La simbología masónica

            Todo lo humano rebosa simbolismo; mucho más lo masónico. En una de las visitas del autor a una exposición en la que se escenificaba una logia con sus tres columnas en la sede del Grande Oriente Francés (París) la “guía me explicaba que las tres columnas se referían a la Masonería visible, pero que existía allí mismo una cuarta columna sólo visible a la luz masónica que naturalmente yo no poseía. `Entonces –le pregunté, dado su alto grado en la Orden- ¿usted la ve?´ Sin vacilar me respondió: `Naturalmente, aunque sólo en el plano de los símbolos´” (p. 352). He aquí algunas de sus manifestaciones.

a) Los símbolos verbales

            i) La jerga masónica. La palabra, por su misma etimología, es una “parábola (> gr. parabolé)” o “lo lanzado hacia fuera”, una “proyección” exterior, sensible, de lo mental y, a la vez, una referencia a lo invisible. Como todos los signos, consta de significante y significado. El significante es lo audible de la palabra pronunciada y lo visible de la escrita. El significado es como el alma encarnada en el cuerpo o significante; se estructura en varios estratos: el conceptual, el psíquico-afectivo, el simbólico cultural. Las palabras “masón, masonería”, tecnicismos de origen francés/inglés, incorporados ya al léxico español, originariamente significaban “albañil, albañilería”, alusión evidente a la “masonería operaria” o constructora de catedrales, monasterios e iglesias en el Medioevo.

            Los albañiles, sobre todo los cualificados, estaban organizados en cofradías de impronta cristiana que celebraban las fiestas de sus santos patronos, participando en una Misa, en la comida de confraternización, etc. A lo largo del s. XVII fueron “aceptados” otros profesionales (abogados, cirujanos, mercaderes, filósofos, etc.) que, con el tempo, se impusieron de modo exclusivo. Así se incubó la “masonería especulativa”, o sea, la masonería actual, cuya partida de nacimiento fue expedida el 24 de junio del año 1717. Desde entonces “masón, masonería” son palabras dotadas de un significado metafórico, técnico.

            Todas las palabras, usadas o no por la masonería, son símbolos o signos compuestos de significante y de significado. Pero la simbología de algunas es específicamente masónica en cuanto solo son inteligibles desde la jerga o lengua especial de un grupo social diferenciado, el masónico. Prescindo ahora de su alfabeto que llama la atención por su sencillez, la facilidad de su memorización y el juego de las mismas figuras geométricas con o sin punto, así como por el predominio de dos tan masónicas como la escuadra y el triángulo [7]. Me refiero a tecnicismos o palabras portadoras de un valor semántico de curso legal sólo en el ámbito masónico, por ejemplo: “valle” = cada región o subdivisión de una nación, “tenida” = reunión reservada a los masones, “tenida blanca” = reunión masónica a la que pueden asistir uno o más no masones, “tronco de proposiciones” = caja cerrada en la que los masones depositan las “planchas, piezas de arquitectura”, o sea, los trabajos intelectuales (cartas, artículos, documentos escritos) ordinariamente leídos y corregidos en las tenidas y que a veces se publican en los periódicos; ”alzar” y “abatir columnas” = la apertura o clausura de los trabajos en la logia conforme al ritual, “durmiente” = el masón que obra como si no lo fuera, pues no cumple con sus obligaciones (no asiste a las reuniones, etc.) [8]; “pólvora” = licores, “llana” = cuchara (“pala” en algunos ritos), “recibir la Luz” = ser iniciado en la masonería, “de los pasos perdidos” = pasillo o vestíbulo de la logia, en el cual no puede hablarse de religión ni de política, etc. ¿Quién ha puesto este nombre al pasillo de acceso al hemiciclo del Congreso de los Diputados españoles (Madrid)?

            ii) La “palabra perdida”. Si todas las palabras de cualquier idioma son simbólicas, mucho más las masónicas, y, entre todas ellas, la llamada “palabra perdida”, clave de las creencias religiosas de los masones, sobre todo en la masonería “regular”, la nacida en 1717, llamada así porque “se regula” por unas normas y principios de obligado cumplimiento (los Landmarks = “mojones”), conocida también como “masonería inglesa, Grandes Logias”. En la mitología tradicional de la masonería se refiere a los secretos del arquitecto del templo de Jerusalén: Hiram Abiff, que se habría perdido cuando este fue asesinado. El rey Salomón habría ordenado reemplazar la palabra perdida por otras provisionales. Figura en el rito iniciático del Arco Real [9]. La palabra perdida, encontrada por la masonería, sería el verdadero nombre propio de Dios, nombre sincrético y pagano: JAHBULON, compuesto de JAH (nombre hebreo: Yahweh y caldeo de Dios), BUL (abreviatura siriaca de “Baal”, joven dios mistérico cananeo, que significa “Señor, Poderoso”) y ON (palabra egipcia, abreviatura de Osiris-Apis en la religión telúrico-mistérica de Isis en el antiguo Egipto). Un caso paradigmático de sincretismo religioso, concorde con el talante de la masonería, empeñado en descubrir y aceptar lo común a todas las religiones. Al ser descubierta la palabra perdida de la masonería por Hannah, Knight, etc., y quedar patente su incompatibilidad con el cristianismo, la masonería regular, abrumada por las críticas, “recomienda al Supremo Capítulo la supresión en el ritual de toda referencia a la palabra (perdida: Jahbulon)” en el año 1989, si bien se ha conservado en varios ritos y rituales. ¿Pero es verdad que la han substituido por “Jehová”, el nombre de Dios en el judaísmo? ¿Si lo es, la han seguido todas las Grandes Logias (al menos 160) vinculadas a la inglesa? Pero “la trama paganizante y neognóstica de los Rituales masónicos se mantenía prácticamente completa, incluso en el resto del Ritual mutilado (p. 399)”. “Mientras invocar el nombre falso de Dios es idolatría, invocar falsamente el nombre de Dios verdadero es blasfemia” (Clifford Longley) (p. 390).

b) Los símbolos gestuales

            Se llama “retejar” la forma peculiar de saludarse, específica de los masones, o de reconocerse en y fuera de la logia, mediante los “toques” (dar con el dedo pulgar de la mano derecha tres golpecitos en la primera falange del índice del otro, real o supuesto masón) mientras se le estrecha la mano. En la iniciación del primer grado el Maestro explica este y otros gestos (asentimiento o promesa, orden, etc.) con o sin palabras. Está comprobado que la señal de détresse, o “de desamparo y socorro” (mano perpendicular y pegada a la garganta, etc.), por la cual se pide auxilio a otros masones, ha sido eficaz tanto en tiempo de guerra como de paz, aunque para ello hayan tenido que ser violadas las leyes civiles [10].

c) Los símbolos cósicos de la masonería


            En la masonería, además de los verbales, abundan los cósicos, o sea, las cosas u objetos cargados de valencias simbólicas. Baste enunciar los principales:

            – La escuadra, el triángulo, la plomada

            – El mandil o delantal, simbólico del “trabajo” (masónico) con sus signos distintos en los diferentes grados (dos, tres rosetas azules en los grados 2º y 3º; la tau griega invertida en los demás grados, etc.).

            – Las llamadas “joyas”, es decir las insignias características de cada cargo.

            – El suelo ajedrezado, las columnas, los 3 grandes candelabros, el friso adornado por un cordel con nudos, el hemiciclo de bóveda azulada y estrellada (7 estrellas), al cual se asciende por 3 peldaños, el mallete o mazo, una espada flamígera, un peñasco o piedra [11], etc., de la “logia, templo o cámara”, o sea, la sala o lugar en reunión

FUENTE: https://www.almudi.org/articulos-antiguos/7465-la-masoneria-invisible-i-simbolos-grados-y-organizacion-manuel-guerra