HELLEN KELLER.- Un ejemplo extraordinario del poder de la voluntad humana.

                                                                                                          Por Lic. Cayetano Toledo Cabrera, 33º

Hellen fue una niña que vino al mundo con todos los atributos de un hermoso bebé, nació el 27 de junio de 1880 en un pueblecito del estado de Alabama llamado Tuscumbia. Sus primeros meses de vida fueron tan normales como el de cualquiera otra niña. A los diecinueve meses contrajo unas fiebres que le afectaron el celebro y el estómago. Durante un mes se debatió entre la vida y la muerte. Su madre se dio cuenta con el decursar de los días que la niña no cerraba los ojos cuando ella la bañaba. Al llevarla al oculista le anunciaron que su hija era ciega. Posteriormente se fijó que la niña no reaccionaba a los ruidos fuertes aún cuando fueran muy cerca de ella. También era sorda. A los tres años comprobaron que además era muda.

Hellen crecía rápidamente llegando a convertirse en una jovencita fuerte y bien formada, demostraba dulzura, aunque de alguna manera la afectaban en su carácter los enormes obstáculos que limitaban su proyección social. Cuando no se hacía entender descargaba  violentos estallidos de cólera llegando a tirarse en el suelo prorrumpiendo en terribles alaridos.

Años más tarde escribiría Hellen al respecto: “sentía como si me sujetaran manos invisibles y hacía frenéticos esfuerzos para liberarme”.

Su madre se encontraba al borde de la desesperación y llegó a sentir temor a la hora de enfrentarla, cuenta la madre que al leer un libro de Charles Dickens éste contaba la historia de Laura Bridgman niña de Nueva Inglaterra (Estados Unidos) que también era ciega, sorda y muda. Que fue educada en la Institución Perkins. Hellen fue llevada a esa  institución donde fue estudiada y valorada. Se recomendó a la familia que acogieran como institutriz a una joven que acababa de graduarse, la señorita Anne Sullivan que contaba con veinte años de edad.

 Ambas permanecerían juntas durante los siguientes cincuenta años.

Veamos un  esbozo de la vida de Anne Sullivan: era hija de unos emigrantes irlandeses y su propia infancia estaba plagada de las horribles escenas que también describió en sus obras Charles Dickens, relata que su padre siempre borracho, la golpeaba y llegó a pasar hambre. Finalmente fue abandonada en un hospicio propiedad del estado. En 1880 ingresó en la Institución Perkings ciega a causa del glaucoma. Recobró la vista después de someterse a dos operaciones, aunque toda su vida padeció de los ojos, en sus últimos años perdió de nuevo la visión.

Anne y Hellen se encuentran por primera vez en Alabama, hasta donde fue llevada por la familia de Hellen, Anna quedó impresionada por el aspecto atractivo y facciones inteligentes de la que iba a ser su pupila.

De inmediato se abrió entre ambas una batalla de voluntades, fue una lucha física y mental. La primera indicación de la tutora fue apartar a la niña de sus padres para lo cual pidió instalarse en una casa contigua a la familia donde estuvieran ellas solas.

Al cabo de varias semanas la maestra comienza a percibir los primeros indicios del aprendizaje de la niña. El más interesante, por ser el primero, sucedió cuando la maestra llevó a la niña junto al fregadero y vertió agua sobre su mano, al  ver la impresión que le causó, Anne aprovechó y le deletreó en su mano izquierda la palabra agua. Hellen recuerda ese momento de esta manera:

“De un modo u otro, el misterio del lenguaje se me reveló en aquel momento. Supe entonces que “agua” significaba aquella cosa deliciosamente fresca que me había corrido por la mano. Aquella palabra viva despertó mi espíritu: le dio, luz, esperanza alegría: la puso en libertad” 

En el espacio de pocas horas agregó treinta palabras nuevas a su vocabulario.

Posteriormente, la maestra le ofrece a Hellen una pizarra Braille para que se entretuviera. A los tres meses conocía cuatrocientas palabras y muchas frases y modismos.

En poco tiempo pudo escribir su primera carta.

Cuando Hellen cumplió ocho años la inscribieron en la Institución Parkins, siempre acompañada con su institutriz. Allí podía disponer de libros escritos en Braille y compartir con otras niñas. El avance fue ostensible y llegó a completar la enseñanza elemental. Hellen se convirtió en una muchacha agraciada, alta llena de atractivo y agudeza.

Comenzó a prepararse para ingresar a la universidad. Ingresa en Cambridge donde recibió una instrucción intensa, teniendo siempre a su lado a la señorita Anne Sullivan, quien le leía las lecciones en la palma de la mano.

En 1900 matriculó en la Universidad de Radclife convirtiéndose en la primera persona en ingresar en una institución universitaria con un triple impedimento físico: ciega, sorda y muda.

En 1904, después de enormes sacrificios, se graduó a la edad de 24 años con excelentes calificaciones en Ingles.

Veamos uno de los momentos más interesantes de este relato: 

                         ¿Cómo aprendió a hablar Hellen Keller?

A los 10 años ya leía ávidamente la escritura Braille y podía comunicarse con las demás personas a través del alfabeto de los mudos. En 1890 supo que una muchacha noruega, ciega y sordomuda había aprendido a hablar. Rápidamente le escribió en la mano a Anne Sullivan: “Tengo que aprender a hablar”.

La señorita Sullivan llevó a Hellen a la escuela para sordos, Horace Mann en Boston. Rápidamente la directora del plantel, la señorita Fuller comenzó a trabajar:

“En primer lugar hizo que Hellen le pasara la mano por la parte inferior del rostro y le pusiera los dedos dentro de la boca, de modo que sintiera la posición de la lengua de la maestra, sus dientes, el movimiento del maxilar inferior y la laringe. La señorita Fuller colocó entonces la lengua en posición de emitir el sonido i, luego hizo que Hellen le apoyara un dedo contra los dientes y otro contra la garganta y repitió varias veces el sonido i. Tan pronto terminó esta prueba, Hellen se apresuró a realizar el ejercicio por sí sola logrando producir un sonido idéntico al logrado por su maestra. Enseguida practicaron con otras vocales que Hellen emitió con claridad. Después ensayaron con la palabra mamá y papá, las cuales fueron aprendidas  de forma tal que salieron con dulzura musical de los labios de Hellen”.

Terminada la séptima lección, relata la señorita Sullivan que Hellen le dijo: “ya no soy muda” 

 Esta fue la primera vez que Hellen Keller se sirvió de palabra para expresar un pensamiento, apenas al mes de recibir la primera lección.

Solo 11 lecciones recibió Hellen de la señorita Fuller, como podrá suponerse eso fue solo el comienzo de un largo batallar para dominar la palabra hablada.

Fueron largos años de arduo e intenso trabajo para mejorar su lenguaje y perfeccionar la pronunciación. Jamás dejó de ejercitarse vocalmente. Los que estuvieron en contacto más directo con ella estaban admirados de apreciar el perfeccionamiento que llegó a adquirir del lenguaje hasta tal punto que en 1913 a los 35 años, ofreció su primer discurso en público. Su dominio de la palabra hablada mereció el calificativo de los especialistas, como:

                    “La proeza individual más grande que registra la historia de la educación”.

Alcanzó gran destreza en “oír”, lo cual logró por la vibración de los labios. Colocaba el dedo medio sobre la nariz, el índice en los labios y el pulgar en la laringe de su interlocutor. Podía escuchar la voz, sobre todo si esa voz de quien hablaba era clara y resonante.

De esta manera pudo escuchar la voz de sus amigos: Franklin D. Roosevelt, los mejores chistes de Mark Twain y escuchar la voz de oro de Enrico Caruso.

Filmó una película que tuvo por título “Liberación”, participó en programas de variedades en teatros de diferentes ciudades.

Hellen Keller era conocida en el mundo entero. Escribió más de 10 libros que fueron traducidos en muchos idiomas y adaptados al sistema Braille.

Viajó a Europa y Asia y siempre estuvo interesada en mejorar la situación de las personas privadas de la visión para lo cual dedicó parte de su tiempo a recaudar fondos para lograr ese objetivo. Se convirtió en una mujer muy ilustrada. Recibió condecoraciones, títulos honoríficos y condecoraciones de varios países.

Fue nombrada miembro de mérito de la Academia de las Artes y Letras de los Estados Unidos.

Anne Sullivan, su maestra e inseparable compañera murió en 1936. Ese año se le otorgó a la notable pareja la “Medalla Roosevelt” y en 1964 recibió la Medalla de la Libertad de parte del Presidente de los Estados Unidos.  

 Hellen Keller vivió sus últimos años en una hermosa casa situado en los bosques de Connecticut, a 80 km de New York, en su biblioteca la acompañaban sus libros, la colección en Braille y muy cerca de ella una Biblia en Braille la cual leía diariamente, llegando a conocer de memoria capítulos enteros.

Murió el 1 de junio de 1968 a los 87 años de edad y su funeral se realizó en la Catedral Nacional de Washington.

Termino con este exquisito pensamiento de esta mujer extraordinaria:

“Ten Calma, desacelera el ritmo de tu corazón y haz el silencio en tu mente. Afirma tu paso mirando al futuro. Descubre la serenidad de las montañas. Rompe la tensión de tus nervios y músculos con la música dulce de los arroyos que viven en tu memoria. Vive intensamente la paz del sueño.

Aprende a tomar vacaciones de un minuto, deteniéndote a mirar una flor, a conversar con un amigo, a contemplar un amanecer o a leer un buen libro. Recuerda cada día la fábula de la liebre y la tortuga, para que sepas que vivir con intensidad no quiere decir vivir más rápido, que vivir es más que aumentar la velocidad. Mira hacia las ramas del roble que florece y piensa que si creció tan alto y tan robusto es porque creció despacio.

Ten calma, desacelera el paso y echa tus raíces en una buena tierra que te ayude a crecer hasta las estrellas”. 

                                                                     FIN

                                                              La Habana, 1 de octubre de 2020.

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