Un ensayo de teología supraconfesional para masones latinoamericanos (PARTE I)

Enviado por Fernando Edmundo del Cármen Laredo Cárter



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Un ensayo de teología supraconfesional para masones latinoamericanos

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Ante cierta confusión de los espíritus en el mundo contemporáneo, y en particular, entre quienes simpatizan o están afiliados a la Hermandad Masónica de habla hispana, se hace necesario puntualizar algunas cosas que permitirán reorientar las posiciones de muchos hermanos y honestos buscadores de la Verdad.

Recordemos en primer término, que la palabra Teología fue utilizada por Aristóteles y otros grandes filósofos para señalar el campo de estudios que se refiere a Dios y a los dioses. Y que éste mismo filósofo indicaba que Dios era el Primer Motor Inmóvil del Universo, y también que Dios es la Inteligencia Infinita en la cual nuestro espíritu se sumerge en contemplación.

Otros filósofos nos dirán que Dios es el Nous, o la mente suprema. Otros como Plotino, nos enseñarán nociones acerca del Uno, que emanó de si a la Mente Universal, y luego al Alma Universal, y finalmente a la Materia del universo. Sin embargo, a pesar, y en contra de la interpretación racionalista común que se le hace a la filosofía griega, la mayoría de estos grandes, incluidos, Pitágoras, Empédocles, Platón, Plutarco, Zenón de Citio, Apolonio de Tiana, Atenágoras, Parménides, etc: son también MISTICOS, es decir, buscan y logran una visión de Dios con el Ojo único de su espíritu. Eso significa la palabra griega TEORIA (teos=Dios), UNA VISION DE DIOS, DE LOS DIOSES Y DEL UNIVERSO, en su acepción primitiva, no en su interpretación modernista.

Por lo tanto, estos filósofos antiguos no están lejos de lo que los Judíos, los Cristianos y los Musulmanes consideran como Profetas, o más correctamente Nabís o Videntes. Sea dicho de paso, que las antiguas escuelas de misterios, como las conocidas como Misterios de Eleusis y los Misterios Orficos, pretendían no solo efectuar ritos agrarios y de representación de ciclos cósmicos naturales, sino que poner al adepto en contacto directo con seres superiores y realidades hiperfísicas, con los Dioses mismos. Lo mismo pretende hacer Pitágoras con sus discípulos, recordando el contenido de los Versos Aureos. Lo mismo pretenden los adeptos de los misterios de Isis y de Osiris, según nos testimonia Plutarco, quien, además de filósofo pitagórico es sacerdote de Apolo.

Posteriormente, los líderes del mundo cristiano emergente, los padres de la Iglesia, al enfrentarse con la filosofía griega, se apropian del vocablo teología, para exponer una síntesis razonada de su fe. Una fe que no nace de la nada, sino que, al igual que las doctrinas espiritualistas griegas anteriores, nace de EXPERIENCIAS DIRECTAS EN LA LUZ DIVINA, obtenidas por Cristo, los apóstoles, y los profetas. Las cuales deben ser ordenadas, sistematizadas y enseñadas como doctrinas o dogmas en beneficio de quienes, por diversos motivos, no pueden tener acceso a dichas experiencias místicas supraconscientes. De allí surge la necesaria comprensión de que la enseñanza dogmática de las iglesias, cualquiera que fuere su nombre, surge de la caridad y de la consideración a las limitaciones humanas, y no con el ánimo de esclavizar o de oscurecer el espíritu humano.

Lo mismo sucede en el Budismo, en el Hinduismo, en el Taoismo. Pero el que persevera en la meditación y en la oración, y obedece las reglas de la rectitud moral, tarde o temprano tendrá la bendición de ver, con sus propios ojos interiores, las realidades trascendentes luminosas que le han sido enseñadas como dogmas de fe. Esa es la convicción gnóstica de la masonería y de otras instituciones espirituales, rosacruces, herméticas, kabalísticas, sufíes, yóguicas, monásticas contemplativas, etc, a través de los siglos.

Además, muchas doctrinas religiosas son «fijadas» o convertidas en dogmas que deben ser aceptados por la fe, en momentos históricos de crisis espiritual, cuando se observa que la alta calidad de las experiencias místicas o gnósticas de las primeras épocas de propagación de una determinada religión se van debilitando o degradando, y se teme que el acceso a ese plano de luz y de verdad ya no sea posible para las mayorías. Así los últimos representantes de una enseñanza viva y potente intentan salvar ese depósito de revelación por algún tiempo, hasta que un nuevo impulso del Espíritu haga a los hombres capaces de un acceso directo a esas verdades.

No existe, por tanto, en el origen de las cosas teológicas una mala intención o un mal propósito en la redacción de fórmulas dogmáticas. Lo que no impide que en el curso de la historia, por la influencia de las pasiones y de las ambiciones humanas, se pueda instrumentalizar el dogma y la salvación prometida en los textos sagrados para fines innobles de esclavitud humana. Pero el principio original es el vale, no la perversión posterior.

Ahora bien. Antes de que el dogma sea fijado, los videntes, los iniciados, o los maestros iluminados y sus discípulos, cuentan oralmente las historias de sus experiencias sagradas con Dios, y escriben textos inspirados donde se consigna que fue lo que sucedió, interna y externamente, respecto de algún particular encuentro con Dios o con alguna entidad sobrenatural. Recordemos por ejemplo, las experiencias de Abraham, narradas en el Génesis. O las de Moisés en el Sinaí, o las de Noé, o las de el Rey Ezequías y las visiones del Profeta Isaías, los sueños de Salomón, las visiones apocalípticas de San Juan. Y cientos de otras narraciones, piadosamente guardadas e interpretadas por una minoría consciente del pueblo de Israel.

Justamente así nace la llamada Teología Cristiana, en el seno de la minoría intelectual denominada como los padres apostólicos y de los padres de la iglesia, ciencia sagrada que se define como un estudio racional de los textos de la revelación, ayudado por los conceptos de la filosofía griega que le sean compatibles.

En los primeros siglos la teología judeo-cristiana se vincula poderosamente al Platonismo y al Estoicismo, que le son afines. Más tarde, desde el año 1200 en adelante, por influencia de los escritos teológico-filosóficos de Averroes y de Maimónides, la teología cristiana se apoya en los criterios de Aristóteles. Ese es el inmenso trabajo que asumen Santo Tomás de Aquino y su escuela.

Y también, por esa misma época nacen en Europa los movimientos kabalísticos, a partir de la publicación del famoso libro del Zohar, del Bahir, y otros famosos documentos de la mística judía, lo cual no deja de influir en autores del mundo intelectual creyente, que termina uniendo momentáneamente (por unos dos siglos, el s. XVI y XVII) a la teología con la kábalah.

Así surgen el Abad Jean Trithemius, Pico de Mirándola, Juan Reuchlin, Henrich Cornelius Agrippa, Giovanni Agostino Panteo, el cardenal Gilles de Viterbo, Michael Maier, Roberto Fludd, etc. Y estas doctrinas teológico-cabalísticas, o gnósticas-judeo cristianas no sólo penetran en la iglesia católica, sino en el seno de la iglesia luterana (es el caso de Juan Valentin Andrea y la Fama Fraternitatis) y en la anglicana, y naturalmente en el seno de la masonería inglesa y escocesa.

A la masonería operativa de los siglos 16 y 17 estas influencias espirituales la sorprenden en plena faena de transformarse en Masonería Especulativa. Y le aportan conceptos teológicos que refuerzan y modifican en parte las enseñanzas católicas que ya traen desde la edad media. Así nace la leyenda de la Palabra Perdida, tomada de la supuesta pérdida de la correcta pronunciación del nombre de Yahové que sufrieron los judíos a través de los siglos, según narra Maimónides en La Guía de los Descarriados, también llamada la Guia de los Preplejos. Esta supuesta pérdida de aquellos secretos se personifica en la muerte prematura del Maestro Arquitecto del Templo de Salomón, Hiram Abí; hecho que justifica la aparición de Palabras y signos que sustituyen a los auténticos, ya que el maestro se negó a entregarlos a sus asesinos, llevándoselos a la tumba.

En las logias escocesas y en las del real arco se introducen estas enseñanzas teológico-cabalísticas, y se estructura un sólido conjunto de ideas y de símbolos que unifican los conceptos de Dios de la Biblia, con las doctrinas de Pitágoras y las de la cábala.

Así tenemos, por ejemplo, la importante relación que estas logias establecen entre el nombre de EL SADAY, o Dios Todopoderoso, en hebreo, de valor gemátrico 345, con las cifras 3-4-5 de los lados del triángulo rectángulo de Pitágoras.

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El = 31 , + Saday = 314 hacen 345.

Así mismo, es en esta época en la cual las logias anglosajonas comienzan a usar la letra G entre la escuadra y el compás, o la G dentro de la pentalfa, y el ojo de Dios dentro del triángulo.

Esta letra G no sólo les recuerda a estos antiguos hermanos la G de la geometría, o la G de la Gnosis, sino que les indica la presencia de Dios en medio de sus ceremonias, pues la G es la inicial de God, Dios en inglés. Y como ya saben nociones de cábalah, ese Nombre de God les sirve para encubrir y al mismo tiempo representar la primera letra del Tetragrama, de «Yod» del nombre de Yahove revelado a Moisés. No hay duda además, que existe una semejanza fonética entre «YOD» y «GOD».

Y para rematar el concepto, y no dar a dudas de su elevada significación, esa G es un recuerdo de un importante dato numerológico y teológico simultáneo. La G recuerda a la letra Gamma mayúscula, que vale 3 en la numerología griega, lo mismo que Guimel en la numerología alfabética hebrea. Ese TRES nos conecta con la Santísima Trinidad y con el Delta. Pero, por una maravillosa sincronía esa letra Gamma mayúscula tiene forma de escuadra. ( G ). Desde luego que este es uno de los motivos por los que el V:.M:. sentado al oriente tiene como insignia una escuadra, es decir, una Gamma mayúscula. ( G ).

Un Dios Todopoderoso que es Uno y es Tres, que es Yod , God, Gamma y Escuadra. El Gran Geómetra del Universo cuya plomada atraviesa el universo y que es el axis mundi desde la estrella polar como Cenit hasta el otro extremo del cosmos como nadir. Y con la sabiduría de los siglos, esa gamma mayúscula en forma de escuadra es también la imagen parcial del triángulo rectángulo y la imagen de los pies de los hermanos masones puestos al orden dentro del templo.

Y como nada es accidental en los misterios masónicos, esa letra G del mundo anglosajón es LA SEPTIMA LETRA de su alfabeto, y también es la séptima del alfabeto latino, por lo tanto es un emblema del número siete, el gran número virginal de los pitagóricos, la imagen visible del Uno invisible, proyectado en el tiempo. El número de Atenea, la diosa de la sabiduría. Y la palabra MINERVA tiene siete letras por eso mismo.

Este siete de la letra G nos lleva nuevamente a la estrella polar y al axis mundi. Los antiguos masones escoceses nos dicen que El Gran Arquitecto del Universo, o EL SADAY mora en la Estrella Polar, y que esta estrella es la principal de las siete estrellas de la constelación de la osa menor en la bóveda celeste del hemisferio norte. Cada noche, y por todo el año los masones ven en el cielo cómo las seis estrellas de esta famosa constelación polar giran en torno de la estrella alfa de esa conformación. Seis giran en torno de Una que permanece inmóvil. Por eso la estrella polar será considerada como la sede propia del Supremo Dios INMUTABLE que gobierna el universo, o el punto de manifestación del Gran Motor Inmóvil, la Causa Primera.

Es decir, Una G en el centro de una estrella de seis puntas que se pone en los templos masónicos en el centro de la bóveda celeste, en lo alto de los templos, por encima del ara, y se cuelga de allí un cable o cadena en cuyo extremo resplandece la luz eterna, la luz de Dios o de God, o la Luz del Yod, la primera letra del nombre de Dios de los hebreos. Ese cable o cadena es imagen de la Plomada Cósmica que sirve de eje giratorio al mundo universo, y que es sostenida por la mano o la voluntad todopoderosa del Sublime Arquitecto, por el Ser Absoluto desde el plano de la eternidad, es decir, por encima del tiempo.

Los chinos taoístas también afirman que la estrella polar es la morada del Padre Supremo, o de T´ai-yi, o de lo que los adeptos de tao denominan LA GRAN UNIDAD. Justamente esa Unidad es Dios para los pitagóricos y para los judíos kabalistas, y para todos los creyentes del Dios de la Biblia, el Creador del Universo.

Por eso existen profundas razones teológicas para dibujar una G entre la Escuadra y el Compas, o lo que es lo mismo, entre el cielo y la tierra. O bien la G en el centro de la pentalfa o la G en el centro de la hexalfa. Es Dios o es la Yod en el centro del macrocosmos y en centro del microcosmos. (La pentalfa es el símbolo del hombre o microcosmos y la hexalfa lo es del macrocosmos o del universo externo).

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También podemos agregar, para captar la enorme importancia de esta vinculación de Dios con el Yod para las escuelas esotéricas medievales, que en la Divina Comedia, en el capítulo 26 de la tercera parte, acerca del cielo, Dante nos dice por medio de nuestro padre Adan, QUE EL PRIMER NOMBRE DE DIOS FUE «I», en el paraíso, en el mundo primordial, antes de la caída. Y que tras la caída el Señor se pasó a llamar «EL». Justamente la letra «i» es lo mismo que Yod. Letra que tanto en griego como en hebreo vale 10, cifra que simboliza el centro y la periferia, el punto dentro de la circunferencia, lugar simbólico o espiritual donde un masón perdido o extraviado siempre se podrá encontrar. Es decir, en Dios, en el centro divino de su ser.

Además, el Dante es muy inteligente, pues al hacernos leer ese dato sobre la divina «i» o sobre el «yod» lo pone en el capítulo 26, porque justamente todos los estudiantes de kabalah saben que 26 es la suma de las cuatro letras del nombre de Dios, Yod he vau he, es igual a 10 + 5 + 6 + 5 = 26. O Yahové, o Yehova. Dante Alighieri lo hace así porque es miembro activo y dirigente de una hermandad iniciática del siglo XIV llamada FIDELI D´AMORE.

Todo esto no es ajeno al simbolismo que es revelado a los profetas del pueblo hebreo. El profeta Amós, por ejemplo nos transmite en el capítulo SIETE de su libro lo siguiente: HE AQUÍ EL SEÑOR ESTABA SOBRE UN MURO HECHO A PLOMO Y TENÍA EN SU MANO UNA PLOMADA DE ALBAÑIL. YAHOVE ENTONCES ME DIJO: QUE VES, AMOS? Y dije: UNA PLOMADA DE ALBAÑIL. Y EL SEÑOR DIJO: HE AQUÍ YO PONGO UNA PLOMADA DE ALBAÑIL EN MEDIO DE MI PUEBLO; NO LO TOLERARE MÁS.

Es decir, el Dios Masónico de Israel no soportará más desviaciones de su pueblo respecto de la ley divina revelada por Moisés. Los ciudadanos de Israel que no quieran ponerse a plomo con la ley de Dios serán destruidos, pues sus piedras personales no pueden entrar en el muro, a causa de sus irregularidades. ¡Qué mensaje más masónico!

Y el profeta Isaías no es menos cuando en el capítulo 40, vers. 12 dice: ¿Quién MIDIÓ LAS AGUAS CON EL HUECO DE SU MANO, Y LOS CIELOS CON SU MANO, CON TRES DEDOS JUNTÓ EL POLVO DE LA TIERRA, Y PESÓ LOS MONTES CON BALANZA Y CON PESAS LOS COLLADOS?… y más adelante dice, en el versículo 22: EL ESTA SENTADO SOBRE EL CIRCULO DE LA TIERRA… EL EXTIENDE LOS CIELOS COMO UNA CORTINA, LOS DESPLIEGA COMO UNA TIENDA PARA MORAR. Justamente en sanscrito la palabra Brahma (el Creador) significa EXTENSIÓN, EL QUE EXTIENDE EL ESPACIO O EL CIELO. Y confirmando la misma doctrina, el profeta Jeremías, en el capítulo 10, vers. 12 y 13 agrega: EL QUE HIZO LA TIERRA CON SU PODER, EL QUE PUSO ORDEN EN EL MUNDO CON SU SABER, Y EXTENDIÓ LOS CIELOS CON SU SABIDURÍA. A SU VOZ SE PRODUCE MUCHEDUMBRE DE AGUAS EN EL CIELO, Y HACE SUBIR LAS NUBES DE LO POSTRERO DE LA TIERRA, HACE LOS RELÁMPAGOS CON LLUVIA Y SACA EL VIENTO DE SUS DEPÓSITOS.

No en vano, entonces, en los rituales masónicos, hijos de la teología bíblica, el Venerable Maestro levanta su antorcha encendida y dice: SU SABIDURÍA ES INFINITA. Y los Vigilantes agregan: SU FUERZA ES OMNIPOTENTE, y SU BELLEZA RESPLANDECE POR TODO EL UNIVERSO.

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Ahora se hace necesario analizar otros elementos teológicos del ritual masónico, de gran importancia. Uno de ellos es el primer versículo del Evangelio de san Juan.

FUENTE: https://www.monografias.com/trabajos92/ensayo-teologia-supraconfesional-masones-latinoamericanos/ensayo-teologia-supraconfesional-masones-latinoamericanos.shtml