo año. Aunque su nombre era Camila, en el pasaporte está escrito Sara). En ese día entró en efecto un decreto clausurando todos los comercios que pertenecían a judíos. Al año siguiente, el 1 de enero de 1940, se les prohibió a los judíos en las tierras bajo control nazi reunirse para rezar, tanto en sinagogas como en casas privadas.

Las celebraciones del nuevo año

Algunas costumbres del Año Nuevo tienen sorprendentes nexos judíos. En el sur de Norteamérica se acostumbra a comer guisantes negros como un símbolo de buena suerte. Esto hace eco de la tradición judía sefaradí de comer guisantes en Rosh HaShaná, el año nuevo judío, como un símbolo de buena fortuna. Algunos historiadores han especulado que la costumbre llegó a los Estados Unidos con los judíos sefaraditas.

Cada año, millones de personas de todo el mundo observan caer la bola en Times Square en Nueva York para marcar el comienzo del nuevo año. Pocos saben que ese evento anual fue la idea de un empresario judío en el siglo XIX. Adolf S. Ochs era hijo de inmigrantes judíos de Alemania. Él entró al negocio de los periódicos a los once años trabajando como mensajero del Knoxville Chronicle. En 1896 compró el New York Times y anuncio su ambicioso plan de publicar un periódico de gran calidad. Para incrementar la publicidad del periódico, Ochs comenzó a efectuar espectáculos de fuegos artificiales en frente de las oficinas en la víspera del año nuevo, el 31 de diciembre.

La primera bola cayó en Times Square en 1907 (Librería del Congreso)

En 1907 la ciudad se negó a darle permiso para el espectáculo de fuegos artificiales y Ochs en cambio comisionó la construcción de una bola enorme cubierta con luces para que bajara a la medianoche. (En esa época se acostumbraba que los mercaderes marítimos marcaran la hora bajando una bola enorme que se podía ver desde altamar. La bola de Ochs simplemente fue un giro mayor y más festivo a esta tradición marítima). Y bueno, como todos pueden suponerlo, la tradición de Ochs continuó. La bola que se usa hoy para marcar el comienzo de un nuevo año pesa más de 5.400 kilos y tiene 3,6 metros de diámetro.COMENTA EN ESTE ARTÍCULO

FUENTE: https://www.aishlatino.com/a/s/La-celebracion-de-Ano-Nuevo-desde-una-perspectiva-judia.html?s=mm