POLITICA E INMIGRACION

TODO O NADA; LA PULSEADA ENTRE TRUMP Y BIDEN EN UNA ELECCIÓN CRUCIAL

POR: Rafael Mathus Ruiz

WASHINGTON.- Antes de cada elección -y sobre todo antes de cada pulseada presidencial-, en Estados Unidos suele escucharse una frase: “Esta es la elección más importante de nuestras vidas”. Este año, el superlativo repetido hasta el cansancio parece ser cierto. Estados Unidos está ante una nueva encrucijada, una batalla épica por la Casa Blanca entre Donald Trump y Joe Biden, en la que aparece en juego la esencia misma del país.

Fracturado, golpeado y deprimido por la pandemia de coronavirus -la peor recesión desde la Gran Depresión- y una tensión social que rememora a los 60, Estados Unidos decidirá si le renueva el contrato por otros cuatros años a Trump, el magnate idolatrado y detestado que cavó en la grieta, quemó todos los manuales de la política y promete recuperar “la mejor economía de todos los tiempos”. La otra opción está representada por Biden, un histórico del establishment de Washington, con una trayectoria de casi medio siglo sobre sus hombros, que quiere “restaurar el alma de la nación”.

“Esta es la elección más importante en la historia de nuestro país”, definió Trump, en el Jardín Sur de la Casa Blanca, al relanzar su candidatura en un multitudinario acto que pareció sacado de otra época, y cerró con un espectáculo de fuegos artificiales que dibujó la leyenda “Trump 2020” sobre el monumento a George Washington. “Nunca ha habido tanta diferencia entre dos partidos o dos individuos, en ideología, filosofía o visión como ahora”, insistió.

Biden también planteó una elección que marcará al país por décadas. “El carácter está en la boleta. La compasión está en la boleta. La decencia, la ciencia, la democracia. Todo eso está en la boleta”, puntualizó.

Los comicios ocurrirán en uno de los peores años de la historia de Estados Unidos. Alrededor de 200.000 personas murieron a causa del coronavirus, y cerca de 30 millones siguen sin trabajo, pese a que la economía ya rebotó. Antes del azote de la pandemia, un 45% de los norteamericanos se sentía satisfecho con el país, pero ahora sólo un 13% piensa lo mismo, y el “orgullo americano” cayó a su punto más bajo de las últimas dos décadas, según Gallup.

Trump, en uno de sus últimos actos de campaña, en Carolina del Norte. (AP Photo/Evan Vucci)

La campaña ya adquirió el mismo tono demoledor que caracterizó a la contienda entre Trump y Hillary Clinton, hace cuatro años. Para la mirada de los demócratas, Trump es un presidente corrosivo, una amenaza para la democracia y, si es reelecto, terminará por deshilachar las instituciones y la fibra social del país. Para los trumpistas, Biden aniquilará el “sueño americano” y llevará a Estados Unidos al socialismo, el caos y la anarquía. Sin llegar a ser lo uno o lo otro, el futuro del país se moverá entre esos extremos.

Al igual que hace cuatro años, Trump parece caminar hacia una derrota. Pero Trump ya dio vuelta una elección, y ha salido ileso de todos los obstáculos y escándalos que enfrentó como candidato y como presidente, incluido el juicio político por el Ucraniagate. La fidelidad de sus seguidores, su “base”, parece hecha de hormigón armado, a prueba de todo, y Trump es capaz de despertar un entusiasmo en su tropa superior al que Biden logra en la suya. Por otro lado, la economía, que este año sufrió la peor caída de la historia, ha comenzado a moverse a su favor. Biden, un político moderado, apuesta a capitalizar el respaldo del 60% de los norteamericanos que rechazan la gestión trumpista y a reciclar la coalición que eligió dos veces a Barack Obama, pero le dio la espalda a Clinton.

Trump arranca con una ventaja respecto a Biden: para volver a triunfar, no necesita obtener más votos. En 2016, perdió el voto popular por casi tres millones de votos contra Clinton. Pese a esa diferencia, el magnate logró su histórico triunfo gracias a 77.780 sufragios en tres estados clave, Michigan, Pensilvania y Wisconsin, que le aportaron una diferencia decisiva en el colegio electoral, donde se dirime la Casa Blanca.

En Estados Unidos, la elección presidencial es indirecta. El presidente es elegido por el colegio electoral –criticado o elogiado, según a quién se le pregunte–, integrado por 538 electores. Cada uno de los 50 estados del país y el Distrito de Columbia tiene asignado un número de electores según su cantidad de congresistas y senadores. California, el estado más poblado del país, tiene 55 votos, el mayor número de electores. Montana, Wyoming, Dakota del Norte, Dakota del Sur y el Distrito de Columbia tienen tres electores cada uno, el número más bajo.

Cada cuatro años, el mapa de Estados Unidos se pinta de azul, el color de los demócratas, y rojo, el de los republicanos. La elección se juega en un puñado de estados, llamados “swing states”, o estados “bisagra”. Allí se decide quién será el próximo presidente. Y el mapa cambia. Virginia fue un estado bisagra en las últimas elecciones, pero ahora es un estado demócrata sólido. Arizona, antaño un bastión republicano, se ha corrido hacia los demócratas por el crecimiento de la población latina. Iowa, un estado rural y evangélico que Obama ganó dos veces, está firme en la columna de Trump.

Este año, la elección se definirá en ocho estados repartidos en dos cinturones. Uno es el Rust Belt, o “Cinturón del Óxido”, en el norte del país, una región que supo albergar el poderío industrial y metalúrgico del país, y ahora sufre por la globalización. El otro es el Sun Belt, o “Cinturón del Sol”, en el sur. En el primer grupo están los tres estados que fueron determinantes en 2016, Pensilvania, Michigan y Wisconsin, junto con Minnesota. El segundo lote lo integran Carolina del Norte, Georgia, Florida y Arizona.

De visita en Michigan, Biden se detiene para saludar a un niño. (REUTERS/Leah Millis)

“Es una elección diferente por el nivel polarización en el electorado. Desde ambos lados, la gente teme qué sucederá si gana el ‘lado equivocado’. La polarización ha ido creciendo desde la década del 80, pero ha crecido aún más rápido durante la presidencia de Trump”, describió Arthur Sanders, profesor de política de la Universidad Drake, de Des Moines, Iowa.

Sanders cree que la mayoría de los ciudadanos ya decidió su voto, y, por eso, el resultado dependerá de quién va a sufragar. En Estados Unidos, el voto es optativo y la gente debe registrarse para ir a las urnas el 3 de noviembre.

“La mayoría ya tomó una decisión. La elección depende de la participación. Tenés que asegurarte de que tus votantes concurran. El miedo al ‘otro lado’ es un fuerte motivador para votar. También podría ayudar a convencer a algunos de esos pocos votantes indecisos para que apoyen a tu lado, pero eso es secundario a motivar a tus propios seguidores”, indicó.

Luis Ricardo Fraga, profesor del Departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Notre Dame, en Indiana, cree que en esta elección está en juego la legitimidad de las instituciones políticas del país. Es una preocupación que suele escucharse en el circuito político y académico de Estados Unidos. Pero la gente tiene otras prioridades en mente: la economía, la salud, los nuevos jueces que el próximo presidente nombrará para la Corte Suprema, la pandemia y la seguridad son las más importantes, según el Centro Pew.

“El presidente Turmp ha llevado la concentración y la discreción del poder presidencial a sus límites”. describió Fraga. Y aunque el analista considera que está en juego si las instituciones del país pueden sobrevivir otros cuatro años bajo un gobierno de Trump, asegura que la gente tiene otra pregunta. “Lo que los votantes tienen en mente es un elemento fundamental de confianza y si pueden confiar en Trump lo suficiente como para pasar por alto toda su retórica, todas sus posturas, sus mentiras, deficiencias, lo que dice, sus decisiones en el cargo, si pueden todavía confíar en él más que en Biden”, sintetizó. La respuesta empezará a responderse el primer martes de noviembre.

DONALD
TRUMP

CARGO PÚBLICO: 45 ° PRESIDENTE DE LOS ESTADOS UNIDOSPARTIDO: REPUBLICANOEDAD: 73 AÑOSLUGAR DE NACIMIENTO: QUEENS, NUEVA YORKOCUPACIÓN: MAGNATE INMOBILIARIO DE NUEVA YORK Y EXPRESENTADOR DE REALITY SHOWS

⭑“Mantengamos grande a América”
(slogan)

ELECCIONES DE 2016. En las elecciones de 2016, tras una campaña hostil y divisiva, Trump puso de rodillas al establishment de Washington cuando, contra todos los pronósticos, le ganó a la demócrata Hillary Clinton.


PROMESAS CUMPLIDAS. Cumplió muchas de sus promesas de campaña: abandonó acuerdos multilaterales (Acuerdo de París y Nafta), avanzó -a paso lento- con la construcción del muro con México, redujo impuestos y desmanteló las regulaciones ambientales de Obama. No logró su máxima prioridad legislativa: derogar el Obamacare.


ESTADOS UNIDOS PRIMERO. Su doctrina de política exterior se puede resumir en la frase “Estados Unidos primero”, una bandera bajo la cual Trump cuestionó los principios fundacionales de alianzas como la OTAN y demostró su renuencia a participar en operaciones militares en el extranjero.


LA TRAMA RUSA. Los primeros dos años de su gobierno fueron definidos por la investigación sobre la interferencia rusa en las elecciones de 2016. El fiscal especial Robert S. Mueller dijo en marzo que no encontró evidencia de una conspiración criminal entre la campaña de Trump y Rusia.


EL CORONAVIRUS, SU VERDADERO OPONENTE. Para muchos analistas, la reelección de Trump depende de convencer a los votantes de que la respuesta de su administración en la pandemia, que fue muy criticada, salvó vidas.


LA ECONOMÍA. Rezagado en las encuestas, Trump está ansioso por lograr la reactivación de la economía para poder reclamar el crédito por las ganancias económicas que estaba obteniendo antes de que el coronavirus se las llevara.


TRUMPISMO O SOCIALISMO. Tras el golpe de la pandemia, con la economía deshilachada y un desempleo de dos dígitos, la campaña de Trump replanteó la pelea por la Casa Blanca como una elección entre dos visiones: trumpismo, o socialismo bajo los demócratas.

JOE
BIDEN

CARGO PÚBLICO: EXVICEPRESIDENTE (2009 A 2017)PARTIDO: DEMÓCRATAEDAD: 77 AÑOSLUGAR DE NACIMIENTO: SCRANTON, PENNSYLVANIAPROFESIÓN: ABOGADO

⭑“Nuestros mejores días aún están por venir”
(slogan)

EXPERIENCIA EN WASHINGTON. Tras más de 40 años en la política de Washington, el “tío Joe” es un experto en política exterior y se define como un negociador. Es visto como un hombre de clase trabajadora que llega con facilidad a la gente.
MARCADO POR LA TRAGEDIA. Su vida privada estuvo marcada por la tragedia: su esposa y su pequeña hija murieron en un accidente automovilístico en 1972 y su hijo Beau falleció por cáncer en 2015.


EL ABANDERADO DEMÓCRATA. Biden actúa como el abanderado de todo demócrata al catalogar al gobierno federal como la fuerza colectiva que podrá combatir al coronavirus, reconstruir la economía y enfrentar un ancestral racismo institucional.
BIPARTIDISTA. Es un centrista, un político que apeló en varias instancias de su carrera a la política bipartidista, un anhelo que muchos ya abandonaron en tiempos de grieta ideológica.


PUNTOS DÉBILES. En sus largos discursos tiene una tendencia a cometer algunos errores. Además, el año pasado, ocho mujeres lo acusaron por acercamientos, abrazos y besos inapropiados. Se comprometió a “tener más cuidado” en sus interacciones.


EL LEGADO DE OBAMA. Sus ocho años en la Casa Blanca de Obama, donde apareció con frecuencia al lado del expresidente, le han permitido a Biden reclamar gran parte del legado de Obama, incluido el Obamacare, el paquete de estímulo económico y la reforma de la industria financiera.

ENCUESTAS. Las encuestas le otorgan a Biden una ventaja de entre 5 y 10 puntos por encima de Trump en la carrera hacia la Casa Blanca.

CÓMO FUNCIONAN LAS ELECCIONES

FUENTE: https://www.lanacion.com.ar/el-mundo/elecciones-estados-unidos-puede-trump-volver-sorprender-nid2446329?fbclid=IwAR2nhw7ejlufhepJRy3niMsYWceShLisbKVxQr8GvlS1YEpQrR3YJy0zQVg

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