09/24/2020

«Puede llamarse filosofía a la iniciación en los pasmosos arcanos de los verdaderos misterios

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Según la enseñanza iniciática tradicional, la palabra Misterios viene del griego teletai o perfección, y de teleuteia, muerte. Sus reglas no se daban a los profanos, sino que eran enseñadas por medio de representaciones dramáticas y por otros procedimientos, evidenciando así ante los profanos, iniciando el origen de las cosas, la naturaleza del espíritu humano, sus relaciones con el cuerpo y la manera de purificarse y regenerarse para una vida más elevada. Las ciencias físicas, la medicina, las leyes de la música, la adivinación, todo era enseñado por el mismo sistema, y puede llamarse filosofía a la iniciación en los pasmosos arcanos de los verdaderos misterios y la instrucción en los mismos.

Esa iniciación se componía de cinco partes: la purificación previa; la admisión a la partición en los ritos secretos; la revelación epóptica; la investidura o entronización; y la quinta, producto de todas éstas, en la amistad y comunión interna con Dios, y el goce de la dicha que nace de las relaciones íntimas con seres divinos. Platón llama epopteia, o vista personal, a esta perfecta contemplación de las cosas que se conciben intuitivamente, como verdades e ideas absolutas. Considera también el acto de ceñir el iniciado la corona de los misterios como análogo al hecho de serle conferida a cualquiera la autorización, por parte de sus instructores, de conducir a otros a la misma contemplación. Del quinto grado nace la dicha más perfecta, y, según Platón, la más completa asimilación posible a seres humanos con la Divinidad.

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