09/24/2020

LA ALEGORÍA CONTENIDA EN EL MAGISTERIO ES SUBLIME.

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Un paso más y el obrero se elevará sobre la materia por el dominio de los instintos y el uso de la inteligencia.

El aspecto del Templo, las imágenes de duelo que encierra, nos recuerdan aquel aforismo: Summum Sapientae, doloris summum. . . En medio de un silencio profundo, la voz del muy Resp. . M. ., se alza para contar la poética leyenda de la muerte de Hiram Abif, conmovedora y sencilla, en la que el principio del bien, combatido y derribado por el orgullo, sobrevive y sale del sepulcro para perpetuarse en las edades.

Todas las creencias han consagrado el respeto a los sepulcros. Los masones van más lejos; os instruyen por la relación de la vida del maestro, para empezar una nueva vida. El compañero ha caído en las pasiones de la humanidad. Debe levantarse purificado e instruido; a fin de que comprenda que la idea no basta sin las obras; ve a los obreros ansiosamente marchar en derredor del Templo en busca de la luz.

La resurrección de Hiram simboliza la indomable energía, el alto poder del anhelo de libertad humana, que siempre sacrificado, se levantará una y otra vez, cualquiera que sea la fuerza de sus enemigos.

El maestro masón se liga indisolublemente a la causa de la libertad del pueblo; se hace el apóstol de la instrucción para todos, el enemigo mortal de todo despotismo y de toda intolerancia.

La obligación que nos impone esta triple enseñanza, es que el maestro debe hacer todo, sin excepción, para llegar a realizar y practicar estas doctrinas en toda su extensión.

Por otra parte es necesario que el iniciado en los misterios del sublime grado de maestro masón conozca su origen o por lo menos lo que se puede documentar.

En el año de 1649 en Inglaterra, Elías Ashemole, alquimista rosicrusiano, con el fin de representar la muerte de Carlos I y excitar de alguna forma a través de ésta representación, las ideas de venganza de los Stuardos protectores, elegidos por los rosicrusianos y, renovando la leyenda del TARGUIN judío, Anderson y Desaguiliers compusieron el grado de maestro Francmasón substituyendo a Carlos I con el arquetipo de Hiram Abif.

Siendo la edificación de un templo gnóstico la figura de la masonería instituida en 1717, era lógico que Hiram fuese el principal personaje de la leyenda de la Orden.

Hiram era escultor, fundidor, cincelador, tintorero y pintor; a él se le atribuye la fundición de las dos columnas del templo de Salomón, mismas que eran de bronce al igual que las diez cubas y los diez zócalos, las calderas, copas y vasos para los sacrificios que habrían de realizarse en dicho templo. Era hijo de un sirio llamado Ur (fuego).

Apesar de la existencia de Hiram en las escrituras Bíblicas, este no debe ser considerado por la masonería sino como un personaje alegórico, que a su vez personifica de alguna manera al Gran Arquitecto del Universo.

Por su parte el Gran Arquitecto del Universo, en la masonería no tiene ningún sentido determinado de forma exclusiva, pero sobre todo ninguna significación religiosa, tan es así, que no causa controversia alguna entre miembros de las diversas religiones que pertenecen a la Orden puesto que él es el principio generador de todo cuanto existe, acomodando como fórmula universal todas las opiniones sobre ese -5- principio incluyendo a las de los ateos.

La iniciación al sublime grado en la que se representa la muerte de Hiram, el arquitecto y su doctrina es la continuación de los grados de aprendiz y compañero, los cuales son su propio complemento físico, simbólico y filosófico, de tal forma que al unir ambos grados encontramos que los dos sexos también están unidos en un mismo ser.

Se ha encontrado el nombre de Dios que se buscaba, el cual es MOHABONE, el hijo del incesto del Loth, con su hija, es decir el hombre producto de la unión del sol con la tierra; y es también MAC BENAC, el hijo de la putrefacción, el hombre mujer, en el acto mismo de la generación, dado que todo lo que nace y tiene vida viene de la muerte y de la podredumbre.

Así pues, el presente grado representa alegóricamente la muerte del Dios-Luz, del Dios-Sol, mismo que muere durante el solsticio de invierno el 27 de diciembre y resucita durante la primavera el día de Pascuas en el momento de su paso por el signo zodiacal del carnero morusco ó cordero reparador, simbolizando filosóficamente que surge de enmedio del caos saliendo de este a la Luz eterna, de la putrefacción y la muerte aparente de los seres sustentando la vida eterna a través de la muerte misma; y como la naturaleza queda viuda de su esposo, perdiendo fecundidad y lozanía, los maestros masones, hijos de la propia naturaleza, se convierten en hijos de la viuda.

FUENTE: Liturgia Única del Grado de MAESTRO MASÓN. Gran Logia de Libres y aceptados Masones de Nuevo León