Populismo: una diatriba sociopolítica multicausal

A priori, podría parecer que las teorías que respaldan que las causas mayoritarias del populismo son de carácter económico se oponen a aquellas otras que afirman que las causas culturales y/o sociales tienen una mayor relevancia a la hora de explicar su auge. Pero no es en absoluto así, ya que ambas teorías se complementan a la perfección.Álvaro Martín

¿Cuáles son las consecuencias e implicaciones del populismo?

Los movimientos populistas, concretamente en el plano económico, se distinguen por rechazar las restricciones presupuestarias y/o comerciales introducidas por organismos supranacionales de los que esos mismos países forman parte. Los más comúnmente atacados son las agencias independientes de regulación, los bancos centrales, y las organizaciones económicas como el FMI, el Banco Mundial o la OMC. El populismo económico conlleva irresponsabilidad presupuestaria, políticas insostenibles en el largo plazo, y fuertes contracciones de los niveles de crecimiento, y, por ende, de los estándares de vida del conjunto de la sociedad. Los populistas suelen mostrar una fuerte aversión a la tecnocracia económica, debido a que las políticas extraídas de los programas de estos partidos solo cubren ciertos intereses socioeconómicos y en el muy corto plazo, lo que genera mayor inestabilidad en el medio y en el largo. Un aspecto que acostumbran a resaltar las agencias de regulación y los análisis independientes del Gobierno.

Una gran parte del mensaje económico populista hoy en día (un ejemplo claro lo encontramos en Argentina) se cimenta en la constante protesta contra las diferentes limitaciones en materia de gasto, niveles de deuda pública, o inflación como las que suelen implantar organismos multilaterales como el FMI en ciertos países a los que prestan fondos para la recuperación económica en momentos de dificultad. 

Los bancos centrales, por su parte, han jugado un papel fundamental en la contención de la inflación desde la década de 1980, pero han errado a lo largo de la última, al inyectar excesiva liquidez en los mercados y mantener demasiado bajos los yield de la deuda soberana de los diferentes países, principalmente en la Eurozona, los cuales han estado (y están) más sometidos a las políticas de QE. Esto ha generado una gran inflación de activos financieros e inmobiliarios, conduciendo a una mayor inestabilidad macroeconómica y financiera a lo largo y ancho de todo el continente europeo, tal y como muestra el economista Daniel Lacalle en su libro La Gran Trampa.[24]. Esto ha llevado a que algunos países como España o Italia hayan incrementado con extrema facilidad y ningún tipo de cortapisas los niveles de deuda pública, hasta límites prácticamente insostenibles.

Las organizaciones multilaterales encargadas de resolver disputas de carácter comercial a nivel internacional también han sufrido serias debilitaciones en su estructura y funcionamiento a lo largo de los últimos años. En muchas ocasiones, este desgaste ha sido promovido por líderes populistas como Trump, quien ha paralizado arbitrariamente la nominación de jueces encargados de la resolución de litigios comerciales en la OMC. Si estas instituciones siguen debilitándose progresivamente, el futuro del comercio internacional dependerá únicamente de ciertos intereses particulares de los Estados, y no del conjunto de los consumidores.

Por lo tanto, tal y como se puede observar, el populismo económico solo deriva en incertidumbre, inestabilidad, y los más variados desequilibrios en materia económica. Es decir, en una desintegración de las sociedades, generando y fomentando conflictos socioeconómicos, en los que suelen primar los sentimientos sobre la razón, un elemento intrínseco de estos movimientos políticos.

Conclusión

Las corrientes populistas, en su gran mayoría configuradas en partidos, y en algunos casos, surgidas desde ellos, han transformado de manera importante los sistemas políticos de las democracias más avanzadas a lo largo del último par de décadas. Como ha quedado demostrado a través del presente ejercicio de investigación, las dimensiones de este conflicto han cambiado.

Tradicionalmente, la diatriba política entre izquierda y derecha se basaba en intereses de eminente carácter económico, y se enmarcaba en un plano mayoritariamente materialista. En la actualidad, se ha abierto una nueva confrontación entre un populismo nacionalista fuertemente conservador y otro izquierdista, cosmopolita, y progresista. En muchos casos, dichos movimientos han logrado arrastrar, hasta transformarlo, el discurso de los partidos clásicos situados en su mismo lado del espectro político.

A nivel global (aunque España constituya una importante y relevante excepción), el apoyo a las formaciones socialdemócratas tradicionales ha caído en picado, debido a que no han sabido posicionarse correctamente en la nueva “guerra cultural” que hoy en día se libra en el escenario político europeo. La gran mayoría de los nuevos partidos populistas se presentan como plataformas ciudadanas y abiertas a “la gente”, a la que dicen defender, a través de fuertes discursos antiélites y antiestablishment.

Tal y como se ha sostenido en esta investigación, el auge del nuevo populismo tiene causas de carácter tanto socioeconómico como sociocultural, las cuales inciden de diferente manera y ostentan más o menos relevancia de cara al éxito de estos movimientos, dependiendo del país y las circunstancias concretas. Es decir, no existe un análisis homogéneo y monocausal que sirva para todos los casos existentes de populismo político y/o económico.

En definitiva, podemos concluir, que el populismo se trata de una diatriba sociopolítica multicausal.

FUENTE: https://civismo.org/es/populismo-una-diatriba-sociopolitica-multicausal/