Tempestades castro-chavistas

Los enemigos de la libertad no descansan. Están siempre listos para atacar y aunque parezcan que están agotados hay que estar listos para contra atacarlos.

Por ese motivo debemos tener en cuenta que no fueron  brisas bolivarianas como calificara recientemente el sub déspota venezolano Diosdado Cabello, las protestas que se escenificaron en varios países del hemisferio, fueron en realidad huracanes de violencia extrema aderezados con odio, resentimientos y frustraciones.

Al comentario de Cabello hay que sumar la advertencia del autócrata Daniel Ortega cuando dijo, “Hemos apostado a la vía electoral, pero lo de Bolivia, es una prueba de fuego para que se pueda sostener la mínima confianza en la vía electoral, de lo contrario los pueblos se sentirán con todo el derecho de tomar las armas para buscar el poder por la vía revolucionaria.”

La realidad es que para todos estos extremistas la vía electoral nunca ha sido el mejor camino. Fidel Castro inauguró en el hemisferio, hace más de sesenta años la ruta de la subversión, que a pesar de la mucha sangre derramada solo tuvo, Nicaragua, 1979, un éxito parcial. Paradójicamente la despreciada ruta electoral, inaugurada por otro autócrata, Hugo Chávez, les resultó más productiva a sus propósitos. 

El Castrismo y su más reciente variante el Castro chavismo, asumen a plenitud estrategias desestabilizadoras. Recurren a la generación del caos,   propiciando  en varios países del hemisferio serios problemas de gobernabilidad con el común objetivo de crear vacios de poder  para llenarlo con “salvadores” provenientes de sus propuestas autocráticas.

Hay que reconocer la capacidad de reinvención que tienen estas facciones y la habilidad que poseen para escarbar en las imperfecciones de la democracia y sus líderes, se aprecia fácilmente que los partidarios del despotismo están más calificados y dispuestos para imponer y defender sus propuestas que muchos de los que se presentan como patrocinadores de fórmulas democráticas.

Es fácil apreciar que los “malos”, entiéndase los laborantes inspirados en el castro-chavismo,  aparte de su disposición de asociarse con el narcotráfico  para crear regímenes inspirados en el crimen organizado tienen el compromiso de conquistar el poder y de conservarlo a como dé lugar. Ellos no hacen concesiones, al extremo que cuando asumen una línea política la defienden sin temor a las consecuencias.

Es un absurdo que los presidentes de Ecuador, Colombia, Chile y Argentina hayan reparado en la necesidad de hacer reformas en sus respectivos países después de las protestas masivas que las demandaron. No debieron esperar crisis estructurales con sus secuelas de muerte y destrucción para resolver problemas reales que sirven de caldo de cultivo a grupos extremistas capaces de recurrir a cualquier opción para tomar el poder y perpetuarse en el mismo. 

El deber de los gobernantes que se dicen amantes de la democracia y las libertades ciudadanas es resolver los problemas antes de que tengan lugar estallidos sociales. Acaso el presidente Piñera de Chile no sabía que sus conciudadanos estaban en una situación precaria. Mauricio Macri, Argentina, no se percato nunca que el país necesitaba cambios sustanciales, Lenin Moreno, Ecuador, no vio que el fin de los subsidios afectaría negativamente a un vasto sector de la sociedad y el presidente de Colombia Iván Duque no conocía que el impuesto al valor agregado asfixiaba a los consumidores y que las pensiones de los jubilados eran insuficientes.

Las políticas populistas son contrarias al desarrollo y a la independencia de los ciudadanos por la dependencia que generan, pero los líderes democráticos no deberían esperar a la ruptura de la convivencia social para emprender medidas que mejores la condiciones de vida de sus conciudadanos. No es prudente hipotecar el futuro con medidas económicas clientelares pero tampoco es inteligente empantanar el presente con acciones que deterioran la calidad de vida de la comunidad.

Es muy cierto que el gobierno totalitario cubano sigue siendo el inspirador y sostenedor de todos los proyectos que socavan la democracia y el desarrollo económico sostenible, pero no faltan entre quienes rechazan al castro chavismo,  individuos que con su indolencia empiedran el camino del infierno por los que quieren conducirnos sujetos que responden a pensamientos extremistas, llámense comunismo o fascismo…

Pedro CorzoPeriodista(305) 498-1714