07/13/2020

Función crítica y función ideológica de la Religión y la Política

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Se puede reconstruir idealmente la relación entre Religión y Política a lo largo de l
historia de la humanidad en cuatro pasos (desde la perspectiva que acabo de anunciar):

  1. Una función indiferenciada ideológico-opresora: En la primitiva sociedad tribal, el
    mito fundamenta narrativamente tanto el movimiento del cosmos, del mundo físico
    exterior al hombre, como los tabúes configuran la estructura social de la tribu. Ambos
    procesos naturales y sociales, son vividos indiferenciadamente a través de una
    concepción mágico-ritualista. Dioses y demonios cuidan de su observancia. En esta
    situación, es inconcebible pensar que el hombre pueda transformar su organización
    tribal: vive ciegamente sometido a su estructura tribal cerrada. El mito, en el que la
    religión se amalgama oscura y confusamente con la «política», y con la «ciencia», ejerce
    una función ideológico-opresora: opresora, porque dicta al hombre primitivo cómo ha
    de vivir; ideológica, porque le impone una censura mental dirigida a evitar toda posible
    duda acerca de su legitimidad y prevenir así toda posible crítica liberadora
  1. La religión contra el mito: afirmación de la responsabilidad: Sin embargo, esta
    crítica llega. Y lo hace casi a la vez, allá por los siglos VII a IV a.C. Es la época de
    Buda y Zaratrusta, de Kung Fu-tzu (Confucio) y de Lao-tzu, de Sócrates y Pericles, de
    los grandes Profetas de Israel. El espíritu humano irrumpe así poligeográficamente para
    afirmarse para siempre, en su grandeza moral y transformadora frente al mundo
    esclavizante de lo estático y de lo mágico. Estos movimientos religiosos universalistas
    apuntan hacia la afirmación de la responsabilidad moral del hombre y, en ella, hacia el
    fundamento de la igualdad y libertad de todos los individuos. La Religión ejerce así una
    función crítica y liberadora revolviéndose contra las creencias míticas y tribales que
    encasillaban al individuo como una pieza dentro del colectivo y, a través de él, dentro
    del cosmos. Por ello todos estos reformadores religiosos tuvieron gran incidencia sociopolítica y fueron perseguidos por los poderes que encarnaban el despotismo y el
    retrogradísmo.

Estos movimientos religiosos ponen el fundamento de una democracia que se define
primordialmente en forma negativa: rechazo de todo despotismo político. Desde el
trasfondo de este rechazo, hay que interpretar precisamente los mensajes positivos de
estas grandes Religiones: universalismo, individualismo, autonomía moral, libertad,
solidaridad entre todos los hombres, participación en las tareas políticas…, en una
palabra: reconocimiento de la responsabilidad moral del individuo. La Atenas de
Pericles sería el primer gran intento de realización política de la democracia. Más tarde,
el Cristianismo vendría a dar un nuevo impulso a aquel despertar de la humanidad. Pero
ese Cristianismo, que había nacido impulsando la dignidad moral del individuo y su
libertad, y la crítica y la liberación de todo despotismo religioso y social, pasa a
mancharse él mismo con el ejercicio de un nuevo despotismo espiritual y político. Se
hace dictador, no sólo de la política, sino incluso de la ciencia natural. La Religión deja
de ser crítica y pasa a ser ideológico-opresora. A esta etapa se refiere la crítica de Freud
antes citada.

  1. La Política como función critica de la Religión: El desarrollo de las Ciencias
    Naturales, la Física a la cabeza, y de la Economía en la naciente sociedad burguesa,
    posibilita la liberación de la Ciencia y de la Política del sojuzgamiento religioso. Surgen
    entonces las grandes Filosofías Políticas en Occidente con el marcado carácter de crítica
    socio-política que es inseparable de una crítica de la Religión: Voltaire, Condorcet,
    Kant, Hegel, Marx y tantos otros, recogen la antorcha del espíritu crítico -encarnado
    ahora aparentemente en la pura política- para aplastar a una Religión ideológica y
    opresora, oscurantista y retrógrada. Digo «aparentemente» porque en el fondo se trate
    del mismo espíritu crítico que un día brotara con Buda, Pericles, los Profetas de Israel,
    etc, y que renació en el Cristianismo con nueva radicalidad: la Política viene así a
    ayudar a la Religión, al Cristianismo, a que se autocritique, a que se despoje del manto
    ideológico y opresor que tan decididamente rechazara en su nacimiento.
  2. El totalitarismo, tentación de la Política: Pero, en este cuarto paso, en la época
    contemporánea, las nuevas Filosofías Políticas pasan también a ser inconsecuentes con
    sus orígenes: abandonada la crítica, pasan también a ser ideológicas y opresoras,
    totalitaristas y asfixiantes. Son ellas quienes dictan ahora cómo deben vivir los hombres,
    dónde está su salvación y felicidad, y llegan también a dictar a la Ciencia lo que ha de
    decir. La historia de Galileo se ha repetido en pleno siglo XX: el nazismo sojuzgó a la
    Biología y a la Etnología; el Marxismo soviético sojuzgó a la Física, a la Biología, a la

Economía y a las Matemáticas. A esta etapa se refiere Freud en la cita que encabeza este
artículo.


Ahora bien, la evolución post-stalinista y el Eurocomunismo aparecen como autocrítica
y autocorrección desde dentro del Marxismo, con lo que éste no parece necesitar de la
Religión como instancia crítica. Si éste fuera el caso, ¿cómo habría que concebir
actualmente la relación entre Religión y Política, y más concretamente, entre Marxismo
y Cristianismo?


Recomendaciones sobre la praxis futura


Toda recomendación sobre la praxis futura, como recalcó Marx, no puede revestir un
carácter subjetivista, sino que debe nacer de las enseñanzas obtenidas en la reflexión
sobre la historia pasada y presente. Permítaseme entonces citar un texto que resume
estas enseñanzas, aplicándolo al Marxismo. En 1961 escribía Horkheimer: «Todo ser
limitado que se autoconsagra como lo Definitivo, lo Supremo y Único, pasa a ser un
ídolo que tiene sed de sangre, y que posee la cualidad demoníaca de cambiar su
identidad y perseguir algo distinto de lo que se había propuesto. La historia más reciente
de muchas revoluciones nos ofrece, en contra de la teoría de Marx, ejemplos
espeluznantes de esto: Lo que Lenin y la mayoría de sus camaradas se proponían antes
de haber alcanzado el poder, era una sociedad libre y justa. En realidad prepararon el
camino para una Burocracia totalitaria, bajo la que no reina más libertad que en la época
de los Zares».


Este texto resume la principal característica común a las Filosofías Políticas y a las
Religiones hasta el momento presente: su tendencia a sojuzgar despóticamente al
hombre, aun cuando hayan nacido para liberarle. Y este texto nos exige cautela
científica al asomarnos a toda praxis futura. Ni la sincera referencia a una teoría crítica y
liberadora, ni la intención de establecer una sociedad verdaderamente democrática
bastan para valorar una determinada praxis política. Más bien hemos de cerciorarnos
científicamente de si dentro de esta praxis hay mecanismos autocorrectivos de su
eventual desviación al despotismo.


Posibilidades de la Religión y la Política para un futuro nuevo


Voy a expresar mi recomendación práctica en una forma cruda: Sólo podremos dar un
decisivo paso hacia adelante si Religión y Política vuelven a unirse, no para ejercer un
nuevo despotismo, sino para permitir a los hombres vivir el riesgo de su libertad en una
sociedad básicamente justa. Más concretamente, y aplicado al Marxismo/Cristianismo:

  1. El Cristianismo no podrá ser fiel al mensaje de amor y liberación del Dios hecho
    hombre si no intenta objetivar esa liberación en las estructuras políticas y económicas, y
    para ello necesita recibir, gran parte de la crítica de Marx a nuestra sociedad irracional e
    inhumana (extendida también en nuestros días a las llamadas sociedades comunistas).
  2. El Marxismo no podrá ser fiel a su primer impulso crítico y liberador si no intenta
    realizar la transformación de las estructuras económicas y políticas, de una forma que
    respete plena y realmente la libertad y la responsabilidad moral y política del individuo,
  3. y para ello necesita recibir positivamente (la tolerancia no basta) la apertura a una
  4. Trascendencia, a un sentido de la vida que va más allá de nuestra historia terrena, y que
  5. incluso puede plenificar al individuo que sufre bajo unas estructuras sociales todavía
  6. injustas y opresoras.


No seamos ingenuos. Tras los nombres sagrados de Dios y de Cristo, se esconde todavía
blasfemamente mucha podredumbre pestilente de egoísmo y agresividades, de
ambiciones de poder y de comodona irresponsabilidad política, de desprecio y frialdad
para quienes no piensan como nosotros.
No seamos ingenuos. Tras el sano ideal de una Economía Socialista con plena
Democracia Política, acecha objetivamente (las intenciones no bastan) la tendencia al
despotismo, opresor precisamente de los individuos que hubiera querido liberar. El
estado actual de la discusión académica sobre las Economías Socialistas viene a decir
que aún no se prevén para un futuro próximo las posibilidades objetivas de
funcionamiento de tal Economía sin una concentración del poder político y económico
que elimina todo mecanismo autocorrectivo de las tendencias antidemocráticas y
opresoras.


Por eso, y a pesar del Eurocomunismo, creo que vivimos un momento en que la
opresión ideológica descansa fundamentalmente sobre las Filosofías Políticas, que
engañan al hombre sobre su propia situación y no sobre las Religiones. Y por eso creo
que, por lo que a nosotros respecta, es ahora el Cristianismo quien tiene que convertirse
en crítico del Marxismo. Pero el Cristianismo sólo podrá hacer esta crítica si
previamente ha asimilado las críticas que a él le hicieron las grandes Filosofías
Políticas, Marx a la cabeza, y que en definitiva, como señalábamos antes, nacieron de
un espíritu que también acompañó al Cristianismo en sus orígenes, y al que nunca podrá
renunciar.


Extractó: ALFREDO CALVO

FUENTE: https://seleccionesdeteologia.net/selecciones/llib/vol17/67/067_menendez.pdf

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