ECONOMIA Y CORRUPCION

EL PROBLEMA CLAVE DE LA LIBERTAD

Si bien liberales y republicanos se reconocen como demócratas, su concepción de la libertad es bien diferente. La tradición liberal identifica la libertad como una noción “negativa”, es decir como la ausencia de intrusiones en la vida de cada uno. De acuerdo al distingo clásico establecido por Isaiah Berlin en Dos conceptos de libertad4, la libertad “liberal” se entiende como la exigencia “de no interferencia compatible con el mínimo de requisitos necesarios para la vida social”. La libertad negativa es, por lo tanto, libertad frente al control, compulsión, restricción e interferencia por parte del Estado. Ello supone una relación regulada entre los poderes y la libertad de los ciudadanos, donde el Estado no toma partido y se mantiene neutral ante las actividades comerciales individuales. El liberalismo afirma la “santidad” de los derechos de propiedad y es hostil a toda forma de redistribución de la riqueza. 

De acuerdo al principio del liberalismo, la libertas supone vivir como hombres libres – principio consagrado por el vivere liberi de Maquiavelo–para buscar realizar los propios fines personales sin inseguridad ni restricciones. Ser negativamente libre –completa por su parte Philip Pettit– es estar libre de las interferencias de otros para consagrarse a aquellas actividades que, inserto en una cultura apropiada, uno es capaz de realizar sin la ayuda de los demás: pensar lo a que uno se le ocurre, decir lo que uno piensa, circular por donde uno quiere, asociarse con cualquiera que lo acepte. En todos estos casos, el Estado debe limitarse a permitir y garantizar el ejercicio de estos derechos, ya que para el liberalismo clásico la libertad es un bien natural, una propiedad individual, que no se entiende como un problema de oportunidad, sino de ejercicio. Sólo alcanza el disfrute de la libertad quién ejerce las capacidades y persigue los fines que sirven para realizar los propósitos que caracterizan la condición humana. 

Un Estado libre es aquel que no está sujeto a coacciones y se rige por su propia voluntad, es decir, por la voluntad general de los integrantes de la comunidad. En la versión liberal, el Estado debe ser tolerante y respetuoso con los derechos de todos; debe mantenerse neutral y no interferir en las elecciones vitales: no debe “tomar partido” y debe abstenerse para ser mejor garante de las opciones morales de sus miembros. La posibilidad de que la ley pueda limitar el ejercicio de la libertad sólo se justifica si se demuestra que la ausencia de una norma legal puede llevar a perder la seguridad que garantiza su ejercicio. Para un liberal es difícil aceptar que el cumplimiento de los deberes cívicos sea en realidad la mejor garantía para conservar la propia libertad. 

Por el contrario, el republicanismo considera insuficiente asociar la noción de libertad con la de mera ausencia de coerción o interferencia. La tradición republicana –según el mismo Isaiah Berlin– ofrece una concepción positiva de la libertad, lo que llama la libertad positiva. Un individuo es libre en la medida en que dispone de los recursos y los medios instrumentales necesarios para realizar o determinar sus propios planes de vida, su autogobierno o autorrealización personal. Se trata, por lo tanto, de poner en práctica un auténtico ejercicio de la libertad combinado con un regreso a la idea clásica de la ciudad, la polis, aunque invocar esa tradición parezca un antimodernismo nostálgico de viejas formas. 

Ser positivamente libre –destaca Philip Pettit– requiere la libertad de participar en la autodeterminación colectiva de la comunidad. De ahí la importancia de asegurar la libertad individual cultivando las virtudes políticas y consagrándose a una vida de servicio público. Pero, ¿cómo persuadir a ciudadanos de naturaleza egoísta o simplemente guiados por sus propias preocupaciones a actuar de esa manera “virtuosa”, maximizando la libertad? 

Los republicanos confían en los poderes coercitivos de la ley que garantiza la propia libertad, valga la aparente contradicción. La libertad se alcanza mediante las leyes, una libertad entendida como ejercicio de la ciudadanía. La ley resguarda la libertad ejerciendo coerción sobre los otros individuos, impidiendo que los demás interfieran en los derechos individuales reconocidos. La ley traza los límites alrededor de cada uno e impide por el mismo principio que otro pueda transgredir la libertad de los demás, pudiendo incluso coaccionar para actuar de un modo que no sea egoísta. 

Es más, para los republicanos no hay libertad civil sin ley que la consagre y el Estado de derecho es el mejor garante de su existencia. Philip Pettit llega a sostener que no toda interferencia es injustificada, ni toda restricción de la libertad implica una interferencia. Por el contrario, hay interferencias justificadas cuando son justas y no son arbitrarias. Un ejemplo extremo, pero claro, indica que la ley prohíbe matar, lo que en los hechos supone una interferencia en la libertad individual. Sin embargo esta restricción que no es arbitraria; es justamente la garantía de una protección general y colectiva de la libertad de los ciudadanos. 

No es extraño, entonces, que autores republicanos como Quentin Skinner y el mismo Pettit prefieran entender la libertad como ausencia de dependencia y dominación. La idea de libertad entendida como no-dominación es más fuerte que la liberal, porque parte de la base que la simple no-interferencia puede llegar a aceptar que alguien sometido a otro que le permite hacer lo que quiera, puede ser considerado como teniendo libertad. El sometimiento a la voluntad arbitraria de otro, aun si este otro no interfiere realmente en la vida del sometido, supone siempre una pérdida de libertad, insiste Pettit. De este modo, si la libertad consistiera simplemente en la ausencia de interferencias, se podría decir que un esclavo a quién su amo le deja hacer lo que quiere es libre; que una esposa a quién su marido deja en libertad en una sociedad de leyes discriminatorias sería igualmente libre; o que un pueblo sometido a un régimen autocrático generoso y abierto viviría en libertad, aunque no fuera soberano. 

TOMADO DE: http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-52162005000100004

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