09/19/2020

“Necesito ayuda”, menor de edad abusada sexualmente en Cuba exige justicia

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Más de un mes después de que el juicio quedara para sentencia a Y. G. H. y su familia llega la información de que el violador quedó absuelto

LA HABANA, Cuba.- A los padres de Y. G. H., de 16 años, los embarga la consternación y hasta la culpa por haber confiado demasiado, por no haber sabido prevenir a tiempo el agravio a su pequeña. Si hoy se dirigen a los medios de prensa es por su desesperación, “al no recibir la justicia esperada de las leyes cubanas”.

“Cállate, no te conviene decir nada”. Y. G. H. no podía entender a qué se refería Michael al decirle esto, luego de pedirle que le abriera la puerta porque afuera estaba lloviendo y quería guarecerse. Se trataba del copastor de su iglesia y amigo de la familia. Al entrar a su casa —cuenta Y. G. H— Michael simplemente la tomó de la mano, la llevó al cuarto, la tiró sobre la cama de espaldas, bajó su short y ropa interior, primero la forcejeó y luego la penetró con fuerzas.

Y. G. H. apenas tenía 14 años cuando en marzo de 2019 Michael Ramos Mera, el copastor de la Iglesia Metodista del municipio Sandino, en Pinar del Río, presuntamente la violó. Desde entonces su vida y sus sueños cambiaron. Ya no es la misma, y le parece que muchos no la miran igual, es como si hubiese cometido ella algún delito.

Él era “una persona conocida y de prestigio en la comunidad, y atendía a los jóvenes de la enseñanza secundaria en la Iglesia”, explica Y. G. H. Michael y su esposa la visitaban frecuentemente, en su casa y en la escuela, e incluso lo continuaban haciendo después del ultraje, “como si nada hubiera pasado”.

Por eso Michael, un hombre de más de 50 años, sabía cuándo Y. G. H. estaría sola en su hogar, “conocía mis horarios”, dice la joven. Su padre tiene una jornada de trabajo de 6 de la mañana a 7 de la noche; en esos días su hermana estaba de visita en La Habana, y su sobrino, menor de edad también, estaba en la escuela hasta la tarde.

Fue en esos espacios, cuando Y. G. H. estaba sola e indefensa, que Michael aprovechaba para hacerle una visita exclusiva, siempre por sorpresa y tomándola de la mano para conducirla hasta la habitación, dejándole claro en el trayecto que no le convenía hablar, que sería peor para ella. El incidente se repetiría en al menos cinco ocasiones en poco más de dos meses; la última de ellas el día antes de su celebración de quince años.

Al principio Y. G. H. no entendía bien lo que estaba sucediendo, no comprendía que un líder de su Iglesia la forzara a hacer algo que, según los preceptos de su religión, solo era permitido luego del matrimonio. Sólo sabía que lo que Michael le hacía no le gustaba, le proporcionaba demasiado dolor y asco. Cuando se le acababan las fuerzas para resistirse simplemente se tapaba la cara con la almohada, rechazando las peticiones de Michael para que lo abrazara y besara, mientras ella le pedía a Dios que acabara pronto. Aquellos cinco minutos, que le parecían eternos, siempre acababan cuando Michael vertía el semen en la mano, supone que para no embarazarla o dejar rastro de su crimen.

A veces, por mucho que se bañara, no soportaba el hedor que le quedaba. Pero se resistía a hablar de lo sucedido con alguien. Su padre, de enterarse, podía cometer una locura, “incluso matarlo”. En el pueblo no le creerían, “Michael tenía a todos ciegos, engañó a todos”. Tenía miedo. También la vergüenza sería demasiada, el incidente la marcaría para toda la vida tanto en lo personal como en lo social.

Fue Yamily Venereo, la madre de otro adolescente de la misma congregación, enamorado de la joven, quien, pocos meses después del incidente, se daría cuenta de que algo raro sucedía luego de que Y. G. H. se escondiera de Michael cuando este fue a buscarla en su casa. La joven huía de él y hasta había dejado de asistir a la Iglesia con la frecuencia con que solía hacerlo. Del mismo modo, a Venereo le llamó la atención que Michael se opusiera enérgicamente al noviazgo de Y. G. H. y su hijo, e incluso se dedicara “a hablar mal de ella para así lograr que mi hijo se apartara”.

Pese a que ya habían transcurrido algunos meses desde la última violación, Michael la seguía acosando. Y. G. H. se negaba a hablar, para ella la mejor manera de olvidar era guardar el secreto y, tal vez así, él pronto se olvidaría también de su persona y la dejaría en paz.

Por su parte, Venereo declaró que enseguida manifestó su preocupación a los otros pastores de la Iglesia. Por entonces, “en el pueblo se rumoraba que Michael mantenía una relación con S.”, compañera de estudios de Y. G. H.

“Sabemos todo lo sucedido”, dijeron los pastores a Y. G. H., aunque apenas tenían sospechas. La joven explicó que en ese momento se puso tan nerviosa que terminó por contarlo todo, desahogándose con ellos y con Dios. Fue entonces que decidieron denunciarlo ante las autoridades.

El suceso lo corrobó Kenia Padrón, una de las pastoras de la Iglesia. Y aunque afirma que hizo todo lo que estuvo en sus manos para denunciar lo sucedido, se negó a dar más declaraciones al respecto.

Más de seis meses tardarían las investigaciones. En ese tiempo, Michael solo estuvo entre rejas una semana. La madre de S. hizo también la denuncia, pero luego se demostró que sus relaciones habían sido con la aprobación de la adolescente. Luego salió a la luz pública que el señor le mostraba a esta amante —de 14 años— videos pornográficos.

Familiares y amigos de Y. G. H. dijeron que la esposa de Michael, Maidelis Brito Soto, en intentos desesperados por ayudar a su esposo llegó a amenazar a Y. G. H. para que retirara los cargos. “Me decía que la culpable de todo era yo, por provocarlo” y que “el juicio se podía virar en mi contra”, relató la adolescente.

Durante el período de las violaciones Y. G. H. padeció de fuertes dolores bajo vientre que apenas le permitían caminar. Reveló que a veces le daban estos padecimientos en la Iglesia, que salía del templo y detrás de ella iban Michael y su esposa; ambos la llevaban para el hospital y allí permanecía varias horas en observación; pero no “me permitían avisar a mi familia, decían que no era necesario preocuparlos”.

“Para mí ella lo sabía todo, sabía de lo que él me hacía y de su relación con la otra muchacha, pero lo escondía, lo ayudaba a tapar todo”, asegura Y. G. H.

La joven contó además que en una ocasión, poco después de la última violación, Maidelis la invitó, junto a su enamorado y otros feligreses, a almorzar. Una vez en privado les pidió a ella y al joven que rezaran por Michael porque “podía caer preso en cualquier momento”. Ambos se sorprendieron, más aún Y. G. H., pues todavía guardaba su secreto.

Ante el escándalo, la Iglesia Metodista de Sandino expulsó a Michael. Esta sería su segunda expulsión de una congregación religiosa en unos 6 años, según afirman residentes de la localidad.

Varios testigos aseguran que el 8 de julio de 2020, al finalizar el juicio, la jueza declaró que se habían probado contundentemente los delitos de “corrupción de menores” y “violación”. A Michael le pedían 7 años de prisión, pero la sentencia se dictaría a los 10 días. Más de un mes después, a Y. G. H. y su familia llega la información de que Michael quedó absuelto. En el tribunal del municipio se negaron incluso a darle copia de la sentencia.

“No es lo mismo una niña de 9 años que una de 14”, fue la justificación dada a la madre al ella cuestionar el resultado del proceso judicial.

Que un adulto tenga una relación con la venia de una menor de edad ¿es consensuado? Y que se repitiera con más de una, que le enseñe videos pornográficos ¿no es corrupción de menores? ¿Acaso la ley distingue entre una u otra menor de edad?

“No entiendo nada —manifestó la menor— hasta hoy confié en el proceso judicial cubano”.

Durante las investigaciones para este reportaje se consultaron varias fuentes por diferentes vías. Incluso contactamos al presunto criminal, Michael Ramos Mera, quien se negó a dar declaraciones. “Eso es problema de mi abogado”, repetía una y otra vez.

Hortensia Reyes, nuera de Michael, aunque ha salido en defensa de su suegro, afirmó en las redes sociales que en el juicio él había reconocido mantener relaciones sexuales con ambas menores. Esto también lo corroboran otras fuentes consultadas.

“Michael y su abogado en el juicio se referían a ellas como mujeres, pero ellas no son mujeres, sino niñas”, explicó Yamily Venereo. Asimismo, Venereo advirtió que no entendía cómo la habían eliminado como testigo en el juicio cuando fue ella quien se percató de lo que estaba sucediendo y decidió actuar.

Luego de hacer pública la denuncia en redes sociales, desesperada por una solución, y por temor a lo que pudiera hacerle su agresor en venganza, Y. G. H. sería rechazada por sus hermanos de fe. La Iglesia Metodista de Sandino la expulsó también de la congregación. La justificación: “porque, según ellos, los puse en tela de juicio al decir que mi agresor era copastor de esa Iglesia”.

Poco antes, la misma Iglesia había emitido una Orientación Oficial: “Todos conocemos bien con detalles, que no nos podemos hacer eco de ello por ética y sentido común, la pasada situación con Michael, Y. G. H. y S. Aunque estamos confundidos por la sentencia de la justicia humana, tampoco estamos de acuerdo con el criterio emitido por las redes de Y. G. H., por lo tanto nadie se haga vocero de tal cosa, va contra nuestros preceptos (…) ¡SEAMOS PRUDENTES!”.

Actualmente es imposible determinar en Cuba los casos de violaciones a menores de edad tanto por curas o pastores de iglesias, como por profesores, familiares o amigos, pues ninguna organización gubernamental o de la sociedad civil se ha dedicado a documentarlos, y los que existen apenas permiten tener un aproximado de la gravedad del asunto. Esto responde además a una cuestión de secretismo, silencio o confidencialidad en el manejo de problemáticas de esta índole, y intenta proteger el prestigio tanto de las iglesias como del gobierno.

En los últimos años se han desatado varios escándalos en diferentes países sobre abusos sexuales de menores de edad por parte de representantes religiosos. También en Cuba se han conocido casos aislados, por lo que un estudio profundo podría revelar varios incidentes de este tipo.

Entretanto, Michael sigue transitando libremente por las calles de Sandino y Y. G. H. recibe el rechazo de la Iglesia, las leyes cubanas y de su comunidad. Todo por denunciar y no quedarse callada pese a los prejuicios de un patriarcado tanto en la fe como en la política, y el machismo en la sociedad cubana. Para ellos, en muchas ocasiones, prevalece el criterio de que la mujer es culpable de su violación o agresión sexual simplemente por ser mujer, joven y hermosa.

FUENTE: https://s3.eu-central-1.amazonaws.com/qurium/cubanet.org/destacados-ygh-necesito-ayuda-menor-abusada-sexualmente-en-cuba-pide-ayuda.html