EL ORIGEN DE LAS HADAS – TEORIAS

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Existen varias teorías sobre el origen de las hadas. Una de las mejores argumentadas es la que identifica a las hadas con los muertos o las relaciona con los reinos de ultratumba.

Según Robert Kirk (1644-1692)“Los Knowes” – (palabra escocesa que se refiere a un túmulo o a las ruinas enterradas de un castillo) – feéricos cerca de los cementerios estaban habitados por almas de muertos que esperaban reunirse con sus cuerpos el Día del Juicio Final. El pequeño tamaño de las hadas puede explicarse por la creencia de que el alma era como una réplica en miniatura del cuerpo humano en el que habitaba. El alma podía emerger por la boca del cuerpo cuando dormía o estaba inconsciente, muriendo éste en caso de que el alma no volviese a su morada.

El rey feérico del Ulster, Finvarra, se consideraba a veces el rey de los muertos.

La siguiente leyenda irlandesa, puede servir de ejemplo:

  • “”Un pescador, llamado Hungh King, que regresaba tarde de su trabajo la víspera de todos los Santos, lo cual no es recomendable, se vio atrapado en una feria de hadas y observó que todos los que danzaban eran personas muertas que había conocido antaño. Finvarra y su esposa llegaron a la feria en una bella carroza tirada por cuatro caballos blancos:

Él era un grave caballero vestido de negro y su hermosa dama llevaba un velo plateado sobre el rostro.””

Una segunda teoría defendida por Robert Kirk (n.1800) en The Testimony of Traditión (1890), considera que la creencia en las hadas es un recuerdo de una raza primitiva obligada a esconderse ante el avance del invasor.

Otros consideran que hadas y elfos son dioses menores o espíritus de la naturaleza que han sufrido un proceso de decadencia. Recordemos que las tradiciones irlandesas nos cuentan lo siguiente en relación con sus hadas-(teoría que enlaza de alguna manera con la de Mac Ritchie-:

“Se considera que Irlanda fue habitada por oleadas sucesivas de diferentes pueblos que se desplazaban unos a otros. Los primeros fueron los Firbolgs, que derrotados y expulsados se consideraron las primeras hadas de la isla, pero tenían un aspecto grotesco, parecido al de los gigantes. Más tarde llegaron los Tuatha de Danann, el pueblo de la diosa Dana, que a su vez fueron también desposeídos. Era éste un pueblo con grandes conocimientos de magia, y se convirtió en un pueblo feérico heroico.

Por último aparecieron los Daoine Sidh, que eran los dioses caídos de los Tuatha de Danann, conocían bien la magia, eran muy bellos y altos, casi como dioses; sin embargo, fueron disminuyendo gradualmente de tamaño hasta convertirse en el pueblo llamado de la “Gente Diminuta” Se dedicaban a los placeres y ocupaciones propios de los caballeros medievales. Su pequeño tamaño no era irreversible, pues si lo deseaban podían adquirir la talla de un ser humano, o incluso mayor. Sus residencias eran en general subterráneas o subacuáticas. Este pueblo élfico, los Daoine Sidh, resultaría, pues, de una involución de la envergadura moral y física de una raza de origen divina.”

Una teoría cristiana considera que hadas y elfos son ángeles caídos. (Veamos lo que cita al respecto Lady Wilde):

  • “Los isleños, como todos los irlandeses, creen que las hadas son los ángeles caídos que fueron expulsados del cielo por el Señor Dios a causa de su orgullo pecaminoso. Y algunos cayeron al mar, y otros a tierra firme, y otros en lo más profundo del infierno, y a éstos el diablo les da conocimiento y poder, y los envía a la tierra, donde obran mucho mal. Pero las hadas de la tierra y el mar son en su mayor parte seres bondadosos y bellos, que no causan daño alguno si se les deja en paz y se les permite danzar en los “Raths” feéricos a la luz de la luna con su dulce música, sin ser molestados por la presencia de mortales.”

Todavía hay otra leyenda que participa de la misma idea:

  • “El Ángel Orgulloso fomentó una rebelión entre los ángeles del cielo, donde él había sido una de las luminarias principales. Declaró que iría a fundar un reino para sí. Al salir por la puerta del cielo, el Ángel Orgulloso, con sus talones, hizo brotar relámpagos retorcidos y penetrantes del escalón de la puerta. Muchos ángeles le siguieron – tantos que el Hijo acabó por exclamar: *¡Padre, Padre, la ciudad se nos está vaciando!*. Tras lo cual el Padre ordenó que las puertas del cielo y las puertas del infierno se cerraran, cosa que se hizo al instante. Y los que estaban dentro se quedaron dentro, y los que estaban fuera se quedaron fuera, mientras que las huestes que habían salido del cielo y no habían llegado al infierno todavía, volaron al interior de las cavernas de la tierra, como los petreles de las tormentas.”

Hay una última teoría, que analizada con más detenimiento, considera que hadas, elfos, sílfides, ondinas, salamandras y gnomos son seres bien reales del universo intermedio.

  • *El citado pastor Kirk dice: “Estos elfos o siths, son de una naturaleza intermedia entre los hombres y el ángel, como los antiguos lo pensaron de los daimons; de espíritu inteligente y curioso cuerpo ligero y fluido, algo de la naturaleza como una nuve condensada, y más bien visibles en el crepúsculo*.

Los cabalistas también se interesaron por ellos, consideraban que no estaban dotados de una individualidad definida. Poseían, como los animales, un “alma-grupo”, genérica del conjunto de la especie. Viven durante siglos, incluso milenios, pero mueren. Su muerte es trágica e irreversible, pues no poseen alma inmortal como los humanos. A causa de ello no conocen el “libre albedrío”, ni distinguen el bien del mal, actúan por el impulso del momento, no son ni buenos ni malos sino amorales, y desconocen las consecuencias buenas o nefastas de sus actos. El deseo de lograr un alma inmortal por alguno de estos Espíritus Elementales, que no se contentan con su longeva y despreocupada vida pero cuyo fin es total y sin esperanza, es lo que les lleva en ocasiones a intentar casarse con algún mortal. Esta estrategia es la que narran bellos cuentos tradicionales.

Uno de los más destacados es “Ondina” de La Motte-Fouqué(1777-1843), en el que se explica cómo estas criaturas pueden alcanzar un alma si un humano se enamora y desposa alguna de ellas; por el sacramento del matrimonio, el Elemental entra en el estado central humano, con todas las consecuencias morales que ello conlleva.

Queremos destacar algunos párrafos de Frithjof Schuon (1907-1998), pensador metafísico y gran conocedor de las diferentes religiones. El autor precisa lo siguiente en relación con el Reino Intermedio:

· Pero el monoteísmo nunca llegará hasta el punto de englobar en el Orden Divino el mundo infraángelico, el de los “espíritus”, es decir, de las criaturas psíquicas; nunca aceptará, pues, lo que podríamos designar con el término “panteísmo” (Para el chamanista -pues son ellos los “panteistas” tradicionales-, Dios se sitúa por encima del mundo pero lo penetra y se manifiesta “conscientemente” a través de los ángeles y los espíritus — como las sílfides, las salamandras, las ondinas o los gnomos. Paracelso trató sobre este género de criaturas; son los Elfos de los escandinavos y los Jînns de los árabes. Las hadas y las peris, genios femeninos, pertenecen a la misma categoría –) El hecho de que este “panteísmo” esté ligado a la magia se comprende sin dificultad si se tiene en cuenta la función prácticamente divina que adoptan para él los “espíritus”.

Este párrafo es importante pues aclara el ámbito tradicional en el que se han tenido en cuenta a estos seres sutiles, a medio camino entre los hombres y los ángeles. Ellos fueron considerados y formaban parte de su tradición religiosa con pleno derecho, en primer lugar en las religiones chamánicas, tales como el Shintoismo del Japón o la religión de los Indios de las Praderas de América del Norte; igualmente los han tenido presentes las religiones politeístas, pues estas tradiciones incluyen dentro del Orden Divino esta última irradiación de Dios, que es la penetración de Éste en nuestro cosmos.

La tradición grecorromana, como la de los celtas y germanoescandinavos antes de la llegada del cristianismo, concebía esta entrada “consciente” de Dios en nuestro universo – a pesar de que Dios al mismo tiempo se mantiene trascendente- a través de los ángeles y espíritus elementales, éstos eran todavía una prolongación del rayo divino y por ello eran venerados como divinidades menores, como lo fueron las ninfas griegas y romanas, por ejemplo. Los monoteísmos, que ponen todo el acento en la trascendencia divina en detrimento de la Inmanencia de Dios, no mencionan a estos seres, pues no desean dar cuenta de realidades no esenciales para la salvación de las almas y se centran únicamente en el universo humano, excluyendo todo lo que está fuera de él.

En la Europa cristiana estas entidades intermedias que antaño habían tenido su lugar en el seno de su tradición politeísta fueron olvidadas y estigmatizadas, pero perduraron en el ámbito popular, pues la memoria de las antiguas costumbres y experiencias no podía borrarse fácilmente.

Por lo demás, los contactos entre los seres humanos y los Elementales cada vez son y serán mas escasos a causa del principio cósmico de solidificación que consiste en que los diferentes niveles cósmicos – material psiquico y espiritual – se separen cada vez más netamente conforme avanza el ciclo cósmico. A causa de este principio, y otras causas como el punto de vista tradicional antes citado, el mundo sutil o psíquico no tiene en nuestros días casi ninguna vinculación con el material, no están interrelacionados como lo estuvieron en épocas pretéritas. Citemos a Frithjof Schuon:

· Los relatos antiguos y medievales proporcionan numerosas ilustraciones –convincentes para quien concibe este orden de posibilidades—de esta “transparencia” de la materia, o de esa interpenetración del estado material y el estado sutil : los Ángeles y los espíritus solían manifestarse entonces en ciertas circunstancias: Lo maravilloso estaba” a la orden del día”, si cabe expresarse así; la materia no era todavía el caparazón impenetrable en que se ha convertido en el curso de este último milenio y sobre todo en el curso de estos últimos siglos, correlativamente el endurecimiento mental de los hombres. En las épocas primigenias, las analogías cósmicas eran todavía mucha más directas que más tarde; el sol era mucho más directamente “divino” que en las épocas mas “solidificadas”, y la misma observación vale para todos los fenómenos destacados de la naturaleza: astros elementos, montañas, ríos lagos, bosques, piedras, plantas y animales; la “geografía sagrada” conservaba toda su eficacia espiritual.

Podemos completas estas explicaciones con algunos ejemplos de las mismas verdades pero en lenguaje mitológico. Se trata de dos relatos que ilustran muy bien lo expuesto.

El primero, basado en la Cosmogonía de Hesíodo (s.VIII a J.C.), resume así:

· Tierra y el Cielo se unieron en el origen para dar nacimiento al universo y a los dioses que vivían en cada uno de los cuatro elementos: el aire, el fuego, el agua y la tierra. Los cuatro elementos formaban, pues, la morada primera de los dioses. Los más poderosos de ellos subieron después al cielo, mientras que las divinidades secundarias, es decir, las hadas y los elementales, siguieron viviendo en los elementos.

El mito expresa cómo los Dioses vienen a animar el universo recién creado, primigenio, — y por ello todavía casi divino – para luego retirarse de él, dejando como últimos vestigios las divinidades de orden menor que quedan en la tierra para continuar vivificándola.

Todavía más clara nos parece la siguiente imagen de la Mitología Nórdica, que se refiere precisamente a la génesis de los elfos:

· Otras leyendas surgidas de la Edda cuentan que la creación de la tierra se remonta a la muerte del gigante Ymir, muerto por los dioses que temían ser destronados por él.

A fin de ocultar su crimen, los Inmortales cortaron el cadáver gigantesco en trozos, que esparcieron por el vasto mundo.

Así fue como la barba del gigante dio nacimiento a los bosques, su frente se convirtió en el cielo y sus cabellos se transformaron en nubes. Su columna vertebral y su espalda engendraron las montañas, su sangre formó los océanos, su piel y su carne se cambiaron en tierra, mientras que sus huesos se coagularon formando piedras y metales. Del gigante Ymir ya no quedaba nada, pero de su cuerpo sacrificado había nacido un mundo. Un mundo que los dioses pretendieron haber creado completamente – transformando así su crimen abominable en un acto de amor –. Pero no habían previsto una cosa: que el cuerpo de Ymir se descompondría, produciendo un hormigueo de gusanos que pronto invadió la tierra, los bosques, los océanos y el cielo. Al aparecer en la superficie del cuerpo de Ymir – un cuerpo con las dimensiones del universo creado –, los gusanos reflejaron por un instante la imagen de los dioses inclinados sobre ellos, y esta imagen se imprimió para siempre en su ser. Así fue como los gusanos se volvieron semejantes a los dioses –pero a escala microscópica–, dando nacimiento a la familia de os elfos.

De acuerdo con la propia naturaleza, algunos de estos elfos se sumergieron en las entrañas de la tierra, del lado del frío y la sombra, mientras que los otros intentaban volver a los cielos, el calor y la luz. Así se formaron por una parte los elfos negros, o elfos de las tinieblas, y por el otro, los elfos claros, o elfos de luz – el equivalente, en la mitología cristiana, a los demonios y los ángeles.

Los elfos de luz evolucionaron libremente a la luz del día. Son alegres, graciosos y benévolos, mientras que sus congéneres negros, lúgubres y maléficos, evolucionan en las profundidades subterráneas. Los elfos de luz corresponden a las divinidades solares y celestes; los elfos de las tinieblas a las divinidades ctónicas y telúricas, por no decir infernales.

Los elfos nacidos del cuerpo de Ymir – que simboliza el cosmos –, a pesar de su alejamiento de los dioses –en origen son gusanos–, llevarán en sí esa marca de luz divina –por impresión de la imagen de los dioses en ellos—que hará que los elfos seres sutiles y llenos de inteligencia, gracias a ellos, todas esas cualidades divinas en ellos impresas se introducirán en todo el universo, confiriéndole su belleza, su coherencia y sus leyes. Sin esta penetración de lo Divino en el universo, éste seria pesado e inerte como un cadáver, sería materia bruta sin cualificar.

Esta concepción del universo ninguna civilización tradicional la ha aceptado. Sólo nuestra época materialista ha considerado válida una visión del cosmos carente de significado y limitada a fenómenos tangibles.

Fuente:Elfos y hadas en la literatura y el arte

Montaje y Recreación:

FUENTE: https://sites.google.com/site/mimundolasleyendas/Home/mundo-feerico–seres-magicos

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