MASONERIA: Las Joyas del Ara

INTRODUCCION
El Diccionario masónico señala del Ara, “Mesa consagrada por los Francmasones para recibir los juramentos y depositar en ella el Libro de la Ley y los atributos del grado en que se celebren las sesiones”, el vocablo Ara significa Altar o Piedra de los Sacrificios, es la mesa, o monumento religioso dispuesto para inmolar a la víctima y ofrecer el sacrificio, el masón ofrece su compromiso consciente, sobre esta se coloca el Volumen Sagrado de la Ley (Biblia), una Escuadra y el Compás, así se constituyen las Tres Grandes Luces de la Masonería. Además se coloca la Constitución Masónica de la Gran Logia. El Altar es semejante al Tabernáculo del Pueblo Hebreo, también a los altares egipcios y romanos, ahí se representa la verdad que debe descubrir todo Masón por la perseverancia, el estudio y la constancia en la práctica de todas las virtudes. Alrededor de este Altar encontramos tres columnas (Sabiduría, Fuerza y Belleza) dispuestas en forma de Escuadra, sobre las cuales se colocan Cirios, que permanecerán encendidos durante los trabajos en la Logia.
Este trazado apunta a mostrar interpretaciones que motiven nuestra discusión y reflexión.

DESARROLLO
La estructura del Ara puede ser sencilla, o tratarse de una construcción soberbia con pretensiones de eternidad, pero en cualquier caso, es la forma que ha tenido el hombre, desde sus épocas más remotas, de manifestar su fe y su esperanza; el lugar que representa lo que venera, lo que respeta, o lo que considera superior a él. La forma cúbica del ara, como la que vemos en nuestro templo, inspirada en la que adornaba primero el Tabernáculo, y luego el Templo del Rey Salomón, señala con sus caras los cuatro puntos cardinales, simbolizando las cuatro estaciones, los cuatro elementos de la naturaleza, y cuatro principios fundamentales: querer, callar, saber y osar.

Se ha definido a la Masonería como la ciencia de la moral, velada por alegorías, e ilustrada con símbolos, Símbolo es cualquier cosa que, por la representación, figura o semejanza, nos da a conocer o nos explica otra, a medida que se profundiza en su interpretación, ese lenguaje simbólico va cobrando para cada uno un significado personal, vivenciado y no siempre transferible, que tiene por objeto llevar al masón al encuentro de un mensaje que lo conduzca hacia la verdad y hacia la luz.

El Ara es también el símbolo de la tumba, hacia la cual camina el hombre. Entre Columnas, el Masón representa al hombre que nace; pero marcha hacia el Ara. El Altar o Ara constituye el lugar más importante Templo Masónico, pues a su frente se realizan los actos más solemnes, como juramentos, consagraciones y afiliaciones siendo imprescindible para todo trabajo en la Logia, en torno al Ara se organizan los trabajos de cada taller. Cuando el recipiendario realiza ante el Altar su promesa de honor, El Ara ha oficiado como Altar de Sacrificios, habiendo inmolado allí su pasado, en especial sus pasiones y sus vicios, como una ofrenda al G.·.A.·.D.·.U. pero esta se trata de una elección, de una opción consciente.
Este altar se eleva física y simbólicamente desde el mosaico, concepción dualista de la vida. Está por encima de lo bueno y lo malo que es propio del diario vivir.

Sobre el ara encontramos el libro abierto, en nuestro caso es la Biblia, la Biblia es la Luz sobre nosotros no como autoridad dogmática, sino como expresión de fe en una ordenación moral del mundo; la Biblia es el libro adoptado como Volumen de la Ley por los fundadores de la Orden.

Fue así por tratarse del compendio de historias, mitos y leyendas mejor conocido en el medio cultural en el que surgió la Masonería simbólica, heredera de la tradición de los constructores sagrados que, a su vez, asumieron durante el medioevo la religión de los países europeos en los que trabajaban, haciendo de ella su referente moral.

Aunque, para los masones que profesen las religiones judía o cristiana, sea la Biblia contenedora de revelaciones divinas (sólo Antiguo, o bien Antiguo y Nuevo Testamento, en cada caso), el valor único que la Biblia detenta para la Masonería universal andersoniana es simbólico y no dogmático.

Representa el compendio o Volumen del que surgen las narraciones que dan pie a la estructuración de los diferentes grados masónicos, sin que ello signifique la aceptación personal por los masones de la historicidad de todos los hechos que refiere la Biblia, ni de valores religioso-dogmáticos concretos.

Son los valores humanos permanentes, susceptibles de ser simbolizados y aplicados con carácter universal, los que escoge la Masonería como expresiones de la Ley sagrada o Ley universal. Esos mismos principios se hallan contenidos también en otras obras históricas situadas fuera de lo que se entiende tradicionalmente por cultura occidental, como son los compendios de las tradiciones hindú, persa, musulmana, etc. Puesto que desconocen aún el valor simbólico que la Biblia tiene en el método masónico, quienes ingresan en la Orden pueden elegir cualquiera de esas obras para prestar su juramento de compromiso personal y también abstenerse de jurar, limitándose a prometer. Por ello, junto a la Biblia, se puede colocar, para tomar juramento, cualquier otro volumen de referencia moral conocido y aceptado por el neófito.

Dicho esto, es importante subrayar que solamente las narraciones contenidas en la Biblia tienen valor funcional didáctico en los diversos grados del método masónico, ya que son símbolos extraídos de ella los que sirven de base a las reflexiones iniciáticas propuestas por el método en cada caso. Aunque existan narraciones o fábulas con el mismo contenido simbólico que el del mito de Hiram. Igualmente, las palabras simbólicas clave de cada grado fueron extraídas de esa fuente de datos por los creadores de los rituales que integran el método iniciático Masónico. La Biblia constituye un elemento indispensable de la cultura masónica pero colocando siempre sobre ella la escuadra y el compás, que son los otros dos referentes simbólicos con arreglo a los cuales se valoran las narraciones bíblicas.

El compañero ya se sirve de otras herramientas y sabiendo de la plomada y el nivel ya puede levantar muros. Amos, el profeta, en su visión de la plomada, anuncia que las murallas de los templos, de los tribunales y de las casas de los hebreos, están condenadas a desplomarse, pues han sido construidas sin las herramientas que proporcionan estabilidad. Amón pedía a sus compatriotas que se ilustraran y cultivaran para no ser simples esclavos de sus prejuicios, y que purificaran sus mentes para la virtud. Qué tribunal se sostiene sin el nivel, sin considerar que todos somos iguales ante la ley. Qué casa levantada sin plomada mantiene equilibrio y virtud. Amos pedía la ilustración y la virtud para no ser esclavos de vicios y prejuicios. El compañero observa, mide, coteja, examina y aprende de lo bien hecho por otros. El compañero sabe al fin, que el prejuicio es edificar sin cimientos.

El nivel, que mide la horizontalidad de las superficies, representa la igualdad en nuestra apreciación de los demás, huyendo de discriminaciones interesadas e injustas.

El nivel es una herramienta esencial a masones, esto es el símbolo de la igualdad social, la base de la naturaleza directa. De ninguna manera, él representa la nivelación de los valores. Él no puede quitar las numerosas disparidades de la naturaleza, la existencia diferencias profundas. Pero uno puede realizar una cierta igualdad social, para que los derechos de los hombres, en la vida, en la instrucción, en la felicidad, en la justicia, es el mismo.

El texto del Libro Abierto hace alusiones evidentes con la perpendicular y el nivel: (versículo 7)

Amós 7

Tercera visión: la plomada

7 El Señor me hizo ver esto:
Él estaba de pie junto a un muro,
con una plomada en la mano.

8 El Señor me preguntó: «¿Qué ves, Amós?».
Yo respondí: «Una plomada».
El Señor me dijo: «Voy a tirar la plomada
en medio de mi pueblo Israel;
ya no voy a perdonarlo más.

9 Los lugares altos de Isaac serán devastados,
y los santuarios de Israel arrasados,
cuando me levante con la espada
contra la casa de Jeroboám».

Sobre el Libro de la Ley, se coloca un compás, cuyo vértice apunta al oriente, (desde donde proviene su energía), y sus puntas se dirigen hacia el occidente. Esta herramienta, representa la justicia con que deben medirse los actos de los hombres también nuestras acciones. Nos muestra la equidad con que debemos tratar a nuestros semejantes y también se simboliza al espíritu y a la razón.

Apoyada sobre el compás, observamos una escuadra, que también, es una antigua herramienta recibida de la orden de constructores, con un riquísimo significado simbólico. Está formada por 2 líneas: la perpendicular y la horizontal en ángulo recto, como la línea del deber. Se simboliza también al instinto, o a la materia.

La disposición de la escuadra sobre el compás no es un hecho casual. Por el contrario, en el primer grado se simboliza que la materia, el instinto, la ignorancia, están dominando la inteligencia, el espíritu y la razón, situación desfavorable que el aprendiz, con su trabajo, debe procurar revertir; como compañeros empezamos a hacerlo, con la escuadra y el compás entrelazados, sin olvidar de donde venimos, para poder descubrir quienes somos.

El Compás sobre el Ara, también representa a la Divinidad, su vértice es alegórico del ojo que todo lo ve, y sus ramas la claridad o los efluvios que constantemente se derraman sobre el hombre o la materia, que se encuentra representada por la escuadra. El compás siempre ha sido un símbolo de perfección en las artes, del cual surgen las más complicadas figuras pero que obedecen a un centro común.
Nuestro Q:. H:. Prim:. Vig:. tiene como atributo un nivel, el cual nos enseña que el hombre debe nivelar sus actos en una incesante perfección. Nuestro Q:. H:. Seg:. Vig:. a su vez tiene como atributo la plomada, que expresa la rectitud de todo proceder. Unidos estos dos atributos, el nivel en su posición horizontal y la plomada en posición vertical, se encuentra el nacimiento de la escuadra. El hombre debe hacer un sabio uso de sus deberes y derechos, procurando que ellos no vayan a transgredir los derechos de los demás, sino buscando un punto de apoyo común como el vértice de una escuadra, para realizar la armonía y la unión
La escuadra y el compás simbolizan además, la unión entre la tierra (la escuadra, el cuadrángulo) y el cielo (el compás, el círculo) ya que manifiestan el «axis» en el que se conjugan las polaridades.

De este modo, sobre el Altar encontramos presentes las Tres Grandes Luces de la Masonería: el Libro de la Ley, el compás y la escuadra, las cuales representan la sabiduría del G.·.A.·.D.·.U.·., el espíritu y la materia.

Los cirios son las tres luces menores, encendidas por el portador de la luz que descendió del Oriente. Nos indican los puntos principales que marca el sol en su recorrido: dando origen a un nuevo día, al alcanzar su plenitud, y en el ocaso. Su simbolismo puede ser tan amplio y variado como cualquier análisis que se pueda realizar acerca del ternario. Las tres Luces que arden, simbolizan la Ciencia, la Virtud y la Fraternidad, son alegóricos al Sol, a la Luna y al Ven:. M:., ya que del mismo modo que el sol ilumina el día y la luna la noche, el Ven:. M:. se esfuerza por alumbrar con su sapiencia la inteligencia de sus hermanos. El hombre es una tríada, y pertenece simultáneamente al reino biológico, al psicológico y al social.

Por último, observamos sobre el Ara, un ejemplar cerrado de la Constitución de la Gran Logia, texto que contiene las normas que regulan el funcionamiento armónico de la Orden, las que todos hemos prometido respetar.

CONCLUSIONES
El Ara es el altar de nuestro taller, nuestro templo y una imagen del cosmos. En el centro de ese espacio, entre la puerta y el Oriente; y, las columnas del Norte y del Sur se encuentra nuestro altar iluminado por las luces de la Sabiduría, la Fuerza y la Belleza. El taller es también una imagen de nuestro templo interno y el ara, por ser su punto central, es el ser humano, su corazón, lugar donde se recibe la palabra y la sabiduría divina, lugar de transformaciones y de realización.

Hacia esta mutación están orientados nuestros esfuerzos; lo que es lo mismo que pulir la piedra en bruto, o ir ascendiendo escalonadamente los estadios sucesivos del Conocimiento.

Es obvio comprender que cada vez que pasamos junto al Ara y lo saludamos, no sólo estamos dando una muestra de respeto al símbolo en cuestión y a todo aquello que llevamos dicho acerca de lo que él representa, sino que además renovamos ritualmente nuestros compromisos y promesas masónicas, volviendo a religarnos con ellas precisamente en el lugar de la recepción de las emanaciones del Gran Arquitecto del Universo, lo cual constituye un perenne recordatorio de nuestra calidad masónica que debe ser auténtica.
El compañero ya no ve sólo piedras y cantera, ve espacios, contorno, hogar. Explora la extensión que contiene su materia. Descubre que no hay nada vacuo en sí, que no hay vacío, que esa sensación de vaciedad que padece una gran parte la sociedad es desconocimiento del Yo, de la esencia del yo. Descubrirlo y pulirlo es un trabajo masónico.

Cada vez que pasamos delante del Ara, saludamos. No es un hecho muy común que el ser humano salude o reverencie un objeto inanimado. Marca indudablemente un gran respeto por lo que el objeto simboliza. Esto llama la atención de todo masón, y junto a otros interrogantes que naturalmente surgen, necesitan ser develados por todo aquel que pretenda entender los rituales, ya que el desconocimiento del simbolismo y de su interpretación esotérica convierten al rito en un cúmulo de ceremonias carentes de sentido.
Algunas preguntas podemos generar,

¿saludamos al Ara en si misma, es decir, a lo que ésta representa?

¿saludamos a los objetos situados sobre el Ara, de los que ésta es pedestal?

¿o bien saludamos al conjunto de todos éstos elementos, es decir, al Ara con sus Luces?

¿La presencia en nuestros Templos de un Altar, y sobre él de un Libro de la Ley, hacen de la Masonería una religión?

Quizás son preguntas que ya hemos respondido otras veces, pero se dejan planteadas para motivar la meditación y el comentario que logre reafirmar una idea o iluminar alguna verdad.

El ara es una manifestación visible de una energía invisible y trascendente. Sobre ella, como imagen del centro espiritual, y en lo hondo de nuestro corazón, es que hemos aceptado nuestros compromisos internos y hemos prometido cumplirlos, llevarlos a cabo. Esto no lo entiende alguien que ignore todo sobre el simbolismo o no hubiera podido salir verdaderamente del mundo profano. Pero no lo es para los masones, los que al comprender el símbolo y el rito en el interior de su corazón, los efectivizan, al vivenciarlos, esta es una notable diferencia con el altar religioso, es el lugar y el símbolo que recuerda nuestro compromiso y nos indica el camino del desarrollo individual, de nuestro andar, es la manifestación viviente, por todo el simbolismo que sostiene, del método de enseñanza masónica.

SFU

X.Adaros & J.Rojas

FUENTE: http://companeros105.blogspot.com/2006/07/las-joyas-del-ara.html