08/06/2020

Cómo permanecer en los caminos de Dios

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Recuerdo haber leído años atrás acerca de un accidente que ocurrió en la Riviera italiana. Un joven conducía su automóvil deportivo por una carretera cerca del mar, era una ruta hermosa y pintoresca, pero el camino no era lo que parecía.

A pesar de que a lo largo del camino había señales de advertencia, este le pareció perfectamente bueno al joven. El desastre lo aguardaba, pues un derrumbe había creado recientemente un precipicio y nadie tendría que haber transitado por ese camino. El joven continuó a gran velocidad e ignoró todas las señales de advertencia; finalmente, se dirigió directamente al acantilado.

A veces no estamos seguros de adónde nos llevará un camino. En otras ocasiones, somos plenamente conscientes de hacia dónde nos lleva, y de todas formas decidimos seguirlo.

Jesús dijo que hay un camino que lleva a la vida. También hay un camino que conduce a la destrucción (Mateo 7:13-14). Las señales de advertencia no se ponen como una amenaza, sino por la seguridad de las personas. Las palabras de Jesús, el Nuevo Testamento y la Biblia en su conjunto, están destinados a mantenernos en el camino que conduce a la vida.

¿Cómo te aseguras de estar en el camino correcto? Una vez que estás en aquel camino, ¿cómo te quedas en él?

1. Toma el «camino recto»

Salmos 107:1-9

«Den gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre» (v.1). No puedes mejorar el propósito que Dios tiene para ti. Dios es bueno y te ama. Él quiere lo mejor para tu vida y tiene un «camino recto» para ella.

Él quiere que camines por sus senderos: «Los llevó por el camino recto hasta llegar a una ciudad habitable» (v.7). No quiere que deambules «por parajes desiertos, sin dar con el camino a una ciudad habitable. Hambrientos y sedientos, la vida se les iba consumiendo» (v.4-5).

La buena noticia es que, donde sea que estés, puedes clamar al Señor (v.6a). Cuando lo haces, «¡Él apaga la sed del sediento, y sacia con lo mejor al hambriento!» (v.9).

En este salmo de acción de gracias por las muchas ocasiones que Dios liberó a Su pueblo, el salmista dice cuatro veces: «En su angustia clamaron al Señor» (vv.6,13,19,28). En cada ocasión, Dios los rescata.

Por otro lado, nada de lo que hayas hecho en el pasado te descalifica para ser parte del pueblo de Dios. El único requisito es que debes clamar a Dios y ser redimido (v.2). La redención significa ser «liberado por Dios». Jesús vino para hacer posible esta redención.

Los «redimidos del Señor» están para contarlo (v.2). Háblale y cuéntale a los demás cómo el Señor te rescató.

Señor, te doy gracias por todas las veces en mi vida que he clamado a Ti en mis problemas y me has sacado de mi angustia. Dirígeme Señor, te lo ruego, por un camino recto.

2. Vive en el camino del amor

2 Corintios 12:11-21

El apóstol Pablo estaba absolutamente decidido a hacer lo correcto. Quería seguir el camino recto (v.18).

Había sido acusado falsamente. Los «superapóstoles» (v.11) habían intentado socavarlo. Como resultado, había sido mal interpretado y atacado por aquellos quienes tenían que haber comprendido mejor lo que pasaba. Absurdamente, había sido acusado de no querer tomar dinero de los corintios porque no los amaba (v.13).

Pablo señala que la razón por la que no tomó dinero de ellos fue porque no quería ser una carga para ellos. Les responde: «… no me interesa lo que ustedes tienen, sino lo que ustedes son. Después de todo, no son los hijos los que deben ahorrar para los padres, sino los padres para los hijos» (v.14b).

Fue por causa de su amor por ellos que gustosamente gastó todo para ellos y, de hecho, se desgastó él mismo también (v.15). En palabras de The Message, Pablo siempre actuó de una manera que era «implacable» y «honesta» (v.18, MSG). Todo lo que hizo fue para el beneficio de ellos (v.19). No estaba interesado ni en su dinero ni en sus posesiones, estaba interesado en sus almas.

Pablo quiere que los corintios hagan lo correcto y se mantengan en el camino recto, así como él lo ha hecho. Teme que algunos de ellos puedan estar desviándose del rumbo: «Peleas, celos, arrebatos de ira, rivalidades, calumnias, chismes, insultos y alborotos» (v.20).

Teme que cuando vaya a visitarlos encuentre que «siguen pecando una y otra vez en los mismos viejos caminos, que se han negado a apartarse de la porquería del mal, el desorden sexual y la indecencia en que se revuelcan» (v.21, MSG).

Aléjate de aquellas cosas para asegurarte de estar en el camino que lleva a la vida. El camino que conduce a la vida es un camino de amor, el tipo de amor que Pablo tiene por los corintios.

Señor, ayúdame a actuar siempre con amor y preocuparme de aquellos por quienes ministro. Oro para que nunca busque mi propio beneficio personal y que el amor sea mi única motivación. Guárdame, Señor, en Tus caminos. 

3. Pregúntale a Dios acerca de Sus planes para ti

Isaías 29:1-30:18

A veces hacemos nuestros propios planes de forma independiente o acudimos directo a otras personas para pedir ayuda sin preguntarle primero a Dios. Como Joyce Meyer dice, «cuando tengas un problema: no vayas al teléfono, ve al trono».

El profeta Isaías critica al pueblo de Dios por la forma en que hicieron sus planes. No consultaron a Dios (30:1-2). Como resultado, se fueron en la dirección equivocada. Habían ido a Egipto sin ni siquiera preguntarle a Dios.

El problema es que en realidad no querían conocer los planes de Dios. Su adoración era una mera formalidad (29:13): «Este pueblo dice que me pertenece; me honra con sus labios, pero su corazón está lejos de mí. Y la adoración que me dirige no es más que reglas humanas, aprendidas de memoria» (v.13, NTV).

Jesús dice que aquellas palabras no fueron escritas simplemente para la gente de los días de Isaías. Critica a los fariseos y a los maestros de la ley: «¡Hipócritas! Tenía razón Isaías cuando profetizó de ustedes: “Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me adoran; sus enseñanzas no son más que reglas humanas”» (Mateo 15:7-9).

Debido a que sus corazones no están bien con Dios, van muy lejos para esconder sus planes de la vista del Señor: «¡Qué aflicción les espera a los que intentan esconder sus planes del Señor, a los que hacen sus malas acciones en la oscuridad! […] ¡Él es el Alfarero y, por cierto, es mayor que ustedes, el barro! ¿Acaso la cosa creada puede decir acerca del que la creó: “Él no me hizo”? ¿Alguna vez ha dicho una vasija: “El alfarero que me hizo es un tonto”?» (Isaías 29:15-16, NTV).

Como resultado, «hacen planes contrarios a los míos; hacen alianzas que no son dirigidas por mi Espíritu, […]. Pues sin consultarme, bajaron a Egipto en busca de ayuda» (30:1b-2a, NTV).

Ellos «no quieren escuchar la ley del Señor. A los videntes les dicen: “¡No tengan más visiones!”, y a los profetas: “¡No nos sigan profetizando la verdad!” […] ¡Apártense del camino, retírense de esta senda, y dejen de enfrentarnos con el Santo de Israel!» (vv.9b-11).

No querían que los profetas les dieran ninguna exhortación. Ignoraron las señales de advertencia; de hecho, querían retirar las señales de advertencia de la carretera: «¡Apártense del camino, retírense de esta senda…!» (v.11). Respondieron: «Huiremos a caballo» (v.16).

Muchas veces, en mi propia vida he errado por no consultar a Dios y por seguir adelante con mis propios planes.

Pero este pasaje también contiene esperanza respecto a que «los descarriados adquirirán entendimiento» (29:24, NTV). Dios asegura: «Tu salvación requiere que vuelvas a mí y detengas tus tontos esfuerzos por salvarte a ti mismo. Tu fuerza vendrá de depender completamente de mí» (30:15, MSG).

Dios busca activamente a las personas para bendecirlas: «El Señor los espera, para tenerles piedad» (v.18a). En palabras de la versión clásica de Amplified Bible:  «Y por lo tanto Él se levanta, para tener misericordia de ti y mostrar bondad amorosa. Porque el Señor es un Dios de justicia. Bendecidos (felices, bienaventurados, envidiados) son todos aquellos que esperan [de todo corazón] en Él, quienes esperan y buscan y anhelan [Su victoria, Su favor, Su amor, Su paz, Su gozo y Su inigualable, compañerismo ininterrumpido]» (vv.18b-18c, AMPC).

Señor, quiero conocer Tus planes. Ayúdame a escuchar Tu voz. Ayúdame a venir a Ti en «arrepentimiento y calma», para caminar en Tus senderos en «serenidad y confianza» (v.15).

Pippa añade

Salmo 107:4,6–7

«Vagaban perdidos por parajes desiertos, sin dar con el camino a una ciudad habitable. […]. En su angustia clamaron al Señor, y él los libró de su aflicción. Los llevó por el camino recto hasta llegar a una ciudad habitable».

Miles de refugiados están huyendo de zonas devastadas por la guerra, huyen desesperados para encontrar seguridad, a menudo con niños pequeños y tras perder a sus seres queridos. Cuando llegan a nuestro país, necesitamos tener compasión y sabiduría para saber cuál es la mejor manera de ayudarles a recuperarse de su trauma y a reconstruir sus vidas.

FUENTE: https://www.bibleinoneyear.org/bioy/commentary/3024/es