ESTA EQUIVOCACIÓN DE LA HISTORIA

Corría el año 1979. José Ignacio Cabrujas, esa notable figura de nuestro mundo cultural, inauguraba su obra teatral “El día que me quieras”, en la que una vez más analizaba con ironía cortante el país que le tocó vivir. Pío Miranda, personaje de la trama, fracasado comunista de salón, machacón de consignas vacías (como casi todos ellos), declara que ejercerá su ideología en la URSS, en un futuro siempre pospuesto, cuando se irá de Venezuela, ese país que define con la frase que titula mi gacetilla de hoy.

¿Qué pasaba en ese tiempo que justificara el duro reclamo de Cabrujas? Luis Herrera Campins recibía la Presidencia de la República para el período 1979-1984 de manos de Carlos Andrés Pérez, con un discurso en el que declaraba recibir una Venezuela hipotecada, con una economía desajustada y grandes desequilibrios, un país que él conduciría hacia un bienestar saneado y pulcro, con una estabilidad monetaria en Bs. 4,30 por dólar y una reducción de la pobreza, que por esas fechas rondaba 40%. De nada valió su juramento: cinco años más tarde, en trance de concluir su período presidencial, Herrera se vio obligado a devaluar la moneda en 75%. A partir de entonces la caída fue incesante, apurándose al abrir este siglo y exponencialmente desde 2013, cuando el régimen implantó descabelladas políticas económicas que han conducido a devaluación, reconversión e hiperinflación sin par de nuestro signo monetario.

Enredada entre cifras, le pido a Humberto García Larralde, ex presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas, que me ayude a calcular cuánto vale un bolívar de hoy en comparación con su valor en los años setenta. «El cálculo que pides incluye la inflación desde los 70, empalmando los índices referentes a los años base 1968, 1984, 1997 y 2007». Ahorraré al lector los detalles del cálculo del eminente economista, para reducirlo a esta frase final: «Un bolívar de 1975 tiene un poder de compra 220.700.914.344 veces superior al que tendría a finales de marzo de 2020, esto es, 22 con 10 ceros a su derecha. Eso, si se usan los datos oficiales del Banco Central de Venezuela. Si utilizas los datos de inflación elaborados por la Comisión Permanente de Economía y Finanzas de la AN, el alucinante número anterior tendrías que multiplicarlo por 48, y recalar por ahora en 10,56 con 12 ceros a la derecha. Los intentos de esconder esta pulverización del valor de la moneda por parte del régimen, inventando los bolívares “Fuerte” y “Soberano” que quitaron 8 ceros a la unidad monetaria no pueden ocultar esta realidad». 

Este es el tamaño de nuestra equivocación ante la historia, que no pudo percibir Cabrujas, fallecido prematuramente en 1995. Una cifra inimaginable que nos ha conducido a todos a la pobreza; que ha reducido ahorros, sueldos, salarios y pensiones de jubilación a un chiste; que ha convertido en polvo el valor de las viviendas y otras posesiones; que ha disuelto cualquier reivindicación laboral ganada a pulso en años de trabajo, a través de convenios colectivos hoy ignorados; que desconoce cualquier esfuerzo de superación intelectual que uno haga en aras de un merecido ascenso social.  

En enero de 1979, el salario mínimo mensual equivalía a US$ 917; veinte años más tarde, Hugo Chávez recibía un país cuyo salario mínimo se reducía a US$ 252, que a su vez contrajo a US$ 51 al momento de su muerte. Hemos llegado ahora a mayo de 2020, en tiempos del madurismo, a la ridícula cantidad de US$ 2,30 (dos dólares con 30 centavos) como salario mínimo mensual para los trabajadores, en una caída precipitada hacia la nada.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha definido a los pobres como aquellos que están por debajo del umbral de US$ 1,90 diarios, es decir, US$ 57 mensuales. ¿Cómo designar a quienes solo ganan dos dólares al mes? Dice la ONU que en todo el mundo unos 783 millones de personas viven por debajo de ese umbral, dentro de los cuales queda incluida 87% de la población venezolana, 61% de los cuales en pobreza extrema, según los estudios del proyecto Encovi.

“Si quieres destruir un país, destruye su moneda”, decía Lenin. Ese y no otro es el legado de este régimen ante la historia. Hoy en día, una vez disuelta la URSS y documentado el infinito infortunio que la ideología comunista trajo al pueblo soviético (y al cubano, dicho sea de paso), el drama de Cabrujas robustece su vigencia, inmersos como estamos los venezolanos en “esta equivocación de la historia”. Ya no caben sueños absurdos ni teorías vetustas para justificar la ruina económica, educativa, cultural, científica y moral en la que estamos sumergidos.

Cuando esta trágica época termine (nada es para siempre), los venezolanos deberemos valorar más lo que significa ser ciudadano de un país, y trabajar juntos para el crecimiento de la nación, que será también el nuestro personal.

GIOCONDA CUNTO DE SAN BLAS

Twitter: @davinci1412

giocondasanblas.blogspot.com

Les invito a visitar mi blog http://giocondasanblas.blogspot.com donde encontrarán este y todos mis artículos de la columna “Al compás de la ciencia” y otras informaciones de interés.

Opinión / jueves 07 de mayo de 2020

AL COMPÁS DE LA CIENCIA

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