MASONERIA

EL MISTERIOSO IMPACTO DE LA INICIACIÓN MASÓNICA

A. L.G. D. G. A.D. U. ¡SALUD, FUERZA UNIÓN!

V.M.QQ.HH.

Desde un punto de vista formal, exotérico, la iniciación masónica es una ceremonia simbólica y ritual en la que un profano que pidió la entrada en una orden masónica -y que antes había sido considerado digno de pertenecer a ella- se convierte en un francmasón. Contemplada globalmente, todavía en el plano exotérico, la iniciación puede ser entendida como un rito de pasaje, es decir, el paso de una persona de un estado a otro en el transcurso de su vida, como los ritos de pubertad, matrimoniales o de índole religiosa (BarMitzvá, Comunión) etc.

Desde una perspectiva esotérica, la iniciación masónica es mucho más que eso, porque a través de la conducción simbólica en la ceremonia misma, se le va sugiriendo al neófito el tipo de trabajo que deberá realizar como masón en su fuero interno: la búsqueda permanente de la verdad (o verdades) que quizá no alcanzará nunca, pero que nunca perderá la esperanza de hallar. En esa búsqueda se mejorará también a sí mismo en el plano moral y se transformará en el ámbito espiritual, que es el ámbito de todo lo esotérico.

En este tenor se entiende mejor el sentido etimológico del término iniciación, proveniente del latín, initium, inicio, e initiare, que se divide en dos: in, hacia adentro, e ire, ir; o sea, ir hacia adentro de sí mismo. Es decir, que la iniciación implica el comienzo del esfuerzo que realiza el neófito para conocerse a sí mismo e indagar en su interior acerca esas ocultas verdades. Se trata del inicio de un renacimiento simbólico, aunque muchos supongan, erróneamente, que pueden llamarse iniciados desde el momento en que comienza su iniciación. La iniciación masónica ofrece, al que se inicia y a los que participan en ella, una “representación dramática ad hoc”; la llamo “ad-hoc”, porque es adecuada o especialmente dispuesta para fines específicos, como los señalados más arriba y no una representación teatral como tal.

Walter L. Wilmshurst, en su ya clásico estudio “La Iniciación Masónica” de 1924, la define como un “método sistemático y dramatizado de disciplina moral e instrucción filosófica, basado en antiguos usos y prácticas establecidas durante largo tiempo”.

Pero la iniciación abarca sólo la primera fase de ese largo proceso y nos muestra lo suficiente para que no andemos a ciegas. Sus ritos y símbolos nos sugieren los pasos que debemos dar para recorrer las próximas etapas del camino.

Ahora bien, ¿de qué índole es el impacto que la iniciación provoca en los recipiendarios? Los efectos varían con cada individuo, pero hay un elemento común que la hace diferente a otras iniciaciones: el candidato desconoce los contenidos reales de las ideas masónicas cuando ingresa a la Orden. Todo su recorrido a través de los distintos grados consistirá en develarlas, a modo de otras iniciaciones e iluminaciones sucesivas. Por ende, debemos admitir de antemano que, en la actualidad, no son razones ideológicas o doctrinarias las que incitan a entrar a la Logia, sino motivaciones afectivas, como la curiosidad, la amistad y la vanidad; pues el profano que se interesa por entrar a la Orden lo hace a menudo por participar en un secreto, tener amigos o formar parte de un grupo exclusivo, o bien las tres causas juntas. En el siglo XIX se podía pensar que la Masonería atraía -y en verdad atrajo- a muchos y a lo más granado de la sociedad criolla, por su ferviente apoyo a la emancipación de las colonias americanas de sus metrópolis europeas; ya que una notoria mayoría de los próceres de la Independencia en el Nuevo Continente fueron masones.

Pero hoy en día, como antes del auge decimonónico, los tres antiguos alicientes antedichos, el misterio, la fraternidad y el prestigio, siguen siendo los que estimulan a golpear las puertas del Templo.

Retomando el tema del impacto, una indagación por la literatura masónica al respecto me llevó a encontrar las siguientes categorías:

  1. No hay impacto. La iniciación transcurre como un paso necesario, casi burocrático, para formar parte de la institución.
  2. Hay un impacto estético, una intuición poética, generada por la belleza intrínseca de la ceremonia y su representación dramática.
  3. Se produce un impacto trascendente, que rebasa la individualidad del profano y lo pone en comunicación con estados superiores del Ser. A este tipo de impacto lo llamo numinoso, adoptando el concepto creado por Rudolf Otto y aplicado por él a ciertos fenómenos religiosos y místicos, aunque la Masonería no sea una religión.

Rudolf Otto, en su libro La idea de lo Sagrado considera que el concepto de “sacro” o “santo”, además de un componente de perfección moral, contiene un aspecto “numinoso”. Este último término, acuñado por él, proviene del vocablo latino “numen” -de idéntica forma en español- que significa inspiración poética o artística y divina, similar a la que ejercen las Musas.

También era el nombre de una deidad mitológica que ejercía una fuerza oculta y protegía ciertos lugares especiales.

Lo “numinoso”, para Otto, “constituía una experiencia no-sensorial y noracional, un sentimiento cuyo objeto está más allá del hombre mismo y se presenta como un “Gran Otro”, una alteridad radical, en una condición en la que el ser humano se ve “completamente desconcertado” y lo percibe no sólo como misterioso, sino como algo que puede ser por momentos “tremendo y a la vez fascinante”. Según este autor, lo “numinoso” existe en todas las religiones, en mayor o menor medida y tiene una cualidad de conmoción, o estremecimiento y transformación potencial en el que la experimenta”.

Lo numinoso, por ende, incluye experiencias de tipo religioso y místico, pero nada tiene ver con la dimensión institucional de las religiones ni con sus respectivos dogmas. Es una vivencia que, en sí misma, implica una conexión con algo más amplio, con un ámbito y una fuerza cósmica que rebasa, y a la vez atraviesa, a quien la ha tenido. Y esto también puede suceder en el arte, en el amor, y en la iniciación a una sociedad iniciática como la Masonería.

Volviendo a la clasificación sugerida más arriba, acerca de los tipos de impacto que la iniciación masónica suscita en los recipiendarios, vemos que lo “numinoso” es aplicable plenamente a la tercera categoría; pero también, parcialmente, a la segunda. Porque la belleza del ritual iniciático es favorable a aparición del numen, aunque, en este caso, se da de una manera similar a lo que estimula al poeta y al artista.

La tercera forma de impacto, plenamente “numinosa”, que no descarta la anterior, es la que desbroza la entrada al camino esotérico, la que abre las puertas a la búsqueda del Misterio. Pero ella puede ocurrir también en otras ceremonias masónicas como la exaltación -el rito de pasaje al grado de Maestro- y aún en cualquiera de los grados de la trayectoria masónica.

Puede suceder, asimismo, que sólo se perciba un impacto estético, como se expresa en la segunda categoría, o que no se sienta ningún impacto, como en la primera, durante toda una vida de pertenencia a la Orden. En las biografías masónicas existen ejemplos de los tres casos. Pero ésta no debe entenderse como una tipología discriminatoria, o que pretenda establecer un modelo preferencial. Sólo afirmo que la presencia de lo “numinoso” en la iniciación u otros ritos masónicos estimula la indagación en el plano esotérico, al cual se puede acceder también sin ello. Pero cuanto acontece, el Hermano al que le ha sucedido podría considerarse afortunado, aunque deba pasar por una experiencia “tremenda”, que también pudo desconcertarlo o llenarlo de asombro. De todos modos, vale la pena recordar que todo lo que se desarrolla en el ámbito esotérico es, en gran medida, individual e intransferible.

Como “colofón”, he desenterrado de mis cajones un breve texto, el de mis propias “Impresiones de la Iniciación” en nuestra Logia, hace más de veinte años, que, según la costumbre, lee en su primera tenida el nuevo aprendiz:

No hay iniciación sin dolor. Eso lo sé por las andanzas, en mis años mozos, como antropólogo, entre los indios y campesinos del N.O. argentino, el sur de Chile y el Valle de México. Pero ésta es la primera vez que yo mismo, en persona, sufro y gozo una iniciación. El dolor, no físico sino anímico, se debió simplemente al hecho de tener los ojos vendados, lo cual me impidió oír algunas de las bellas palabras y preguntas del ritual; porque entonces yo no usaba audífonos y me valía de una instintiva y casi perfecta lectura labial. Sin embargo, entendí las palabras no escuchadas de un modo misterioso, quizá sobrenatural. El gozo, fue causado por la inesperada belleza de la ceremonia, la eclosión de símbolos, el colorido de los mandiles y las medallas, las manosy las espadas extendidas, la armonía de los sucesivos pasos iniciáticos, desde la muerte alegórica en el Cuarto de Reflexión a la bendición de la Luz, ya sin la venda. También comprendí, de un modo más emocional que racional, que había encontrado mi hogar espiritual para toda la vida.

José Luis Najenson

FUENTE: https://www.thegoatblog.com.br/Cadenafraternal/index.php/home/planchas?task=download.send&id=57&catid=2&m=0

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