MASONERIA

La Iniciación su significado e Importancia

AUTOR: Germán Alexander Ruiz Orderique
Seudónimo: Fiat Lux
R.·.L.·.S.·. Arte real Nº 159

La iniciación masónica es una perla inestimable en la corona de la simbología; esta ceremonia pese a no ser comprendida por la mayoría de los candidatos, es un acto de sobremanera significativo, cuya verdadera importancia esta oculta tras la verdadera apariencia del velo exterior.

Impresiones de mi iniciación masónica | Muy Leal, Benemérita, Ilustre y  Firme Log:. Simb:. Leonardo de Vinci 87 No. 109

La palabra Iniciación se ha dicho que deriva del latín initiare, de initium, y esta se deriva en dos: in, hacia adentro, e ire, ir, o sea ir hacia adentro. De modo que la palabra iniciación tiene el doble sentido de comenzar y de ir hacia adentro.

En otras palabras la iniciación consiste en el esfuerzo que realiza el hombre para ingresar nuevamente, para ir hacia adentro de sí mismo en busca de las verdades eternas que nunca salieron a la luz del mundo exterior.

Por otra parte la palabra Iniciación es equivalente de religión, religiare ligar o unir de nuevo; el iniciado es el ser que reconoció su error y volvió a entrar en la casa paterna, mientras que el profano se queda fuera del templo de la sabiduría, lejos del conocimiento real de la verdad dedicado a la satisfacción de sus sentidos exteriores.

Pero ¿Quien entra y como se puede entrar en el mundo interno? De la etimología de la palabra se desprende que el significado de la iniciación es el ingreso en el mundo interno para comenzar una nueva vida.

Todo ser humano, al cerrar sus sentidos al mundo externo, se encuentra en su ámbito de reflexión, aislado en la obscuridad que representa las sombras de la materia física que rodean al alma hasta la completa maduración. Desde el momento en que el practicante comienza a dirigir la luz del pensamiento concentrado hacia su mundo interior, la iluminación comienza a invadir su Templo, poco a poco.

Entonces, el Iniciado es el ser que dirige su pensamiento al mundo interno o mundo del espíritu, pensamiento que lo conduce al conocimiento de sí mismo y del Universo, del cuerpo y de los Dioses que en él habitan.

Así pues, ese ingreso “iniciación” no es ni puede ser considerado únicamente desde el punto de vista material, ni como la aceptación de una asociación dada, si no como el ingreso a un nuevo estado de la conciencia, a un modo de ser interior, del cual la vida externa es efecto y consecuencia.

Se trata del renacimiento indicado por el evangelio, es la transmutación del estado intimo del hombre para iniciarse efectivamente, o sea ingresar en la vida nueva que caracteriza al iniciado, aunque muchos suponen erróneamente que pueden llamarse iniciados desde el momento en que comienzan su iniciación.

La iniciación es el renacimiento iniciático, o sea la negación de los vicios, errores e ilusiones que constituyen los metales groseros o cualidades inferiores de la personalidad para la afirmación de la verdad, de la virtud y de la realidad que constituye el oro puro de la individualidad y la perfección del espíritu que en nosotros se manifiesta a través de nuestros ideales elevados.

Todo hombre de buena voluntad bueno y santo es el verdadero iniciado, sin necesidad de pertenecer a una orden externa.

Como manifiesta Hermes; “Lo que está arriba es como lo que está abajo”. Y por eso manifiesta Jesús: “El Reino de Dios está en Vosotros”.

El grado de Aprendiz y cada grado sucesivo de la Orden como significado comprenden cierta etapa evolutiva, es decir cierto estado de conciencia, y nadie puede, naturalmente, conferirnos un estado de conciencia u otorgarnos un determinado grado de evolución, ni iniciarnos en él. Cada cual tiene, por tanto, que ser interiormente un iniciado de algún grado, antes de que pueda tomar efectivamente la Iniciación correspondiente.

Sin embargo, con la debida comprensión, cada Iniciación puede significar un paso de incalculable trascendencia en nuestra vida; De ahí la necesidad de que comprendamos el verdadero propósito de las ceremonias iniciáticas de la Masonería.

El camino evolutivo tiene para todos, sin excepción alguna, ciertas etapas bien definidas. Una Iniciación masónica ofrece, al que la toma y a los que participan en ella, una representación dramática de este proceso de realización del ser, con lo cual muestra un cuadro anticipado de este proceso.

La Iniciación comprende solamente la primera etapa a recorrer, pues la limitación de nuestra mente no nos permite abarcar más. Pero ella nos muestra lo suficiente para que podamos prever lo que esa etapa encuadra y no andemos tan a ciegas.

Los ritos de la iniciación nos muestran los pasos que debemos dar para recorrer esa próxima etapa del camino, facilitándonos con ello un progreso más rápido.

La Iniciación nos anticipa, pues, el futuro. Y, para que el mismo nos quede fielmente grabado en la memoria, nos hace ensayar, a través de su desenvolvimiento, el papel del drama que habremos de representar en la vida real en el futuro. Ella constituye, por tanto, un ensayo del drama a desarrollarse.

En la iniciación masónica los primeros trabajos del aprendiz se llevan a cabo con el mazo y el cincel, herramientas que respectivamente simbolizan la fuerza de la voluntad y la facultad de la inteligencia, la cual distingue, separa y determina lo que en el ser es permanente y co-esencial a su naturaleza.

En lenguaje masónico esta acción clarificadora recibe el nombre de “despojamiento de los metales”, que en el fondo es idéntica a lo que en Alquimia se denomina “separar lo espeso de lo sutil”, es decir lo profano de lo sagrado. Sólo así, conjugando en un acto único, que deviene ritual y permanente porque se ha “incorporado” a la naturaleza del ser, la fuerza del amor y el rigor de la inteligencia, la “materia caótica” irá siendo pacientemente tallada, hasta que el aprendiz, intuyendo la Belleza o “forma” ideal oculta en esa materia deforme, se “eleve” a un grado superior de su jerarquía interna, es decir, a compañero.

El Cuarto de Reflexión y el examen de sí mismo que cada uno hace como preámbulo de la Primera Iniciación, debe servir para preparar previamente para este gran momento. Todo el que ha reflexionado suficientemente a lo largo de su vida sobre el paso que está por dar, al tomar la iniciación, debe poseer también la debida madurez y la necesaria comprensión para poder participar efectiva y no formalmente, de todo lo que ha de llevarse a cabo en la ceremonia y ver lo que las formas revelan.

Con esa predisposición, el candidato sentirá, durante la ceremonia, que está en presencia de algo significativo. Cada palabra, cada acto del ritual, encerrará alguna clave que podrá encender alguna luz interior que estaba ya lista para manifestarse en él, iniciándolo en alguno de los sagrados misterios de la vida y del ser.

En la Masonería el trabajo de desbastar y perfeccionar la “piedra bruta”, que es el símbolo del aprendiz, y que en cierto modo puede verse como una imagen del mundo profano, de donde el aprendiz procede y al que tiene que superar en su intento de ir de las “tinieblas a la luz”.

En este contexto simbólico, las asperezas y aristas de la piedra bruta representan las deformaciones del alma humana e ilusiones mentales de todo tipo, las cuales suponen un obstáculo en la evolución espiritual.

Ahora con respecto a la iniciación de Primer grado la entrada al Templo se inicia con tres golpes sobre la puerta, dando a entender que la triplicidad es el principio de todo lo que sigue. La puerta se abre sólo al que golpea en ella en forma adecuada, indicando la síntesis alcanzada.

Esto es sintomático de todas las “entradas” que seguirán. Basta golpear adecuadamente a las puertas en el camino para que indefectiblemente se vayan abriendo. Si no abren, podemos estar seguros, es porque no llamamos a ellas con la correcta actitud.

Entrar en el templo con los ojos vendados nos indica que en el templo de la sabiduría no pueden servirnos los sentidos y que la luz del saber interno es sentida pero no vista.

El guía que lleva al neófito al templo representa al guía interior que conduce individualmente a todo ser que ansia ir por el camino de la verdad y sin la cual al candidato le sería imposible cumplir con las condiciones que se le piden para su iniciación.

En el interrogatorio que se hace al candidato, a su ingreso en el templo, es el examen de sus meditaciones en la cámara de reflexión.

¿Cuáles son los deberes para con Dios, para consigo mismo y para con la humanidad?

¿Cuáles son sus ideas sobre el vicio y la virtud?

Para poder entrar al Templo y llevar a cabo la Iniciación, tenemos que pasar inevitablemente por entre dos columnas poderosas situadas a lados opuestos de su portal. Estas columnas tienen una importancia fundamental en el Templo. Constituyen el punto de partida de todo cuanto se realiza en él. Tanto es así que hablamos de levantar columnas cuando nos referimos a abrir una Logia, lo cual equivale a nacer a una nueva vida.

Este hecho lleva involucrado un mundo de significados. La primera vez que pasamos entre columnas lo hacemos a ciegas y sin darnos cuenta de ello, ya sea al iniciar una nueva vida en el Oeste o al nacer a ella. Luego lo hacemos con los ojos abiertos, conscientes de ello aunque no siempre de su significado. Lo repetimos después siempre que entramos al Templo o cuando nos poner al orden del Ven.: M.: para realizar algún trabajo.

Una vez realizada la entrada al templo se realiza o vive la experiencia de los tres viajes que le indican al iniciado que tiene por delante un camino que recorrer y que éste consta de tres etapas.

También tratan de mostrarle que todo en la vida se desenvuelve en ciclos, y que cada etapa del camino equivale a un determinado ciclo de evolución. Es por esto que los tres viajes se realizan en forma circular. Parten y terminan entre columnas para indicar el punto de síntesis a que es indispensable llegar en cada ciclo evolutivo.

Son viajes simbólicos a través de la vida de todo hombre. Durante el transcurso de la misma camina tanteando y tropezando torpemente en la oscuridad hasta el final del tercer viaje en que recibe la luz directa de la intuición y cae finalmente la venda de sus ojos también, como en la vida real, al neófito se lo puede orientar o conducir, pero no arrastrarlo o cargarlo -tiene que dar los pasos por su propio esfuerzo y consciente de lo que hace, pues ésta es una empresa de realización propia.

El primer viaje es por aire, porque en él recibimos el aliento de vida necesario para iniciar el camino y la nueva vida la cual nacemos. Esta etapa requiere mucho aliento. Se desenvuelve en el plano físico e involucra las actividades del cuerpo etérico, vital y físico. Durante esta etapa el viajero se halla sumido en el materialismo y las satisfacciones materiales, y lo dominan sus apetitos y su personalismo.

Inicia esta etapa de su vida en medio del trepidar de espadas en la lucha de opuestos dentro de sí. Su meta, al final de este viaje, es llegar al punto de síntesis o armonía entre los opuestos. Esto lo consigue a través de la integración de su personalidad.

El primer viaje lo lleva al 2º Vigilante, el cual representa la personalidad o nuestra naturaleza material. El viaje termina entre columnas.

El segundo viaje es por agua. El agua simboliza la naturaleza emocional y esta etapa se caracteriza por el emocionalismo y las grandes luchas internas que finalmente conducen al caminante al sitial del 1er Vigilante.

El tercer viaje es por fuego, el cual simboliza nuestra naturaleza mental. En esta etapa el peregrino, tras consumirse en un fuego sagrado resucita a una nueva vida, espiritualizado y liberado de sus limitaciones, habiendo escalado las tres gradas al trono del espíritu o ser supremo entre nosotros, representado éste por el Venerable Maestro de la Logia. Cae la venda de los ojos. Todo se ilumina entonces en la logia individual y colectiva. Aquí terminan los viajes, habiendo alcanzado simbólicamente su objetivo.

Al final del drama evolutivo que se ha realizado en la ceremonia de Iniciación, como es costumbre, salen a escena todos los que han actuado en él. Como broche final se forma la cadena masónica. Este último acto tiene por finalidad dejar grabado en la mente del aspirante, como resumen de todo lo actuado, que debe esforzarse por eliminar de sí todo sentido de separación, porque no existe, en realidad, separación alguna subjetiva entre un hermano y otro. El más débil del grupo debilitará al conjunto; es decir, el grupo no será más fuerte que el más débil de sus integrantes.

Deben progresar juntos por fuerza. En bien del conjunto, todos estarán dispuestos a ayudar al Aspirante. Siendo éste el más nuevo, se lo considera el más débil del grupo; y se lo insta, en bien de todos, que acelere el trabajo de su autorrealización. Se le crea esta obligación moral desde el momento que acepta entrar a formar parte del grupo que constituye la Logia.

Cada iniciación individual es, a la vez, una Iniciación grupal ya que solamente unidos podemos progresar. Finalmente el objetivo de la iniciación no es la búsqueda de los poderes mágicos sino el sacrificio por los demás. Sin este requisito no hay religión alguna, ni escuela, ni ocultismo ni misticismo.

FUENTE: http://www.masonesdelperu.org/segundo_puesto_a.pdf

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