QUÉ SON LAS ALMAS DESENCARNADAS Y POR QUÉ PUEDEN QUEDARSE ATRAPADAS POST MORTEM

En esta entrada vamos a hablar acerca de los seres desencarnados: qué son y por qué, en muchas ocasiones, no trascienden esta realidad y se quedan anclados en ella.

Los seres o almas desencarnadas son conciencias que en su día fueron personas en vida y que ya terminaron su ciclo encarnativo en la Tierra. Es lo que se denominan los espíritus de las personas fallecidas.

En sí, pueden ocurrir principalmente dos cosas: la primera es que abandonemos nuestro cuerpo físico para volver hacia nuestra propia conciencia o Fuente desde la cual partimos o que, por diversos motivos, nos quedemos anclados en esta realidad terrena.

En caso de que trascendamos la vida que acabamos de vivir y nos hayamos desprendido de todo ello, volveremos hacia nuestra propia Fuente para tomar las decisiones, desde la libertad y el amor que somos, que sintamos que debemos tomar para dar nuestros siguientes pasos como conciencias divinas.

Aunque esto es un tema mucho mas extenso del cual hablaremos mas adelante en otra entrada, ahora vamos a centrarnos en qué pasa cuando en el momento de nuestra “muerte” física, no logramos desprendernos de la realidad que acabamos de dejar y nos quedamos anclados en ella.

Una de las funciones principales que tiene el cuerpo físico es servirle a nuestro espíritu de vehículo para poder experimentarse y desarrollarse en la vida terrenal. Por lo tanto, el primer paso que se da en el momento de la “muerte” es el desprendimiento de nuestra propia conciencia del cuerpo físico que estábamos utilizando en vida.

Estando en vida, aparte de nuestro cuerpo físico, nos acompañan otros cuerpos que son mas sutiles y que el total de todos ellos, junto con el cuerpo, forman nuestra estructura áurica.

Junto al cuerpo físico, nos encontramos con el cuerpo etérico, también llamado doble etérico o cuerpo/campo vital. En el momento de la partida, el cuerpo etérico se va diluyendo. Esto ocurre porque este cuerpo le sirve de batería al físico (que es donde están nuestros chakras), así que, si el cuerpo físico deja de tener utilidad, el campo etérico se diluye, pues es como una batería que ya no puede volver a usarse. Teóricamente, tarda unos tres días terrenales en acabar de desaparecer por completo, por eso se dice y se aconseja que no se hagan trabajos con desencarnados hasta tres días después de su “muerte”.

Pasando el cuerpo etérico, nos encontramos con los campos emocional y mental. Hay muchos mas cuerpos después de los mencionados conformando la completitud de nuestra campo electromagnético, pero para entender el tema que quiero abordar, con estos dos últimos nos bastará para poder explicarlo.

El campo emocional es el que se encarga de gestionar y expresar nuestras emociones, así como de proyectarlas al mundo exterior a través del aura. El campo mental, por su parte, es el que se encarga de canalizar y trabajar con todas nuestras ideas y todos nuestros pensamientos, tanto aquellos que vienen de nuestra parte mas terrenal y racional a través de los cinco sentidos (hemisferio izquierdo del cerebro), como todos aquellos que provengan de nuestro sentir mas profundo, de nuestros sueños, de nuestra creatividad o de nuestra intuición (también llamado el sexto sentido).

Pues bien, volviendo al momento de la “muerte”, cuando nos desprendemos del cuerpo físico y del cuerpo etérico todo va bien, pero hasta que no trascendemos esta realidad, pese a no tener cuerpo, seguimos siendo “nosotros mismos”, es decir, nos seguimos identificando con el personaje que acabamos de dejar de interpretar.

Esto implica que, a través de un cuerpo emocional y un cuerpo mental no trascendido, en el momento de nuestra partida, nos llevamos todos nuestros miedos e inseguridades, así como todos los programas y patrones que teníamos en vida y que muchas veces nos bloqueaban el camino.

Todo esto que nos llevamos, sino lo soltamos y nos desprendemos completamente para poder volver a quien realmente somos, nos dificulta el momento de la partida impidiéndonos, muchas veces, el poder llevarlo a cabo.

Seguidamente, vamos a ver qué puede ocurrir para que este tipo de situaciones se den:

Apegos materiales: Este es un condicionante muy común. Esto refleja a muchas personas que en vida estaban muy apegadas al mundo material, es decir, a sus cosas o pertenencias, o personas que en vida vivían desde una conciencia completamente terrenal o de tercera dimensión y que solamente se identificaban con todo aquello que podían captar a través de sus cinco sentidos físicos. Esto hace que, si no se desprenden, se sigan quedando anclado a sus bienes materiales (casas, coches, dinero…), así como a sus seres queridos que siguen en vida.

Religiones y dogmas: Las personas que en vida fueron muy religiosas y tenían creencias muy profundas acerca del juicio, el cielo y el infierno, así como del castigo y de lo que esta bien o esta mal según las creencias de su religión, al abandonar el cuerpo físico y llevarse toda esa programación encima, tienen miedo de partir porque creen que van a ser juzgadas y van a ir al infierno, por lo tanto, se quedan ancladas en esta realidad. Esto es importante pues aquí puede verse de forma muy clara como los dogmas y las creencias auto-impuestas o no, nos llegan a pesar incluso en el momento de la “muerte” y como nos pueden llegar a condicionar a ser realmente libres, ya no solo en vida sino después de ella.

Vínculos emocionales: Este factor tiene mucho peso también, no solo en el proceso entre vidas sino en la vida misma. Cuando alguien parte, las personas que se quedan en vida lloran con dolor la pérdida del ser querido. En parte es normal y es lógico que esto ocurra dentro de nuestra condición humana. El problema viene cuando, después de la partida del ser querido, las personas que se quedan en la Tierra, siguen llorando y dependiendo de la persona que acaba de irse. Este suceso puede generar un vínculo energético con el alma que ha marchado por parte de los que se han quedado dificultándole el proceso entre vidas y, en muchas ocasiones, manteniéndolo atado para que no se marche.

Las cargas emocionales suelen ser las mas pesadas, porque es desde ahí donde generamos mas enganches y ataduras con las personas, generando relaciones tóxicas con los demás. Esto es importante pues aquí podemos ver y entender como ese “mas allá”, como hablaba en la entrada anterior, no esta tan lejos del “mas acá”, sino todo lo contrario.

Por supuesto, el fallecimiento de un ser al que amamos nos generará tristeza y dolor desde nuestra comprensión actual acerca de la muerte, y eso es perfecto. Es decir, cada persona es un universo y vive estas experiencias a su manera, pero hay una clara diferencia. Una cosa es llorar la “muerte” de alguien y pasar el duelo de uno mismo entendiendo que esa persona ha partido y que su tiempo en la tierra ya caducó y la otra es llorar la “perdida” de esa persona sin aceptar que haya marchado y sin querer soltar la situación llegando, en algunas ocasiones, al reproche de abandono por parte de los que se quedan en vida hacia la persona o personas que han fallecido.

La primera circunstancia comprende y libera, la segunda ata y encadena.

Tipo de “muerte”: Este factor es muy significativo pues, depende como haya sido la “muerte” de alguien, puede condicionar en mayor o menor medida el momento de su partida.

Es decir, no es lo mismo “morir” en una situación calmada o tranquila (muerte natural como se le llama) a hacerlo a través de una experiencia trágica o desgarradora. Muchas “muertes”, como en caso de accidentes graves, hacen que las almas, al abandonar sus cuerpos, lo hagan de forma brusca y violenta. Esto hace que salgan de los cuerpos en estado de shock o con esa tensión vibratoria generada por el suceso y queden en estados de no saber que ha pasado, de no comprender que les está pasando o simplemente no ser conscientes ni siquiera de que han abandonado su propio cuerpo.

Esto hace que se queden pululando por la realidad física intentando que los vean y llamando la atención de las personas que están en vida. Si no son conscientes, simplemente se quedan en un estado de pérdida de identidad e incluso pueden llegar a quedarse en bucle reviviendo el momento de su muerte, sobretodo en caso de accidentes o suicidios.

Cuando algo se queda por hacer: Esta opción seguramente sea la mas sonada. No en todos los casos, pero en muchos de ellos si que es un factor importante pues simplemente no trascienden porque algo se les quedó por hacer y hasta que no se les ayuda y se les hace entender no se marchan.

Condiciones emocionales y mentales: Cuando una persona abandona el cuerpo con carga energética densa de sus estados emocionales o mentales puede hacer que la misma alma se revele ante esa vibración y se deje consumir por esa misma energía. Esto hace que esa alma pueda buscar venganza o engancharse a las personas que están en vida con las que tenía ese tipo de vínculos emocionales. También puede ocurrir que la misma alma sea presa de su propia densidad energética generándole ataduras que no le permitan seguir con su camino y proceso.

Adicciones: Las personas que parten de este mundo con adicciones sin resolver son muy propensas a llevarse esos hábitos al “mas allá”. De este modo, lo que hacen es revivir esas adicciones a través de personas que puedan aportarles ese tipo de alimentación energética. Muchas personas en vida, se vuelven alcohólicas o adictas a cualquier otra cosa, pues están siendo utilizadas por este tipo de entidades que utilizan su energía para seguir alimentándose de ello.

Trabajos de «magia negra»: Aunque pueda sonar muy oscuro, tiene menos hierro del que parece. Simplemente, si una persona deja este mundo con algún tipo de trabajo de esta índole hecho, es un factor que puede dificultarle su partida pues la voluntad de ese mismo ser puede seguir siendo anulada y por lo tanto es la misma carga y densidad energética la que no le va a permitir seguir adelante. Con este tipo de trabajos las almas pueden ser utilizadas por otras entidades de los planos astrales para su beneficio, pues hasta que no recobran su propia identidad, son como títeres de otros, que es lo mismo que pasa con este tipo de trabajos energéticos incluso en vida: tu energía es anulada y manejada por quien te lo está realizando.

La decisión de no irse: Es así. Puede ser que, simplemente, no quieran marcharse por mucho que les ayudes. Es una decisión que debe ser respetada. Podemos explicarles y hacerles entender, pero nunca obligar. Esto no quiere decir que tengan que quedarse adheridos en nuestras auras o en nuestros hogares, pues sobre ello si que tenemos potestad. En caso de que un alma desencarnada decida no ser ayudado por nosotros, deberemos echarla de nuestra propia energía e invitarla, sin opción a quedarse, a que abandone tanto nuestro hogar como nuestro campo energético.

Creencias varias: Esto va muy ligado al apartado acerca de la religión y los dogmas. Por ejemplo, hay personas que no creen en nada y piensan que cuando “mueran” irán a la nada donde no hay nada mas. Y eso es lo que les ocurre. Si no trascienden se pueden llegar a quedar en un espacio donde no hay nada, no porque exista, sino porque es la creencia que el alma mantiene la que está creado esa realidad hasta en el momento en el que se da cuenta de que hay algo mas y trasciende esa ilusión.

Dependencias con los que han partido: Igual que ocurre con los vínculos emocionales, el seguir teniendo dependencia con los seres que han partido, también hace que dificultemos que puedan seguir en paz su camino. Cuántas personas no piden ayuda a su familiar que ya no está por algo que les está sucediendo en vida a ellos mismos. En realidad, eso es un sentimiento de falta y de dependencia. Debemos dejar y ayudarles a que sigan su camino en paz, pues todo lo que ocurren en la Tierra lo debemos solucionar los que estamos en la Tierra.

Si que puede ocurrir que una vez han trascendido esos seres queridos, en momentos puntuales o el tiempo que ellos consideren, puedan estar a nuestro lado como protectores, por ejemplo, en momentos en los que necesitamos un apoyo energético mas fuerte. Pero eso solo ocurre desde el amor y la libertad del Ser, de forma no forzada sin que nosotros estemos reclamando por ello.

Nivel de conciencia del alma: Este factor es muy importante ya que puede ser un mismo factor o ser un factor que de lugar a los anteriormente mencionados. Cuanta mas expandida sea la conciencia del alma mas conocimiento y sabiduría tendrá sobre si misma, por lo tanto estará mas despierta y con mas memoria. Esto ayuda a que en el momento de la partida tenga menos dificultades para saber hacia dónde debe dirigirse. En caso contrario, al no tener un entendimiento y una comprensión un alma que sigue dormida en su propia conciencia, es mas manipulable por todos los factores que hemos estado hablando.

En gran medida, esto son varios factores importantes a tener en cuenta, Seguramente hayan mas, pero los que principalmente me he encontrado han sido estos.

¿Y por qué ocurren todas estas cosas? ¿Por qué se quedan enganchados a los campos auricos de las personas? ¿Por qué se quedan enganchados también en los hogares? Pues por el simple hecho de que si no han trascendido, para subsistir como entidades necesitan alimentarse de una fuente energética, la que sea.

De ahí que se alimenten de la energía áurica de las personas, de los familiares, de los lugares de residencia donde vivían o donde trabajaban, así como de personas que les puedan dar alimento a través de adicciones.

Es importante soltar, ayudarles a que vuelen, a que regresen a su propia fuente siempre para reencontrarse con su verdadero Ser que ya está en ellos, simplemente, por cualquiera de los motivos mencionados, no se dan cuenta por ellos mismos de qué y quién son.

La luz siempre está ahí, solo hay que hacerla consciente para que nos ilumine el camino de nuevo…

FUENTE: https://jablanquez92.wixsite.com/essentialpath/single-post/2017/03/09/QUÉ-SON-LAS-ALMAS-DESENCARNADAS-Y-POR-QUÉ-PUEDEN-QUEDARSE-ATRAPADAS