09/22/2020

EL MAESTRO MASÓN Y LA CÁMARA DEL MEDIO

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POR:  Q.·. H.·. EDGAR PERRAMÓN QUILODRÁN, M.·. M.·. R.·.L.·. Lautaro Nº 197 Or.·. de Caracas,

Documento de la Biblioteca de la R.·. L.·. Lautaro Nº 197 1.-

Introducción.

Se ha dicho que formar una Maestría de excelencia, en forma metódica y gradual, es la suprema aspiración de la Orden Masónica. El masón del Tercer Grado se ha de distinguir no sólo por su capacidad e inteligencia, sino por su elevada condición docente, por ser el primero en asumir las empresas generosas y dignas.

El Maestro es el que guía, el que educa, el que orienta e indica el camino. Todas las verdades de la Masonería se encuentran en el Grado de Maestro, el Grado que conlleva la responsabilidad de enseñar y educar, de dar ejemplo de plenitud masónica, de sencillez y de intachable probidad.

Si bien el Tercer Grado se introdujo y propagó gradualmente en las Logias Especulativas a partir de 1725, no hay duda que su espíritu docente y formativo viene desde tiempos remotos de la Orden. La existencia de los tres grados de la Masonería, existencia reconocida universalmente desde 1757, no fue un ensayo pedagógico, sino el testimonio moderno de su vieja vocación formativa y la tradición iniciática gradual de su enseñanza. En el Libro del Maestro se dice que «en Masonería ninguna actividad es superior a la del Maestro. Por sobre el Maestro no hay nada». Es el «supremo grado de la jerarquía masónica» (Oswald Wirth, «El Libro del Maestro», Imp. Wilson, Santiago, 1946).

El mismo Gran Maestro no es sino un delegado de los Maestros y es en nombre de ellos y bajo su control, que él gobierna un conjunto de Logias.

La Leyenda de Hiram.

Para los masones que hace casi tres siglos desarrollaban esta leyenda, Hiram no era solamente el arquitecto del templo muerto y revivido, de una muerte aparente, por la voluntad de continuar la reivindicación del hombre, sino que era, además, «el prototipo del justo que triunfaba de la muerte y de la corrupción». Hiram prefiere morir antes que faltar a su deber, derrotado por tres malvados que personifican tres rasgos de una sociedad agobiada, la ignorancia, el fanatismo y la ambición.

 Cuando el candidato se levanta, como un hombre nuevo, en la oscura tumba del pasado, Hiram trasciende y se prolonga con la idea de continuidad y acción renovada. Hiram es el constructor apasionado y reflexivo, que disfruta con su trabajo y que, sin pretenderlo, se inmortaliza en su obra, el Templo de Salomón, que él levanta en siete 3 años, en el Siglo X a. C., con arte y perfección para que la comunidad sea más sabia y libre. Es la enseñanza masónica que la vida individual va más allá de la muerte cuando el hombre es capaz de dejar aquí en la tierra una obra ética y social que promueva y exalte, sin deformaciones, al servicio de los demás, la justicia y la fraternidad.

En la concepción masónica de Lessing, el más grande filósofo de la Ilustración, con quien se inicia una nueva forma de pensamiento liberador, Hiram es el ser y el conocimiento que avanza y busca respuestas, el que ama lo infinito, sin olvidar lo perecedero. Bien puede la carne desprenderse de los huesos, como dice Eugenio Goblet D’Alviella (“El Origen del Grado de Maestro”, Gran Logia de Chile, 1982 –, sin que la savia se agote en la rama de acacia).

La Cámara del Medio.

La Cámara del Medio, formada por todos los Maestros, es la encargada de cautelar y enaltecer el Grado en sí mismo. En la Cámara del Medio, juntos los Maestros, en plena armonía, con Hiram redivivo en el corazón, está instalado, digno y enaltecido, el Templo Inmaterial que la Masonería ha levantado en beneficio de la Humanidad.

En la Cámara del Medio está el caudal mayor de la espiritualidad de una Logia, la plenitud de su capacidad formativa y la máxima autoridad moral del Taller. En la Cámara del Medio se ejerce la soberanía del Maestro y, con su indispensable y ponderado concurso realizador, se logra, también, la plenitud de la misma Cámara, como superior organismo docente, formativo y administrativo, refugio deseable y necesario para gozar de la libertad y corregir errores desventurados. 4 3.- Lo que busca la Masonería.

La sed de saber, de penetrar en los secretos de la naturaleza y en el conocimiento del hombre mismo, hizo de la Masonería una escuela de búsqueda incansable de la verdad. Heroicas han sido sus batallas en defensa de la cultura, del humanismo y la libertad y heroicas sus luchas en contra de los fantasmas destinados por siglos a confundir y perturbar el pensamiento.

¿Qué otra institución ha luchado más, con grandeza y coraje, que la Masonería por la libertad, la soberanía y el bienestar de nuestros pueblos? La Orden Masónica buscó lo estable y permanente en el cosmos y en la vida para dar felicidad al hombre a través del cultivo del conocimiento y de valores éticos eternos.

El pluralismo cultural y sus consecuencias sociales y políticas, ha alimentado buena parte de sus reflexiones en la sociedad contemporánea. Si la verdad está en el ser, en lo que es uno y todo al mismo tiempo, en el ser capaz de todas las transformaciones y grandezas, la Masonería levantó hasta hoy sus banderas espirituales para servir al hombre y su medio convencida de darle arraigo y bienestar.

La Masonería no sólo buscó la sustancia básica en la magia del hombre, sino en la sociedad y en los sistemas de vida y en el ansia de perfección. El Maestro masón se ideó para construir su propio templo personal e, inevitablemente, cultivar la solidaridad, la cooperación, el respeto a lo diferente en los otros, y luchar contra los prejuicios tradicionales y amar y trabajar, sin descanso, por la justicia social.

La única manera de entender el destino del hombre, en sus deberes para consigo mismo y para con los demás, es en esa función inacabable de hacer con empeño una sociedad de personas libres e iguales, sin que nadie sobre. La Maestría es el único y eterno destino del hombre.

Reanimar a Hiram en cada Maestro es trabajar con fe por los ideales liberalizadores del hombre y por las aspiraciones de una sociedad azotada por una pobreza escandalosa (la mitad de América Latina y el Caribe, 1.000 millones en el mundo).

Reanimar a Hiram es trabajar por una sociedad azotada por intereses económicos ajenos y trasnacionales y fundamentalismos religiosos y étnicos que no la dejan ensayar la búsqueda de ideales de equidad, de justicia social y tolerancia.

El masón vive en la sociedad y nada le puede ser indiferente. Tiene que saber servirla, sin excusas, con grandeza y dignidad.

FUENTE: https://lautaro197.files.wordpress.com/2012/07/el-maestro-masc3b3n-y-la-cc3a1mara-del-medio.pdf