EDUCACION E HISTORIA

Por que compararte con los demás acaba con tu autoestima y te impide ser feliz

Cuando nos comparamos siempre vamos a salir perdiendo nosotros porque normalmente lo que ocurre en las comparaciones es que infravaloramos nuestra capacidades y exacerbamos el valor de la otra persona

07 Oct2020 01:03hMelissa GonzálezRedactorSEGUIRCOMENTAR0GUARDAR

El acto de compararnos que los seres humanos ponemos en marcha es automático y lo hacemos sin querer, siendo una conducta que nos encontramos de manera implícita en nuestra cultura y sociedad. ¿O es que, acaso, tus padres no te preguntaban también por la nota que habían sacado tus compañeros de clase en algún examen? No sería seguramente con la intención de comparar los números con los que nos evaluaban en el colegio, pero en muchas ocasiones sí lo ocurre así…

Uno de los motivos por el que nos comparamos es para darnos cuenta de aquellas cosas que nos gustaría tener o alcanzar. El problema es que la propia comparación no nos permite valorar aquello que hemos logrado o aquello que tenemos, pues minimizamos nuestros propios éxitos a través de la comparación.

Tal como cuenta Lidia G. Asensi, psicóloga del Centro Psicológico Cepsim, otro motivo por el que se da la comparación es con respecto a la idea de alcanzar la perfección: «Tenemos que tener cuidado con la perfección, dado que genera unas altas exigencias en nosotros y terminamos por no estar conformes nunca con lo conseguido. La perfección es una trampa la cual nos lleva a estar constantemente en el hacer».

Por qué no es bueno compararse

La comparación con respecto a otras personas es dañina para nosotros y nuestra autoestima y, siguiendo el consejo de la psicóloga Asensi, la única comparación válida es con respecto a nosotros mismos: «La comparación nos lleva a rechazar quiénes somos. No nos ayuda a cambiar o mejorar aquello con lo que no estamos conformes, sino que nos limita». Y eso es lo que entorpece después nuestra autoestima… «Al compararnos estamos idealizando los elementos de la otra persona, es decir, adoptamos una posición inferior con respecto al otro. Por tanto, en esta posición no nos valoramos ni a nosotros ni nuestras capacidades y logros», expone.

Explica Lidia G. Asensi que cuando nos comparamos lo hacemos desde la parte más visible y superficial, pero no tenemos en cuenta qué hay debajo. Es decir, en las comparaciones muchas veces no aplicamos la regla de «en igualdad de condiciones». «Imaginemos que un compañero nuestro ha terminado su trabajo a tiempo pero nosotros no. Comenzamos a realizar comparaciones dañinas para nosotros del tipo: ‘mi compañero es mejor que yo’, ‘yo no soy igual de eficaz y capaz’, ‘no merezco este puesto tanto como él/ella’ etc. Pero, quizás, la situación actual de nuestro compañero es diferente a la nuestra», asegura, por lo que debemos mirar la historia completa para realizar esa comparación, porque muy posiblemente no nos ha dado tiempo a terminarlo porque esta semana hemos tenido varias reuniones, hemos tenido a nuestro hijo malo y hemos tenido que cuidarle etc.

Qué hacer para no compararse

  • Identificar en qué momentos te comparas: ¿cuándo te comparas con los demás? ¿En qué contextos lo haces? ¿Cuál es el objetivo que quieres conseguir a través de la comparación?
  • Ser consciente del malestar y el daño que la comparación genera. ¿La comparación te ayuda a lograr aquello que quieres o te limita?
  • Es importante observar toda tu historia. Esto te permitirá ser más justo contigo mismo y entender por qué no has logrado determinado objetivo, así como valorarte a ti y a todo lo que has logrado.
  • Parar y mirar quién eres tú y todo lo que has conseguido. Centrarte únicamente en lo que te falta no te permite disfrutar de lo logrado. No obstante, es importante tener en cuenta que te gustaría conseguir. Todos aquellos objetivos que uno se proponga es importante que surjan de uno mismo y no de la comparación externa.
  • No tienes que competir con nadie. Al fin y al cabo la comparación nos lleva a una carrera dañina con los otros.
  • Es importante la compasión y aceptación con uno mismo.

Al no tener en cuenta todos los elementos propios y de la otra persona, no nos permite ver que quizás la otra persona tenga determinadas fortalezas o habilidades que yo no tengo, pero que yo tengo otras que el de en frente no tiene. «Cogemos de manera aislada aquello con lo que no estamos conformes de nosotros mismos y nos comparamos con las personas que sí destacan en eso. Por ejemplo: si considero que toco mal el piano y me comparó con una persona que es excepcional tocando el piano, saldré perdiendo y considerando que no tengo capacidad para ello», concluye la psicóloga del Centro Psicológico Cepsim.

A día de hoy las redes sociales han generado un gran impacto con respecto a la conducta de compararnos. Estas nos muestran la mejor cara de todos nuestros contactos, y esto puede llevar a determinadas personas a considerar que su vida no es igual de buena que la de otras personas por ejemplo.

FUENTE: https://www.abc.es/bienestar/psicologia-sexo/psicologia/abci-compararte-demas-acaba-autoestima-y-impide-feliz-202010070103_noticia.html?fbclid=IwAR2alR-MeeFUQj5QEq4yNRTzxtn442RHvkeKHCHMh4CrI-RuMX8luFei7Z0

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