08/03/2020

SOBRE ECONOMÍA SOCIAL: ¿SABÍAS QUE …?.

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¿Sabías que las utopías escritas y prácticas están en la génesis de las Organizaciones de la Economía Social (OESs)?.  

Según mi apreciado profesor, ya fallecido, Henry Desroche, Director del Colegio Cooperativo de París, por utopía puede entenderse “un proyecto imaginario pero realizable de una sociedad alternativa”[1], han existido tanto utopías escritas como prácticas, entre las primeras destacan La Republica de Platón (428-347 a. de C); Utopía de Tomás Moro (1480-1535); La Nueva Atlántida de Francis Bacon (1561-1626); La Ciudad del Sol de Tommaso Campanella (1568-1639); y Viaje a Icaria de Etienne Cabet (1788-1856). En este panorama puede incluirse al cristiano Peter Cornelius Plockboy (1620-) con u documento calificado de panfleto, intitulado «Ensayo sobre un proceso que les haga felices a los pobres de esta nación y a los de otros pueblos, consistiendo en reunir cierto número de hombres competentes en reducida asociación económica, o pequeña república, en la cual cada uno conserve su propiedad y pueda, sin necesidad de acudir a la fuerza, ser empleado en la categoría de trabajo para la cual tenga más capacidad. «.

A esta pléyade se agregan John Bellers (1654-1725), quien en 1695 hizo una exposición de sus doctrinas en el trabajo “Proposiciones para la Creación de una Asociación de Trabajo de Todas las Industrias Útiles y de la Agricultura” y Robert Owen (1771-1858), autodidacta e industrial innovador en técnicas y sistemas sociales con su Asociación de Todas las Clases de Todas las Naciones (Londres, 1835).

Destacan también Claude Henrri de Rouvroy o Henri de Saint Simon o Conde de Saint Simon (1760-1825), socialista francés que entusiasmaba a ciertos sectores y fue exponente de una suerte de socialismo y Philippe Joseph Benjamin Buchez (1796-1865), alumno de Saint Simon, socialcristiano, considerado como el padre del cooperativismo francés, trabajó con Louis Blanc y fue impulsor de sistemas cooperativos a partir de asociaciones de trabajadores como agentes de cambio ya que pensaba que «la asociación ofrece los medios para crear la nueva sociedad, sin revolución, en el seno de la sociedad existente”, en 1831 fundó la Asociación de los Ebanistas, que sirvió de modelo a sociedades cooperativas de producción.

Buchez fue quien notó que los cooperativistas con cierto tiempo laborando, rechazaban el ingreso directo de nuevos asociados y la conversión de los aprendices en asociados pues gozarían ipso facto de los mismos beneficios de ellos sin haberlos producido; gracias a esta reflexión propuso el establecimiento de los fondos del capital social y su irrepartibilidad como barrera de contención que impediría el usufructo de excedentes por quienes no los produjeron; esta propuesta la plasmó Bouchez a propósito de las empresas de trabajo asociado (1831) mediante cinco principios, Ciurana citado por García Müller[2], afirma que son los siguientes:

“1. Los asociados se constituirán en empresarios; para ello, elegirán de entre todos, uno o dos representantes que tendrán la firma social.2. Cada uno de ellos continuará cobrando un sueldo según costumbre del oficio, es decir, por demanda o tarea, y según su habilidad individual. 3. Se reservará una cantidad equivalente a la que los empresarios intermediarios descuentan cada jornada. Esta cantidad, llamada beneficio neto, se dividirá en dos partes, a saber 20% para formar o acrecentar el capital social; el resto se empleará en socorros o se distribuirá entre los asociados, a prorrata de su trabajo. 4. El capital social que aumentará así cada año en un quinto de los beneficios, será inalienable; pertenecerá a la asociación que será declarada indisoluble, y no porque los individuos no puedan marcharse, sino porque la sociedad se convertirá en perpetua mediante la admisión continuada de nuevos miembros.5. La asociación no podrá hacer trabajar por su cuenta a obreros extraños durante más de un año; pasado este tiempo, estará obligada a admitir en su seno al número de trabajadores nuevos que se haya hecho necesario por el crecimiento de las operaciones. Esto significa que, dentro de un plazo prudencial, todos los trabajadores de una cooperativa de producción han de ser a la vez miembros de la entidad en donde trabajan”.

Complementando las utopías escritas están las utopías prácticas como la de del mismo Owen que intentó llevar sus ideas a la práctica al organizar las colonias de New Lanark en Inglaterra y la de Nueva Armonía en Indiana (USA); Charles Fourier (1772-1837), quien pregonaba una sociedad fundada sobre pequeñas asociaciones autónomas denominadas falansterios, una suerte de sistemas de viviendas con actividades productivas y de consumo en el medio rural que impulsaría cambios en la humanidad a partir de preceptos cooperativos, él adoptó la bandera arcoíris como símbolo de la unidad en la diversidad [3].

Continúa el médico William King (1786-1865), anticapitalista de Brighton quien, animado por las acciones de Owen, publicó The Co-operator entre 1828 y 1830, periódico mensual en Brighton con el que difundió reflexiones sobre las cooperativas, impulsó el cooperativismo de consumo de espíritu cristiano e influyó en la experiencia de la Sociedad de los Equitativos Pioneros de Rochdale; y el comerciante francés Michel Derrion (1802-1850) quien fundó en Lion la cooperativa: “Le commerce veridique et social”, 1835.

Se sumaron más utopías prácticas. George Mudie que entre 1821 y 1822 publicó el semanario The Economist con la finalidad de propagar el “socialismo cooperativo” de Owen en los medios obreros, lográndolo sobre todo entre artesanos, obreros y tipógrafos de Londres por cuya iniciativa se puso en marcha en 1821 la primera cooperativa owenita con el nombre de Economic and Co-operative Society (1821) con la finalidad de crear una “aldea de la unidad y de la mutua cooperación”, que combinara agricultura, industria y comercio, según un plan de Owen; John Francis Bray (1809–1897); Thomas Hodsgkin (1787-1869), crítico del capitalismo y defensor del libre comercio y de los primeros sindicatos; y William Thompson (1775-1833) promotor del cooperativismo con propuestas que influyeron en los sindicatos y en Carlos Marx.

Destacaron también: Louis Jean Joseph Charles Blanc (Louis Blanc, 1811-1882), apóstol de las cooperativas de producción que serían exitosas con la ayuda del Estado, creador de los Talleres Sociales de Clichy[4] quien junto a Buchez también impulsó el cooperativismo de producción, se vinculó a las ideas de Saint-Simon y es considerado uno de los precursores de la socialdemocracia; y Wilhelm Weitling (1808-1871) quien se suma en París a la Liga de los justos y señala a la clase obrera como la protagonista de la revolución que ha de traer una sociedad “comunista” estructurada en “asociaciones de familias”;

Desde la perspectiva anarquista sobresalen Bakunin, Malatesta y Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865), filosofo francés considerado uno de los padres de ese pensamiento quien, con cimientos en el mutualismo y las propuestas federativas, escribe su obra fundamental El Principio Federativo. Otro anarquista, el ruso Piotr Kropotkin, escribió el libro El apoyo mutuo: un factor en la evolución con base en su experiencia en expediciones científicas en Siberia, en él aborda el tema de ese valor y el de la cooperación al observar cómo, gracias a ellos, las comunidades de animales sobrevivían y evolucionaban; esta obra, publicada como ensayos en una revista literaria británica fue publicada finalmente como libro en 1902.

Influenciado por Proudhon fue Ramón Dionisio de la Sagra y Peris (1798-1871), alumno de la Escuela de Náutica del Consulado del Mar en La Coruña, quien entre sus inquietudes se impregnó del socialismo utópico y colaboró en París con Proudhon, entre sus obras destaca “Banque du Peuple. Théorie et pratique de cette institution, fondée sur la théorie rationelle” y “Lecciones de economía social, Madrid” (1840).

En Alemania destacan Friedrich Wilhem Raiffeisen (1818-1888), con su mezcla religiosa-cooperativa, fundador de las cooperativas de ahorro y crédito o cajas rurales de campesinos, artesanos y pequeños empresarios en ese país, para quien el cooperativismo era cristianismo en marcha; su modelo inspiró la fundación de cooperativas de este tipo en el planeta. También alemán fue Franz Herman Schultze-Delistz (1808-1883), fundador de las cooperativas de ahorro y crédito o cajas populares con orígenes en instituciones comunitarias con sesgos caritativos, orientadas principalmente para servir a los artesanos y pequeños industriales de las ciudades. Para finales ce ese siglo el cooperativo de ahorro y crédito se extendía desde Europa hasta Asia, África y América; mientras, en los países escandinavos se desarrollaban cooperativas de vivienda, seguros y consumo.

Se suma Ferdinand Johann Gottlieb Lassal (Ferdinand Lassalle, 1825-1864) abogado y político socialista alemán de origen judío que impulsó la idea de cooperativas de producción y el apoyo estatal a fin de proteger al débil del fuerte, colaboró con el movimiento obrero y los sindicatos y fue co-fundador de la Asociación General de Trabajadores de Alemania (ADAV) impulsora del Partido Obrero Socialista de Alemania que cambiaría su nombre por el de Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD). También desde la órbita socialdemócrata opinarían August Bebel (1840-1913) y Eduard Bernstein (1850-1932), político alemán de origen judío, también del SPD, que opinaba la no necesidad de una revolución violenta para alcanzar el socialismo pues pudiera lograrse mediante una evolución pacífica a través del sindicalismo y de la acción política.

En el panorama alemán son importantes las opiniones de Carlos Marx (1818-1883), Frederic Engels (1820-1895)[5]. En esta línea tiene presencia Vladímir Ilich Uliánov (Lenin, 1870-1924) quien observó en las cooperativas agrícolas un potencial económico al inicio de la revolución en su país como experiencias colectivas previas a un sistema socialista parcialmente centralizado. [6], visión jamás comprendida por quien le sucedió en el poder.

GRÁFICO Nº 01. DE LOS PROYECTOS COMUNITARIOS A LOS PROYECTOS COOPERATIVOS.

En Italia destacó con sus utopías prácticas Luigi Luzatti (1841-1927), jurista, economista y político italiano apoyó la promoción de cooperativas de trabajo, de esquemas de seguros voluntarios y de la asociación mutual de ayuda de los gondoleros de Venecia, su mayor obra en cuanto al cooperativismo fue la difusión del cooperativismo y en concreto el impulso al movimiento de cooperativas de crédito italianas de conformidad con el modelo de Franz Hermann Schulze-Delitzsch así como la fundación de la Banca Popolare di Milano Segundo banco cooperativo italiano, el primero fue la Banca Popolare di Lodi. En las experiencias de Raiffeisen, Schultze-Delistz y Luzatti se inspiró Alphonse Desjardins para fundar el Movimiento de Cajas Populares Dejardins (MCPD) en Québec (1901).

En este panorama resaltaron como utopistas prácticos los Equitativos Pioneros de Rochdale o miembros de la Rochdale Society of Equitable Pioneers (21/12/1844), quienes sistematizaron la practica reguladora de las relaciones de la cooperativa con sus asociados y la distribución de los excedentes junto a otras reflexiones.

Es de resaltar que el pueblo de Rochdale para 1844, en plena efervescencia de la Revolución Industrial, estaba habitado por practicantes de numerosas religiones lo que explica la existencia de algunas condiciones de funcionamiento de la experiencia que dieron origen al principio cooperativo de la “Neutralidad política y religiosa”. Allí, con una libra como capital aportado por cada asociado, los Pioneros se propusieron:

“1.- El establecimiento de un negocio para la venta de géneros, vestidos, etc.; 2.- La construcción, la compra y la edificación de un número de casa en las cuales puedan residenciarse aquellos miembros que decidan prestarse asistencia mutua en la mejora de su situación familiar y social; 3.- Comenzar la manufactura de los artículos eventualmente determinados por la sociedad para la ocupación de asociados eventualmente sin empleos o que tengan reducciones repetidas en sus salarios; 4.- Para ampliar las ventajas de los miembros de esta sociedad, la sociedad adquirirá o alquilará un dominio o varios dominios de tierra, los cuales serán cultivados por los miembros eventualmente sin empleos o mal remunerados; 5.- Lo mas pronto que pueda, esta sociedad emprenderá modificaciones de los poderes de producción, distribución, educación y gobierno; o, en otros términos, emprenderá el establecimiento de una colonia residencial autónoma de responsabilidad solidaria, o bien ayudar a otras sociedades a establecer éstas colonias” [7].

Sus normas practicas mas otras incluidas en el estatuto de la sociedad, fueron asumidas por otras organizaciones y convertidas por la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), en principios básicos del cooperativismo; ellos han sido objeto de sucesivas modificaciones, siendo la última en 1995.

Como se observa, la puesta en marcha de proyectos utópicos, realizables en el mejor sentido del término[8], contribuyó, junto a novedosos partidos políticos, los sindicatos, los movimientos feministas y las OESs, particularmente las cooperativas, a la formación de un frente anticapitalista a desde la Revolución Industrial. Puede afirmarse entonces, que las OESs se establecen formalmente sobre el crisol de los proyectos comunitarios y de las variadas utopías escritas y prácticas surgidas en la Europa a lo largo de varios siglos y que sus vaivenes han estado y seguirán sujetos a sus relaciones con el capitalismo.

FUENTE: economiasocialsabiasque.blogspot.com

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