EDUCACION E HISTORIA

LOS PARADIGMAS LIBERAL Y REPUBLICANO

Las tres facciones que se disputan el control del Partido Republicano - El  Orden Mundial - EOM

Mientras en la visión liberal el objetivo de un orden jurídico es el de posibilitar que se determine qué individuos tienen qué derechos, en la visión republicana estos derechos individuales deben su existencia a un orden jurídico que habilita y garantiza la integridad de una vida en común autónoma basada en el respeto mutuo. En definitiva, para los republicanos los derechos no son más que determinaciones de la voluntad política predominante, mientras que para los liberales provienen de la ley superior de la razón. 

Sin embargo, aunque el republicanismo considera fundamental la existencia de la libertad, no cree en la aplicación indiscriminada del principio de igualdad. Para el liberalismo clásico las diferencias sociales son el resultado de la “suerte” que tiene cada individuo, contingencia social y natural que no puede ser legislada, mientras para los republicanos deben establecerse desigualdades en el trato legal y económico para beneficiar a los miembros más desfavorecidos de la sociedad. Los autores que ponen el énfasis en la libertad positiva –como Hannah Arendt o Charles Taylor–consideran que los conceptos de sociedad libre, gobierno o república libre son previos y centrales a la noción de libertad individual. La vida libre de los ciudadanos se basa en ser políticamente activos y en estar comprometidos con la suerte de la comunidad. Compromiso que es vigilancia frente a las amenazas externas y a las indebidas influencias políticas. 

El estatuto republicano de ciudadanía exige asumir determinados deberes que van más allá del mero respeto de los derechos de los demás. Una república que se autogobierna sólo puede perdurar si sus ciudadanos cultivan la cualidad que Cicerón denominó virtus y los ingleses “virtud cívica” o vocación pública, lo que requiere una buena disposición para ponerse a disposición del servicio público. Por ello, Philip Pettit habla del necesario sostén de “formas republicanas de virtud, o de buena ciudadanía, o de civilidad”, lo que implica asumir voluntariamente un compromiso con los intereses fundamentales de la sociedad en su conjunto, algo que en definitiva redunda en la libertad individual, ya que el correcto ejercicio de las virtudes cívicas garantiza el funcionamiento adecuado del Estado y su fracaso lleva a la corrupción, la primacía de los intereses individuales o de grupo por sobre los colectivos. 

La diferencia decisiva entre los paradigmas liberal y republicano radica en la comprensión del papel del proceso democrático. De acuerdo con la perspectiva liberal el proceso democrático lleva a cabo la tarea de dirigir el gobierno en el interés de la sociedad, donde el gobierno es representado como un aparato de administración pública y la sociedad como una red de interacciones entre particulares estructurada a semejanza del mercado. 

Por el contrario, desde la perspectiva republicana, la política implica algo más que una función mediadora: es parte de una función constitutiva de los procesos de la sociedad a la que debe verse como un todo. “La política es concebida como la forma reflexiva de la vida ética sustantiva –sostiene Jürgen Habermas–, como el medio por el cual los miembros de comunidades más o menos integradas se vuelven conscientes de su dependencia mutua y, actuando con plena deliberación como ciudadanos, conforman y desarrollan las relaciones existentes de reconocimiento recíproco en una asociación de miembros libres e iguales ante la ley”5.

El estatus de los ciudadanos no se encuentra, por lo tanto, determinado por el modelo de las libertades negativas, bajo cuyo amparo pueden efectuar sus demandas como personas privadas, sino por derechos políticos, tales como los derechos de participación y comunicación política. Estas son libertades positivas –recuerda Habermas– porque garantizan no tanto la libertad frente a presiones externas, sino “la posibilidad de participar en una práctica común, a través del ejercicio de aquello que convierte a los ciudadanos en lo que éstos quieren ser: autores políticamente autónomos de una comunidad de personas libres e iguales”6. “

Llamamos buenos ciudadanos a los ciudadanos políticamente activos y motivados por un alto grado de virtud cívica”–propone por su parte Alan Patten7 –, para recordar la importancia que los republicanos adjudican a las instituciones sociales que moldean individuos en ciudadanos, imbuyéndoles ciertas actitudes y disposiciones a través de la educación, las costumbres y prácticas de la cultura democrática. Ser buen ciudadano quiere decir que se debe participar activamente en la vida política de la comunidad y estar motivado por un alto grado de virtud cívica. Quentin Skinner va más lejos: participar activamente en política es un deber social complementario del derecho individual a la libertad. 

FUENTE: http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1315-52162005000100004

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