07/11/2020

La «espiritualidad» masónica , entre la Razón y la Tradición (PARTE I)

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La notoriedad de algunos personajes públicos han traído a las páginas de periódicos y revistas algunas informaciones sobre la Masonería que han excitado la curiosidad del público pero que a mi juicio no han aportado conocimiento de causa sobre el particular, quizá por la propia complejidad del tema, quizá por la facilidad con que puede despacharse simplemente con algunos detalles morbosos. Si queremos conocer algo sobre Masonería moderna tenemos que remontarnos a su documento fundacional que hace poco cumplió 375 años: Las Constituciones de Anderson.

1.- Las Constituciones de Anderson.

«Karl Manheim …/… desarrolló la teoría de que era necesaria mas de una clase de movilidad para comprender el alarmante hecho de que el mismo mundo puede parecer diferente a diferentes observadores». Walter Truett Anderson

En 1723, el Pastor Anderson en estrecha colaboración con Jean Desaguliers, redactó este documento, que en 1.993 ha cumplido 370 años, con el propósito de fijar una referencia conceptual, lo mas «comprehensiva» posible para la masonería especulativa, creada en 1.717. El objetivo evidente de este latitudinismo era lograr una referencia que permitiera una unidad en lo esencial entre todos los hombres de buena voluntad en el orbe conocido (oikumene). Este documento es el eslabón simbólico entre la Masonería operativa de los antiguos albañiles y canteros, y la Masonería especulativa, entre las logias que se ocupaban en el trabajo de tallar piedras materiales para construir grandes edificios civiles y religiosos, y aquellas otras que se convirtieron, por evolución y elaboración de las primeras, en «talleres de arquitectura interior», en su sentido metafórico.

Todas la Obediencias y cuerpos masónicos se reclaman en la actualidad de las constituciones, si bien es obvia la gran diferencia que se establece entre aquellas que han adoptado una interpretación literalista y «petrificada» de dicho documento y aquellas otras que lo vivifican leyéndolo a la luz de espíritu que las animó. En todo caso, todas ellas, incluso aquellas que mantienen una visión mas exclusivista respecto de las demás, todas se pueden considerar como formando parte de una misma realidad, con forma arborescente, con un tronco común y diferentes ramas, donde unos ven antagonismo y división, yo personalmente veo complementariedad y pluralismo.

Las Constituciones de Anderson se redactaron en el comienzo del s. XVIII, un siglo optimista que empezaba, bajo el signo del absolutismo, a percibir las enormes potencialidades del hombre, como individuo y como especie. Un siglo optimista porque comenzaba a vislumbrar nuevas formas de organización social, de conocimiento científico y de desarrollo económico ,que iban a ser posibles a partir de aquel momento.

En el contexto de aquel año de 1.723 la propuestas de Anderson se atrevían a trascender los estrechos limites de la mentalidad de la época, y a establecer fórmulas de relación social que rompían las rígidas barreras sociales entre el estado llano, compuesto de menestrales y burgueses, la nobleza y el clero. En una edad de identidades homegeneizadoras y excluyentes, se atrevió a defender la fraternidad entre judíos, anglicanos, evangélicos, católico-romanos, musulmanes, deistas, …y sobre todo, se atrevió a defender el derecho a las «opiniones particulares», es decir, lo que en 1.789 vendría a proclamarse como el derecho a la libertad de conciencia.

Esta posición llevó a la Masonería a oponerse a los furibundos «odios teológicos» de la época y a señalar la existencia de una verdadera religión natural, que hace a los hombres «buenos, sinceros, modestos, honorables » sea cual sea la «denominación o creencia particular por la que puedan ser reconocidos».

Las Constituciones de Anderson tuvieron la virtualidad de configurar los rasgos esenciales de la Masonería, definiendo a esta como un verdadero centro de unión, entre personas, que proviniendo de horizontes ideológicos, religiosos o geográficos distintos se reconocen, sin embargo, en una moral universal común y en el deseo de compartir una sincera amistad.

Grandes acontecimientos han sucedido en el mundo desde 1.723 hasta nosotros; acontecimientos de mayor trascendencia, seguramente , que los que pudo haber entre el año 1.000 y el 1.723, cambios más profundos que los que llevaron al declive de la masonería operativa, y al nacimiento de la masonería especulativa.

La especie humana ha llegado a conocer detalladamente todos los rincones de la Tierra, y se ha multiplicado vertiginosamente. En los países desarrollados, la edad media de la vida humana ha alcanzado los 70 años de edad, cuando en 1.723 una población mucho mas reducida apenas había explorado una pequeña parte de la superficie de la Tierra y las esperanzas de vida rondarían los 40 años de edad.

La historia de Europa ha conocido, desde entonces, cataclismos sociales, revoluciones, grandes guerras, experiencias totalitarias de corte racista y nacionalista, y otras de carácter igualitarista e ideocrático. En países desarrollados se han llevado a la práctica proyectos de exterminio masivo como el Holocausto (AUSCHWITZ) y se han creado aparatos de dominación ideológica por el terror (GULAG), se han descubierto y desarrollado armas de destrucción (gas mostaza, bomba atómica…) que han puesto al descubierto la capacidad aniquiladora que late en el ser humano. Todo esto nos ha hecho perder la ingenua fe en la humanidad que podía tener el hombre en 1.723. Nos hemos hecho mas conscientes de las fuerzas ambivalentes que pugnan en la condición humana, lo que no nos lleva a renunciar al ideal de fraternidad, pero nos obliga a darnos cuenta de que la fraternidad humana es una realidad radical, pero al mismo tiempo problemática.

La misma ciencia psicológica ha llegado a penetrar en la profundidad de la psique humana, y gracias a hombres como Charcot, Freud, Jung, Maslow…hemos descubierto en parte la complejidad de nuestro mundo interior donde compiten «Eros» y «Tanatos».

La rapidísima evolución de los medios de comunicación y transporte han reducido las distancias hasta hacer del planeta Tierra una «aldea global», y nos permiten tener conocimiento y ver con nuestros propios ojos lo que sucede en los diferentes países, los grandes acontecimientos políticos: elecciones, golpes de Estado, ceremonia, guerras, sequías, y hambrunas. A través de los «media» percibimos con mayor claridad la interdependencia entre los hemisferios, los continentes y las naciones. La destrucción del bosque húmedo amazónico afecta al régimen de lluvias de la costa del Pacífico, la producción de coca en Bolivia se consumen en Nueva York, la guerra en los Balcanes arroja a millares de refugiados hacia Europa occidental, el belicismo de un dictador en el Golfo Pérsico amenaza el suministro de energía petrolífera a las economías de los países desarrollados, y en vías de desarrollo, la producción de aerosoles en América del Norte y Europa produce un agujero en la capa de ozono en la biosfera sobre Australia y Patagonia, la sequía y el hambre en el norte de África aumenta la presión de la emigración sobre los pises ribereños del Mediterráneo. Podríamos ir así desgranando una cadena de hechos que se relacionan entre sí y que marcan flechas multidireccionales en el «Mapa Mundi», dibujando una espesa red de interconexiones.

El mundo ha descubierto en este fin de siglo y de milenio, no que debe ser solidario, sino que de hecho los es: que nadie puede desentenderse del destino de los demás, que nadie puede pretender vivir en una isla, sino que estamos todos unidas de tal modo que independientemente de nuestra voluntad, como en un gran organismo, cuando algo sufre en alguna parte, el dolor, de una manera o de otra, llega al mundo entero, y cuando una luz se enciende en un rincón del planeta ilumina los cuatro puntos cardinales.

Una de las grandes transformaciones que ha experimentado la conciencia universal es la introducción de lo que Salvador Pániker llama el «paradigma ecológico». Este nuevo paradigma mental nos hace contemplar la naturaleza con otros ojos y nos permite percibir que existe una solidaridad biológica entre todos los seres vivos y el orden de la vida (biosfera), en el que nos hallamos inmersos. La capacidad transformadora de la especie humana es de tal magnitud, que puede afectar a la totalidad de los seres vivos. La perennidad e incorruptibilidad de la acacia,( otro símbolo masónico)adquiere un nuevo sentido a la luz de este estado de consciencia, y exige incorporar a nuestro proyecto constructivo todas las implicaciones de ese nuevo paradigma.

Otra de las grandes transformaciones del mundo actual, al menos en su hemisferio occidental, la sido la irrupción de la mujer como coprotagonista con el hombre en multitud de tareas que antes le estaban reservadas a aquel. La mujer ha roto el velo que la hacía casi «invisible» en una Historia hecha por hombres y contada por hombres. La evolución de la ciencia médica y de la higiene ha prolongado la vida media de las mujeres reduciendo la penosidad y peligrosidad del embarazo y el parto, y lo que es aún mas decisivo, ha permitido separar a voluntad la relación sexual de la generación, con lo que la mujer se ha ido liberando, en la medida de sus deseos, del exclusivo destino «ginecocéntrico» a que se veía abocada en el pasado, de modo que la mujer puede, hoy en día, de común acuerdo con su pareja, planificar su maternidad y limitar el número de hijos que desea tener, con lo que no agota todas sus energías en la generación, que aún siendo una parte central de su personalidad, no ocupa ya la totalidad de su tiempo vital, como sucedía en el pasado. Así, puede proyectar sus capacidades en otras actividades, antes sólo reservadas a los hombres. Corresponsable con este, por su condición ciudadana, de la vida política, su incorporación a los Parlamentos y Gobiernos, ha ido superando, en muchos países, las barreras legales y políticas que la confinaban a la sóla vida familiar.

Hoy en día, en los países occidentales, la mujer tiene mas opciones que el hombre. Puede simplemente limitarse a mantener, y es legítima esa opción, un papel «ginecocéntrico» tradicional, y encontrar en la «vía génitrix» su camino iniciático espontáneo y específico, o bien puede renunciar a la generación y centrar su vida en un trabajo intelectual ó manual, realizando una obra constructiva en las mismas condiciones que el hombre, o bien. finalmente, puede, sin renunciar a la «vía génitrix», limitarla en el tiempo y reservar una parte de sí para proyectarse en otra dirección complementaria de aquella; esta es la opción analizada por los trabajos de la profesora Elisabeth Tidball (1) sobre una selección del «Who´s Who of American Womans » según los cuales entre 1500 mujeres preeminentes en su respectivo campo profesional ( work oriented woman) pudo apreciar, en el 50% de ellas una voluntad expresa , no de renunciar al matrimonio, pero sí de posponerlo, al menos una media de siete años a partir de su graduación, en el 50% restante se supone que incluso se da una renuncia a la creación de una familia. Se produce una especie de hibernación de su feminidad, en un sentido convencional, que se recupera y reasume un tiempo después.

La mujer no es ya simplemente una realidad «yin», según la polaridad taoísta, sino que incorpora elementos «yang», que le permiten crear, no sólo al modo femenino de la generación, sino también al modo masculino de la construcción. Esta nueva realidad hace inexcusable destacar la diferencia entre el mundo de 1.723 y el de finales del s.XX desde el punto de vista de la condición masculina y femenina del ser humano. Lo que no puede dejar de tener consecuencias respecto a lo que consideramos hoy que puede ser «la arquitectura interior » del hombre y de la mujer

La condición humana es una realidad estereofónica, dual, polarizada y sexuada; la persona humana no es una identidad abstracta y andrógina, sino que lo es encarnada, y es hombre y mujer. Esta consideración supone, de un lado, el rechazo de cualquier actitud simplemente niveladora, o simétrica, que desconozca la profundidad y la complejidad de la naturaleza dual y complementaria de lo humano, como si se tratara de realidades intercambiables y fungibles, pero debe suponer también el rechazo de cualquier actitud de «apartheid» entre hombres y mujeres, que quiera convertir las logias en ghetos donde se cultiven valores exclusivos, donde se respire la atmósfera irreal de las microsociedades masculinas: cuarteles, internados, conventos y prisiones.

Manteniendo esta dualidad esencial, y complementaria, superado ya un primer feminismo homogeneizador, cabe hoy reconocer una igualdad asimétrica de los sexos, que permite la incorporación de la mujer a la mejor tradición iniciática, de modo que ella aporte su propia originalidad, con una textura y una arquitectura vital que le es propia , de modo que junto a las logias masculinas puedan constituirse también logias femeninas y mixtas, que trabajen de acuerdo con su propia sensibilidad superando cualquier exclusivismo caduco. No es sino una actitud «dispositiva», en absoluto coactiva o de presión.

Las Constituciones de Anderson configuran el núcleo esencial de la idea masónica, aunque esta no se despliega en toda su virtualidad sino es a través de Rito. A los mas de 370 años de su publicación, podemos decir que las Constituciones de Anderson han resistido bien el paso del tiempo, si sabemos leerlas a la luz del espíritu que animó a sus autores. Puede aplicarse aquí con justicia el principio paulino de que el «espíritu vivifica y la letra mata». ¿Cual es entonces ese espíritu vivificador que anima a las Constituciones ?, podríamos intentar aprehenderlo en las siguientes líneas maestras:

1.- Una visión ecuménica del hombre y de sus diferentes tradiciones espirituales y materiales.

Esa visión llevó a Anderson a trascender las grandes barreras religiosas y teológicas de su siglo, relativizando el espíritu de ortodoxia de cada una de ellas y buscando un común denominador, basado en un perfil moral, mas que en un cuadro dogmático determinado. Esto significa, a mi juicio, la defensa de la «opiniones particulares» y de «la religión natural de las buenas obras», frente a la religión oficial de las diferentes naciones. Esta opción era en aquel momento trascendental, ya que contrariaba los principios de homogeneidad espiritual que hasta la fecha habían defendido todos los poderes políticos y espirituales. Como dice Ortega y Gasset, la osadía que le costó a Sócrates su vida fue el haberse atrevido a sostener que poseía un «daimon» particular , es decir una inspiración privada, en definitiva la reivindicación de sus «opiniones particulares»; pues bien Anderson, da por sentada esa inspiración individual y diseña la posibilidad de una asociación de verdaderos individuos.

2.- Una visión constructiva del hombre.

No es casualidad que de entre las diferentes tradiciones profesionales, fuera la de los Constructores, la elegida para configurar el método y la organización de la Masonería especulativa. Aunque las Constituciones no lo hacen explícito, la vinculación de la nueva institución con las hermandades operativas supone la incorporación a la Masonería especulativa de método inciático de base profesional que, o bien había sido desarrollado por las Logias operativas o bien estas habían elaborado a partir de diferentes influencias. Este contenido iniciático puede tener diferentes acepciones o interpretaciones, pero en todo caso, en todas ellas subyace una idea común : el impulso constructivo del hombre. El ser humano como artífice de su propia vida y co-creador del Mundo.

De esa visión constructiva surge el sentido de responsabilidad y de consciencia con que la Masonería pretende adornar a sus adeptos.

3.- Una visión ‘tradicional’ de la historia humana.

Donde hay construcción hay necesariamente tradición, que no tradicionalismo. Tradición quiere decir que el masón se siente heredero, es decir, llega a una obra que ya ha sido empezada por otros, y que él esta llamado a continuar. De ahí que su primera tarea sea, antes de nada, hacerse cargo del estado de los trabajos, de cuales han sido las dificultades encontradas, cuales las soluciones adoptadas y cuales las desechadas, en fin cual es la Memoria y el Proyecto colectivo emprendido, con objeto de integrarse correctamente en el orden sucesivo de obreros, que generación tras generación, trabajan, aplicando a sus vidas los instrumentos de medida y proporción, que la logias conservan celosamente, unidos en la permanente y siempre insegura obra de esclarecimiento y emancipación que la Masonería pretende.

4.- Una visión logocéntrica de la Historia humana.

De ese ecumenismo y de esa visión constructiva surge necesariamente otro de los rasgos definitorios de la Masonería , que con una u otra forma puede prdeicarse de todas las Obediencias masónicas, de todos los ritos y de las varias Escuelas: la Masonería como una «matriz de sentido», en la que los masones enmarcan su propia y particular perspectiva de la vida y el mundo. Ese marco sólo puede excluir a quien adopta una posición nihilista y desesperada, a quien no percibe ningún cosmos en el caos aparente del Universo, a quien rehuye todo mandato moral trascendente o inmanente, a quien es incapaz de cualquier solidaridad, y no se siente llamado a construir sino solamente a destruir o a vagar por el Mundo.

FUENTE: http://www.vrijmetselaarsgilde.eu/Maconnieke%20Encyclopedie/EMAP~1/Espagne/GLSEspagne/Otaola1.HTM

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