08/09/2020

LA INICIACION Y LOS OFICIOS (PARTE II)

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El ser, en efecto, habiendo realizado plenamente las posibilidades de las que su actividad profesional es sólo una expresión exterior, y teniendo así el conocimiento efectivo de lo que es el principio mismo de esta actividad, desde este momento realizará conscientemente lo que al inicio sólo era una consecuencia muy «instintiva» de su naturaleza; y así, si el conocimiento iniciático, para él, ha nacido del oficio, éste último, a su vez, se volverá el campo de aplicación de aquel conocimiento del cual ya no podrá ser separado. Habrá entonces una correspondencia perfecta entre lo interior y lo exterior, y la obra producida podrá ser, ya no solamente la expresión en un grado cualquiera y de forma más o menos superficial, sino la expresión realmente adecuada de quien la habrá concebido y ejecutado, lo cual constituirá la «obra maestra» en el verdadero sentido de esta palabra.

Es evidente que lo anterior está muy lejos de la pretendida «inspiración» inconsciente, o subconsciente, si así se desea, en la que los modernos quieren ver el sello del verdadero artista, considerándolo superior al artesano, según la distinción más que criticable que tienen la costumbre de hacer, Artista o artesano, el que actúa bajo semejante » inspiración» , en todo caso, no es más que un profano; muestra sin duda con esto que lleva en sí algunas posibilidades; sin embargo, mientras no haya tomado efectivamente conciencia de ellas, aún cuando alcance lo que se ha convenido en llamar el «genio», esto no cambiará nada en él; y por no poder ejercer un control sobre estas posibilidades, sus logros sólo serán, por decirlo así, accidentales, lo que por otra parte se reconoce corrientemente diciendo que la «inspiración» a veces falta.

Todo lo que se puede conceder, para comparar el caso que tratamos con aquél donde interviene un conocimiento verdadero, es que la obra que, consciente o inconscientemente tiene de verdad su origen en la naturaleza de quién la ejecuta, no dará jamás la impresión de un esfuerzo más o menos penoso que acarrea siempre alguna imperfección, porque es algo anormal; al contrario, obtendrá su misma perfección de su conformidad con la naturaleza, lo que implicará por otra parte, de forma inmediata y por decirlo así necesaria, su exacta adaptación al fin al que está destinada.

Si ahora queremos definir con más rigor el dominio de lo que se puede llamar las iniciaciones de oficio, diremos que éstas pertenecen al orden de los «misterios menores», puesto que están vinculadas con el desarrollo de las posibilidades que le corresponden específicamente al estado humano; lo anterior no es el fin último de la iniciación, no obstante constituya obligatoriamente su primera fase. En efecto, es necesario que este desarrollo al inicio se realice en su integridad, para permitir luego superar este estado humano; sin embargo, es evidente que, más allá de este último, las diferencias individuales en las que se apoyan las iniciaciones de oficio, desaparecen por completo y ya no podrían desempeñar ninguna función.

Como hemos explicado en otras ocasiones, los «misterios menores» conducen a la restauración de lo que las doctrinas tradicionales designan como el «estado primordial»; pero, tan pronto como el ser alcanza este estado, que todavía pertenece al dominio de la individualidad humana (y que es el punto de comunicación de éste con los estados superiores), desaparecen las diferencias que dan origen a las diversas funciones «especializadas», aunque todas estas funciones tengan igualmente su origen en él o, más bien, por eso mismo; y en realidad es a este origen común que es indiscutiblemente necesario remontarse para poseer en su plenitud todo lo que supone el ejercicio de una función cualquiera.

Si examinamos la historia de la humanidad tal y como la enseñan las doctrinas tradicionales, de acuerdo con las leyes cíclicas, debemos decir que, en el origen, al tener el hombre la posesión plena de su estado de existencia, tenla naturalmente las posibilidades que le corresponden a todas las funciones, antes de cualquier distinción de éstas. La división de las funciones se produjo en un estado sucesivo correspondiente a un estado ya inferior al «estado primordial», pero en el que cada ser humano, a pesar de tener solamente algunas posibilidades determinadas, tenla todavía espontáneamente la conciencia efectiva de estas posibilidades.

Es sólo en un periodo de mayor oscurecimiento cuando esta conciencia llegó a perderse; y, desde entonces, la iniciación se volvió necesaria para permitir al hombre volver a encontrar con esta conciencia el estado original al que es inherente; este es en efecto el primero de sus objetivos, aquél que la iniciación se propone de forma más inmediata.

Para que sea posible, esto supone una transmisión que se remonta, a través de una aquo;cadenalaquo; ininterrumpida, hasta el estado que debe ser restaurado y así, progresivamente, hasta el mismo «estado primordial»; sin embargo, la iniciación no se detiene ahí, y no siendo los «misterios menores» más que la preparación para los «misterios mayores», es decir para la toma de posesión de los estados superiores del ser, es necesario remontarse aún más allá de los orígenes de la humanidad.

En efecto, no hay iniciación verdadera, incluso en el grado más bajo y más elemental, sin la intervención de un elemento «no humano», que es, según lo que hemos expuesto con anterioridad en otros artículos, la «influencia espiritual» comunicada regularmente por medio del rito iniciático.

Si esto es así, evidentemente no hay motivos para buscar «históricamente» el origen de la iniciación, cuestión que por lo tanto parece sin sentido, ni, por otra parte, el origen de los oficios, de las artes y de las ciencias, considerados en su concepción tradicional y ‘1egítima», puesto que todos a través de las diferenciaciones y de las adaptaciones múltiples, pero secundarias, derivan igualmente del «estado primordial», que los contiene todos en principio, y que por esta razón, se unen con los otros órdenes de existencia, más allá de la humanidad misma, lo que es por otra parte necesario para que puedan, cada uno en su rango y según su medida, contribuir efectivamente a la realización del plan del Gran Arquitecto del Universo

FUENTE: http://libroesoterico.com/biblioteca/masoneria/Grado%20de%20Aprendiz%20Mason%20Tomo%201.pdf