Luto masonico

Las puertas del templo masónico de Bucaramanga se abrieron en homenaje al desaparecido Alfonso Gómez Gómez. Destacados masones participaron de lo que se conoce dentro de la logia como una tenida fúnebre, ritual de despedida al que quizás haya sido el más grande masón de los últimos tiempos en Santander. Así se vive esta ceremonia especial.

¿Qué sucede en el corazón místico de las logias o sociedades secretas que han generado tantas interpretaciones, especulaciones o intrigas a lo largo de la historia?

A una vieja casona del barrio Sotomayor, pintada de color blanco y celeste, que parece estar perdida en medio de una calle entre las bocinas estridentes de los carros, el estrés de los internos de una clínica y la disonancia de las tiendas del sector, entra un grupo de hombres vestidos de traje negro y camisa blanca, acompañados de sus esposas, que lucen, la mayoría, ropas de color beige. Los siguen sus hijos, así como algunos no masones, invitados ese día al templo.

Son las 10:00 de la mañana de un sábado y en el lugar se reúnen los miembros de la Gran Logia de Los Andes, la sede de los masones en Bucaramanga, ubicada en la carrera 25 con calle 45. Allí acuden miembros de siete logias de la ciudad, que siguen el Rito Escocés Antiguo y Aceptado, en el cual, según lo explica la historia, se combinan rituales de antiquísima simbología, se incentiva a la fraternidad y se hace el análisis racional y espiritual de lo que es la vida “desde las leyes y preceptos de la naturaleza y el universo”.

La reunión la motiva la celebración de una tenida fúnebre, un encuentro especial organizado por los miembros de la logia para recordar y dar “paso al Oriente Eterno” al líder político, al librepensador y uno de los masones más importantes de la región, Alfonso Gómez Gómez.

Los que por primera vez están en el lugar detallan la manera como los masones de distintos grados se acomodan su particular indumentaria. Tanto los Compañeros como los Aprendices atan a sus cinturas el mandíl (una pieza de tela) color blanco; los Maestros, por su parte, además del mandil celeste con bordes azules, también se acomodan el collarín masónico, un arreo que va alrededor del cuello y que por uno de sus lados es negro y tiene bordada una calavera.

Hacen el llamado para ingresar a la sala geométricamente organizada. Primero ingresan los visitantes o invitados, así como algunos familiares de Gómez Gómez, quienes ocuparán los asientos que tradicionalmente ocupan los Compañeros y Aprendices, ubicados al lado derecho de la entrada al salón. Este lugar, dentro del plano de la logia, se conoce como el ‘mediodía’. 

Le siguen los Aprendices, quienes se ubican frente a los invitados, al lado izquierdo entrando al salón. Siguen los Maestros, quienes ocupan el lugar conocido como Cámara del Medio, en el centro del salón con piso ajedrezado blanco y negro, donde a su vez se encuentra un pequeño cofre de madera que simboliza los restos del Hermano Alfonso Gómez Gómez.

Los exgrandes Maestros, hermanos que han ocupado el máximo cargo administrativo en la Gran Logia, hacen su entrada al salón. Ocupan un lugar en el oriente -al fondo del salón-, en un espacio reservado para los visitantes eminentes. Junto a ellos entran  el Primero y Segundo Vigilante, quienes se sientan a cada lado de la entrada del salón, detrás de dos columnas vestidas con telas negras bordadas con dos calaveras. Allí también se ubicará el guarda del templo, quien sostiene en su manos una espada.

Finalmente, ingresan el Venerable Maestro, quien presidirá el ritual, y el Muy Respetable Gran Maestro, “el primero entre sus hermanos, el primero entre sus iguales”. Ambos se ubican en el oriente del salón, debajo de la imagen del ‘ojo que todo lo ve’, que cuelga en medio del sol delta y la luna. Frente a los ilustres masones y estos símbolos, en el altar de los juramentos, se encuentra una calavera, que representa la muerte.

En la Sala de Pasos Perdidos, en el vestíbulo del Templo, se ubica la logia de mujeres Capítulo Sol Naciente. Junto a ellas, algunos invitados.

El ritual

Al comenzar la Tenida Fúnebre, el templo queda en oscuridad. El Guarda del templo enciende las velas. El Venerable Maestro introduce a los visitantes en el ritual y explica a las logias el por qué la visita de los invitados a su recinto sagrado. En su discurso comenta que la muerte es la entrada a otro plano de la existencia, que la vida es una escuela donde por medio de las vivencias de todo tipo, de éxito o de fracaso, el hombre evoluciona hacia el conocimiento, “a fin de alcanzar la serena plenitud propia de los estados superiores de la conciencia”.

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Minutos después llama en tres oportunidades al difunto: “¡Querido hermano Alfonso Gómez Gómez!”. Según los masones presentes, este es uno de los momentos más importantes del ritual. Al hacer el llamado, tanto el Primero como el Segundo vigilante desde sus lugares, contestan a su debido tiempo: “Reina el silencio Venerable Maestro”.

“Queridos hermanos: el hermano Alfonso Gómez Gómez no escucha nuestra voz, lo hemos perdido para siempre, viaja por los valles del Oriente Eterno, nos ha precedido (…) Se ha roto la cadena masónica, pero su nombre y su memoria perdurará en nuestros corazones. Hagámosle el homenaje póstumo que se merece, renovemos nuestros deseos, porque el recuerdo de sus buenas acciones y servicios sean lecciones para la construcción de nuestro pensamiento”.

Tras pronunciar las anteriores palabras, el Venerable Maestro de nuevo llama a Alfonso Gómez Gómez. El resto de ceremoniales contesta con voz grave y en tono alto: “¡Presente, presente, presente!”.

El ritual avanza. Tras rodear en círculo la réplica del ataúd que se encuentra en medio de la sala, el Venerable Maestro pide a los masones que tomen una rama de acacia, símbolo de la vida y la inmortalidad, y que la pongan cerca a la urna.

Es el momento de despedirse de Gómez Gómez: “Adiós hermano querido, id y descansad en paz”, dice cada uno al transitar.

Antes de terminar la tenida fúnebre, las logias deben unir la cadena que se ha roto con la partida de uno de sus grandes eslabones. Para esto, los hermanos cruzan los brazos a la altura del pecho y alcanzan las manos de quienes están a su lado, formando simultáneamente una cadena humana. Completada la cadena, todos pronuncian al unísono: “Salud, fuerza y unión”.

Tratando de dar respuesta a la pregunta que da inicio al recorrido por la intimidad de la hermandad masónica santandereana, se podría concluir que se trata una vez más de ratificar que no hay cosa más espiritual que lo humano, procurando la búsqueda de la inmortalidad del alma de los hombres, una pretensión tan antigua como éstos, abonada por la plenitud alcanzada a través del conocimiento y la serenidad con que se asimila.

Sobre la masonería en Santander y el mundo

La masonería o francmasonería es una sociedad secreta que “profesa principios de fraternidad mutua, usan emblemas y signos especiales y se agrupan en entidades llamadas logias”.

La primera logia masónica que existió en Colombia se conformó en Cartagena y se llamó  ‘Las Tres Virtudes Teologales’. Aunque se señala como milenaria, la masonería moderna surge del humanismo de los siglos XVI y XVII y del movimiento llamado de la Ilustración. La conformación de esta sociedad en Santander data de la época de la Independencia.

En Socorro se creó una de las primeras logias que existió en la región, llamada Estrella del Saravita No. 5. Años después, los masones crean otras logias en Bucaramanga, Barrancabermeja y Puerto Wilches.  Simón Bolívar, Francisco de Paula Santander, José Hilario López, Aquileo Parra, Aurelio Martínez Mutis y Dámaso Zapata fueron masones destacados en el país.

En Estados Unidos, Thomas Jefferson, George Washington y Benjamin Franklin también fueron masones. Del Siglo de las Luces se destacan Diderot, Voltaire, Rosseau y Locke.Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí.

Publicado porXIOMARA MONTAÑEZ MONSALVE

Titulo original: Cuando los masones de Bucaramanga se visten de luto FUENTE: https://www.vanguardia.com/santander/region/cuando-los-masones-de-bucaramanga-se-visten-de-luto-AAVL217465