El porqué se nos cierran las puertas

No podemos evitar sentirnos frustrados cuando se nos cierra la puerta de una oportunidad, pero Dios muchas veces evitará que sigamos adelante para así poder redirigir nuestros pasos hacia otra senda mejor. Lo que determinará si vamos a ser partícipes de una mayor bendición es nuestra reacción: ¿Le daremos puntapiés a la puerta cerrada o buscaremos que otra se abra?

El segundo viaje misionero de Pablo tuvo una serie de prohibiciones. Salió a visitar las iglesias que había fundado en Asia, pero el Espíritu Santo lo fue apartando de ciudad tras ciudad. ¡Debió de haberle resultado muy frustrante el no haber podido llevar a cabo la comisión del evangelio! (Mt 28.19).

Pero Pablo siguió viajando en busca de terreno fértil donde pudiera plantar una nueva iglesia; por fin, el Señor le mostró que había una puerta abierta en Macedonia. La nueva ruta lo llevó a algunas de las ciudades clave de aquel tiempo: Filipos, Corinto y Éfeso eran grandes emporios comerciales rebosantes de dignatarios y de comerciantes extranjeros que llevarían el evangelio más lejos y más deprisa que Pablo.

El apóstol había partido con un plan atinado y realista, pero el razonamiento humano no siempre es confiable. La Biblia nos dice que confiemos en el Señor en vez de en nuestro entendimiento (Pr 3.5). Si queremos obedecer la voluntad de Dios para nuestra vida, debemos vivir según la dirección del Espíritu Santo; piense en el hecho de que el Dios del universo está tomando un momento para llamarle la atención y redirigirle en la dirección correcta. Obedezca al Señor, y Él dirigirá sus pasos por la senda correcta y hacia las mejores puertas.

Biblia en un año: Ezequiel 23-25

FUENTE: https://www.encontacto.org/lea/revista/devocionales-diarios/el-porque-se-nos-cierran-las-puertas