09/22/2020

EN BUSCA DE LA VERDAD

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Estas letras van con dedicación especial a todos los Hermanos Masones esparcidos por el Universo, a los Caballeros de la Luz, que siempre andan en busca del conocimiento; los invito a que estudien la Obra de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln: EL ENIGMA SAGRADO.    S.: F.: U.:

 Ya hace tiempo, mucho tiempo, vivía en Aldea Grande  un hijo de la luz con su familia, compuesta por una mujer que lo adoraba más que a sus zapatos viejos, después de llegar de una fiesta con sus incomodas zapatillas altas, y tres hijos maravillosos que amaban a su padre, ya que éste, era un hombre libre, de buenas costumbres y  «camellador» infatigable que quería de todo corazón a su familia; pero queridos lectores alguna falla tenía que tener y como en lo humano no cabe la perfección, éste como ya sabéis tenía más que una falla, una inquietud: ¡la búsqueda de la verdad!

Un buen día, nuestro protagonista dijo a su amada mujer: «Majita” (le decía así por cariño, debido a su ascendencia palestina), yo no puedo vivir de esta manera sin conocer la Verdad, por eso voy a tocar las puertas del Conocimiento, comenzando por la mejor Escuela de Aldea Grande: La Logia Masónica, que por ese entonces tenía la «bicoca» de Cien años recién cumplidos.

 Esa misma tarde se dispuso ir hasta el Templo del Conocimiento y una vez en su puerta, las piernas le comenzaron a temblar, su mirada se concentró en la parte superior de la edificación con un Delta Egipcio, con un ojo en la mitad que cada vez que el alzaba la cabeza, aquel se apagaba y volvía a encenderse cuando nuevamente se dirigía a él, por un tiempo pensó que el ojo era mágico y le estaba mamando gallo, pero tiempo después comprendió que era un mecanismo automático que cada determinados segundos se encendía y apagaba cíclicamente, hasta que fuese desconectado.

 Después de diez minutos de estar parado en el arco primordial de entrada, se dio cuenta que la reja principal estaba cerrada pero sin el candado puesto, sacando fuerzas de donde pudo, abrió la pesada reja y ésta con un relinchar férrico le dio la crujiente bienvenida, interiormente pensó: ——Mejor así, porque se darán cuenta que alguien entró… voy a ver si encuentro la Verdad, y cuando la ubique volveré a mi casa, ya que mi alma estará tranquila y podré dedicarme amar a mi familia sin que ninguna inquietud me perturbe; ensimismado en la telaraña de sus pensamientos, la araña de la verdad, pronto lo enfrentaría, al llegar a la puerta de entrada concentró su atención en el jardín aledaño y vio que a lado y lado sobre los mismas plantas ornamentales, elaboraron figuras de un compás sobre una escuadra y en su interior unas flores violetas formaban la letra G.

 ¿Qué significará esa vaina? Un compás sobre una escuadra, una letra G en el medio, ¿Será el Punto G de éste Templo? porque todo espacio, persona o lugar que se respete tiene su famoso punto G. Tengo muchas cosas que aprender antes de buscar la Verdad, se comentó mentalmente. Nuevamente se concentró en la puerta del Templo y con pulcritud empuñó su mano derecha y tres golpes secos sonaron sobre la rustica superficie de madera, ¿Por qué tocó tres veces, casualidad o suerte de principiante? (esto lo pregunto yo, el Autor del texto)

 Desde el interior una voz de ultratumba le preguntó: —– ¿Quién va, quién es el irreverente que logró  interrumpir nuestra tranquilidad?, el asustado buscador de la Verdad, apenas alcanzó a contestar: —–     Soy yo; —- y ¿Quién es yo?, refutó la espeluznante voz; —— Alguien que busca la Verdad.

 Inmediatamente una figura alta y fuertemente armada con un arbusto de acacias por bastón de mando gonadal, anteojos tipo Mahatma Gandhi, apareció ante él, Víctor Alfa lo reparó con avidez y se dio cuenta que su pelo y vestiduras blancas le daban la apariencia de un Juez Celestial o algo parecido; inmediatamente el “Juez Celestial” le dijo: —– Bienvenido mi nombre es Thomas Williams Anderson y soy el único y sempiterno Gran Maestro de esta Escuela y lo que buscáis, lo tenéis revelado delante de ti, no por Gabriel como lo hizo con Mahoma en el Monte Hira cerca a La Meca, cuando le reveló los Evangelios, sino por Thomas Williams Anderson, el poseedor de la Verdad, solamente la Verdad y nada más que la Verdad, es más: Yo soy la Verdad, el camino y la Vida y solo llegarás a Ella a través de mi, pues te repito: ¡Yo soy la Verdad misma!

 Antes de que Víctor Alfa saliera de su asombró, lo remató literalmente hablando con un “Jab de izquierda verbal” que casi lo manda a la lona: —– Pero para que puedas entrar, tienes que llenar unos requisitos, unas pruebas y unos requerimientos que pueden costarte hasta la vida, pero no os asustéis que si yo te apadrino, todo se te hará más fácil, pero tenéis que jurarme fidelidad por siempre en tu futuro en esta Magna Escuela Filosófica de Espiritualidad y Conocimiento.

 Posteriormente y no precisamente frente a un pelotón de fusilamiento (como el Coronel Aureliano Buendía) Víctor Alfa  habría de recordar el día en que Thomas Williams Anderson le reveló ser la Verdad (y no el Hielo del Coronel, que su padre le enseñó por primera vez) y lo que esto le costaría a cambio, para ese entonces Aldea Grande (y no Macondo) era la única Escuela Provincial diferente a la de la Capital del Departamento, con más antigüedad que ésta misma.

 Nuestro hombre en mención (Víctor Alfa), cogió algunas cosas en una mochila y se dispuso a marcharse a buscar la Verdad, y una vez en la Escuela de Conocimiento, pensó que sería lo que le esperaba en esa famosa Escuela.   Fue uno de los mejores aprendices que hubo por muchas épocas, supo aprovechar todas las enseñanzas brindadas y aprobó y ascendió en todos los grados, llegó a pulir tanto su rustica piedra que se convirtió en un diamante brillante en ideas y recto en aristas de virtud, humildad, tolerancia y fraternidad.

 Pero una vez concluida toda su proyección y teniendo a la Verdad en persona en forma de Gran Maestro, acompañándolo y guiándolo en la Escuela, se dio cuenta que su búsqueda fue inútil, porque aquello no era ninguna Verdad, ni revelada ni encontrada, porque todo lo realizado lo dejó aún vacio, inquieto y con muchas dudas, porque finalmente comprendió  que lo humano no es perfecto, que la Verdad no está afuera ni la encuentras en ninguna Academia y que de lo sublime a lo ridículo no hay sino un paso; entonces preparó un Plan B, si la Verdad no está aquí la buscaré en otras Escuelas de Conocimiento Universal, —– ¡Iré hasta el fin del Mundo si es preciso!, se animó Víctor Alfa, como un auto intensivo a su gastada búsqueda.

 Víctor Alfa alcanzó a visitar más de Siete Mil Setecientas Setenta y Siete Escuelas esparcidas por todo el Mundo, desde Egipto y todo el Oriente Medio, pasando por  Inglaterra, Francia y el resto de Europa, Asia, América, La Antártida y Oceanía hasta los Montes Tibetanos, antes de volver a su Logia Madre; ocupó todos los Puestos y Cargos; estudió todos los Ritos, desde el Escocés, York, Memphis, Francés hasta las Escuelas Cubanas de Santería Gnóstica ; ascendió todos los Grados y Ordenes, que humano alguno hubiera hecho; coleccionó más Estrellas Flamígeras, Mandiles, Escudos, Bandas de la Orden  y Collarines Dorados como General de la República, pero de nada le sirvió, porque finalmente, volvió vacio y con mas inquietudes que cuando se fue; aprendió que los Títulos, Grados y demás Condecoraciones humanas son solo trofeos de coleccionistas baratos, que escudan su inoperancia egocéntrica interior, llenando todos los espacios de su casa con brillantes medallas y trofeos que solo alimentan Egos y pasiones y que eso no puede ser nunca la Verdad o el Conocimiento Ideal, por lo menos.

 Cansado ya de ir de pueblo en pueblo y de ciudad en ciudad, sin que nadie le diera razón de a dónde se hallaba la verdad, y también cansado de que se burlaran de él, decidió marchar a las Montañas Tibetanas a ver si en la soledad de las mismas, descubría lo que estaba buscando, y así de esta manera, y con el corazón acongojado, salió de la última ciudad en la que se hallaba y se encaminó a una de las Montañas más altas e inhóspitas de la región.

Estuvo caminando muchos días y descansaba por las noches en cuevas que iba encontrando por el camino y comía de aquello que los árboles que estaban en la ladera de la montaña le daban al pasar, hasta que un día, subiendo uno de los picos más altos de dicha montaña, vio en todo lo alto de la misma, una cueva y se dirigió hacia ella. Le costó llegar, ya que el camino estaba cuajado de nieve, pero con mucho esfuerzo arribó, y ya cerca de la cueva vio que en la entrada de la misma había alguien esperándole, cuando llegó a la altura de la persona que le esperaba se dio cuenta que no era un Monje cabecirapada con Manto Rojo, no era nada parecido a ello, por el contrario y antagónicamente a lo esperado por él, aparecía el pálido remedo de una mujer muy anciana, fea, edéntula parcial, con el cabello todo desgreñado, dando una imagen de sí misma horrible, y le dijo: —— Los Monjes están en el Gran Templo haciendo la Meditación diaria, no te asustes que yo tengo la máxima autorización de ellos, es más me dijeron que te cuidara, te alimentara , te vistiera adecuadamente y te rapara la cabeza, porque la Meditación es un Culto al Alma y las impurezas humanas deben ser corregidas para que puedas acceder al Gran Templo Tibetano.

 Cuando el hombre puso el pie en la cueva, la anciana se le acercó y le dijo: «Dime, ¿qué buscas en este lugar tan frío y solitario?», Víctor Alfa se la quedó mirando, y le contestó: «Puede que te sorprenda, pero busco la Verdad»; la anciana sonrió mostrando su boca desdentada y le dijo: «Pues entra, y quién sabe, puede que aquí la encuentres».

 El hombre de nuestra leyenda entró, no con mucha confianza, entró tembloroso y escéptico, y se quedó en esa cueva con la anciana, un largo rato.

 Después de prepararse como le indicaron los Monjes por intermedio de su anciana interlocutora, ésta le dijo: —-Sierra los ojos Víctor Alfa, te llamaron Víctor por ser un  ente de Victorias y Alfa porque eres el primero de tu especie en lo que te empeñes, respira pausadamente  y prepárate para emprender el viaje hasta el Monasterio (situado a unos 3 kilómetros y visible desde la cueva).

 El viaje fue rápido, pues a la cuenta de tres estaba inclinado frente a una figura colosal de Setenta pies y Siete pulgadas de alto (Tipo Mahoma), rodeada de Setenta y Siete Monjes , esparcidos concéntricamente alrededor de Ella y quedó sorprendido, porque no necesitó palabra alguna para comunicarse con los Monjes, pues sus diálogos eran Mentales exactamente en la frecuencia Alfa y Delta, propia de un ser que sabe Relajarse y Meditar…

 Aunque permaneció ahí  por espacio de Siete años y Siete meses, entendió que el Tiempo era muy relativo, porque a él le parecieron Siete Minutos nada más, pero a pesar de su confort aparente, tampoco llenó sus expectativas, hasta que un día Séptimo de la semana de un mes Séptimo del año Setecientos Setenta y Siete Era Masónica, les dijo a los Sabios Monjes: —- Me despiden de la Anciana y a ustedes les agradezco sus enseñanzas, pero llegó la hora de irme, el Superior del Templo, le contestó mentalmente: —— La Anciana no existe, ni existió jamás, solo fue el resultado de tus pensamientos y sentidos, que ven lo que tú quieras ver, la Anciana es el espejo de tu Alma cansada y saturada de búsquedas inútiles, es el acerbo de años repetidos buscando algo, que llamas Verdad y que nosotros llamamos Conocimiento, el cual siempre tuviste a tu lado, pero tu ceguera mental te impidió verlo.

 —— No busques afuera lo que tienes dentro, utiliza la Relajación y Meditación y encuéntrate a ti mismo, autoevalúate y destapa el Alma, entonces conocerás la Verdad y ésta os hará libre, empapado de Verdad Verdadera; no la busquéis mas en Templos Arquitectónicos , porque en ninguno de ellos la encontraste ni encontrarás, búscala en tu propio Templo Interior…

Para sorpresa de Víctor Alfa todo desapareció como por Arte Mágica y nuevamente quedó solo en la Cueva frente a la Anciana, se pellizcó sus brazos y corroboró que estaba vivo, que no era u sueño, comenzó a contar pausadamente hasta diez con sus ojos cerrados y al abrirlos, Oh sorpresa: la Anciana estaba ahí, con voz pausada y tratando de relajarse y calmarse le comentó que necesitaba volver junto a su familia, y cogiendo éste, su mochila se despidió de la mujer, pero ésta antes de irse le dijo: —– Antes de que te vayas quisiera pedirte un favor, el hombre contestó: —– Por supuesto, lo que quieras y la anciana le pidió una sola cosa: —- ¿Os podéis imaginar qué fue lo que le pidió, queridos lectores? Supongo que no, pero para no dejarles más suspensos se los diré: La anciana le susurró al oído, «Cuando lleguéis a las ciudades y a tu casa, te ruego que nunca digas a nadie que yo soy tan horriblemente fea».

 —- ¡Víctor Alfa despierta!, resonó la voz de su esposa en la alcoba nupcial, ya son las 2:30 de la Tarde, ¿No vas a Logia Hoy? De un salto Víctor enderezó su corta figura y le contestó: claro que sí, gracias por despertarme; a lo que ella replicó: —— ¡Niño y esa cara de felicidad, ni si te hubieras ganado la Lotería!;  —– Más que eso Mujer, más que eso, ¡por fin encontré la Verdad!, susurró Víctor Alfa, voy a socializarlo en la Logia a mis Hermanos…

 Fraternalmente:

VICTOR HUGO VIDAL BARRIOS

M.: M.: LOG.:UNION FRATERNAL

FUENTE: https://www.elheraldo.co/en-busca-de-la-verdad-115577