09/26/2020

Lo que acabará frenando al virus es la solidaridad (entre otras cosas)

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Aunque pueda sonar ingenuo, es uno de los principios básicos de la salud pública, y deberían aplicarlo los individuos y las naciones.

Nadie está a salvo si no estamos todos a salvo. Es el subtítulo del ensayo Epidemiocracia (Capitán Swing), escrito por Javier Padilla y Pedro Gullón, pero también uno de los lemas en los que más está haciendo hincapié la Organización Mundial de la Salud (OMS) estos días.

En sus últimas intervenciones, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, no ha dejado de apelar a la “solidaridad” de los países y de alertar contra el “nacionalismo” para acabar cuanto antes con la pandemia.

“Tenemos que evitar el nacionalismo con la vacuna del COVID-19”, recalcó el martes 18 de agosto el doctor Tedros. “Aunque los líderes desean proteger primero a su propio pueblo, la respuesta a esta pandemia debe ser colectiva. Esto no es caridad, hemos aprendido por las malas que la manera más rápida de terminar la pandemia y reabrir las economías es empezar por proteger a las poblaciones de mayor riesgo en todas partes, en lugar de a poblaciones enteras de sólo algunos países”, reivindicó. “Nadie está a salvo hasta que todos estén a salvo”, dijo.

El nacionalismo sólo ayuda al virus

Una semana más tarde, el director de la OMS insistió sobre el tema, y advirtió deque la competencia entre países por adquirir las vacunas aumentaría exponencialmente los precios y daría lugar “a una pandemia prolongada”. “El nacionalismo de las vacunas sólo ayuda al virus”, sentenció.

Parece algo ingenuo que el director del mayor organismo sanitario del mundo pida “solidaridad” en una pandemia, pero precisamente la solidaridad “es un principio básico de la salud pública”, explica Ildefonso Hernández, catedrático de Salud Pública en la Universidad Miguel Hernández y portavoz de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS). “Todo lo que no sea concertado y todo lo que no sea solidario acaba siendo malo para el conjunto”, afirma. “En una población o en una comunidad determinada, si un montón de gente reacciona y toma las medidas que debe, pero hay una parte de la población que no cumple, no va a funcionar”, señala.

En este sentido, la solidaridad funciona a varios niveles. En un primer momento, se pidió solidaridad a la población para que se quedase en casa, para que se cuidase y no pusiese en peligro al resto. Fue cuando surgieron de forma espontánea los aplausos de las 8 de la tarde a los sanitarios y los arcoíris pintados por niños y niñas con el lema ‘todo va a ir bien’. Pero ese sentimiento pareció irse apagando, y hubo rencillas entre vecinos, acusaciones a quienes se saltaban supuestamente el confinamiento, ataques a los sanitarios y, por último, manifestaciones en contra del uso de mascarillas y otras medidas de seguridad.

Si hay una especie de competición para ver quién sale mejor de todo el asunto, no va a funcionar

Esa solidaridad sigue siendo necesaria, pero ahora también se pide a un nivel más amplio, de países. “Si hay una especie de competición para ver quién sale mejor de todo el asunto, no va a funcionar, porque al final va a hacer que volvamos atrás”, advierte Ildefonso Hernández. “Sobre todo teniendo en cuenta que la competencia en la compra de productos elevará el precio de los mismos, como pasó con las mascarillas en su momento”, recuerda.

La geopolítica de las vacunas

Como señala la edición francesa del HuffPostla carrera de los países por la vacuna se ha convertido en una apuesta geopolítica y los más poderosos ya han enseñado, de una u otra manera, sus cartas. 

En total, y antes de que exista vacuna, ya se han reservado un total de 5.000 millones de dosis en todo el mundo, con diferentes estrategias: Estados Unidos ha encargado 700 millones de dosis apostando por varias candidatas, la Unión Europea ha encargado otros 700 millones apoyándose en las candidatas de la región, Japón se ha asegurado 490 millones de dosis, Argentina y México anunciaron que producirían la futura vacuna de AstraZeneca para distribuir 250 millones de dosis en Latinoamérica. Pero no a toda Latinoamérica, ya que Brasil va por libre, y aparte de participar en los ensayos de las vacunas europeas, ya ha firmado un acuerdo con el Gobierno ruso para testar y producir la Sputnik V.

¿Y qué pasa con el resto de países? En mayo la Comisión Europea organizó en Bruselas un encuentro para recaudar fondos para financiar la producción y distribución de la vacuna a los países más desfavorecidos. Se recaudaron 7.400 millones de euros, pero la suma quedó eclipsada por los grandes ausentes, entre ellos Rusia, India, Brasil y, sobre todo, Estados Unidos. 

La distribución de la vacuna se está dejando a criterios del mercado

“Los países están negociando, algunos colectiva pero otros individualmente, compras de vacunas que todavía están en fase 3, cuya eficacia ni siquiera está probada. Y entre esos países está España”, cuenta Pedro Gullón, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y coautor de Epidemiocracia. “Aparentemente, la distribución de la vacuna se está dejando a criterios del mercado. Puede que los países repartan esos lotes con un criterio de solidaridad o de equidad dentro de sus fronteras, pero me parece poco probable que apliquen criterios de salud global o de justicia global a la hora de distribuir la vacuna”, sostiene el epidemiólogo.

En una sociedad global, con un mercado global y un mundo intercontectado, todos saldremos perdiendo si finalmente sólo operan criterios de mercado. “Hay que ser estricto a la hora de pensar cómo distribuir las vacunas”, opina Javier Padilla, médico de familia experto en Salud Pública y coautor de Epidemiocracia. “Más que centrarse en los países que puedan pagarlas, sería mejor pensar en un modelo en el cual haya un nivel de expansión de las vacunas lo más homogéneo posible. Seguramente, incluso la vacuna más efectiva (que probablemente no pase del 70% de efectividad) funcionaría mejor si estuviera más o menos repartida por el mundo que si sólo está presente en unos pocos países”, apunta.  

Incluso la vacuna más efectiva funcionaría mejor si estuviera más o menos repartida por el mundo que si sólo está presente en unos pocos países

“Aunque se haga por criterios totalmente utilitaristas, no sirve de nada que se proteja sólo uno mismo, porque la enfermedad puede volver por otro lado, las vacunas nunca son cien por cien eficaces, y los viajes permiten que cojas el virus en cualquier país, independientemente de si es o no el tuyo”, coincide Pedro Gullón. “Hasta que no estemos todos a salvo, nadie puede considerarse a salvo”. 

Javier Padilla retoma esta misma frase y añade un matiz: “Nadie está a salvo si no estamos todos a salvo, pero hay una parte de la población que está un poco más a salvo”. “Por eso hay que intentar que, al menos, la forma de distribuir las vacunas no reproduzca las desigualdades que ya de por sí trae el sistema de salud”, concluye. 

Recordemos que la palabra pandemia viene del griego πανδημία (pandēmía), que significa ‘reunión del pueblo’.

FUENTE: https://www.huffingtonpost.es/entry/lo-que-acabara-frenando-al-virus-es-la-solidaridad_es_5f47c1b7c5b697186e326b69??ncid=newslteshpmgnews