POLITICA E INMIGRACION

Entrevista a Juan Guaidó por Alonso Moleiro – La Gran Aldea

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Aunque luce particularmente expuesto en estos días, y la pandemia del coronavirus parece atentar en contra de su estrategia de asedio al andamiaje del gobierno chavista, Juan Guaidó no abandona el tono altanero en contra de Nicolás Maduro.

Por: Alonso Moleiro / La Gran Aldea

El político guaireño parece haber regresado de su gira internacional de febrero con un plan en la cabeza: Provocar un cortocircuito que le abra paso a unas elecciones presidenciales decentes y una consulta legislativa confiable. De su discurso se desprende que las graves contingencias sanitarias de estas semanas no van a producir modificaciones en su proyecto. Reivindica el trabajo de su despacho para atender la Emergencia Humanitaria Compleja en el país, y descree de aquellos que le proponen una tregua con Maduro en el contexto de la pandemia. “Estamos dispuesto a hacer lo necesario por proteger a nuestra gente, pero sin hacerle un favor a la dictadura”.

-Se va a cumplir un año del procedimiento militar del 30 de abril de 2019. Ha sido un capítulo muy criticado dentro de las filas opositoras. ¿Cuál es su balance personal de aquel episodio?

-Era un llamado a un sector clave para generar la transición, el sector militar, que sigue siendo clave por múltiples razones. Generó una brecha para la dictadura, visto en perspectiva. Nos permitió establecer unos puentes, interlocución con las Fuerzas Armadas. Se vio reflejado no solo en el papel del general Christopher Figuera, director general del Sebin, sino incluso en comandantes de batallones. Claro que nada eso ha sido suficiente.

-¿No constituyó un error aquel procedimiento, como lo afirman algunos de sus críticos?

-No lo fue, no necesariamente. Fue un intento, como otros que hemos hecho. El único exitoso será el que termine de consolidar la transición política. La interacción con la Fuerza Armada es parte de este proceso, he hablado bastante de construir capacidades. No será completamente voluntario, porque sino ya hubiese ocurrido. Es una combinación de presión y de incentivos que hagan gobernable una transición.

-¿Se mantiene hoy esa interlocución con las Fuerzas Armadas?

-Nos esforzamos especialmente para poder llevarles el mensaje. Es un esfuerzo. No es nada sencillo en medio de la persecución desplegada. El capitán de corbeta Rafael Acosta Arévalo fue asesinado en medio de torturas, no lo olvidemos. Los cubanos tienen un trabajo de contrainteligencia fuerte en la Fuerza Armada.

-Este movimiento militar antinarcóticos que anunció Estados Unidos ha sido interpretado -muy prematuramente- como la antesala a una invasión militar en el país. ¿No deja a la sociedad democrática, y a usted, a merced del chavismo en el frente interno?

-Estamos, sin duda, absolutamente expuestos los venezolanos, todos los días, a la dictadura de Maduro. Quienes tienen hambre y deben producir lo que comen al día, expuestos a la pandemia, también lo están. Los periodistas están expuestos; los políticos; mi propia familia. Pero eso no nos detiene. Lo que se ha anunciado ha sido una estrategia general articulada con nuestros aliados internacionales. Nosotros no estamos jugando. Representamos una alternativa de millones de personas, presentamos un plan coherente al país y al mundo. Tuvo una primera expresión en las proposiciones que hicimos luego de la mediación del Reino de Noruega. Hemos caracterizado a esta dictadura, sus vínculos con el narcotráfico, que son muy evidentes. Ya hemos quemado la etapa de apelar a la buena fe de la dictadura, estamos claros. Hemos hecho varias propuestas importantes. Esta es una apelación a las capacidades del pueblo, del mundo, al acompañamiento internacional.

-¿Qué debe esperar la población del planteamiento que hace Estados Unidos?, ¿cómo se traduce esa medida en los hechos?

– Que vamos a escalar a donde sea necesario para lograr la libertad de nuestro país. Hemos privilegiado en todo este esfuerzo las opciones que generen estabilidad, gobernabilidad, una transición ordenada. Pero como lo hemos dicho varias veces, Venezuela ya está pagando un costo social altísimo, sin precedentes, que nos coloca a la vera de una catástrofe no imaginada. Estamos poniendo en primer lugar al venezolano y por eso aquí todas las opciones tienen que contemplarse.

-¿Vienen más decisiones parecidas a esa?

-Sí. He dicho que no estamos jugando.

-Hay inquietud en algunos sectores de la oposición en torno al uso que se le pueda dar a los fondos internacionales vinculados a la Presidencia interina en la atención a la pandemia. Se reclama mayor transparencia y contraloría. Que no se repita un episodio como el de Cúcuta.

-No podemos tenerle asco a la administración pública, comprendo que existan reservas en algunas personas con la generalizada corrupción de los años del chavismo. Los casos de corrupción de Maduro tienen los montos y daños patrimoniales más graves de la humanidad, y no exagero con lo que afirmo. Hay un ambiente hostil comunicacionalmente, pero tenemos que hacer la diferencia. Lo que hubo en el caso de Cúcuta es ruido. Es un caso que hemos explicado muchas veces. El Gobierno encargado no va a manejar recursos como tal, va a asignar proyectos. No tenemos capacidades para ejercer la administración pública, son órganos secuestrados por la dictadura. Hemos buscado alternativas, que sea la OEA quien administre los recursos. Hay que garantizar la transparencia de la atención directa en los sectores vulnerables, cosa que va a tomar su tiempo por la complejidad de la operación, porque hay que evitar que persigan a quien esté recibiendo un beneficio del Gobierno encargado. Los otros dos elementos, fortalecer la contraloría, las instituciones, y vencer la censura, el cerco de la dictadura para sobrevivir.

-Un grupo de políticos, activistas civiles y académicos han presentado un documento en el cual se le exige al chavismo y a la oposición deponer actitudes y promover un acuerdo mínimo para atender la pandemia. Que la polarización política no se olvide de los ciudadanos. Uno de sus promotores ha sido Henrique Capriles. ¿Qué piensa usted?

-Es una iniciativa noble de un sector de la sociedad civil que tiene un error de arranque: Equipar las responsabilidades y las posibilidades de una dictadura con vínculos con el narcotráfico y el terrorismo que ya ha negado la existencia de una crisis humanitaria, y que miente constantemente, a un Gobierno encargado perseguido por la dictadura, sin recursos propios, que hace un trabajo sobrehumano para poner a disposición de la población las herramientas que tiene. Cómo ha llegado la dictadura a niveles de contradicción que ha aceptado ayuda humanitaria a través de OSHA con donación de los Estados Unidos. Ahí está la buena pro, además, de la Unión Europea, de los aliados internacionales sensibilizados con la Emergencia Humanitaria Compleja ahora agravada con la pandemia. Estamos dispuestos a hacer lo necesario por proteger a nuestra gente, sin hacerle un favor a la dictadura. Sé que muchos de quienes firman ese documento lo hacen de buena fe. Pero es hacerle un favor la dictadura equiparar su carga y responsabilidad con el Gobierno encargado. Son 20 años de corrupción, abusos, persecuciones.

-Hay sectores que opinan que la Presidencia interina ha equivocado la estrategia en el marco de la pandemia, porque no se trataba de competir con Maduro, o simular tener un poder que no se tiene, sino de señalar sus errores, de hacerle contraloría.

-Es un análisis válido, son opiniones. Hemos partido del principio de que hay que construir capacidades. Reconociendo que no dominamos de facto el aparato del Estado, el Ejecutivo. La dictadura secuestra los poderes públicos y al Estado. Esta es una dictadura fallida que no puede controlar su desastre, que acabó con la moneda nacional y con el salario. Podemos mejorar las estrategias para comunicar lo que hemos venido haciendo. A la dictadura hay que arrebatarle, una a una, las competencias que usurpa, así como su reconocimiento. Es lo que hemos estado haciendo y hemos obtenido logros.

-¿El coronavirus no fortalece el statu quo, no detiene el proceso que usted echó a andar luego de su gira de febrero?

-El coronavirus es un drama mundial que ha puesto en jaque a los sistemas de salud más desarrollados del mundo. Es una gran preocupación que agarre al arruinado sistema sanitario venezolano literalmente desnudo. Es una circunstancia que desenmascara de nuevo a la dictadura y sus millonarias campañas de propaganda, y que nos da la razón cuando hemos denunciado la existencia de una Emergencia Humanitaria Compleja. La dictadura está procurando usar la pandemia como un escudo de protección, como un justificativo. No hay gestión en materia de salud pública con todos los millones que administraron. Eso trastoca el contexto político, pero le confiere también sentido de urgencia a la búsqueda de una solución.

-Algunas personas objetan, o resienten, la influencia que pueda tener Leopoldo López en Juan Guaidó. Gente que opina que es una sombra contraproducente, que ha generado ruido y disensiones internas.

-Este tiene que ser un gobierno amplio, de bases amplias, no sólo en lo político sino en los sectores sociales del país. Por eso hemos consolidado un Comando Político Unificado, en el cual articulamos con todas las formaciones políticas, una de las cuales es Voluntad Popular, cuyo coordinador es Leopoldo López. Así como Julio Borges es el de Primero Justicia; Henri Ramos Allup es el de Acción Democrática, y María Corina Machado es la de Vente Venezuela. Esa percepción según la cual una persona en particular controla este proceso, o me controla a mí, es un sinsentido, no tiene asidero. He renunciado a mi militancia partidista en este momento para fortalecer mi autonomía y margen de acción. La transición política que aspira el país no será suficiente con todos estos partidos, sino que incluso habrá que buscar a algunos de los sectores que sostienen al dictador.

-¿Tendría usted objeciones a la propuesta de Mike Pompeo de apartarse de la Presidencia interina en una transición acordada?

-Eso no lo planteó Pompeo, esa es una propuesta nuestra en el marco de las negociaciones adelantadas gracias a los oficios de Noruega. La Unión Europea y Estados Unidos han hecho propia esta proposición y ese esfuerzo fue pateado por la dictadura. Ha sido presentado como una opción para levantar las sanciones. Hace 6 meses propusimos conformar un gobierno de emergencia nacional con un Consejo de Estado. La idea es que se puedan tomar las medidas de supresión de sanciones sin que los intereses de estos países aliados se vean afectados. La propuesta de Pompeo es un reconocimiento a nuestras gestiones y nuestro liderazgo. Estamos haciendo lo correcto, tenemos el apoyo del mundo civilizado y somos la aplastante mayoría de este país. Este no es un problema de bandos en conflicto, aquí hay una voluntad nacional, un país que quiere recuperar su dignidad, el estado de Derecho, la confianza. Mi lucha no es por una silla.

-¿Qué opina de los voceros de la oposición que cuestionan las sanciones y que lo responsabilizan a usted de sus efectos? Muchos de ellos afirman que gracias a las sanciones no hay gasolina, se profundiza la recesión y es la población la que sufre las consecuencias.

-¿Cuáles son las herramientas que tiene el mundo libre para enfrentar una dictadura? Los corruptos, violadores de Derechos Humanos, ladrones, deben ser sancionados, tienen una responsabilidad que pagar. Es más, a futuro estamos a favor de revisar, de fortalecer, los mecanismos internacionales de presión a este tipo de regímenes. ¿O vamos a permitir en el futuro que una tragedia como esta se repita en la región? Que una pequeña élite corrupta genere una emergencia humanitaria de estas proporciones. Más bien hemos sido lentos. Es, por lo menos, conservador, andar en esa disquisición de si las sanciones son o no útiles. Son parte de los mecanismos con los cuales contamos. Son insuficientes; a futuro hay que pensar en América Latina en cómo mejorar esa Carta Democrática. Si un país de la región latinoamericana está en peligro, todos lo están. El dinero venezolano se ha ido a Nicaragua y Cuba, a oprimir pueblos hermanos. Ahí están Rafael Correa, Lula, ladrones de esa envergadura que tienen que responder a la justicia por lo que han hecho.

-¿No hay espacios para una salida política a esta crisis?, ¿existe esa posibilidad?

-Los que desaparecieron de la política han sido el dictador y sus secuaces al negar la existencia del Parlamento de 2015, al rehuir al debate, a las interpelaciones, al cercenar de sus atribuciones constitucionales a la soberana Asamblea Nacional. A veces da risa escuchar a estos dirigentes opositores hablar del regreso a la política. Es en lo que hemos estado todo este tiempo. Lo hemos hecho con claridad, sin miedo, a pesar de la conducta que evidenciaron en la República Dominicana, o antes con El Vaticano. Estamos construyendo soluciones políticas, y claro que lo vamos a seguir haciendo. Esta propuesta que hemos adelantado, que ha respaldado Estados Unidos, Europa, Canadá, es precisamente un marco de trabajo para superar la emergencia. Lo que pasa es que no estamos apelando a la buena voluntad del dictador, alguien que no tiene palabra, que no piensa en el país. Ahí está la propuesta del gobierno de emergencia nacional, del Consejo de Estado paritario, garantías para todos, elecciones limpias en el corto plazo, fin de las sanciones, ayuda internacional.

-¿Por qué piensa usted que la cúpula militar no se aviene a una salida consultiva, pactada y no violenta?

-Creo que sí lo están considerando, en líneas generales. Entienden lo inviable que es el país en este momento. Con Maduro no hay futuro para nadie. Hay que seguir insistiendo. Si el 5 de enero de 2019 no nos creyeron que íbamos en serio, es hora de irlo haciendo. El mundo nos apoya, tenemos la determinación de seguir avanzando en la liberación de nuestro país por todas las vías posibles.

-Diosdado Cabello afirmó que si un marine ponía un pie en el país “vamos por ustedes”.

-Diosdado Cabello es un cobarde, al igual que Maduro. Se esconden detrás de una Fuerza Armada que no controlan. Usan grupos parapoliciales impresentables, como las FAES, que ya debieron haber sido eliminados. Ellos saben donde vivo; aquí estoy. Sé de los riesgos que afrontamos, los asumo. ¿Si uno no los asume, entonces quién? Mi familia los ha pagado. La soberbia de Maduro y Cabello nos ha arrastrado a esta penosa, terrible, lamentable, trágica situación. Nosotros no nos vamos a detener. Ojalá estas personas depongan estas actitudes primitivas y avancen por las buenas. Lo que no vamos a permitir es que la soberbia fanática de dos o cinco tipos nos tenga en este infierno.

-¿Cómo se siente Juan Guaidó año y medio después, si entonces parecía que sí se iba a lograr el “cese de la usurpación” y la transición política, y seguimos atascados en la misma situación?

-Diría que expectante. Por un lado, satisfecho, porque hemos logrado concentrar apoyos fundamentales dentro y fuera del país y acorralar a la dictadura. Tenemos el apoyo de nuestra gente, los venezolanos, como queda recogido en todas las encuestas. Yo soy un reflejo de esta sociedad, me crie en este país, en estas calles, me formé en sus universidades. Por otro lado, también me siento insatisfecho, no hemos concretado el esfuerzo, se ha prolongado el sufrimiento de nuestra gente. Eso se vive de distintas maneras: Mis colaboradores presos, mis familiares, mi hermano en el exilio, mi tío preso, mis amigos que quieren regresar.

FUENTE: https://www.costadelsolfm.org/2020/04/12/entrevista-a-juan-guaido-por-alonso-moleiro-la-gran-aldea/

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